HITSUZEN







Volumen 14 - Capítulo 72

Los que están allí por ti














Salir del dormitorio masculino no fue tan difícil como Shizu creyó que sería. Con cada paso que daba las piernas se le fortalecían y la mente se le aclaraba más. Para su desgracia su corazón también sufría cada vez más por lo que acababa de pasar.

Al verse fuera de la propiedad caminó lentamente de costado en busca de un lugar más reservado, para entonces apoyar el cuerpo contra un árbol. Se sentó en el césped y encogió las piernas para apoyar la cabeza sobre las rodillas. Estaba cansada...

Las lágrimas que luchó por contener mientras estaba delante de Kou cayeron libremente. No sabía decir qué le dolía más, si descubrir que fue elegida para una apuesta o ver en los ojos de Tooru que él realmente no sentía nada por ella, aun después de todo lo que vivieron juntos.

Maldecía a su corazón por haber sido tan idiota y no haber creído a su primo y a su amiga. Sayo siempre le acertaba al carácter de la gente; ¿por qué Shizu no le creyó esta vez? ¿Por qué quedó tan burra cuando conoció a Tooru?

Reflexionando sobre todo lo que pasó desde que se conocieron, ahora podía darse cuenta de pequeñas cosas que habrían mostrado, detrás de esa sonrisa, una mirada fría y un corazón de piedra.

¿A quién estaba queriendo engañar? En ningún momento creyó que él no la amaba. Tooru fue siempre cariñoso, nunca le habló de esa forma como lo hizo esta noche.

—¡Falso! —masculló.

Pasaron unos minutos y Shizu sintió un brazo envolviéndola. Alzó la cabeza y vio a su mejor amiga sentada a su lado. Se acurrucó en los brazos de Sayo y lloró todo el dolor que sentía.

Minamoto se había quedado preocupada cuando vio a Kou por el rabillo del ojo buscar a su novia y enseguida levantarse con expresión seria. Su rostro dejaba claro que algo había pasado, algo que lo molestó. Sayo no lo pensó dos veces y fue rápidamente a su cuarto, en donde estaban sus cartas de tarot. Tuvo un mal presentimiento cuando se preguntó dónde estaba su amiga.

Para su tristeza sintió que algo le pasaba a su mejor amiga. No sabía decir qué y menos aún dónde estaba Shizu, pero sabía que era malo y que estaba relacionado con Tooru. Salió del cuarto decidida a encontrar a la pareja y con el cuarto de él como primer punto de búsqueda.

Durante el camino la joven sintió una fuerte opresión en su corazón y caminó más rápido; estaba muy preocupada por Shizu.

Al llegar a los dormitorios masculinos Sayo sintió su cuerpo siendo empujado a un lado y, al ver la silueta sentada más adelante, entendió el porqué. Cuando se acercó se percató de que algo ya había pasado y todo lo que podía hacer era esperar hasta que su amiga le contase qué fue.

—Es mejor irnos a nuestro cuarto... —dijo al ver por la cara de su compañera que el sufrimiento era grande.

Shizu se dejó guiar por su compañera de habitación al lugar que compartían con Hilde. Minamoto se sentó en la otra cama y esperó a que la otra saliera del estado de estupor en el que se encontraba y le contase lo que le había pasado, pues ni después las peleas con su hermano a lo largo de los años Sayo la vio tan devastada.

La senpai levantó la mirada hacia Sayo; quería contarle lo que le pasó, pero antes de abrir la boca vio, en su mesa de luz, su foto con Tooru.

Para horror de la cartomántica, Shizu se levantó de sopetón y lanzó con rabia el portarretratos contra la pared opuesta, haciendo añicos el vidrio. Enseguida abrió el cajón, tomó las fotos con su ex novio y las hizo pedazos con las manos.

—¡Shizu, para! —exclamó Minamoto, sujetando a su amiga—. ¡En vez de perder la cabeza dime lo que te pasó para poder ayudarte!

—¡No! —gritó ella. Sintió las lágrimas volver a sus ojos y tomó con rabia otra foto—. Fui una estúpida, una ciega. Ustedes tenían razón, él es un canalla. Yo... yo... —fuertes sollozos le impidieron continuar.

—Shhh... calma... —Sayo tomó los pedazos de la foto y los tiró al suelo.

Hablando bajo y entrecortadamente, Shizu le contó lo que descubrió esa noche sobre su relación con Kou Tooru y cómo pasó todo. La joven vidente no sabía si estar preocupada porque a su amiga la hubieran drogado e intentado llevársela a la cama dentro de la misma escuela, o por la canallada que estaba escuchando sobre el heredero del Consejo.

—Vi en sus ojos vacíos y en su sonrisa desdeñosa que tenía a otra persona delante de mí. No era el mismo hombre del que me enamoré en estos últimos meses... Era el Tooru manipulador del que Asuya tanto habló —se lamentó Shizu, soltándose de su amiga.

Su mirada se posó nuevamente en las fotos rotas y, sin pensarlo dos veces, tomó de su cajón algunos pequeños recuerdos que guardó de los momentos más importantes con Tooru —como la cinta del Tanabata, de la primera cita de ellos— y los tiró al suelo.

Sayo observó la reacción de la otra sin saber qué hacer. Su amiga estaba trastornada como nunca la había visto antes.

—No quiero ningún recuerdo suyo, de ningún momento —Shizu se volvió hacia su mejor amiga y con voz amargada dijo lo que sentía—. ¡Demonios, Sayo! ¿Me enamoré, me entregué en cuerpo y alma para oír que era una venganza contra mi primo? —cayó sentada en el suelo—. Fui una apuesta para que él pudiera ser el primero...

Deseando al menos intentar ayudar a su amiga, la joven vidente se sentó a su lado y la abrazó, dejando una vez más que ella llorara la aflicción y la rabia que sentía.

*****


Akiba Asuya regresó al dormitorio masculino pisando fuerte. Cuando su novia lo llamó no creyó que le fuera a contar algo tan grave.

Sayo le dio a Shizu una poción fuerte para dormir e inmediatamente después envió un origami llamando a su novio, primo de su amiga. Asuya necesitaba saberlo y era mejor que ella misma se lo contase a hacerle repetir todo a Shizu.

No había terminado de hablar cuando el joven Akiba le dio la espalda, colorado de rabia. Sabía que Kou no era bueno, pero había empezado a tener una vaga esperanza de que al menos a Tooru le gustara Shizu, si es que sabía lo que era eso.

Al ver la puerta del cuarto del ex novio de su prima, Asuya ni se detuvo a llamar y se dispuso a abrirla. Para su desgracia estaba trancada. Trató de forzarla en vano y entonces, después de ver que de nada serviría, la golpeó con fuerza.

No fue Kou quien abrió la puerta, sino uno de sus compañeros de cuarto, Ryoga. No obstante Akiba apenas lo notó, sino que buscó a Tooru con la mirada. El heredero del Consejo no estaba allí pero estaba el otro, sentado en la cama, prácticamente encogido en un rincón al notar la expresión furiosa de Asuya.

—Akiba... —murmuró Ichigo—. No quería... no pretendía... te lo juro...

Ryoga apenas tuvo tiempo de apartarse del camino de Asuya, que en pocos segundos alcanzó su objetivo secundario. Si Kou no estaba allí, entonces el cretino que drogó a su prima sería el primero en pagar. Le dio un puñetazo a Susumu, que ni terminó de caerse de la cama cuando ya estaba siendo agarrado del cuello.

—¿No pretendías qué? ¿Drogar a una chica y aprovecharte de ella?

El segundo puñetazo lo tiró al suelo y le hizo escupir sangre.

El ruido que Asuya hizo para entrar llamó la atención de varios varones que estaban en sus cuartos y los pedidos de socorro de Ryoga los hizo venir al origen de la confusión.

Ichigo, aprovechándose de la guardia baja de su oponente al ver a otras personas entrando al cuarto, lo golpeó en el estómago. Pero antes de poder devolverle el puñetazo que Asuya le dio vio que Ryoga y otro muchacho más lo detenían.

Rápidamente el cuarto se llenó —evitaban las peleas en los dormitorios, pues no querían el lugar monitoreado por profesores—. Ichigo fue detenido por Ryoga mientras Asuya era sujetado por Itadaki; el resto de los alumnos se interpuso entre ellos, en caso de que quisieran continuar con la pelea.

En realidad Akiba quería encontrar al tercer ocupante del cuarto, que estaba entrando justo en ese momento para descubrir lo que estaba pasando. Los ojos negros del joven chispearon al ver a Kou en la puerta y sólo no se le abalanzó encima porque fue nuevamente sujetado al intentar hacerlo.

—Basta, Akiba, no puede haber peleas aquí. Ya lo sabes —Itadaki intentó hacerlo razonar.

Cuando entró a su cuarto Tooru rápidamente entendió lo que pasaba. Se rió levemente al ver la cara hinchada de Ichigo —se lo merecía por lo que intentó hacer—. Era un idiota por creer que se salvaría de ésta, ya que esta vez no había bebidas alcohólicas envueltas para justificarlo.

—¡Me las vas a pagar, Kou, y más caro que esto! —dijo Asuya soltándose.

—Te estaré esperando, Akiba —respondió Tooru sin elevar la voz, casi amistosamente.

Con pasos fuertes Akiba se abrió camino entre la gente del cuarto. No iba a exponer a su prima... no le daría ese gustito de victoria al ex novio. Sabía que si él no se la cobraba, el destino no lo iba a dejar pasar en blanco...

Sólo había que esperar.