HITSUZEN







Volumen 11 - Capítulo 59

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Habían transcurrido tan sólo dos días desde que un gran terremoto afectó el norte de Japón. Para Akiba Shizu, que estaba en su cuarto pensativa, mucho había cambiado en ese corto lapso de tiempo.

Ese día ella se lastimó en el shopping de Asahikawa, donde estaba con Tooru, y él la llevó al hospital para estar seguro de que realmente se encontraba bien. Su atención y preocupación le hizo a Shizu estar segura de que lo que él decía era verdad: él la amaba y ella sentía lo mismo.

Mientras esperaban a ser atendidos, Tooru llamó al padre de Shizu para avisarle que estaban bien. Fue el primer contacto entre ellos y Kissaburo quedó agradecido y admirado con la actitud del joven y lo invitó a almorzar al día siguiente en su casa como agradecimiento.

Al sentir la relación más fuerte, para Shizu conocer a los padres de su novio al final del día no le fue tan difícil como había imaginado. El tema principal fue el temblor y no la relación de su único hijo.

En dos días ellos conocieron a sus respectivas familias y dieron un paso importante en su relación. Shizu se rió al pensar que un terremoto, algo visto normalmente como terrible, podía haber hecho algo tan bueno. El miedo de perder algo amado puede hacernos ver su valor, pensó ella.

Se tumbó y abrazó la almohada con una sonrisa boba en los labios. No sabía que amar fuera tan delicioso y reconfortante. Cuando estaba con Tooru, se sentía segura y toda pizca de miedo desaparecía.

Estaba esperando a que él llegara, pues iban a pasar el día solos —Tooru había dicho que tenía una sorpresa para ella—. Shizu no era tonta, estaba consciente de lo que él había dicho y, admitía, quería estar sola con él también... Él la completaba.

El teléfono sonó y ella lo atendió sonriendo... Tooru estaba llegando para recogerla.


*****


El día cedía rápidamente su lugar a la noche fría y sin estrellas del invierno en Suzuko. Shizu alzó la mirada cuando llegaron a la imponente mansión de los Kou. Era la segunda vez que visitaba el lugar, sin embargo era la primera vez que estaba allí completamente a solas con su novio. Sintió las mejillas arderle ante a ese pensamiento. Una mezcla de felicidad y ansiedad se formó en su interior y una sonrisa se le escapó de los labios.

Sintió el viento frío agitarle los largos cabellos color ébano mientras el hijo de la casa abría la puerta del edificio principal, en donde residía su familia. El silencio del lugar era casi palpable... ni siquiera los empleados se veían.

Dentro de la casa la temperatura era más agradable. Tooru se quitó la pesada capa que vestía y se volvió hacia su novia para ofrecerse a quitarle el abrigo, como se esperaría de un caballero. Normalmente uno de los empleados lo hacía y recogía la ropa de abrigo, pero era más que evidente que sólo los dos estaban allí.

Siendo así el joven depositó los abrigos en un mueble próximo y volvió nuevamente su atención a la muchacha. Una sonrisa de satisfacción brotó de los labios de Kou al ver la figura de Shizu. El vestido que ella usaba era relativamente simple: azul claro, ajustado en la cintura y ligeramente acampanado en la falda, pero era suficiente para delinear las curvas de su cuerpo.

Tooru se acercó lentamente, tomó una de las manos de Shizu y se la besó levemente. Alzó el rostro y miró los ojos oscuros de su novia. Acercándose un poco más, posó una mano sobre su cintura mientras la otra continuaba tomando la mano de la joven. Se inclinó y besó el cuello de Shizu casi a la altura del hombro.

—Quería saber, Shizu-chan, si quieres ser mía por completo esta noche.

La pregunta pilló a Shizu desprevenida, no sabía si podría poner en palabras lo que sentía o quería. Sintió el rostro arderle, un poco por vergüenza y otro poco por ansiedad. El corazón le latía fuertemente mientras su mano sostenía la de él con más fuerza y acercaba su rostro al de Tooru.

Kou interpretó ese gesto como un asentimiento a su propuesta y quedó contento con la receptividad de Shizu, pues hacía mucho que anhelaba ese momento. Siendo así se inclinó por segunda vez en ese día y la besó lenta e íntimamente. Cuando se apartó, notó que la piel por lo general clara de la joven estaba casi completamente púrpura. La tomó en brazos y ella le abrazó el cuello con firmeza, pero incapaz de mirarlo a los ojos.

Con pasos seguros se adentró en la mansión en dirección a su cuarto. Con cuidado la depositó entre las sábanas de seda y la besó nuevamente en los labios y en la curva del cuello. Sus manos recorrieron el contorno de su cuerpo sin encontrar resistencia por parte de Shizu, por lo que se dio cuenta de que ella efectivamente había aceptado ser suya esta noche. No era sólo deleite y satisfacción lo que sentía en este momento, el joven Kou se sentía verdaderamente triunfante.

Shizu se debatía entre intentar pensar en algo o dejar que sus emociones tomasen el control. Sentía a Tooru siendo extremadamente delicado y cuidadoso para que ella aprovechase cada beso, cada momento. Aquel era el hombre que amaba y quería que fuese el primero y el único. Ella confiaba en él y por eso le permitió guiarla luego de sentir sus manos quitándole el vestido...


*****


Tooru se volteó y miró a Shizu, que parecía dormir profundamente envuelta en las sábanas. Llevó la mano hasta el rostro de ella y colocó un mechón de pelo detrás de la oreja. La joven se movió un poco pero continuó inmersa en su sueño.

Él sonrió de medio lado, se levantó y se puso el pantalón que yacía en el suelo. Aún descalzo, caminó en dirección al escritorio que había en el cuarto, abrió uno de los cajones y sacó de allí un objeto, para luego dirigir su mirada una vez más hacia la joven dormida. Era una visión realmente digna de admiración, pensó... Algo que necesitaba inmortalizar.

Se volvió nuevamente en dirección al cajón y guardó el objeto que había sacado antes. Mientras se agachaba para recoger la camisa, decidió que era hora de pedirles a los empleados que preparasen la cena. Todo debía estar pronto para cuando Shizu finalmente se despertara.

Mientras se dirigió hasta la puerta, Tooru pensó en todo lo que había pasado entre él y Shizu... todo el tiempo que pasaron juntos, todos los pasos que culminaron en ese momento. Definitivamente el joven Kou no podía estar más satisfecho.