HITSUZEN







Volumen 12 - Capítulo 62

Movimiento en falso















Al entrar al gran salón Yuri se quedó helada al lado de su novio. Estaban juntos hacía ya unos meses pero era la primera vez que iban a estar en un gran evento juntos, en donde toda la alta sociedad de Suzuko la iba a ver con Itadaki. Lo máximo que había conocido era el padre de éste y nadie más.

Expiró lentamente, tratando de calmarse, antes de sentir las manos de su novio en la cintura. Al alzar la cabeza lo vio sonriendo, tratando de tranquilizarla. Kenmei sabía que nunca antes Yuri había estado en ese tipo de fiestas y que estaba nerviosa.

—No te preocupes. Estás hermosa y no dejaré que nadie diga nada que te pueda hacer sentir como si no pertenecieras aquí —dijo, dándole un fugaz beso en la frente.

Ella asintió y estrechó firmemente la mano de Ita, dándole la señal de que podían circular por el salón.

Tooru alzó una ceja al ver al joven Kenmei cruzar el umbral que daba acceso al salón de fiestas. Una media sonrisa se formó en sus labios mientras pensaba para sus adentros que Itadaki o era muy valiente o muy idiota trayendo a su novia de arrastro a una fiesta del Consejo... O muy ingenuo en su propia arrogancia, lo que, desde el punto de vista del futuro Arquitecto, era lo más probable.

Hasta inclusive más que los Kou, que aceptaron el noviazgo entre él y Shizu —ya que sus padres preferían que él tomara las decisiones acerca de su vida, fueran cuales fuesen—, los Kenmei eran más tradicionalistas y ciertamente no verían con buenos ojos a una mestiza sin nombre y encima artista como pareja del precioso heredero de la familia.

Tooru casi meneó la cabeza, pensando que tal vez debería hacer algo para paliar la estupidez que su mocoso acababa de cometer.

—Shizu —le dijo a su novia, que estaba distraída eligiendo una bebida ofrecida por uno de los mozos—, Kenmei llegó a la fiesta. Me gustaría ir a saludarlo —completó cuando vio la atención de Shizu puesta sobre él.

La joven vio a los dos que entraron al salón y sonrió levemente al ver la intención de su novio. Él ya le había contado anteriormente que estaba preocupado por el carácter mimado de Itadaki y que quería ayudarlo a crecer... Y al ver el rostro de Yuri, Shizu se dio cuenta de que podría ayudar un poco.

—Sí, será bueno también para que su novia no se sienta tan descolocada —dijo y lo miró con una leve sonrisa—. No es fácil estar al lado de un heredero del Consejo.

La pareja caminó en dirección a Itadaki y Yuri, quienes se detuvieron al verlos. Con ojos esperanzados, la joven Meisaku suspiró al ver a Shizu, alguien a quien conocía y que era del mismo curso. El joven Kenmei miró seriamente a Tooru, buscando el motivo porque él se hubiera aproximado, pero no esperaba que Kou hiciera algo con su novia estando presente...

Konbanwa, Kenmei —dijo el otro—. Por un momento pensé que no vendrías al evento de esta noche —y, volviéndose a Yuri, completó—: Es un placer poder conocerte finalmente, Meisaku-san. Felicitaciones por la clasificación en el Festival de Cultura. Espero que hasta ahora te esté gustando lo que ya has visto de la fiesta y que Itadaki te haya mencionado las maneras un tanto formales con que nuestras familias acostumbran a actuar en estas reuniones.

Konbanwa, Kou. Konbanwa, Shizu-san —Itadaki habló más suavemente al dirigirse a su alumna de shodō y retomó su tono firme cuando se dirigió a Kou—. ¿Por qué no iba a venir? Yuri no tiene motivos para preocuparse, no va a estar sola con nadie —acercó la mano de su novia a su brazo

—Konbanwa, Kou-san —dijo en voz baja la cantante—. Sí, ya sé un poco de la formalidad de estas fiestas. Gracias por el aviso.

—Si necesitas cualquier cosa, si tienes alguna duda, puedes preguntarme —Shizu le sonrió a Yuri, que aún contenía la respiración.

La sonrisa que ésta le dirigió fue toda su respuesta. Todavía estaba visiblemente nerviosa por la opulencia del lugar y sus ocupantes.

—Shizu será una buena profesora para ti —dijo Tooru, tratando de ser simpático—. Ella ya pasó por la “prueba de fuego” con mis padres y ya estuvimos en algunas cenas menores.

Itadaki lo miró desconfiado, preguntándose si Shizu realmente tenía tanto poder al punto de hacer que Kou se volviera casi... amigable. Sabía que Akiba estaba genuinamente dispuesta a hacer sentir cómoda a Yuri, pero buscaba algo detrás de las palabras del otro.

Procurando hablar de trivialidades, Shizu comentó sobre el kimono que la mestiza utilizaba: era de un tono amarillo que comenzaba un poco más fuerte en los bordes y se hacía más claro a medida que subía. El cabello lo tenía recogido en un moño pero se le escapaban algunos rizos, dándole un toque romántico.

Tooru, aprovechando la charla entre chicas, jaló levemente a Itadaki hacia atrás y le preguntó en voz baja:

—¿En qué estabas pensando cuando la trajiste aquí sin las debidas presentaciones antes? Fuera Shizu, no conoce a nadie más en este salón —Kou hizo una breve pausa.

—¿Y cuál es tu interés en el bienestar de Yuri? Porque de ti no espero puntada sin nudo y no creo que estés queriendo ayudarla por tu puro y buen corazón —respondió Itadaki sin cambiar su expresión.

Una sonrisa casi imperceptible afloró a los labios de Tooru; al menos el petimetre todavía presentaba un poco de su perspicacia.

—Puedo no ser un santo, Kenmei, pero tú más que nadie deberías saber que hay gente mucho peor que yo —replicó Tooru sin alterar el tono de voz, dirigiéndole una mirada casi burlona.

Antes de que su interlocutor pudiera decir nada, Shizu y Yuri se acercaron a ellos.

—Tooru, Asuya está con Sayo y me llamó. Ya vuelvo —le sonrió a su novio y se dirigió a los otros dos—. Con permiso.

Tooru observó a su novia irse, admirando cada detalle de su belleza al caminar, concluyendo para sí mismo que, a fin de cuentas, las cosas terminaron saliendo mucho más interesantes de lo que había imaginado al decidir abordar a la joven Akiba... Hasta llegaba a encajar con él en aquel ambiente imponente.

—¿Interrumpo la conversación? —les preguntó Yuri.

Kou no respondió, sólo apartó la mirada de su novia para posarla sobre la otra joven. A pesar de su apariencia exuberante, había algo en ella que desentonaba en ese escenario; una timidez camuflada tal vez, o un resquicio de inocencia infantil... No sabía decirlo.

—No te preocupes por eso.

Por más que Itadaki se esforzara para que ella se sintiera cómoda en aquella fiesta tan grandiosa, era visible el esfuerzo que la muchacha hacía por agradarlo. Mientras platicaba con Shizu se había soltado un poco, pero bajo la mirada de Kou ella se dio cuenta de que estaba en presencia de las personas más importantes de Suzuko.

La mirada de Yuri se posó en el lugar, recorriendo a todos. Esta actitud perdida no pasó desapercibida para su novio, que se preguntaba en lo que podría hacer para que se sintiera más cómoda. Sabía que no iba a ser algo fácil para Yuri pero estaba seguro de que ella podría soportarlo, por él.

Tomó discretamente su mano, como si eso pudiera protegerla o brindarle algún aliento. Al sentir el calor de la palma de Itadaki, la cantante parpadeó lentamente y se sintió más tranquila. Sus ojos comenzaron a ver que la gente del lugar no era tan amedrentadora como imaginaba, como la pareja que hablaba cerca para que no se oyeran sus palabras o el señor que estaba sentado con la cara ya roja por la bebida. No iba a ser tan difícil.

—Me gustaría beber algo —se dirigió a su novio.

—Vamos entonces —Itadaki se dirigió a Kou formalmente—. Con permiso.

Tooru agitó la cabeza en despedida.

—Hasta luego. Fue un placer, Meisaku-san... Y en cuanto a ti, Kenmei, espero que con el comienzo de año continúes recordando que un buen ajedrecista sabe evaluar metódicamente las jugadas en todos los aspectos de su vida

Itadaki se guardó las palabras del otro. No iba a admitirlo pero Kou tenía algo de razón: estaba exponiendo a Yuri en esa fiesta. Sin embargo, al mirarla, Ita se acordó del motivo verdadero y hasta un poco egoísta de su parte: creyó que sólo podría encontrar el evento meramente soportable si su novia estaba con él.

Sonrió al sentir los dedos de ella cerrarse alrededor de los suyos. El calor que sentía en su pecho sólo por la presencia de la joven era su vida y por eso no le importaba lo que los demás pudieran pensar.