HITSUZEN







Volumen 11 - Capítulo 58

Bien está lo que bien acaba
















Se bajaron en la estación de Sakurasou, concentrándose al máximo en pasar desapercibidos. Nadie tenía todavía noticias de los dos y Touya ciertamente se sentía culpable por no haber telefoneado inmediatamente a su madre apenas se habían encontrado a salvo, pero era necesario... Al menos por ahora esos cuidados eran necesarios.

Miró de reojo a Otsu. Había terminado entregándole su abrigo cuando llegaron a la estación de Asahikawa. Con la capucha levantada nadie podría reconocerla.

Por suerte el viaje había transcurrido tranquilamente. Ella se durmió junto a su hombro y al menos ahora su apariencia era un poco mejor. Él por su parte no pudo descansar. Pasó todo el tiempo velándola, preocupado. Por lo tanto su cara evidenciaba todas las señales de fatiga.

Touya la tomó de la mano y la guió hasta el parque saliendo de la estación, exactamente como había hecho más temprano, cuando ella llegó a Asahikawa. Poco después estaban en una litera dirigiéndose rumbo a la villa de las videntes.

—¿Estás bien? —preguntó él con voz ronca, como si no la hubiera usado por horas.

Y no era en balde. Hasta hablar le exigía un esfuerzo supremo de concentración.

Otsu asintió apenas, dejando que la capucha se le resbalara ligeramente, liberando sus bucles negros.

—No te preocupes por mí —murmuró—. Estás mucho peor que yo.

—Sólo necesito algunas horas de sueño —respondió Touya con una media sonrisa—. Bueno, parece que, como siempre, las cosas no salieron exactamente como lo planeado... Lo siento mucho.

—¿Te estás disculpando por el terremoto? —preguntó la joven con una sonrisa ligeramente divertida.

Él se rascó la nuca, avergonzado.

—No fue exactamente mi culpa esta vez, pero... si quieres que me disculpe...

Otsu sintió ganas de reírse de la mueca que él puso, preguntándose cómo podía Touya mantenerse tan ligero después de todo lo que había ocurrido. Otsu tenía plena consciencia de que Touya estaba mucho más cansado que ella, aunque se esforzaba en no demostrarlo... Y también sabía que lo estaba haciendo por ella.

La hime se levantó de su asiento, opuesto al de su novio, para sentarse junto a él, luego entrelazó sus dedos mientras apoyaba la cabeza sobre su hombro, como lo hizo durante el viaje.

—Gracias por haber estado conmigo hoy, Touya.

Él sonrió y le rodeó los hombros con un brazo.

—Siempre que me necesites, Otsu —murmuró contra su pelo y cerró ligeramente los ojos.

Junto con el balanceo de la litera, fue suficiente para terminar durmiéndose finalmente. La hime no se percató de ello, visto que él continuó tomándola de la mano y abrazándola de forma protectora.

Sólo cuando el transporte se detuvo y tuvo que llamarlo —sin obtener respuesta— fue que la muchacha descubrió que estaba dormido. Una fugaz sonrisa escapó de sus labios mientras se desvencijaba de él con cuidado y se incorporaba.

Tardó medio segundo en decidir qué hacer. Con cuidado besó la frente del joven, se colocó nuevamente la capucha para cubrir sus cabellos y saltó de la litera para ir entonces a hablar con el conductor.

—Llévelo a la Villa Yamamoto —pidió, entregándole el dinero—. Busque a alguien para ayudarlo a bajarlo del vehículo. Yamamoto Touya salvó muchas vidas hoy. No lo despierte.

El conductor asintió con una respetuosa mesura.

—Sí, señora.

Con esto Otsu dirigió una última mirada a la portezuela por donde acababa de salir y se dirigió finalmente hasta los portones de la Villa Myrai.


*****


Junto a Kitsune, mirando un viejo reloj de pared, Haruhiro se preguntaba cuánto tiempo más iba a pasar antes de que tuvieran alguna noticia. El silencio y la espera lo estaban consumiendo y vuelta y media se volvía hacia la joven con la intención de hacer algún comentario que aliviase un poco la tensión, pero entonces se deparaba con la mirada completamente perdida de la muchacha.

Arashi y Masaru estaban de salida a Asahikawa cuando él y Kori llegaron a la casa de la Jueza. Poco después apareció el patriarca de los Yamamoto y se llevó a la pequeña consigo —según él Yōko y Yasuko necesitaban a Kori cerca para tranquilizarse—... Y así los dos jóvenes terminaron quedándose solos.

Haruhiro no estaba muy seguro de quién debería estar más preocupado: si por un lado no tenían ni idea del paradero de Touya, por otro Kitsune no había dicho una sola palabra desde que él se sentó a su lado, manteniendo la mirada perdida en algún lugar que nadie podía alcanzar.

Afuera comenzaba a anochecer. El muchacho contempló por unos instantes el sol ocultándose a través de las ventanas, las primeras estrellas parpadeando donde la oscuridad ya se hacía visible.

Se volvió nuevamente hacia ella. Kitsune continuaba ajena a todo a su alrededor... y Haru ya no soportaba más ese mutismo.

Un tanto titubeante, Haru alzó una mano hasta alcanzar las de ella, abandonadas sobre su regazo, y las envolvió con delicadeza. Eso fue suficiente para que Kitsune despertara de su estupor y alzara la cabeza para mirarlo, ligeramente sorprendida.

Él le sonrió brevemente.

—Deberíamos buscar algo de comer. Ni siquiera has almorzado aún... y ya está anocheciendo.

—No tengo hambre —respondió Kitsune con un hilo de voz—. No voy a poder comer nada.

—Debes beber al menos un vaso de agua. Estás completamente ronca —afirmó Haru preocupado, al tiempo que se levantaba y la obligaba a hacer lo mismo—. Vamos, te acompaño.

Kitsune no tuvo otra opción más que seguirlo, visto que el Haruhiro no estaba dispuesto a soltar su mano. Tampoco tenía fuerzas en ese momento para luchar contra lo que fuera que Haru quisiese hacer.

Diez minutos después ambos estaban instalados en la cocina, sentados frente a la vieja Chise, que fue durante muchos años la niñera de la misma Kitsune. Un tanto a regañadientes la joven revolvía un plato de ramen, tragando la comida con esfuerzo.

Aunque estaba ocupado con su propio plato, Haru no dejaba de notar el abatimiento de ella. El silencio en el que estaba sumergida la cocina tampoco ayudaba a mejorar los ánimos... Todos estaban preocupados por Touya.

Estaba a punto de ofrecerse a hacerle avioncitos a la Raposa cuando sintieron una pequeña conmoción proveniente de afuera. Los dos jóvenes se miraron y Kitsune fue la primera en levantarse e irse a la sala, con Haru pisándole los talones.

Dos criados atravesaban la puerta, uno de ellos con un joven dormido en brazos. Kitsune sintió el corazón prácticamente subírsele a la boca mientras se acercaba rápidamente, reconociendo a su primo.

—¿Está herido? —preguntó cuando el criado se detuvo delante de ella y, sin esperar respuesta, empezó a averiguar ella misma el estado de Touya.

—Sólo está dormido. Llegó en una litera, el conductor está afuera.

—Llévelo a su cama —ordenó ella, ya dirigiéndose a la puerta—. Voy a hablar con ese conductor.

Haruhiro observó la faz de Touya tan sólo por unos segundos: el semblante de su amigo estaba completamente relajado, se encontraba profundamente dormido. Una risita escapó de su garganta... Quién viera a Touya, desapareciendo de la forma como lo hizo y después aparecer durmiendo como un ángel.

Y después decían que era él quien conspiraba...

Mientras seguía a Kitsune por los jardines cubiertos de nieve, notando fugazmente que ella había salido sin ponerse ningún abrigo, Haru sacó el móvil del bolsillo y digitó rápidamente el número de su hermano.

No estaba muy seguro de si Renji estaría en el Tanteidan o en Asahikawa. Por lo poco que oyó hablar antes de llegar a la Villa Yamamoto esta mañana, más de la mitad de los agentes habían sido enviados a ayudar en el rescate.

De cualquier forma Renji seguramente se las arreglaría para informar a Arashi que su hijo estaba de regreso.

—¿Renji? —preguntó al ser atendida la línea.

—¿Ocurrió algo, Haru? —sonó la voz metálica de su hermano en respuesta.

—¿Estás en Asahikawa?

—Desde temprano. Es un caos aquí pero ahora las cosas se están organizando. Hubo algunos desprendimientos más serios, inclusive en un metro lleno de gente. Fue un verdadero milagro que nadie haya salido lastimado.

Haru sonrió ligeramente.

—Eso es bueno. Escucha, ¿tienes cómo localizar a Arashi-sama y a Masaru-san? Fueron para ahí a buscar a Touya, pero él acaba de llegar aquí.

—Me las arreglaré —fue la respuesta de Renji—. Hasta más tarde.Ja —se despidió Haruhiro y cortó el teléfono, lo metió en el bolsillo y enseguida comenzó a quitarse el abrigo que usaba para luego echar a correr hacia Kitsune, la cual ya estaba casi en el portón.

Ella se detuvo de sopetón al sentir el abrigo caerle sobre los hombros y se volteó para mirarlo. Haru sonrió y se encogió de hombros.

—Hace frío. Acabo de hablar con Renji. Buscará una manera de comunicarse con tu tía.

Kitsune no respondió, sólo asintió ligeramente con la cabeza y entonces se acercó al portón nuevamente, encontrándose con el hombre que había traído a Touya a casa.

Konbanwa —saludó con una reverencia educada—. Fue usted quien trajo a mi primo a casa, ¿cierto?

El otro asintió.

—¿Cuánto es el viaje? —preguntó ella—. Yo...

—Ya fue pagado —respondió el conductor—. Él estaba con la hime. Ella pidió que lo trajera aquí después de haberla dejado en la Villa Myrai.

Kitsune se mordió el labio inferior pero se mantuvo impasible. Haru, por su parte, no escondió la sorpresa.

—¿Dónde pudo Touya haberse topado con la hime?

—Tal vez se encontraron en el tren y decidieron volver juntos —respondió ella.

Era una explicación razonable, ya que Touya se había vuelto de alguna forma amigo de Otsu, por lo que la Raposa pudo entender de lo que ocurrió el pasado año escolar. Ellos debían de haberse encontrado en el tren y, como su primo era demasiado bueno para su bien, habría decidido escoltar a la joven a su casa.

—Se lo agradezco entonces —Kitsune bajó la cabeza y se inclinó ligeramente—. Y me disculpo por el trastorno que mi primo pueda haberle causado.

—No fue nada —respondió él—. Siempre es un placer servir.

Con esto el conductor se despidió y nuevamente Haruhiro y Kitsune se vieron solos. La nieve, que había hecho una pausa de tarde, volvió a caer y ella se dirigió a su amigo, meneando la cabeza.

—Muy servicial de tu parte al darme tu abrigo, Haru, pero pareces haberte olvidado de la posibilidad de pillar una neumonía viniendo así, de ese modo.

—Tú eres más importante que yo —respondió él sin pensarlo, antes de darse cuenta de lo que acababa de decir—. Digo... soy más grande, más fuerte, como más, soy más difícil de enfermar y...

Ella sonrió brevemente y tomó su mano para comenzar a arrastrarlo con gentileza.

—No creo que seas más fuerte —señaló—, pero definitivamente comes más. Hablando de eso, tu plato se va a enfriar si no volvemos ya.

Él se dejó llevar sin protestar, consciente tan sólo de la pequeña mano de la Raposa sobre la suya y con la seguridad de que todo iba a salir bien después de todo.