Feito Cães e Gatos
Volumen 10 - Capítulo 31
En el que se vuelve oficial
Tomoe tenía las manos fuertemente apretadas la una contra la otra mientras esperaba en el vestíbulo de la casa de los Minamoto.
Había estado allí muchas veces.
Cuando era niña su madre la llevaba con ella cuando Mizumi-sama la invitaba a tomar el té. Eran los días especiales en los que le era permitido salir de la Villa Myrai para jugar con Shigure y en ocasiones también con Masaru, cuando éste se aparecía por debajo de los setos. También regresó a la Villa Minamoto con el correr de los años para las fiestas del Consejo y algunas veces más, cuando ella y Shigure retomaron la amistad.
Aún así estaba nerviosa, como si fuera la primera vez que entraba a aquella casa, como si fuera la primera vez que iba a estar frente a Minamoto Kanno y Minamoto Mizumi.
—¡Hey, Tomoe-chan! —la saludó Shigure antes de aproximarse.
Éste vio que ella usaba un hōmongi azul claro, con motivos discretos de rosas blancas en una de las mangas y transversalmente en la falda. Minamoto sonrió al ver lo en serio que ella se tomó la formalidad de la situación. No podía culparla, él mismo estaba más arreglado que de costumbre.
La vidente alzó la cabeza y recibió a Shigure con una sonrisa.
—Ohayō, Shigure —respondió radiante.
Él se acercó y la besó en la frente con delicadeza. A pesar de la noche que habían compartido, a pesar de toda su experiencia previa con mujeres, Shigure varias veces se sentía como un niño que estaba aprendiendo a amar. Pensándolo bien llegó a la conclusión de que, después de todo, Tomoe era su primera kanojo. La primera, verdadera y única. Y dentro de algunos minutos estaría dando los primeros pasos para hacerla mucho más que eso. En breve iba a ser su tsuma.
—Es mejor no dejar a mi viejo y a mi madre esperando —dijo con una media sonrisa.
Tomoe asintió en silencio y se dejó conducir por los corredores de la mansión hasta el comedor, en donde sus futuros suegros posiblemente ya estarían esperando.
Shigure abrió la puerta y miró a sus padres, sentados en la mesa ratona con un típico desayuno delante, constituido por misoshiru, cuencos de gohan acompañados de porciones de tofu, tsukemono y yakizakana y, por supuesto, té.
—Ohayō gozaimasu, otōsan, okaasan —saludó Shigure a sus padres en un tono más formal del que acostumbraba a emplear—. Como les prometí anoche, les traje una sorpresa para ustedes.
Tomoe se paró al lado de Shigure y saludó a los padres de éste con una reverencia.
—Ohayō gozaimasu, Kanno-sama, Mizumi-sama —dijo, sintiendo las mejillas enrojecerle involuntariamente.
—Ohayō —respondió Kanno con una sonrisa traviesa muy parecida a la que Shigure acostumbraba a usar—. ¿Entonces la sorpresa era Tomoe-chan?
Su hijo asintió.
—En parte.
—Es mejor que se sienten —dijo Mizumi con la voz serena y dulce de quien estaba acostumbrada a manejar a la gente, algo que le era natural pero que se amplió en sus años como sanadora en el Gin no Tsuki.
La pareja se sentó lado a lado, prácticamente enfrente de los padres de Shigure.
—Muy bien, vamos a servirnos. Siempre es bueno mantener un saludable diálogo mientras hacemos nuestras comidas, ¿no es verdad? —preguntó Kanno.
Shigure reprimió las ganas de reírse al pensar en lo que pasaría cuando anunciase que se iba a casar con Tomoe y su padre estuviera con la boca llena.
—¿Cuál té te gustaría beber, Tomoe-san? —preguntó Mizumi amable—. Tenemos verde y de jazmín. Por cierto el de jazmín es tu favorito, ¿no?
—Hai —asintió ella con una leve reverencia, sonriendo al recibir la taza de porcelana con el cálido líquido de las manos de Mizumi—. Dōmo arigatō, Mizumi-sama.
A pesar de seguir sintiéndose un poco nerviosa, comenzó a calmarse frente a sus futuros suegros. Siempre fue bien recibida en la casa, hasta podía afirmar que allí prácticamente había encontrado su segundo hogar.
Minamoto Kanno carraspeó mientras sostenía su taza de té.
—Tal vez me esté precipitando mucho... pero estoy de veras curioso. Perdónenme si no puedo esperar hasta finalizar el desayuno, voy a ir directo al grano: ¿qué estás tramando esta vez, Shigure?
Tomoe y Mizumi se miraron, la primera ligeramente ruborizada y la otra con una sonrisa de entendimiento en los labios. Obviamente Mizumi tenía una buena idea de lo que se iba a tratar allí.
Pero nada podría haber preparado a ninguno de los presentes para el disparo a quemarropa que Shigure dio a continuación:
—Tomoe y yo nos vamos a casar.
Como Shigure previó minutos antes, no fue una sabia idea comenzar aquella plática en medio de la ingesta de alimentos. El té que su padre estaba bebiendo hizo el camino inverso y en vez de seguir por la garganta decidió hacerle una visita a la nariz.
Se levantó de un salto y se puso a darle palmadas en la espalda a su padre para ayudarlo a desatorarse. Mizumi lo abanicó con una servilleta y Tomoe se preguntó si todavía habría tiempo de salir corriendo de allí.
—Kanno-sama... —preguntó la vidente temblorosa y con timidez, intentando mostrarse un poco servicial—. ¿Quiere que le pida a uno de los criados que le traiga un vaso de agua?
El hombre respiró hondo y negó con la cabeza antes de recomponerse.
—Tomoe-chan, por favor, dime que el idiota de mi hijo no está mintiendo. Después de casi provocarme un infarto, es lo mínimo que pueden ustedes hacer.
—Sí, Kanno-sama, Minamoto está diciendo la verdad —dijo la vidente con una pequeña sonrisa.
—Sí, otōsan, estoy diciendo la verdad —señaló Shigure haciendo un puchero, aunque su expresión seguía siendo casi beatífica—. Qué buen padre eres para creer que te enviaría a la tumba tan pronto haciendo una broma de éstas...
—Escúchame bien, Shigure —se dirigió Kanno a su hijo, serio—. Si le haces arrepentirse de esto a esta adorable criatura, yo mismo te arrancaré la piel para hacerme un kimono, ¿estamos entendidos? No puedo creer que me hayas hecho esperar tanto por este día. ¡No lo arruines todo de nuevo o te desheredo!
—Oye, viejo, cálmate, yo...
Atónita, Tomoe vio a padre e hijo discutir como niños; a esas alturas Kanno le estaba aplicando una llave alrededor del cuello a su hijo. La escena en cierta forma era surreal, pero entonces se percató de que Mizumi los miraba con una sonrisa casi divertida.
—Él fantasea con vuestro casamiento desde que eran niños —dijo la mujer—. No podría estar más feliz.
—¿Desde niños? —murmuró un poco sorprendida.
La mujer asintió con una sonrisa.
—Shigure solía decir cuando era niño que cuando creciese se casaría contigo. Después él paró con esa historia, pero por el modo como ustedes dos estaban ligados de una forma u otra durante todos estos años, la manera como lo hacías feliz, era obvio que él seguía amándote. Pero no servía de nada decírselo, Shigure necesitaba descubrirlo por sí solo.
Mizumi hizo una pausa para observar los ojos de Tomoe brillar con el reconocimiento de esa verdad.
—Estoy feliz de recibirte en la familia, hija. Sé que Kaede e Itto-san se alegrarían también por ustedes si estuvieran aquí.
Tomoe asintió con una expresión nostálgica al recordar a sus fallecidos padres. Tal vez Shigure no se adecuase demasiado a lo que se esperaría del esposo de una Myrai, como le recalcó Setsuna una vez, pero en el fondo de su corazón sabía que tanto Itto como Kaede bendecirían esa unión al reconocer que Minamoto era la persona que realmente completaba a su hija menor.
Después del arranque de Kanno y Shigure, el resto del desayuno transcurrió animadamente, con el patriarca tejiendo planes estrambóticos para el desencalle —palabras del mismo Kanno— de su hijo menor.
Terminado el desayuno, Tomoe se despidió de sus futuros suegros con la promesa de visitarlos con mayor frecuencia de la habitual, ya que ahora era oficialmente parte de la familia.
—¿Estás segura de que no quieres pasar el día aquí, Tomoe-chan? Al viejo y a mi madre les encantaría. Sin mencionarme a mí, por supuesto —dijo Shigure con una sonrisa pícara.
—Me encantaría pero al hablar con Mizumi-sama me di cuenta de que tengo que darles las buenas nuevas a mis padres.
Minamoto comprendió de inmediato que Tomoe iba a ir a visitar las tumbas de Myrai Kaede y Shinomori Itto.
—¿Quieres que vaya contigo?
Ella meneó la cabeza con serenidad.
—Está bien. Es algo que tengo que hacer sola, si no te importa. Y después de verlos debo llamar a Chiharu también.
Shigure esbozó una media sonrisa al imaginar la reacción de su antigua compañera de clase, quien terminó volviéndose la mejor amiga de su Tomoe-chan.
—Entonces quiero una despedida decente, para que así vuelvas bien rápido —dijo, tomando a la vidente de la cintura.
—Shigure, por favor, estamos enfrente de tu casa, alguien nos puede ver —protestó ella ruborizándose.
—¿Y qué? —replicó sonriendo—. Nos vamos a casar. ¿Cuál es el problema entonces?
Tomoe suspiró.
—Bueno, hay un montón de cosas que hacer, estoy nerviosa y... —Shigure no le permitió continuar enumerando las razones por las cuales él no debía besar a su novia, quien casualmente era ella misma.
Si tenía alguna otra objeción, Tomoe no la demostró al corresponder fervientemente al beso. Y habrían continuado así si no fuera porque oyeron pasos haciendo eco acompañados de una salva de aplausos.
Acercándose por el sendero que unía las villas de los Minamoto y los Yamamoto venían Masaru y Haruyama, sonriendo como si la Navidad hubiera llegado más temprano. Shigure les sonrió en respuesta mientras Tomoe sentía las mejillas arderle de vergüenza.
—Kami-sama...
—No, sólo nosotros... —fue Haruyama quien respondió, parándose frente a su futura cuñada—. Aunque mi esposa en más de una ocasión me ha llegado a confundir con el que tú mencionaste.
—Saben, mirándolos así abrazados —intervino Masaru, notando que Tomoe estaba a punto de sufrir un colapso, tan grande era su embarazo—, podemos concluir que por fin vamos a tener nuestro happy end.
—Ya se pasaron de tiempo —concordó Haruyama—. Será un placer tenerte en la familia, Tomoe-san.
Ella sonrió en agradecimiento. Masaru se dirigió a su mejor amigo con una sonrisa pícara en los labios.
—Me acuerdo de una ocasión, Shigure... Algo sobre por qué el altar de la boda se llama altar... Me cuesta creer que este día llegó finalmente.
Shigure sonrió también y miró a Tomoe con afecto, quien intentaba encontrarles sentido a las palabras de Yamamoto.
—¿Qué puedo decir? Ten la seguridad de que caminaré hacia el sacerdote con una sonrisa en el rostro... —enlazó el brazo de Tomoe con el suyo y se dispuso a caminar—. Te acompaño a la salida. Vámonos antes de que esos dos decidan decir algo que no deban.
Haruyama y Masaru observaron a la pareja alejarse, silenciosos por unos segundos, hasta que el segundo se acordó de algo muy importante.
—Haruyama... —se volvió hacia él, los ojos brillándole divertidos—. Perdiste la apuesta.
El otro suspiró.
—Y allá se van trescientos hiros... —meneó la cabeza—. Pero ¿quién iría a adivinar que esos dos tomarían la decisión tan rápido?
—¿Crees que una década y media de encuentros y desencuentros fue rápido?
—Bueno, poniéndolo de esa forma...
Los dos se echaron a reír. Después de todo bien está cuando acaba bien... Y no podían imaginar una mejor idea de terminar esa historia...
Glosario
Hōmongi - Literalmente significa “kimono de visita” y lo pueden llevar tanto mujeres solteras como casadas en ocasiones semiformales (visitas o fiestas). Puede ser de cualquier color y los patrones asimétricos están teñidos alrededor del cuerpo sin romperse por las costuras. El largo de las mangas varía según el estado civil. (Fuente: Wikipedia).
Ohayō (gozaimasu) - buenos días
Kanojo - novia
Tsuma - esposa
Misoshiro - sopa de miso
Gohan - arroz japonés
Tofu - Queso preparado a partir de leche de soya (Fuente: Wikipedia)
Tsukemono - Encurtido japonés; se sirve con arroz y algunas veces con bebidas (Fuente: Wikipedia)
Yakizakana - pescado grillado
Otōsan - padre
Okaasan - madre
Kami-sama - Dios
Happy end - final feliz