HITSUZEN







Volumen 14 - Capítulo 70

Premio














Ya estaba empezando a oscurecer y el viento aumentaba poco a poco. El baño caliente que tomó la ayudó a relajar y caldear el cuerpo. Shizu se estaba arreglando para encontrarse con su novio. Estaban de regreso en la escuela hacía pocos días y muchas cosas habían pasado ya.

No tuvo tiempo de celebrar con Tooru su nombramiento de senpai del club de danza. Él estaba ahora en el último año y también el más exigente. Había visto la cartelera de los horarios y la gran cantidad de material que él tenía ya para estudiar. El tiempo estaba escaso y aún estaban en la primera semana de clases.

Mientras se aplicaba una crema de melocotón, una de las favoritas de Kou, Shizu sonrió como boba al recordar los días que pasaron juntos en Suzuko. Sabía que estaba completamente enamorada de Tooru e inconscientemente estaba haciendo planes para estar juntos.

Se miró en el espejo y vio que, a pesar del abrigo largo, estaba linda para su novio. Esperaba ver la linda sonrisa que Tooru le dirigiría cuando llegara, arreglada sólo para él.

Se soltó el largo cabello negro y salió del cuarto. Se iban a encontrar en la propiedad principal, en un banco enfrente de la biblioteca.


*****


Parados del lado de afuera de la construcción, los tres amigos platicaban.

—¡No se puede ver absolutamente nada! —se quejó Ichigo mientras Tooru lo miraba con cierto desdén y diversión—. ¿Quién asegura que realmente hiciste lo que tenías que hacer?

—Ryoga fue quien propuso la idea; si él está conforme, no veo por qué tú tengas que quejarte —replicó Kou sin amilanarse con la reacción de su compañero.

El otro se quedó en silencio y cruzó los brazos, mirando a Tooru como si éste hubiera hecho algo absolutamente incomprensible.

—Si es así, ¿por qué no la compartes con nosotros, ya que preparaste el terreno? Si hiciste todo lo que dices que hiciste, sé que no tendrás problemas...

Tooru esbozó una media sonrisa jocosa.

—Porque —empezó con voz agradable, la que los adultos acostumbran a usar cuando le explican algo especialmente obvio a un niño— lo que es mío no lo comparto con nadie.

—Shizu-san se está acercando, moderen el lenguaje —dijo Ryoga riendo, quien estuvo oyéndolo todo.

Los otros dos voltearon las cabezas y vieron a la novia de Kou acercarse. Un brillo apareció en la mirada de ella al ver a quien buscaba y una sonrisa brotó de sus labios.

Konbanwa, minna-san —dijo parándose frente a los tres.

Konbanwa —saludó Ryoga con simpatía mientras Ichigo soltaba un murmullo inaudible, con evidente malhumor.

—Estás preciosa —dijo Tooru dándole un fugaz beso.

—Gracias... —tomó su mano—. ¿Nos vamos?

La pareja se despidió de los otros dos estudiantes y Shizu lo condujo adonde quedaba el edificio del club de danza.

—¿Olvidaste algo en el club? —preguntó Tooru al ver el camino que recorrían.

—Hmm, se puede decir que sí.

Shizu abrió la puerta del club y lo dejó pasar. Viendo que Tooru esperaba a que dijera lo que iba a hacer, lo condujo con una sonrisa hasta una puerta. Allí, en el despacho de la senpai, estaban los documentos y detalles de presentaciones pasadas y futuras... O sea que este año el despacho era suyo.

La imagen que Kou tuvo ciertamente no fue de papeles ni vestuario de espectáculos. Los pocos muebles estaban en una esquina de la habitación y, ocupando casi todo el lugar, había un futon. Shizu caminó hasta unas velas y las encendió para luego volverse hacia su novio... Quería ver su expresión.

Tooru sonrió con malicia y diversión, demostrándole que, a pesar de estar rompiendo más reglas escolares de las que podrían enumerar, aprobaba la “broma”.

Trancó la puerta tras sí con una llave que ella había dejado puesta en la cerradura y, ampliando todavía más la sonrisa, se acercó a ella y la tomó de la cintura. Le depositó un reguero de besos en el cuello hasta que alcanzó la oreja y entonces le mordió delicadamente el lóbulo, para después susurrarle:

—La alumna está superando al maestro.

—Te eché de menos —respondió ella con voz entrecortada.

Kou no respondió, sólo miró a Shizu por breves segundos antes de tomarle los labios con voracidad. Una sensación de triunfo brotó en su mente. Su premio más codiciado estaba allí, en sus brazos, resultando ser un tesoro aún mayor de lo que había apostado que sería.