HITSUZEN







Volumen 13 - Capítulo 67

Ocaso














Las primeras señales de la primavera comenzaban a manifestarse por todo el pueblo de Suzuko: la nieve que cayó durante los meses de invierno se derritió por completo y los árboles ya estaban dejando entrever los capullos de flor que se abrirían en breve.

Dentro de unas semanas estaría partiendo en el barco rumbo a Amaterasu... y aquel iba a ser su último año en la escuela. Hacía días que ese pensamiento no se le borraba de la mente y no podía evitar sentirse un tanto melancólico.

Haruhiro contempló el lienzo que tenía frente a sí, esbozado apenas con el lápiz, esperando a las témperas para tomar vida propia. Una ligera sonrisa se le escapó de los labios mientras pasaba un dedo sobre la figura del centro, entre las flores.

Faltaban dos días para el cumpleaños de Kitsune. Aquel cuadro iba a ser su regalo... El mismo cuadro al que le estuvo dando vueltas el año pasado. Lo había olvidado en el transcurso del mismo pero cuando regresó a su casa, al deshacer las maletas, se encontró con el lienzo enrollado y decidió que era hora de terminarlo de una vez.

—Hey, Haru.

Éste alzó la cabeza y se deparó con la figura de su hermano. Renji venía descendiendo por el sendero que conducía a la casa de su abuelo, sosteniendo una mochila en la mano.

Haruhiro se levantó y soltó por unos segundos la paleta de pintura para poder saludar a su hermano.

—Pensé que no te vería antes de ir a la escuela. Te has pasado casi todo el tiempo en el Tanteidan.

Renji no respondió. En vez de eso observó el cuadro que su hermano menor pintaba y luego desvió su atención a la puesta de sol.

—Mucha cosa ha sucedido —se pronunció finalmente antes de sonreírle fugazmente—. Con algo de suerte no necesitarás saberlo.

—Y eso no atizó ni un poquito mi curiosidad —replicó Haru, cruzando los brazos—. ¿Por casualidad estás yéndote o regresando?

—Yéndome. Debo viajar a Tokio hoy —respondió Renji.

Ambos permanecieron en silencio después de eso y vieron aparecer las primeras estrellas en medio de las acuarelas del atardecer. Las cigarras se alborotaron y orquestaron una despedida a los últimos rayos de sol.

Haru dio un breve suspiro. En los últimos tiempos los momentos que tenía con su hermano eran siempre como éste, llenos de silencio. Echaba un poco de menos la época en que eran niños, cuando tenían más tiempo para estar juntos.

Tiempo... tiempo era lo que faltaba. El tiempo pasaba inclemente y también estaba pasando para él. No faltaba mucho para que Haruhiro tuviera que elegir lo que quería hacer con su vida, cuando fuera completamente responsable de sus actos, cuando abandonase de una vez la buena vida de la juventud.

Las agujas del reloj no se detenían nunca.

—Debo irme —fue Renji quien rompió la quietud mientras posaba una mano sobre el hombro de su hermano—. Cuídate, Haru.

Éste agitó la cabeza y lo observó alejarse antes de desviar nuevamente la mirada hacia la pintura casi acabada.

Anocheció.