HITSUZEN







Volumen 14 - Capítulo 71

Drogada















El día había pasado muy rápido y ya era la hora de cenar. Al menos eso era lo que la joven que caminaba en dirección al comedor pensaba. Shizu se pasó el final del día en la biblioteca estudiando y cuando miró el reloj se dio cuenta de que, si quería caminar tranquilamente, debería levantarse en ese mismo instante y llevar sus cosas al cuarto.

«Para qué llevar todos estos libros si voy a ver a Tooru después...», pensó ella mientras se echaba un rápido vistazo en el espejo. Vio que no podría cambiarse de ropa a tiempo pero no le importó que Tooru la fuera a ver de uniforme. Él lo entendería.

Al salir del edificio del dormitorio femenino, Shizu sintió un viento frío agitarle el pelo. Un escalofrío trepó por su cuerpo y se preguntó si debería volver a recoger un abrigo. Pero cuando pensó que podría contar con los brazos de su novio se encogió de hombros y caminó en dirección al comedor para encontrarse con él.

Una sonrisa apareció en su rostro al recordar que faltaban dos meses para celebrar un año de noviazgo. Después de tanto tiempo juntos Sayo y Asuya dejaron de criticar a Tooru, a pesar de haberle dejado siempre claro que no les agradaba. La idea que tenía, y tanto deseaba, era que los cuatro saliesen juntos, pero eso no iba a suceder tan pronto. Pero estaba segura que a cada día que pasaba ella y Tooru demostraban que su relación era más sólida de lo que ellos creían.

Una ráfaga de viento le alborotó el pelo sobre la cara. Mientras intentaba sujetarse los mechones que porfiaban en taparle la visión, vio a uno de los amigos de Tooru acercarse.

Ichigo examinó a la joven de arriba abajo, pensando interiormente que Kou efectivamente tenía un buen gusto para las chicas. Prestando a Shizu más atención que de costumbre, podía imaginar por qué Tooru estaba manteniéndose tanto tiempo al lado de esa muchacha. Hasta comprendía el sentimiento de “posesión” que su amigo tenía hacia ella.

—Akiba-san —la saludó inclinando la cabeza, tratando de mantener una expresión seria. Estaba allí por Kou y tenía que hacer las cosas bien.

—Susumu-san —la senpai de danza se detuvo y saludó al otro con una pequeña reverencia.

—Te estaba buscando —dijo, manteniendo su expresión sobria—. Kou-sensei está en problemas y no sé cómo ayudarlo. Tal vez no lo hayas notado, pues sabes lo discreto que es con sus asuntos personales.

La frase dicha por el amigo de Tooru hizo que la expresión de Shizu se alterase. Estaba de acuerdo en que él era sumamente discreto y cerrado sobre lo que sentía. Si Susumu la estaba buscando como la otra vez en la biblioteca, debía de ser algo igualmente serio.

El silencio de Akiba le dio la pista al otro de que lo estaba escuchando.

—Es mejor que hablemos en privado —dijo, a lo que ella terminó accediendo debido a la preocupación.

Los dos caminaron hasta un banco debajo de un frondoso árbol, ligeramente alejado de los edificios principales. Se sentaron en silencio, Shizu mordiéndose los labios, ligeramente aprensiva.

—¿Cuál es exactamente el problema, Ichigo-san?

Éste se volteó para sacar de su mochila dos paquetes de sándwiches y dos botellas de algo que parecía ser jugo de naranja.

—Puedes llamarme Ichigo-kun si lo prefieres. Después de todo, si eres la novia de Tooru, eres casi como mi cuñada. Toma —le ofreció el refrigerio—. La verdad es que te estaba esperando para hablar y, como la charla va a ser larga, me pareció mejor traer algo de comer, ya que nos vamos a perder la cena.

Shizu tomó la comida por educación. Para no hacerle ningún feo a Ichigo, dejó el sándwich sobre el regazo y abrió la botella de jugo que él le ofrecía.

Por el rabillo del ojo Ichigo la miró beber el jugo y mordisquear el sándwich. Sólo entonces empezó a hablar.

—Sabes que a tu primo no le cae bien Kou-sensei, ¿verdad?

Ella asintió, pues era algo que Asuya no se molestaba en esconder. Fue a decir algo pero sintió la boca dormida. Confusa, bebió otro poco de jugo, esperando que eso le quitase la extraña sensación.

—Aunque no lo demuestra, a Tooru tampoco le agrada Akiba Asuya. Hay una razón para que los dos se detesten tanto. Imagino que sabrás que Tooru ya tenía cierta experiencia antes de empezar a salir contigo. Bueno, una de las chicas de Kou-sensei terminó interesándose en tu primo.

—Sí, recuerdo a Aiko-san.

Shizu iba a seguir hablando pero, por algún motivo que no entendía, se sintió aletargada. Creyendo que sería algo relacionado con su presión, terminó de beberse el jugo y dio un pequeño mordisco al sándwich, esforzándose por seguir escuchando lo que Ichigo decía de Tooru.

—Al final Zaimoku-san terminó por romper con Akiba también pero la enemistad entre los dos se mantuvo —continuó Susumu hasta que se dio cuenta de que su interlocutora se veía más pálida y gotas de sudor comenzaban a perlarle la piel—. ¿Te sientes mal, Shizu-san? ¿Quieres que te lleve a la enfermería?

A pesar de querer saber lo que Ichigo iba a contarle, ella asintió. No lograba entender lo que estaba pasando y apenas podía encontrar las palabras para decirlo. Parpadeó lentamente, tratando de mantenerse consciente. Sentía la boca hormiguearle y el mundo girar a su alrededor.

Él la incorporó y con facilidad le rodeó la cintura con un brazo, dejando que Shizu se apoyase en él. Ella trató de mantenerse parada por su propio pie pero se tropezó en dirección al joven, que la sujetaba con firmeza. Sin poder sostenerse, apoyó la cabeza en el hombro de Ichigo y se dejó llevar por él.

A pesar de tener la visión empañada, sintió que algo andaba mal: el camino era diferente. Abrió la boca para decir algo pero sólo dejó salir unos murmullos inconexos.

La cabeza le daba vueltas mientras trataba de comprender dónde estaba y qué pasaba. No sabía decir lo que estaba sintiendo y no tenía control de su cuerpo ni de su mente. Notó que podía ver un poco mejor si enfocaba bien y por eso se asustó cuando se dio cuenta de que estaba entrando al predio del dormitorio masculino. Shizu trató de apartarse de Ichigo pero casi se cayó.

—Tranquila, Shizu-san, todo está bien... —le dijo él cuando la sujetó nuevamente.

Cuando la sintió empujarlo otra vez, Ichigo la sujetó con más fuerza y la llevó hasta el cuarto que compartía con Tooru y Ryoga. La joven se volvió a tambalear y después pareció no ofrecer más resistencia.

El muchacho la tumbó en la cama y le quitó los zapatos. Con una sonrisa perversa en el rostro, Ichigo vio que la joven tendida no demostraba ninguna reacción, exactamente como esperaba. Mordiéndose los labios, miró la falda ligeramente levantada, mostrando sus piernas.

Tendida en la cama, Shizu sintió la mente tratando desesperadamente de despertar a su cuerpo. A pesar de no poder pensar con claridad, no tardó mucho en entender lo que el “amigo” de su novio quería.

Vio a Ichigo acercarse a su rostro y darle un fugaz beso en la punta de la nariz mientras una de sus manos le apretaba la cintura. Shizu se preguntó por qué no podía salir de allí; no sabía qué le había hecho él.

Sintió fallarle la respiración ante todo lo que estaba pasando: él le estaba desabrochando la blusa y besando ligeramente el cuello. Su mano pesada alcanzó la falda de Shizu y se la levantó otro poco. Ichigo se tumbó sobre ella y le murmuró al oído:

—Eres mucho más deliciosa en vivo que en las fotos que Kou te sacó.

La joven apretó los párpados al sentir el peso de Ichigo sobre su cuerpo; no quería ver su rostro mientras trataba de encontrar una forma de salir de allí. Pero después de oír lo que él dijo acerca de Tooru, logró abrir los ojos e interrogarlo con la mirada.

Ichigo observó el rostro sorprendido de ella y sintió una punzada de placer al ver la rabia arder en el fondo de los ojos de la muchacha.

—No te preocupes; fue lo bastante caballeroso al punto de sólo mostrarte acostada en la cama, cubierta con una sábana. Ni una desnudez más explícita a no ser un hombro y un tobillo... Lo que me hace dudar si efectivamente se acostó contigo.

—De qué... —la voz le salió a Shizu débil y abotargada, pero fue suficiente para que Ichigo, que estaba bien cerca, la pudiera oír y entonces sonrió.

—Deberías ser un poco menos estúpido, Ichigo. ¿De verdad creíste que no podría imaginar lo que estaba sucediendo cuando me di cuenta de que “coincidentemente” ni tú ni Shizu aparecieron en la cena.

El aludido se volteó y vio a Tooru mirándolo desde el umbral de la puerta con una sonrisa cínica y confiada.

—Eres demasiado obvio, especialmente considerando la última charla que tuvimos, sobre que querías tirarle los tejos a mi novia o incluso el recuerdo de Ryoga borracho.

Ichigo nada respondió, tan sólo se apartó de la muchacha y se levantó para mirar a su compañero de cuarto.

—Déjame adivinar... —dijo Tooru, aún de brazos cruzados, apoyado contra el marco de la puerta al tiempo que miraba una botella de jugo semivacía que estaba en el escritorio del cuarto—. Echaste somnífero o alguna poción al jugo de naranja para que Shizu lo bebiera. Eso es bajo, Ichigo, incluso hasta para ti.

Recién en ese punto el otro logró esbozar algún tipo de reacción, casi explotando de furia.

—¡Como si tuvieras alguna moral para criticarme, Kou! ¡Aceptaste una apuesta para llevarte a una chica a la cama, elegiste a la prima de Akiba para tener el gustito de molestar al tipo que te robó tu “presa de turno” y encima me vienes a dar un sermón!

Al oír lo que dijo Ichigo, Shizu pudo darse cuenta de que su mente se aclaraba y cada vez con más rapidez. Pudo comenzar a mover discretamente las manos y también las piernas. A pesar de estar consciente de eso, prefirió quedarse quieta. Tenía que oír lo que Tooru iba a decir, necesitaba oírle negarlo todo.

El joven Kou se encogió de hombros. Había sido desenmascarado delante de Shizu, ya no tenía más por qué mentir ni negarlo.

—No te estoy dando un sermón, Ichigo, sólo te estoy haciendo la advertencia que Akiba ignoró —Tooru comenzó a caminar en dirección a su compañero—. Nadie toma lo que es mío y sale incólume. Me conoces mucho mejor que él y por lo tanto sabes la estupidez que hiciste.

Ichigo no pudo responder; sintiendo las piernas flaquearle, permaneció parado en donde estaba. Tooru pasó delante de él como si no fuera nada más que algo insignificante, indigno de mayor atención.

Tooru se acercó a Shizu y se sentó al lado de ella en la cama. Su expresión era seria, casi severa. Notó por el brillo de sus ojos que su novia empezaba a recuperar el control de sí, pero aún así se puso a abotonarle la blusa.

Cuando sintió los dedos de Tooru en su piel, a Shizu la invadió una mezcla de sentimientos que no sabía cómo controlar, pero que juntos estaban ayudando a liberar su mente. Todo lo que oyó tenía sentido y Kou no negó nada de lo que Ichigo había dicho.

Cerró los ojos lentamente y buscó calma en algún lugar de su mente para entender lo que acababa de pasar y oír. El amigo de su novio la drogó para llevársela a la cama, y cuando Tooru apareció para impedirlo, fue acusado de estar con ella por una apuesta, una venganza contra su primo.

—Apártate... —Shizu intentó empujar a Tooru con una mano, pero como todavía estaba bajo el efecto de la droga, todo lo que pudo hacer fue apoyar la mano sobre su pecho.

—No estás en condiciones de hablar ahora, Shizu-san —dijo con voz casi severa—. Cuando estés más sobria hablaremos.

Tooru apartó la mano de la joven y se inclinó sobre ella con la intención de llevarla en brazos. Ella respiró hondo y consiguió apoyar un brazo sobre la cama para incorporar ligeramente el cuerpo.

Al oír que debería estar más sobria para conversar, se puso a obligar a su cuerpo a obedecerla. Tooru no había justificado nada y eso estaba haciendo brotar un sentimiento que no creía poder sentirlo tan fuerte, un odio que le hizo levantarle la voz a su “novio”.

—¡No! ¡Vamos a hablar ahora! —su voz no sonó alta pero demostró claramente su voluntad.

—Si eso es lo que quieres, Shizu-san, entonces vamos a hablar —dijo él, manteniéndose sentado en la cama, esperando a que ella también se acomodase—. Ichigo, sal —dijo con autoridad, sin volverse, manteniendo los ojos fijos en su novia.

Shizu miró al otro obedecer a Kou y abandonar el cuarto sin decir una palabra. Tratando de buscar aquella fuerza que estaba expulsando la droga de su sistema, volvió la vista hacia Tooru.

—Déjame ver la foto —dijo en voz baja.

Tooru se levantó y fue hasta la cómoda en donde guardaba sus pertenencias. De ahí sacó un sobre pardo y se lo entregó.

—Aquí la tienes —dijo sin mostrar ningún rastro de emoción en su voz.

Luchando contra el dolor que brotaba en su pecho, levantó la mano y tomó el sobre que Kou le extendía. Antes de ver lo que había dentro, ya no reconocía al tipo que estaba allí parado. Nunca lo había visto de ese modo, no conocía esa cara.

Él le estaba entregando una prueba de que todo lo que había oído era verdad, la foto que Ichigo había mencionado. Una lágrima discreta y solitaria le corrió por el rostro al verse en la foto cubierta por las sábanas de la cama de Tooru, pues reconoció ese momento. Era uno de los más importantes de su vida, la primera vez que durmió con Kou, su primera vez.

Sintiéndose sucia y usada, Shizu trató de levantarse de la cama y salir de ese cuarto, pero todavía no estaba completamente libre de lo que Ichigo le había hecho, sus piernas no la obedecieron y cayó de vuelta en la cama.

Tooru continuó parado mirando la figura fragilizada de la joven, el rostro aún sin expresión alguna.

—Es verdad que las cosas empezaron como una apuesta, Akiba-san, pero no habría estado tanto tiempo contigo si fueras tan sólo eso.

Reprendiéndose a sí misma por estar tan débil que apenas podía mantenerse en pie, Shizu miró a Tooru con rabia y dolor. Le indignaba ver cómo él podía mantenerse tan frío mientras le dirigía la palabra.

—A mí me parece algo tan simple como lo que tu amigo dijo y tú no negaste ni una sola palabra. Me apostaste, me ganaste y no me quisiste compartir. ¿Olvidé algo, Kou-sensei? —Shizu se levantó temblando y se enfrentó a Tooru.

Permaneció en silencio observando los ojos de Tooru. Nunca antes los había visto tan fríos, vacíos de toda emoción. Vio su reflejo en los iris negros y vio también todos los momentos en los que estuvo con él. Ella lo amaba, y al darse cuenta de que su relación nunca existió perdió las fuerzas. Sintió las fuerzas flaquearle nuevamente y, unido al resto del efecto de la droga, cayó sentada en la cama.

—¿No hay ningún sentimiento? —preguntó, esperando ver en su rostro la verdadera respuesta.

—Podría mentirte diciendo que me enamoré perdidamente de ti; sin embargo no deseo engañarte nuevamente. La verdad es que soy incapaz de enamorarme de nadie, no está en mi naturaleza.

Las ganas de salir corriendo de allí eran todo lo que dominaba a Shizu, junto con la rabia que sentía por haber sido tan burra y ciega. Ellos le advirtieron. Sayo y Asuya se lo dijeron tantas veces y ella no los escuchó. Él nunca la abordó porque reparó en ella en las presentaciones, su objetivo fue única y solamente ser su primer hombre, con la ventaja de poder herir a Asuya. Trató nuevamente de levantarse pero otra vez su cuerpo no la obedeció.

Rehusándose a permitirle verla sufrir, Shizu miró el suelo en silencio. Pensaba que todo lo que tenía que hacer era esperar unos segundos más, respirar hondo e intentar irse. La rabia le daría fuerzas nuevamente. Pero aparte del odio, el sentimiento de tristeza minaba sus fuerzas y unas pocas lágrimas se le escaparon de los ojos.

—Shizu-san —la llamó Tooru con voz un poco más suave—, el que lo hayas descubierto no cambia tanto las cosas. Realmente te estimo. Eres una buena compañía: bonita, inteligente, elegante y graciosa. Nos llevamos bien en la intimidad. Tienes todos los atributos que yo desearía que la esposa de un futuro miembro del Consejo de las Sombras como yo debiere tener.

—Deja de hablar o no seré responsable de decir todas las palabras que son consideradas indelicadas para la esposa de un futuro miembro del Consejo de las Sombras —la propuesta de Kou la había enojado. No podía entender cómo podía él ser tan frío en esta situación—. Sólo necesito de unos segundos para poder levantarme e irme.

—Estoy siendo sincero contigo, Shizu, como nunca lo fui antes. Podría continuar mintiéndote —respondió él—. No obstante puedo entender tus razones. En caso de que cambies de idea, ya sabes dónde buscarme.

Notando que la muchacha apenas podía sostenerse por sus propias piernas, Tooru se acercó ofreciéndole el brazo.

—Ven, te llevaré hasta la enfermería.

En los pocos minutos que pasaron Shizu podía decir que sintió muchas cosas: miedo, asco, rabia, tristeza, decepción y traición. Nada la preparó para lo que estaba ocurriendo, ninguna amiga suya escuchó todo esto del chico al que amaba. No sabía decir si fue efecto de la droga en su cuerpo o todas las emociones juntas, pero al verlo tan cerca Akiba hizo algo que para ella fue inesperado.

Con una mano se apoyó en el brazo de Tooru y se levantó, obligando a sus piernas a encontrar apoyo. Lo miró y no lo pensó dos veces para abofetearlo con la mano libre.

—KUTABARE!

Tooru sintió la cara arderle por la cachetada de Shizu, al punto de voltear la cabeza debido a la fuerza empleada por la joven. Sin embargo apenas se limitó a mirarla con una media sonrisa cínica.

—¿No quieres que te lleve a la enfermería? —preguntó una vez más.

—No necesito tu ayuda para nada.

La muchacha se apoyó en la mesa más próxima mientras con la mirada buscaba dónde sostenerse para llegar hasta la puerta. No le importaba si salía arrastrándose, no iba a pedirle ayuda a Kou de ninguna manera.

Con dificultad Shizu alcanzó la puerta sin mirar atrás y se fue apoyándose contra la pared. Lo que quería era poder estar sola para borrar de su vida, su mente y su corazón al que fue su primer amor.