HITSUZEN








Volumen 12 - Capítulo 63

Sustituible














Frente a las risas y miradas divertidas, Yamamoto Arashi observaba a los personajes de aquel capítulo de la historia de Suzuko con una copa de té helado entre sus manos pálidas.

Nunca le gustó mezclarse con otra gente, aunque eso era necesario en sus funciones. Siempre prefirió mirar de lejos, desde donde podría obtener mayor panorámica, con libertad para examinar a los que la rodeaban.

Los primeros que llamaron su atención fueron los jóvenes, los niños del Consejo, los que en el futuro los iban a suceder. Una pequeña sonrisa se le escapó al pensar que ya no eran tan niños.

Estaban todos dispersos, sonriendo, ajenos a la tensión. Los jóvenes Kou y Kenmei charlaban en una esquina, acompañados por sus novias. Mihara Renji estaba con su padre y su abuelo, con el semblante serio mientras los escuchaba atentamente, mientras su hermano menor le hacía compañía a Kitsune, que esa noche parecía un poco menos cerrada que de costumbre.

Las hermanas Minamoto estaban con la pareja de amigos también, Rika discutiendo animadamente sobre algo —muy probablemente las vestimentas de los presentes— y Sayo perdida en sus propias cavilaciones.

Su hijo no estaba a la vista, así como tampoco la hime. Bajó ligeramente los ojos y los fijó en la copa que tenía en las manos, el líquido reflejando sus ojos oscuros.

—Nunca voy a poder entender bien tu necesidad de estarte siempre escondiendo en estos eventos, Arashi.

Ésta volvió a alzar la cabeza y se deparó con la figura de Miuura Yuuko, acompañada por otro hombre que conocía como uno de los miembros del gabinete ministerial nashi atae

—Diría que sólo estoy poniéndome en una posición en donde puedo ver sin tener que ser observada, Yuuko —respondió—. Tú más que nadie puedes entender ese deseo.

La otra sonrió un tanto maliciosamente en respuesta.

—Estamos en una fiesta, Arashi, no en una reunión del Consejo. Me alegraría verte relajándote para variar —en ese momento se volvió hacia el hombre que la acompañaba—. Akira-san, creo que ya habrás conocido a la Jueza del Tanteidan, Yamamoto Arashi

Él asintió

—Fuimos presentados en la época en que estuve comprometido con Tomoe-san, pero no recuerdo haber tenido ninguna oportunidad de tener una charla, entonces tal vez deba considerar éste nuestro primer contacto, Yamamoto-san.

—Eso es porque nuestra querida Arashi se toma muy en serio su papel como Sombra —señaló Yuuko divertida—. Y al hacerlo se olvida de tener una vida social adecuada.

—Estoy contenta con mi vida social, Yuuko —respondió la otra con seriedad, para luego dirigirse a Akira—. Espero que esté disfrutando de la fiesta. Leí que usted fue recientemente nombrado ministro de Finanzas en la misma época que Sayaka-san. Felicidades.

Akira sonrió.

—Gracias, Yamamoto-san. Espero poder contribuir de alguna forma con mi nueva posición. He estado constantemente en contacto con Miuura-san debido al Consejo.

Arashi estaba a punto de responder cuando sintió que alguien la llamaba. Al desviar la mirada se deparó con Setsuna al otro lado del salón, con el rostro lívido y los ojos rojos completamente nublados.

—Me parece que no voy a poder seguir charlando, lo siento mucho —se disculpó, volviéndose rápidamente a sus acompañantes antes de caminar en dirección a Myrai-no-kami—. Hasta luego, Kikushi-san, Yuuko.

Akira hizo una ligera inclinación de cabeza en respuesta al mismo tiempo que Yuuko seguía a la Jueza con la mirada, respirando hondo al percibir el porqué de su prisa.

Setsuna estuvo hablando con otros políticos que habían comparecido a la fiesta, consciente todo el tiempo de la mirada del ministro del Interior, Sayaka Hiromi, sobre su espalda. Aplazó todo lo que pudo el encuentro con el hombre pero no podía escapar más de sus deberes. Siendo así, cuando él se le paró delante, no le quedó otra alternativa más que saludarlo.

—Myrai-san. Es un placer volver a verla.

—Igualmente, Sayaka-san —respondió, su voz fría sin denotar ninguna emoción.

Hacía poco más de una semana que el Consejo, por primera vez en su historia, se había dividido en sus posiciones acerca de la naturaleza de su sociedad... y el hombre responsable de ello estaba ahora frente a ella.

Desde el principio Suzuko fue creado como un abrigo, un escondrijo en donde los magos japoneses podrían vivir bajo sus propias leyes, sin subyugarse a los deseos de los que no comprendían sus poderes. Sayaka quería acabar con esa libertad. Aunque su discurso hasta entonces fue de cooperación, la vidente sabía que su verdadero deseo era de dominación.

Consideró la posibilidad de silenciarlo. Llegó a hablar de ello con Arashi, quien aunque no se mostró completamente a favor, tampoco puso muchos argumentos en contra. La Jueza, al igual que la misma Setsuna, estaba plenamente consciente de lo que estaba pasando.

La única diferencia entre las dos era que Arashi no podía ver el futuro que les esperaba, pero la jefa del Consejo de las Sombras sí podía... y estaba reviviendo las visiones que venía teniendo todas las noches, en sus pesadillas.

—Myrai-san... ¿se siente bien? —sonó la voz del ministro a su lado.

La mujer se volvió a él, sorprendida. Apenas se había dado cuenta de su repentino silencio ni de su aproximación, tan sumergida estaba en sus propias conjeturas. Esa distracción no era normal en Myrai-no-kami.

Dio un paso atrás, tratando de apartarse, y terminó por tambalearse ligeramente. Hiromi extendió el brazo y la sujetó de la muñeca para ayudarla a intentar recuperar el equilibrio.


El mundo explotó... Por unos segundos Setsuna se vio presa de una nueva visión. Sentía el cuerpo pesado e inmóvil mientras las llamas lamían las paredes del gran salón, los cimientos del lugar sucumbiendo al fuego poco a poco. Una figura estaba enfrente de ella, envuelta por el humo.

No podía reconocerlo. Quería creer que era el ministro pero no podía ser. El hombre que tenía delante era más alto, el cabello profundamente negro destacándose en su silueta borrosa.

Las manos alcanzaron su cuello y ella se sintió alzada sin ningún esfuerzo. No había cómo gritar, no había cómo luchar y, mientras la vida se le escapaba del cuerpo, todo lo que podía ver era los ojos oscuros de su atacante, fríos y malévolos.



—¡Myrai-san!

El llamado ansioso de Sayaka hizo que la visión de disipara y Setsuna se dio cuenta de que estaba rígida, casi en los brazos del ministro. Por suerte nadie pareció haber notado lo que acababa de suceder. Se soltó y se enderezó inmediatamente.

—Perdóneme, Sayaka-san. Creo que el cansancio de fin de año está comenzando a afectarme. Voy a sentarme un poco, eso será suficiente para volver a la normalidad.

—La acompaño, Myrai-san.

—No será necesario —respondió, sus ojos escudriñando rápidamente el salón en busca de la persona a la que le podía confiar lo que acababa de ocurrir. Casi suspiró al encontrar a Arashi un poco más adelante y la llamó en silencio.

La jueza apartó la mirada de las personas con las que hablaba y la fijó en la vidente.

«Necesito que me acompañes».

«Ya voy».

No necesitaban de palabras para entenderse. Nadie conocía mejor sus mentes que ellas mismas. Era casi confortable y familiar oír la voz de Arashi en medio de sus propios pensamientos.

Poco después estaban ambas en una de las muchas salas de la Villa Kou. La jefa del Tanteidan observó a Setsuna dirigirse al diván que dominaba la habitación y se recostó inmediatamente en él mientras cerraba los ojos.

—¿Tuviste una visión? —preguntó la Jueza sin acercarse.

La otra asintió apenas.

—No tendremos que matar a Sayaka.

—¿No? —replicó Arashi, cruzando los brazos—. ¿Cambió de idea entonces?

—Aunque él desaparezca, no habrá cambios en el destino que vi —confesó Setsuna, cerrando ligeramente los ojos—. Si nos libramos de él, otro tomará su lugar.

—Perdóname, Setsuna... pero no entiendo. Pensé que era Sayaka quien estaba detrás de todo lo que está sucediendo.

—Las personas son descartables, Arashi —respondió la vidente, abriendo ligeramente los párpados para mirarla—. Ninguno de nosotros es verdaderamente imprescindible en el plan del Destino. Decir lo contrario no pasa de ser hipocresía.

La Jueza suspiró.

—Setsuna... ¿de veras crees que, sin importar lo que le hagamos a ese hombre, el destino que profetizas se va a concretar? ¿De veras crees que, sin importar cuáles sean nuestras elecciones, todo va a terminar en caos y fuego?

—Hay eventos de los que no podemos escapar. El Destino está hecho de elecciones, Arashi, y tú y yo lo sabemos más que nadie. No obstante las decisiones que llevan a este resultado ya fueron hechas. No hay más vuelta —Setsuna bajó la mirada hasta su regazo, sintiéndose increíblemente fatigada—. No para nosotros, al menos —terminó con voz casi inaudible.

La Jueza permaneció en silencio por unos segundos, reflexionando, antes de exponer su opinión.

—Tal vez tengas razón, Setsuna. Tal vez el futuro ya esté escrito y no tengamos más alternativas —suspiró—. Pero hay una cosa en la que te equivocas, Myrai-no-kami.

Ésta entrecerró los ojos y volvió a mirarla.

—¿Y eso sería...

—Las personas pueden ser descartables... pero no pueden ser sustituidas —murmuró pensativa—. Tal vez...

—No quiero volver a ese asunto, Arashi —la interrumpió la voz fría de Setsuna.

—No estoy hablando de Soujiro, Setsuna —respondió Arashi en el mismo tono—. Aunque esto se aplique a él también —respiró hondo y cerró los ojos para no aferrarse a un doloroso recuerdo—. Lo que quiero decir es que, aunque no podamos modificar lo que viste, podemos intentar aliviar el camino. Aunque el resultado sea el mismo tal vez, si eliminamos a Sayaka, las cosas serían más simples.

La vidente meneó la cabeza.

—No. No creo que las cosas se vuelvan más simples. Estaba equivocada antes, Arashi. No es Sayaka a quien debemos temer. Hay alguien más grande detrás de él.

Esta vez la Jueza fue tomada por sorpresa.

—¿Quién podría...

—No lo sé. No consigo verlo. Mis visiones están demasiado borrosas como para reconocer a esa persona. No nos queda mucho que hacer por ahora más que esperar.