Como perros y gatos







Volumen 03 - Capítulo 14

El de las ilusiones deshechas








La noche ya había caído sobre Suzuko hacía un buen rato, pero las horas no avanzaron lo suficiente como para que los habitantes de la villa de las videntes estuvieran casi todos completamente sumergidos en el mundo de los sueños.

Con todo era probable que entre éstos la más despierta fuese Myrai Tomoe. Ya vestida con su camisón blanco de seda y envuelta por una fina bata del mismo material, la joven estaba parada frente a la puerta del cuarto de su hermana mayor, caminando de un lado a otro, mientras inconscientemente se roía las uñas, acto imperdonable para una dama de la sociedad mágica, que debía mantenerse impecablemente arreglada. Pero la joven estaba demasiado ansiosa como para darle importancia a su propia apariencia.

Tomoe tenía un problema con el cual llegó a la conclusión de que no conseguiría enfrentarlo sola. Llegó a probar una tentativa, pero en el último minuto las cosas no salieron exactamente como ella esperaba, por lo que decidió que necesitaba recurrir a alguien mayor y con más experiencia. Exactamente por esa razón, después de todo lo que hizo por Setsuna y Himura, Tomoe creía que su hermana podría comprender lo que le afligía.

Se detuvo nuevamente frente a la puerta y contuvo la respiración, como si el aire inhalado le fuese a dar coraje extra para lo que estaba a punto de hacer. Golpeó ligeramente la puerta y sólo volvió a respirar cuando la voz de Setsuna la invitó a entrar.

La Gran Oráculo, de espaldas y con su cabello color ébano cayéndole en largos rizos sobre la espalda, se concentraba en peinárselos mientras observaba su propio reflejo en el espejo del tocador.

—Hace veinte minutos que estás fuera del cuarto, Tomoe. Podía escuchar tus pasos desde aquí —dijo Setsuna en un tono neutro que su hermana no supo cómo interpretar.

Sumimasen, onee-san —dijo Tomoe, mientras apretaba las manos la una contra la otra, sin esconder su nerviosismo.

Setsuna se volteó finalmente y examinó a su hermana menor, observando cada detalle de sus gestos. Definitivamente no era necesario conjeturar demasiado para concluir que algo perturbaba a Tomoe.

—¿Qué deseas? —preguntó en el mismo tono que empleó antes.

Aneue... —balbuceó Tomoe, con los ojos fijos en sus propias manos, incapaz de mirar a su hermana—. Necesito un consejo... y pensé que tal vez tú me podrías ayudar... —se interrumpió y esperó alguna indicación de su hermana para que pudiera proseguir...

—Continúa —sonó nuevamente la voz de Setsuna.

—Yo... yo... amo a Minamoto Shigure... pero no sé cómo declarármele... Tal vez podrías decirme qué hacer.

Tomoe cerró los ojos y esperó una respuesta. Pero lo que ella escuchó fue completamente opuesto a lo que se imaginó. Una carcajada fuerte y estridente se escuchó en el cuarto. Sólo entonces se atrevió a alzar la mirada y enfocarla en Setsuna. Las facciones de ésta tenían una expresión de diversión que Tomoe nunca antes había visto en su hermana.

—Tomoe, me parece completamente comprensible que creas estar enamorada de Minamoto. Confieso que él posee ciertos atractivos que pueden interesarles a algunas mujeres... Pero ¿ya consideraste lo inadecuado que sería él para ti? —dijo Setsuna al notar que la atención de su hermana estaba completamente dirigida a ella—. Minamoto nunca pasará de ser un yugarō. ¿Es con ese tipo de hombre con quien quieres pasar el resto de tu vida? ¿Alguien que acabaría fácilmente con tu honor y el apellido de nuestro clan?

Tomoe se estremeció por dentro al escuchar esas palabras. Para ella no eran observaciones ni consejos, sino profecías de mal augurio las que salían de la boca del Oráculo.

—Yo... entiendo... —balbuceó una vez más.

Setsuna asintió, se volteó nuevamente hacia el tocador y retomó el acto de peinarse el cabello.

—Mereces a alguien mejor, Tomoe. Alguien que sea digno de tu persona y de tu nombre —fue lo que dijo, usando el mismo tono neutro que al inicio de la plática.

Arigatō, aneue —respondió, tratando de contener las lágrimas que porfiaban en inundar sus ojos—. Oyasumi nasai.

Sin esperar respuesta de Setsuna, Tomoe se retiró del cuarto y se fue con pasos ligeros en dirección a su dormitorio, aún tratando de contener el llanto. Tal vez las intenciones de Setsuna fueran las mejores, pero ésta tal vez no estaba consciente de que destrozó casi completamente los sueños de su hermana.

Inmersa como estaba en esa sensación de desaliento que la envolvía, Tomoe apenas logró discernir el pequeño montoncito de tela que estaba encogido frente a su puerta. Percibiendo que era Otsu-hime quien yacía sentada en el suelo, abrazada a una pequeña muñeca de trapo, se limpió de la cara los vestigios de lágrimas que dejó escapar.

—¿Qué pasó, chibi? —preguntó mientras se agachaba hasta quedar a su misma altura.

—Tuve un sueño feo. ¿Puedo dormir contigo, obasan? —pidió la niña.

—Está bien, Otsu —extendió los brazos y alzó a su sobrina.

Tomoe dejó que una sonrisa triste se apoderara de sus labios mientras sentía aquel cuerpo pequeñito acurrucarse contra el suyo. Era casi irónico que Otsu viniese a ella en busca de consuelo. Justo ella, que no podía consolarse a sí misma, que no tenía fuerzas para tomar las riendas de sus deseos y de su destino.

**********


Shigure caminó entre las linternas que iluminaban el camino y se inclinó sobre uno de los muchos bancos colocados a orillas del Senpaku para que sus paseantes pudieran descansar o sencillamente admirar el paisaje.

—Aquí estás, Tomoe-chan —dijo, extendiéndole el jugo que fue a buscar para ella—. ¿Estás segura de que no es mejor que vuelvas al dormitorio?

—No, ya estoy bien —murmuró ella mientras tomaba la pequeña taza de sus manos—. Fue sólo un mareo, creo que debido a los fuegos artificiales, me quedé mucho rato con la cabeza levantada y después me moví muy rápido.

El chaval asintió antes de dar la vuelta y sentarse junto a ella en el banco, para luego volver su atención hacia el cielo. La miró de reojo por unos momentos, en silencio, mientras ella bebía el jugo.

—Es extraño, ¿verdad? —soltó, más para sí mismo que para ella, mientras colocaba las manos hacia atrás y se desperezaba—. Pensar que a partir de hoy estamos libres, que ahora somos considerados adultos...

Tomoe bajó la taza y miró a Shigure con bastante seriedad, como nunca antes lo había hecho, ni siquiera en sus momentos de “Pepito Grillo”, como él acostumbraba a decir en broma. Tal vez ella estuviera un poco amargada después de la conversación que tuvo con su hermana mayor el último fin de semana libre antes del baile de graduación, pero la verdad era que veía la entrada a la vida adulta de forma distinta a la de su amigo.

—¿Adultos? Seguramente, Shigure, pero... ¿libres? Tengo mis dudas... No son sólo elecciones lo que nos esperan, sino también deberes y responsabilidades.

Él volteó la cabeza hacia ella y la miró ahora sin disimulo.

—Tomoe... Hay algo que dejé para decírtelo recién hoy... y no sé si te vas a alegrar mucho de saberlo... pero es algo que tengo que hacer.

Ella le sonrió tristemente. Algo en su interior, tal vez una premonición, le decía que las palabras que Minamoto iría a decir a continuación serían importantes para el futuro de ambos.

—Si de veras tienes que hacerlo, aunque yo no me alegre lo voy a comprender —dijo con serenidad.

Él asintió sin apartar la mirada.

—Dentro de dos días estaré partiendo de Tokio en un vapor a China —confesó finalmente—. Voy a pasar algún tiempo estudiando allá, especializándome. No sé cuánto tiempo voy a estar lejos y... —en ese punto volvió a mirar nuevamente al cielo—. No he tomado esta decisión ahora, Tomoe. Hace ya un buen tiempo que me decidí a hacerlo... pero no te lo conté a pesar de ser amigos. Sumimasen.

La joven levantó la cabeza y observó también el cielo estrellado que se desplegaba sobre ellos. Sintió el nudo de tristeza formársele en el pecho, pero al mismo tiempo notó que había un cierto alivio también.

—No necesitas disculparte, Shigure —respondió finalmente—. Fue mejor así...

Iba a ser mejor así, pensó Tomoe para sus adentros. Tal vez la distancia fuera lo que ambos necesitaban en ese momento. Por lo menos ella tendría tiempo para acostumbrarse a la idea de que, a pesar de entrecruzados, los destinos de ambos no parecían estar unidos.

Sintió la mano de Shigure posarse sobre la suya y, al volver a mirarlo, se deparó con una sonrisa amena en sus labios.

—Prometo que te voy a escribir, Tomoe-chan. Y cuando vuelva continuaremos siendo grandes amigos. Los mejores.

La joven asintió, incapaz de responder. Con esto Shigure la abrazó por los hombros y la hizo apoyar la cabeza junto a su hombro. Era su manera de decir adiós.



Glosario
Aneue - manera formal de referirse a "hermana mayor"
Yugarō - bohemio que se divierte en los prostíbulos
Oyasumi nasai - que descanses
Chibi - pequeña
Obasan - tía
Sumimasen - discúlpame