Como perros y gatos







Volumen 10 - Epílogo




—Y entonces todo comenzó como comienzan muchas historias... —sonrió, mirando a las dos niñas que tenía delante de él—, con un chico conociendo a una chica...

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El niño sonrió e inclinó ligeramente la cabeza.

—Soy Minamoto Shigure, ¿y tú?

—Myrai Tomoe —respondió ella seria, esforzándose por hacer la reverencia formal que su madre le había enseñado cuando tenía que presentarse a alguien.

Él parpadeó sorprendido.

—¿Myrai? ¿Como Myrai-hime? ¿Tú también eres una princesa?

—No —meneó la cabeza con fuerza—. Mi
onee-chan es la princesa, yo sólo soy Tomoe-chan.

Shigure sonrió, un poco más traviesamente esta vez.

—Tomoe-chan, Tomoe-chan —cruzó los brazos detrás de la espalda y se balanceó sobre las puntas de los pies—. Entonces... ¿quieres jugar?



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—Él nunca había pensado en enamorarse de su mejor amiga de la infancia... Pero eso se vuelve un tanto imposible cuando todo parece estar conspirando para que eso suceda. Hasta una maldición le arrojaron al pobre chico...

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Masaru sonrió de medio lado.

—Un día, Shigure, vas a descubrir lo que es
realmente querer a una persona. Estaré esperando ansioso ese día para poder ser el primero en reírme en tu cara cuando vengas a pedirme consejo.

Shigure cruzó los brazos.

—¿Me estás echando una maldición?


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—Pero, ojisan, diciéndolo así hasta parece que el chico se fuera a arrepentir de encontrar al gran amor de su vida.

Sentada al lado de su prima, Keiko asintió vehementemente con la cabeza.

El hombre sonrió algo azorado y se rascó la nuca.

—Bueno, Yuriko, los varones son un tanto idiotas hasta cierta edad —respondió—. Obviamente nuestro héroe aún no podía entender lo que sentía por la jovencita... En realidad hizo toda una serie de burradas antes de darse cuenta por fin de lo que estaba poniendo en riesgo.

—Lo recuerdo —dijo Keiko, sonriendo también—. Como aquella vez que...

*****


Tomoe abrió y cerró la boca varias veces, buscando algo que decir en despedida, hasta que fue sorprendida por la aproximación abrupta del chaval, que la sujetó por la cintura. La empujó de forma firme, aunque al mismo tiempo delicada, contra una de las columnas de los umbrales del portón.

Bañados por la oscuridad, Tomoe notó el rostro de Shigure cerca del suyo. Sus labios se posaron suavemente sobre los suyos y ella inconscientemente cerró los ojos. Aunque era la primera vez que era besada, Tomoe terminó casi por instinto entreabriendo los labios cuando él buscó un contacto más íntimo y profundo.


*****


—Eso, eso —apoyó Yuriko—. Y también aquella vez que...

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—Me gustas —dijo ella con voz ligeramente embotada—. Me gustas muuuuucho.

Él sonrió ligeramente sin dejarse perturbar, mientras escudriñaba la calle con la mirada.

—Tú también me gustas, Tomoe-chan.

Ella sacudió la cabeza con vehemencia varias veces antes de hablar nuevamente.

—No me estás entendiendo, Minamoto, me gustas realmente. De verdad verdadera... —se detuvo y parpadeó algunas veces mientras miraba el asfalto gris un poco más adelante—. Uh... ¿Hay un terremoto? ¿Por qué el suelo se está moviendo tanto?


*****


—Y también cuando... —continuaron las dos al mismo tiempo.

*****


—Tomoe-chan... —comenzó él ligeramente sin aliento, haciendo que ella se percatara del aliento a alcohol que él tenía—. Creo que estoy enamorado. De Shikibu-san.

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—Y aquella vez en la que...

—Muy bien, muy bien, entendí su punto —el hombre suspiró—. ¡Parecen saberse ya la historia mejor que yo! ¿Para qué me pidieron entonces que se las contase de nuevo?

—Porque así es siempre más divertido, otōsan —respondió Keiko con una sonrisa cariñosa, prácticamente saltando sobre el regazo de su padre.

Hai, hai —Yuriko sonrió también—. No tiene gracia oír la historia sin ver tus expresiones faciales cada vez que te acuerdas de las burradas que hiciste, Shigure-ojisan.

Él hizo una mueca mientras trataba de acomodar a su hija en sus brazos.

—Claro, gracias, Yuriko. Mucho me alegra saber que puedo serte de alguna diversión —respondió con falso malhumor—. Tal vez la próxima vez me deba disfrazar de bufón de la corte?

—No será necesario. Pero si te pones esas orejitas de perro que Haruyama-ojisan te regaló para Navidad quedaría una representación perfecta —respondió ella cándidamente con su mejor sonrisa.

—Esa escuela estará perdida cuando ustedes dos entren allí, señoritas... —sonrió y meneó la cabeza—. Apenas puedo ver el estrago que harán mis dos chicas favoritas...

—No deberías estar incentivándolas, Shigure —se escuchó la voz suave de su esposa desde la puerta.

Él se volteó sonriente para encontrarse con el rostro de Tomoe mirándolo severamente. Era casi un deja vú. Le gustaba pensar que aquella era una expresión particular y exclusiva de su esposa para él.

—No estoy diciendo nada que no hayan pensado ellas ya, Tomoe.

Ella suspiró y volteó los ojos, aunque una sonrisa porfió en escapársele.

—¿Qué voy a hacer contigo, Shigure?

Sonriendo, Keiko y Yuriko se intercambiaron una mirada. ¿Dónde habían oído ya esa frase?

—Creo que es hora de que nos vayamos a dormir —señaló Keiko, rompiendo el encanto que parecía haberse instaurado entre sus padres—. Oyasumi nasai, otōsan, okaasan.

Tomoe le sonrió y le dio un beso en lo alto de la cabeza.

—Las acompaño, Yuriko-chan...

—No es necesario, obasan —la pequeña le sonrió traviesa—. Podemos encontrar el camino solas.

Shigure se secó unas lágrimas imaginarias mientras las dos se deslizaban sigilosamente fuera del living.

—Mis niñas... tan crecidas... Tomoe, tal vez sea hora de comprar ese bate de béisbol. No demorará mucho más para que los pretendientes hagan fila en la puerta y...

—Shigure, sólo se están yendo a dormir... —respondió ella, meneando la cabeza—. No sé de dónde viene esa inclinación tuya para el drama. Espero sinceramente que Keiko no haya heredado...

Tomoe no terminó de decir de qué estaba preocupada ya que, con un movimiento fluido, Shigure se levantó de su sillón y la tomó de la cintura.


*****


—Voy a hacerlo como debería haberlo hecho antes —dijo serio—, de la forma correcta, exactamente como te lo mereces.

Tomoe sintió las mejillas enrojecerle y el corazón latirle acelerado al sentir la mano de Shigure posarse cariñosamente en su rostro.

—Quiero besarte, Tomoe. ¿Puedo?

La vidente apenas asintió. Al segundo siguiente los labios del hombre se posaron suavemente sobre los suyos y Tomoe cerró conscientemente los ojos, entreabriendo los labios cuando él buscó un contacto más íntimo y profundo. Shigure la sujetó firmemente de la cintura, sintiendo el cuerpo de ella tensarse contra el suyo, y en ese momento terminó de la misma forma como comenzó. La soltó y retrocedió dos pasos, mirándola con ojos sonrientes.

—¿Quieres ser mi novia, Tomoe-chan? —preguntó.

La mujer asintió. Aun en la penumbra Shigure pudo distinguir la sonrisa radiante estampada en el rostro de la vidente.

—Es lo que más quiero.


*****


—Shi... Shigure, las niñas...

—Son muy espabiladas, como ya señalé antes —respondió él sonriendo mientras se volvía a sentar, esta vez atrayéndola contra sí, de modo que ahora Tomoe ocupaba en su regazo el lugar que Keiko había ocupado poco antes.

Tomoe no protestó, sino que se dejó acunar en los brazos de su marido y le acarició suavemente las mejillas, subiendo la mano hasta que sus dedos se encontraron con los mechones negros de su pelo.

Después de todo lo que pasaron ambos, no sólo con respecto a los encuentros y desencuentros de los dos, sino también las tragedias que afectaron a sus familias, ella podía decir que eran felices, que todo lo que soñó para su vida se convirtió en mucho más de lo que había concebido.

Shigure se inclinó y depositó un beso en el cuello de ella para después robarle otro de sus labios rosados.

Aishiteru, Tomoe-chan. Siempre —dijo.

—Yo también —respondió ella con una sonrisa dulce, viendo que aquel era el momento ideal para darle las buenas nuevas—. Minamoto... —lo llamó con suavidad, haciendo que él la mirara serio, pues Shigure sabía que cuando ella lo llamaba por su apellido era porque se trataba de un asunto importante.

—Hmm... Si descubriste la tetera, Tomoe, te juro que no fue mi intención...

Ella arqueó una ceja.

—¿De qué estás hablando?

Dándose cuenta de que su esposa aún no había oído hablar del pequeño accidente que involucraba una tetera, un canarito herido y Yuriko y Keiko bajo su supervisión, Shigure sonrió cándidamente.

I... iie. Nada de lo que te tengas que preocupar —dio un ligero suspiro antes de mirarla con expresión seria—. ¿Ocurrió algo?

—Sí —respondió ella mientras lo veía fruncir el ceño con preocupación.

Eso sólo hizo que Tomoe sonriera nuevamente; aun con ese carácter de niño crecido y aparentemente irresponsable, Shigure siempre veló por el bienestar de ella y de su familia.

—Hoy estuve con Imori-mama y me confirmó algo de lo que ya venía sospechando hacía unos días. Estoy embarazada.

Los ojos de Shigure se abrieron como los de un ciervo pillado por los faroles de un automóvil. Pero aunque había una expresión confusa en su semblante, la enorme sonrisa que comenzaba a dibujarse era mucho más llamativa, demostrando claramente lo que pensaba del asunto.

—¿Estás segura? —preguntó innecesariamente, pues al fin y al cabo era muy improbable que la partera oficial de las Myrai se equivocara en algo como eso.

Tomoe asintió con la cabeza y al segundo siguiente fue casi sofocada por su marido.

—¡El viejo va a delirar de felicidad!

—Shigure, si continúas apretándome así no sé si tu padre tendrá una nuera que le dé un nuevo nieto —dijo Tomoe de forma casi divertida, aunque el abrazo de su esposo estaba efectivamente comenzando a quitarle el aire.

Él la soltó inmediatamente.

Anō... sumimasen, Tomoe —se disculpó—. Es que estoy feliz.

—Me di cuenta —dijo ella sin dejar de sonreír.

Él tomó su mano derecha y la miró tiernamente.

—Y entonces la Bella domó a la Bestial. Y aún cuando se extrañan de vez en cuando, tal cual perro y gato, no podría haber pareja más feliz —murmuró bajito, mirando el vientre todavía plano de su esposa.

—¿Qué dijiste, Shigure? —preguntó ella, ya que Shigure había hablado demasiado bajito para que lo oyera.

—Que en breve tendré a alguien más a quien contarle cuentos —respondió sonriendo—. ¿Qué opinas? ¿Será que el cuento de Shigu-pon y Tomoe-chan seguirá teniendo éxito cuando este pequeño nazca?

Tomoe sonrió.

—Estoy segura de que será su historia favorita, Shigure.

Él asintió y volvió a mirar la barriga de Tomoe nuevamente.

—¿Será que deba comenzar a contarla ahora?

La respuesta de Tomoe fue una carcajada cristalina.

—Nada me haría más feliz, anata.



Glosario
Ojisan – tío
Otōsan – padre
Okaasan – madre
Obasan – tía
Oyasumi [nasai] - buenas noches (despedida)
Aishiteru – te amo
Iie - no
Sumimasen – perdón
Anata – una de las mil formas de decir tú, la más educada. Es también como las mujeres se dirigen a sus maridos.