HITSUZEN







Volumen 13 - Capítulo 66

Karaoke














Aquello se había vuelto ya una tradición: todos los años, en el cumpleaños de Rika, Shigure y Tomoe llevaban a las niñas al karaoke de Asahikawa para celebrarlo. Aparte de las hermanas Minamoto, por supuesto, estaban presentes Kitsune y Otsu. Aquella era una de las raras ocasiones en que la hime y la Raposa cooperaban en cierta forma, para deleite de su amiga.

Habían llegado temprano, aprovechando las últimas horas de sol para pasear por la ciudad a pesar del frío que hacía. Lo peor del invierno ya había pasado, por lo que llegaba a ser agradable caminar con la brisa fría soplando en las calles, observando a la gente que transitaba allí, hablando de lo que fuera que les viniera a la mente.

Rika miró con una sonrisa a Otsu y Kitsune caminar un poco delante de ella, lado a lado. Las dos chicas tenían casi la misma altura, el pelo negro cayéndoles por la espalda, el de una liso y el de otra ligeramente encaracolado. Vistas de lejos podían pasar por hermanas.

Se rió bajito, haciendo que la atención de Sayo se volviera hacia ella.

—¿Qué pasa?

—Nada, nada —respondió Rika agitando la cabeza, la sombra de una sonrisa aún en los labios.

Sayo la miró por unos segundos y dirigió entonces la mirada a las otras dos jóvenes, comprendiendo entonces lo que podría estar pasando por la cabeza de su imōto. Sonrió también, aunque levemente.

—Parecen estar llevándose bien hoy, ¿no? —le preguntó en voz baja.

Rika respondió con una sonrisa. En un cierto punto se sentía como el fraile de Romeo y Julieta: uniendo a las dos familias, terminaba la querella. Sabía que Kitsune se había suavizado un poco con Otsu debido a lo que ésta hizo por Touya el día del terremoto.

Cuando la Raposa supiera lo que estaba pasando entre su primo y Otsu no iba a quedar muy contenta, claro, pero no iba a interferir, pues Kitsune respetaba a Touya. Tardaría un poco en acostumbrarse a la idea pero Rika estaba segura de que terminaría aceptando, y entonces...

Entonces podría comenzar con los preparativos de la boda, ya que no pensaba dejar que ninguna otra persona hiciera el kimono de bodas de Otsu, ni tampoco la ropa de Kitsune y Touya. Ya sabía exactamente cómo iba a ser el vestuario de la hime, qué iba a comprar, los detalles del kimono. Iba a quedar tan lindo, tan kawaii; iba a ser una obra maestra.

Rika cerró los ojos y se paró de sopetón, para luego llevarse las manos en las mejillas y dejar que una amplia sonrisa se apoderara de sus labios; balanceó todo el cuerpo en deleite sólo de imaginar lo que estaba por venir.

—¡Rika! ¡Rika! —la voz de Sayo la hizo salir de sus devaneos—. Hemos llegado.

La sonrisa de ésta se amplió todavía más al depararse con el letrero colorido y brillante de la casa de karaoke.

Let’s sing! —dijo, alzando el puño con entusiasmo.