HITSUZEN







Volumen 11 - Capítulo 56

Indiferencia














Rika, sentada sobre sus propias piernas, apretaba el borde del vestido que usaba, mirando el té completamente intacto que le había traído la criada de la Villa Myrai mientras se enfriaba lentamente.

Se mordió los labios. Aquella no era una buena señal. Ella era conducida a una de las salas de visita sólo cuando Otsu no estaba en casa. La hime dejó órdenes expresas a las criadas de conducir a Rika directamente adonde estuviera cuando su amiga viniera a visitarla.

La joven Minamoto se levantó de un salto cuando vio la puerta abrirse suavemente, revelando la figura de Myrai Tomoe. Rika sintió un peso oprimirle el corazón, deseaba que sus sospechas estuvieran equivocadas. Tal vez todavía hubiera alguna esperanza, tal vez Otsu hubiera despertado indispuesta. Las gripes eran algo tan común en aquella época del año...

—¿Otsu-chan está bien? —preguntó sin poder esconder la inquietud y la urgencia en su voz.

Tomoe sonrió ligeramente, creyendo que la reacción de Rika era la excesiva preocupación que sentía por su amiga.

—Por supuesto que lo está, Rika —respondió en tono ameno, tratando de apaciguar la ansiedad de la joven.

—¿En dónde está? ¿Por qué no vino a recibirme? —preguntó, apretando las manos una contra la otra casi como si estuviera implorándole a Tomoe que le garantizase que no ocurría nada malo.

La mujer frunció el ceño y ella misma comenzó a contagiarse con la angustia que veía impresa en cada línea del rostro de Rika.

—No debería contártelo, ya que le prometí guardar el secreto a Otsu, pero ella fue a Asahikawa a comprar tu regalo de cumpleaños.

—¿Está segura? —preguntó ella, aún aferrada a un hilo de esperanza.

—Claro que lo estoy, Rika —respondió Tomoe, sintiendo la aprensión comenzar a crecer en su interior—. ¿Sucedió algo?

Rika volteó la cara y se mordió nuevamente los labios, sintiendo la garganta cerrársele. Ella sabía que para Myrai Tomoe, Otsu era mucho más que una sobrina. Prácticamente crió y educó a la hime desde su más tierna infancia.

—Myrai-sensei... —comenzó bajito—, hubo un terremoto en Asahikawa. Nosotros no lo sentimos gracias a la kekkai que rodea la localidad. Parece que mucha gente resultó herida y...

Rika no necesitó terminar de hablar para que el impacto de esa noticia se reflejase completamente en el cuerpo de Tomoe. La vidente sintió las piernas fallarle, el aire faltarle en los pulmones y la vista nublársele momentáneamente. Se apoyó contra la pared más cercana para no caerse y sólo levantó la cabeza cuando sintió las manos pequeñas de Rika sostenerle los hombros.

—¿Myrai-sensei? —la miró preocupada.

La profesora respiró hondo y trató de recomponerse, tratando de no pensar en lo que le podría haber pasado a su chibi.

—Voy... voy a recoger un abrigo y vamos a Asahikawa a buscar a Otsu.

Rika asintió, percibiendo por primera vez en la expresión de esa mujer siempre tan seria y contenida un brillo fugaz de determinación escondido bajo el dolor que pesaba sobre sus facciones.

Minutos después estaban las dos en el corredor de acceso a la entrada principal de la casa de las Myrai. La joven podía notar que la tía de Otsu temblaba de nerviosismo bajo el pesado abrigo que se había puesto.

Le agradaba Tomoe no sólo por su amiga; había algo en esa mujer que la hacía sentirse bien, como si fuera su propia tía. Tomó la mano de la profesora para brindarle algo de consuelo.

—¿Quiere llamar a Shigure-ojisan para que venga con nosotras? —preguntó? – ela perguntou.

Pero antes de que la vidente pudiera responder la puerta de entrada se abrió y entró Setsuna, que caminó con pasos imponentes en dirección a su hermana menor. Inconscientemente Rika estrechó la mano de Tomoe... no podía evitar temerle a la madre de su amiga. La impresión que siempre tenía era que Myrai-no-kami iría a devorar todo y todos a su alrededor. A veces era imposible creer que alguien tan dulce y delicada como Otsu nació del vientre de alguien como Setsuna.

Nee-san... —dijo Tomoe con voz temblorosa y la mano todavía enlazada a la de Rika—. Pensé que volverías de Tokio recién mañana. Hubo un terremoto en Asahikawa...

—Lo sé —respondió Setsuna con voz neutra—. Por eso regresé más pronto; el gobierno nashi atae está lidiando con la crisis en este momento.

—¡Otsu está allá! —exclamó Tomoe nerviosa.

La otra tan sólo arqueó levemente una ceja y miró a su hermana de la cabeza a los pies, notando recién en ese momento la presencia de Rika.

—No estarás pensando en ir a Asahikawa, ¿verdad, Tomoe? —preguntó casi con desdén—. ¿Acaso no sabes que sería inútil caminar sin rumbo por la ciudad si no sabes dónde está Otsu exactamente?

—No puedo quedarme aquí esperando —balbuceó Tomoe en un hilo de voz.

—No hará ninguna diferencia el que vayas. Además Otsu es la futura Myrai-no-kami; si ella no sabe manejar una situación de crisis, no está apta para su cargo. Tiene que pasar por esto sola.

—Por favor, aneue —prácticamente imploró.

—No irás, Tomoe —respondió Setsuna, dirigiéndole una mirada cortante para luego irse por el corredor sin esperar respuesta.

Aquello fue demasiado para Tomoe, quien no pudo contener las lágrimas que había estado tratando de contener desde que Rika le comunicó la noticia. Las sintió formarse gruesas en sus ojos y caer copiosamente por sus mejillas hasta transformarse en un llanto mezclado con sollozos.

Mientras sentía a Rika abrazarla —y podía escuchar el llano de la joven mezclándose con el suyo—, Tomoe se preguntó dónde estaría su chibi en este momento, rogando para que estuviera bien.

La joven Minamoto, por su parte, se aferraba a la esperanza de que Touya estuviera con Otsu, como ella sospechaba. Si estaban juntos sabía que Yamamoto protegería a su hime de cualquier peligro... por lo menos hasta el límite de lo que le fuera posible.