HITSUZEN







Volumen 14 - Capítulo 74

"Sealing you away"















Un fin de semana en casa parecía ser todo lo que Shizu necesitaba. Quería salir de la escuela, dejar a la gente que la miraba y preguntaba por qué su noviazgo con el heredero del Consejo terminó. Las pocas personas que sabían lo que pasó realmente, que se reducían a tres, se pasaron todo el tiempo mirándola de reojo, preocupados.

Cuando vio el puerto de Suzuko haciéndose visible, respiró hondo; ahora iba a tener que contarle también a su padre que su relación había terminado, pero conocía a Kissaburo lo suficiente como para saber que él no iba a preguntar detalles.

Cuando se bajó del barco miró a un costado y vio a su hermano caminando rápido, claramente queriendo llegar a casa antes que ella. Sin ánimo de tener ninguna disputa con Hoitiro, Shizu caminó tranquilamente, dejando que su mente se perdiera en las casas y personas que veía durante el camino a casa.

Apenas llegó abrió la puerta sin ceremonias y vio justamente lo que creyó que iba a suceder: Hoitiro ya les había contado a sus padres el final de su noviazgo. En el fondo hasta se lo agradecía, pues sin querer le ahorró tener que hablar de algo que no quería.

Shizu le dio un fuerte abrazo a su padre y un beso en la mejilla a su madrastra.

—Entonces ya saben que estoy soltera nuevamente. Otōsan, ¿podríamos no entrar en detalles?

La mirada cansada y triste de la muchacha fue suficiente para que Kissaburo supiera que aún era muy reciente y que ella seguía sufriendo.

—Claro, hija mía.

La joven sonrió débilmente en agradecimiento. Quería ir a su cuarto y tumbarse en su cama, sin nadie cerca. Caminó hasta la escalera pero se detuvo cuando oyó lo que su hermano le decía a su padre:

—¡No puedo creer que la vayas a dejar pasar así de impune! ¿Y aquella noche en que ella no volvió? Está escrito en su cara lo que pasó y ahora fue desechada. ¡Ella deshonró a la familia! —Hoitiro habló lo suficientemente alto para que todos en la casa lo escuchasen.

La mirada que su padre le dirigió hizo que el adolescente se callase y se quedase quieto en el sofá. El dueño de casa estaba consciente de lo que su hijo había dicho pero no era el momento de hablar con su hija sobre su error.

Shizu suspiró levemente, preguntándose si debería volver al living para aclarar lo que su hermano había dicho. Para su fortuna Yassu se paró a su lado y posó una mano en su hombro.

—Sube y cámbiate de ropa. Vamos a estar todos juntos en la tienda hoy. Kiyo está saltando en tu cama esperando pegarse a ti todo el día —sonrió para animar a la hija de su corazón.

La muchacha asintió y trató de sonreír un poco para su hermanita, que la esperaba animada; no podía decepcionarla. Subió a su cuarto y, al escuchar los gritos de Kiyo, no pudo contener una punzada de alegría.

*****


Para felicidad de Shizu, Yassu estaba acertada en llevarla a la tienda. La mañana transcurrió rápidamente, principalmente porque Kiyo estuvo todo el tiempo queriendo ayudar a su madre y a su hermana. La pequeña no podía estar más feliz de tener a sus dos modelos juntas. Para completar su hermano se quedó quieto, sin meterse con ella ni decir nada de su ex novio.

—Iré al despacho —dijo Kissaburo después de terminar su almuerzo—. Hoitiro, ven a aprender a organizar los documentos.

—Pero, papá... es muy aburrido... Pídeselo a Shizu.

—Ella ya sabe todo lo que se debe hacer aquí en la tienda. Tú, como único hijo varón mío, debes aprender a encargarte de la tienda sin ayuda de tu madre ni de tu hermana. Ven —el hombre no le dejó espacio para discusiones y entró a su estudio.

—Como si algún día fuera a depender de ella para algo... —murmuró Hoitiro cuando pasó cerca de Shizu antes de seguir a su padre.

—Hoitiro es un bocazas —dijo Kiyo, abrazando a su hermana.

La senpai de danza sonrió al oír el comentario, una frase sencilla pero que decía en pocas palabras lo que pensaba.

—Ven, Kiyo, te voy a mostrar adentro dónde guarda papá esos adornos para el pelo que tanto te gustan. Vamos a elegir uno para ti y otro para mí, un par uniéndonos, ¿qué te parece?

La niña gritó de felicidad y arrastró con fuerza a su hermana para dentro. Shizu no se preocupó, pues después del almuerzo el movimiento era menor y sólo una persona en el mostrador era suficiente.

En pocos minutos la pequeña eligió dos prendedores iguales, con forma de estrellas; se puso una en el pelo y con la otra recogió el de Shizu, que sonreía sentada en el suelo, dejando que Kiyo la peinara.

—¡Listo, estamos lindas! —la niña sonrió orgullosa de sí misma.

Antes de poder decir nada Shizu oyó un grito de auxilio de su hermano. Sin pensarlo dos veces se levantó y corrió hasta el despacho de su padre, seguida por su madrastra y su hermana menor. Cuando abrió la puerta vio a Hoitiro petrificado, sin saber qué hacer mientras miraba a Kissaburo tirado, apretándose el pecho con su enorme mano a la altura del corazón.

—No, no, no, no... —era todo lo que la joven podía decir cuando se agachó para ayudar a su padre—. Kami-sama, no...

Lo que pasó a continuación duró para Shizu lo que parecieron horas.

Tratando de recordar cómo proceder, la joven comenzó con un masaje cardiorrespiratorio, pero por más que lo intentaba no obtenía respuesta. Hoitiro hablaba por teléfono pidiendo ayuda mientras su madrastra sacaba a Kiyo del despacho.

Sin saber qué más poder hacer, Shizu abrazó el cuerpo de su padre, llorando y pidiendo que él no la abandonase. Gritó desesperada cuando sintió su pecho dejar de moverse...

El corazón de su padre ya no latía más.