HITSUZEN







Volumen 12 - Capítulo 60

Ou Misoka












Touya ayudó a Kitsune a descender de la litera y la vio temblar de forma casi imperceptible cuando quedó expuesta al viento frío. Sonrió ligeramente y le ofreció un brazo.

—Adentro estará más caliente —afirmó.

—Espero que sí —murmuró ella—. ¿Qué crees que tramará Haruhiro esta vez?

—No va a tener muchas posibilidades de hacer nada esta vez, a no ser que haya conseguido el consentimiento de Tooru, pero por más que a él le caiga bien Haru, dudo que le haya permitido a nuestro amigo hacer algo que arruine la fiesta.

—¿Y crees realmente que eso hará que Haru se comporte? —replicó Kitsune con una media sonrisa mientras se reunían con el resto de la familia en el hall de la casa de los Kou.

Touya no respondió, comprendiendo perfectamente lo que su prima quería decir. Miró a su madre de reojo, quien estaba hablando con su abuelo, seria. Parecía haber vuelto ya a la normalidad.

Jamás olvidaría el estado en que se encontraba su madre cuando finalmente despertó, más de veinticuatro horas después de haber dejado Asahikawa. Nunca la había visto descuidar tanto su propia apariencia, sus ojos delataban la falta de sueño y pequeñas y brillantes lágrimas brillaban en ellos.

Apenas entraron al salón, lo primero que hizo Touya fue buscar con la mirada a su novia. Definitivamente le debía una disculpa a Otsu. Es más, era el colmo. ¿No bastaba con el terremoto, encima tenía que empeorar las cosas durmiéndose a mitad de la cita?

Pensó en la posibilidad de ir a visitar la villa de las videntes tan pronto pudo confiar en que las piernas lo sostendrían sin mayores problemas. Pero considerando que ellos ya habían sido vistos juntos cuando llegaron a Asahikawa, aquella no era exactamente una sabia idea si querían continuar manteniendo toda la historia en secreto.

Suerte suya que Kitsune inventó una excusa perfectamente convincente para explicar la compañía de ambos y que él sólo tuvo que asentir con la cabeza para decir que había sido exactamente como ella había imaginado.

No muy lejos de ellos, Haruhiro fue el primero en notar su llegada. Estaba entre su padre y su abuelo, que charlaban con Kikushi Akira, uno de los ministros nashi atae con quien la comunidad de Suzuko cultivaba cierto intercambio.

Sonrió ampliamente y se excusó de los mayores antes de acercarse a los dos primos.

—Ya me estaba preguntando cuánto tiempo más tardarían ustedes en llegar. La fiesta estaba comenzando a parecerme aburrida.

—Perdóname entonces por no ser un anfitrión tan divertido como tú, Haru. Estoy haciendo lo que puedo.

El joven Mihara se volteó y se vio entonces entre los primos y Tooru, que acababa de aproximarse con su novia. Dio un dramático suspiro.

—Entre la espada y la pared. ¿Qué puedo decirte, Tooru? Esta vez me pillaste —se dirigió a Shizu e inclinó ligeramente la cabeza—. Buenas noches, Akiba-san. Tu belleza es un colirio para los ojos. Si no fuera por tu presencia, probablemente ya me habría muerto de aburrimiento.

La joven se echó a reír mientras el joven Kou enarcaba una ceja.

—Vaya, gracias, Mihara.

—¿Como si no bastara la afrenta al trabajo que okaasan tuvo para preparar la fiesta, encima intentas seducir a mi novia delante de mis narices? —señaló divertido—. Dime, ¿qué sigue después?

—Intentará emborrachar a alguien, sin duda —comentó Kitsune, mientras se soltaba del brazo de su primo y se acercaba a su amigo—. O quién sabe...

—Visto que todos están de acuerdo en que soy un riesgo para la sociedad, creo que uno de ustedes tendrá que pasar el resto de la noche conmigo a fin de vigilar mis acciones y prevenir que ocurra algún incidente diplomático —la interrumpió Haru de buen humor—. A Kitty seguramente no le importará hacer este pequeño sacrificio, ¿verdad?

Touya y Tooru se intercambiaron una mirada ligeramente conspiradora mientras Shizu sonreía de medio lado, comprendiendo inmediatamente lo que pasaba allí. Kitsune, por su parte, cruzó los brazos y miró a Haru de forma calculadora.

—¿No crees que estás muy grande para necesitar una niñera?

—No me importaría mucho si la niñera fuera una chica tan linda —le guiñó un ojo con malicia.

—Bueno, grande o no, estoy de acuerdo en que Haru necesita vigilancia —se pronunció por primera vez Touya, tratando de no reírse—. Y no hay nadie aquí mejor para esta tarea que tú, Kitsune.

—Te estaré eternamente agradecido, Kitsune-san —agregó Tooru—. Una preocupación menos para esta noche.

Ella soltó un breve suspiro.

—Entonces creo que no tengo elección —dijo mientras Haru le extendía el brazo—. Touya, tú...

—No te preocupes por mí, puedo arreglármelas solo por ahora —la interrumpió risueño.

Antes de que Kitsune pudiera agregar nada más, Haruhiro comenzó a alejarse llevándosela consigo. Touya meneó la cabeza antes de dirigirse a Tooru y saludarlo, haciendo lo mismo con Shizu, ya que no lo había hecho antes, y se excusó enseguida para poder empezar a buscar a Otsu.

No obstante él no era el único en buscar a la hime. La Raposa también vino a la fiesta pensando en encontrarla y tenía una ventaja sobre su primo: Haruhiro había llegado más temprano y ya había tenido tiempo suficiente para explorar el salón. Siendo así, cuando ella le preguntó si había visto a Otsu, su respuesta fue afirmativa.

—Bajó a los jardines tan pronto llegó —respondió serio—. ¿Por qué la pregunta, Kitsune?

—Necesito hablar con ella... a solas —agregó—. ¿Puedes portarte bien por diez minutos?

—¿Gano algo con comportarme? —preguntó él sonriendo—. Está bien, te espero... Pero antes, ¿trajiste algún abrigo?

Ella negó con la cabeza.

—De casa a la litera, de la litera para acá. No me pareció necesario.

—Tu kimono es demasiado fino para que salgas afuera. Pasemos por el hall y te doy el abrigo de mamá.

Kitsune asintió y lo siguió. Poco después Haruhiro la dejó en las escaleras que conducían al jardín y se apoyó contra el murito mientras ella bajaba.

—No estarás pretendiendo retar a la hime a un duelo, ¿no? —preguntó, apoyando el mentón sobre las manos en concha.

—No te preocupes —respondió ella—. Regreso enseguida.

Dicho esto la joven se perdió entre las sombras que cubrían el jardín de los Kou.


*******


Otsu dejó que sus ojos carmín se distrajeran con las estrellas que brillaban en el cielo límpido de esta noche. Desde que conoció a Touya, observar los astros había adquirido otro sentido para ella... Era como estar con él, aun sin su presencia. Era exactamente eso lo que la hizo refugiarse en el jardín de los Kou: la necesidad de estar sola y al mismo tiempo “acompañada”.

Se había ido del centro de la fiesta lo más discretamente posible para no preocupar a Tomoe-obasan. Aún se sentía abatida por lo ocurrido en Asahikawa, demasiado agotada para mantener la máscara impecable de la hime durante tanto tiempo como era necesario en una ocasión social tan importante como ésta.

Exactamente debido al agotamiento, Otsu sólo se percató de la llegada de Kitsune cuando ésta estuvo bien cerca de ella. Miró sus ojos plateados sin esconder el cansancio. No estaba dispuesta a pelear, al menos no esta noche.

Kitsune no había venido a buscar pelea... aún... Por el contrario: se detuvo frente a la otra muchacha y la miró en silencio por unos segundos antes de inclinar la cabeza, en una postura sorprendentemente firme.

Dōmo arigatō, Myrai-hime —agradeció, rompiendo por fin el silencio—. Gracias por haber cuidado de Touya.

Otsu puso los ojos como platos, ligeramente confusa con lo que le dijo Yamamoto, parte del shock debido al modo cortés con que se dirigía a ella. Era la primera vez desde que pasaron a convivir con mayor proximidad que Kitsune se comportaba de forma tan gentil.

Con todo la mayor parte de la sorpresa se debía al contenido de la frase. ¿Qué sabía exactamente la Raposa de lo ocurrido en Asahikawa? ¿Qué sabía exactamente de su relación con Touya?

—No te entiendo —balbuceó.

—Por haber acompañado a mi primo... y por haberlo enviado a casa —respondió la otra, una ligera melancolía imprimiéndose en su semblante—. Por tener todo el cuidado de pedir que no lo despertasen. Fuiste... —respiró hondo—... fuiste muy gentil. Te lo agradezco.

Otsu esbozó una media sonrisa e inclinó la cabeza en una reverencia. A pesar del antagonismo explícito que existía entre ellas, o tal vez precisamente debido a eso, la hime comprendía la verdadera importancia de las palabras de su rival.

—Acepto tus agradecimientos, Yamamoto-san —hizo una ligera pausa, recordando la forma cariñosa con la que su novio se refería a su prima, e imaginando que tal sentimiento debía de ser recíproco en Kitsune, la vidente respondió—: Imagino lo que significa para ti... y me alegro de que Touya esté bien.

Kitsune asintió.

—Creo que él también te está buscando para darte las gracias —señaló por fin—. No lo dejes esperando, Myrai-san —sonrió ligeramente—. Es demasiado distraído para su bien. Ve a buscarlo antes de que cause un accidente.

Otsu se levantó del banco en donde había estado sentada hasta el momento y sacudió el abrigo que cubría su kimono con una mano.

—Descuida, no lo haré, Yamamoto-san —dijo, despidiéndose de Kitsune con una reverencia mientras se dirigía hasta el salón con la esperanza de encontrar a su novio, esta vez casi irónicamente con la bendición de su rival.