HITSUZEN







Volumen 14 - Capítulo 73

Callejón sin salida














No podría decir que tuvo una noche de sueño; Akiba Asuya sólo cerró los ojos y durmió por algunas horas porque su novia lo obligó a tomar también un trago de poción.

La rabia que sintió cuando supo todo lo que le pasó a Shizu fue grande; no se pudo controlar y anoche estuvo decidido a vengarla. Ella era más que su prima. La joven se aferró a él después de la muerte de sus hermanos y Asuya siempre cuidó de ella como a una hermana menor.

Despertó temprano, preocupado: no sabía cómo estaba su prima. No podía ir al dormitorio de chicas pero estaba seguro de que Sayo estaría cuidando bien de su amiga. Todo lo que podía hacer era ir a desayunar y quedarse a disposición, en caso de que lo necesitasen.

Pero para sorpresa de Asuya, al salir del predio avistó a Kou Tooru apoyado contra un árbol, de brazos cruzados, evidentemente esperándolo. Akiba sintió la sangre hervirle al ver la desfachatez del otro —perdía la cabeza fácilmente y las ganas de pelear de anoche estaban volviendo—. Caminó hasta el estratega, deseando resolver el asunto de una vez por todas.

—Di algo antes de que termine lo que empecé ayer —siseó.

Tooru se apartó del árbol, se irguió y miró a Asuya con una expresión neutra, ni amenazadora ni temerosa.

—No me gusta quedarme esperando a que las cosas se resuelvan por sí solas. Como sabía que tarde o temprano vendrías tras mí, decidí que era mejor tomar yo la iniciativa y terminar con cualquier expectativa de tu parte.

Akiba apretó los puños para contenerse; si perdía el control no iba a saber lo que el otro quería.

—¿Expectativas de mi parte? No imagino qué puede ser... si es que hay algo peor de lo que ya hiciste.

El ajedrecista se controló para no dejar escapar una pequeña sonrisa sarcástica, a pesar de que íntimamente se complacía en haber alcanzado su objetivo de robarle algo que le pertenecía a Asuya... Era delicioso darse cuenta lo profundamente que perturbó su pequeña venganza a su rival.

—No voy a negar que me acerqué a Shizu para poder perjudicarte de algún modo. Confieso que no soy un buen perdedor y que siempre busco la revancha hasta conseguir lo que realmente quiero... Y el que te hayas interpuesto entre Aiko y yo no lo he digerido completamente, hasta ahora.

Oír que efectivamente ése fue el motivo por el que Kou se acercó a Shizu dejó un poco triste a Asuya. El otro sólo estaba satisfecho en este momento, viéndolo infeliz por todo esto.

—Ve al grano, porque siempre supe de tu carácter —replicó.

—No creo que te deba explicaciones; sin embargo, después de lo que Ichigo tramó, tal vez deba pronunciarme en beneficio de tu prima —respondió el heredero del Consejo, pasándose la mano por el pelo antes de proseguir—. Como le dije a Shizu y te lo repito a ti, todo comenzó como una pequeña venganza, pero después empecé a apreciar la compañía de tu prima... en varios sentidos, claro —en ese punto Tooru esbozó una sonrisa maliciosa—. No me enamoré de ella, no creo ser capaz de tal sentimiento. No obstante llegué a pensar en la posibilidad de casarme con ella. Shizu tiene todos los atributos que la esposa de un miembro de las Sombras necesita tener.

Akiba lo miró de arriba abajo. ¿Cómo podía ser tan frío y sin corazón al hablar de algo tan importante?

—Dijiste todo lo que una chica enamorada siempre quiso oír —dijo—. O sea, cuando el canalla tu amigo casi la perjudicó físicamente, tú viniste para terminar y acabar con su corazón. Hiciste un buen trabajo.

Los dos se miraron en silencio, cada uno analizando lo que el otro iba a hacer. Asuya sintió que no valía la pena hacer algo contra Kou.

Tooru observó a Akiba con atención. Al igual que en un juego de ajedrez, se percató de que habían llegado a un callejón sin salida. No había ninguna posibilidad más de un jaque mate. La verdad es que ya había recibido más de lo que necesitaba de toda esta historia y no valía más la pena proseguir.

—Dile a Shizu que lamento que las cosas no hayan salido bien y que me encargaré de que Ichigo se arrepienta de lo que intentó hacerle por el resto de su vida —fue lo que respondió antes de inclinar la cabeza en despedida.

—Díselo tú mismo, si tu frialdad te lo permite —fue lo que el otro dijo antes de irse primero.

Si dependiera de Asuya, nada referente a Kou sería dicho ni recordado a su prima. Mientras se marchaba sintió que su instinto protector ya no estaba más enfocado en vengarse sino en proteger el corazón de alguien importante, de alguien que necesitaba apoyo para estar bien.