Como perros y gatos
Interludio - Capítulo 05
En el que se abre un camino
Tomoe abrió la puerta con una de las manos mientras equilibraba la bandeja del té con la otra. En el escritorio del gabinete, Kikushi Akira estaba concentrado en el trabajo que se había traído para terminar en casa. Deseaba adelantar lo máximo posible de cosas para poder disfrutar tranquilamente las festividades de fin de año con su hija y su prometida.
Apenas levantó la cabeza cuando notó la sombra de Tomoe proyectarse sobre los documentos que revisaba.
—Konbanwa, Tomoe-san —dijo con una sonrisa cansada en el rostro.
La vidente apenas le devolvió el gesto mientras depositaba la taza de té negro frente a él. Lo miró beber el líquido humeante y notó su satisfacción en el gesto.
—Arigatō —dijo antes de dar un nuevo sorbo.
La vidente asintió, pensando para sí misma que esa sería su vida en los próximos años. Ya había acostado a Ahiru y dado las instrucciones para las tareas de los empleados al día siguiente. Así como en la casa de las Myrai, donde ayudaba a su madre y a su hermana en la administración de la villa de las videntes, se sentía ligeramente incómoda con la tarea, pero trataba de cumplirla con empeño.
Después de todo su vida no sería tan mala. Akira era un buen hombre y aquel era un buen hogar. Sin embargo, la plática con Chiharu que tuvo más temprano le trajo una sensación de incomodidad que no conseguía aplacar.
Sintió la mano de su prometido tomar la suya con delicadeza. Tratando de ahogar sus pensamientos y sus dudas, lo miró y encontró preocupación en sus ojos.
—¿Estás bien, Tomoe? —preguntó Akira con voz grave—. Estás pálida y callada. Desde que tu madre y yo volvimos a casa no te veo bien.
La joven meneó la cabeza y se obligó a esbozar una sonrisa, aunque tenue.
—Sólo estoy cansada, Akira-san. Y con un poco de dolor de cabeza.
El hombre se levantó, sostuvo a Tomoe de los hombros y depositó un beso suave en su frente.
—Te has estado esforzando demasiado. Sé que la boda es el mes que viene y hay mucho por hacer todavía, pero si continúas a ese ritmo vas a enfermar.
Tomoe alzó el rostro tímidamente. Akira era un buen hombre, se repitió nuevamente.
Él se preocupaba por ella, era gentil, cuidaba bien de ella... ¿Qué más podría querer? Necesitaba probar que Chiharu estaba equivocada en sus indagaciones. Probarle a su colega, probarse a sí misma.
—Akira-san —murmuró en un hilo de voz—. Ya que estamos tan cerca de la ceremonia de casamiento... tal vez no debamos esperar más.
El hombre no respondió de inmediato, sólo la miró largamente. Percibía la timidez natural y constante presente en cada uno de sus gestos, pero estaba el rastro de algo que no consiguió discernir con precisión.
Sin decir ninguna palabra, soltó los hombros de Tomoe y se dirigió hasta la puerta para trancarla, a fin de no ser molestados. Luego regresó, tomó la mano de ella y la condujo hasta el diván que había en el despacho.
La vidente se dejó llevar, manteniendo la mirada fija en el suelo. Aun al sentir la suavidad del tapizado del sofá, no se atrevió a levantar los ojos. Sintió los labios de Kikushi posarse nuevamente en su frente, sus manos deslizarse cariñosamente por su pelo. Ella cerró los ojos y dejó que su prometido avanzara en sus caricias.
Los labios de él se posaron sobre los suyos mientras las manos pasaban del pelo a la cintura. Akira se apartó momentáneamente de Tomoe. Ella mantenía los ojos cerrados, aun después de finalizado el beso. La estrechó en un abrazo, la cabeza apoyada en la curva del cuello que se insinuaba bajo el cuello del kimono. Con calma comenzó a desatar el lazo del kimono que ella usaba. Fue entonces que percibió su cuerpo ponerse completamente tenso. Kikushi la soltó entonces, lo que terminó haciendo que ella abriera los ojos y lo mirara con expresión interrogante.
—Efectivamente estamos cerca de la boda, Tomoe-san, y por eso podemos esperar —dijo—. No quiero que hagas nada contra tu voluntad. No necesitas probarme nada.
La vidente abrió la boca para tratar de decir algo, pero no pudo encontrar las palabras adecuadas para la situación.
—Itterasshai —dijo Akira, como una forma de indicarle a Tomoe que era mejor retirarse.
—Hai —balbuceó ella finalmente y se levantó para dirigirse a la salida—. Oyasumi nasai —dijo Tomoe, ya en la puerta, mirando por última vez a su prometido. No había rencor en sus ojos, sólo comprensión.
Kikushi Akira era un buen hombre, tal vez demasiado bueno, era lo que Tomoe pensaba mientras caminaba por los corredores de la casa.
Sin notarlo, sus pies la llevaron hasta el balcón que daba a los jardines. Tomoe se apoyó contra la baranda y dejó que sus ojos se posaran en el paisaje con expresión vacía. No se percató cuando copos de nieve comenzaron a caer varios minutos después, humedeciéndole el pelo.
Sólo volvió al mundo real, rescatada de sus pensamientos confusos e incoherentes, al sentir el calor de la mano que se posó suavemente en su hombro.
—Musume? ¿Sucedió algo? —preguntó la mujer.
—Okaasan... —murmuró Tomoe—. ¿Será que estoy haciendo realmente lo correcto?
La antigua Myrai-no-kami colocó cariñosamente la mano en el rostro de su hija; no necesitaba ser vidente para saber que algo perturbaba el corazón de su niña. Desde que regresó con su yerno había notado la inquietud silenciosa que latía en Tomoe.
—¿Correcto para quién? ¿Para el clan? ¿Para ti? ¿Para Kikushi? —preguntó con voz serena.
—No lo sé... —se mordió los labios—. Chiharu vino a visitarme más temprano y dijo algunas cosas que... —suspiró, sin poder continuar. Se sentía acorralada en una trampa que, en parte, fue tendida por ella misma.
—No necesitas decir nada si no quieres, Tomoe.
La mujer sonrió de un lado y acarició nuevamente la mejilla de su hija. Aunque Tomoe y Setsuna eran reservadas como convenía en una Myrai, había cosas que se podían leer en entrelíneas. Kaede sabía de la relación entre Himura y Setsuna, así como consideró varias veces la posibilidad de que Tomoe estuviera enamorada de otro, a pesar de haber aceptado el compromiso.
—Muchos son los sacrificios que son exigidos en nuestro clan —continuó Kaede—. No eres la primera y lamentablemente no vas a ser la última Myrai en verse enredada en una relación por razones políticas.
—Lo sé... —apoyó Tomoe, comenzando nuevamente a resignarse con su destino.
—Sin embargo... —la voz firme de Kaede hizo que la joven enfocara toda su atención en las próximas palabras de la matriarca—, hay otras formas en las que puedes ser útil al clan, musume, sin tener que necesariamente casarte con Kikushi. Otsu necesita a alguien para guiarla en los próximos años y yo necesito a alguien que me sustituya como profesora de Oráculos en Amaterasu.
—Okaasan, Otsu las tiene a ti y a Setsuna —replicó Tomoe y, enrojeciendo ligeramente, completó—: Además, tampoco consigo imaginarme frente a un grupo de estudiantes, enseñándoles.
Kaede meneó la cabeza en una leve censura a las palabras de su hija.
—Tomoe, tienes mucho más para ofrecer de lo que crees capaz. No estaré aquí para siempre, musume, y existen cosas que tu hermana, a pesar de todo el poder que posee, no es capaz de hacer. No te preocupes por nada, voy a hablar con Kikushi; él no es sólo un buen hombre, sino también sensato. Vamos a descubrir cuál es el mejor camino para ustedes dos..
Glosario
Konbanwa - buenas noches
Arigatō - gracias
Itterasshai - cuídate (dicho como despedida)
Oyasumi nasai - buenas noches (despedida)
Hai - sí
Musume - hija
Okaasan - madre
Extra

Setsuna y Tomoe