HITSUZEN







Volume 11 - Capítulo 55

Suki da











La mañana transcurrió en un abrir y cerrar de ojos para la pareja que paseaba por el shopping de Asahikawa. Kou Tooru estaba apoyado contra una columna, esperando a que Shizu saliera de una tienda. Había insistido en comprarle un vestido nuevo para usar esa noche, cuando conocería a sus padres, pero ella no lo dejó ver ni pagar lo que estaba comprando en ese momento.

Cuando caminaban por los otros comercios más temprano, Tooru había insistido que debería ser un obsequio suyo, pero Shizu argumentó que era una sorpresa para él también. Dándose cuenta de que no iba a ganar la discusión, se dio por vencido y, al ver la sonrisa victoriosa que ella exhibía mientras salía del establecimiento, vio que fue lo mejor.

—¡Es perfecto! —dijo la joven al aproximarse—. Espero que tus padres tengan una buena impresión de mí...

—¿Y por qué no la tendrían? —respondió sonriéndole ampliamente y tomando la mano que ella tenía libre.

Shizu le devolvió la sonrisa, sintiendo el corazón latirle más fuerte. Él le infundía seguridad con cosas tan simples, como si supiera qué decir en el momento justo.

Desde el comienzo de las vacaciones Shizu notó que a cada día que no veía a su novio lo echaba más de menos. En la escuela, aunque no pudieran detenerse a hablar, ella lo veía pasar de lejos y eso paliaba la nostalgia. Por eso fue que quedó tan ansiosa en pasar todo el día en compañía de Tooru.

—Hemos caminado tanto que no sentí el paso del tiempo. ¿Subimos y comemos algo? —dijo.

—Ve tú primero, Shizu-chan —dijo besándole la mano—. Voy a resolver algo antes y te veo allá. Prometo no demorar.

Ella lo miró y esbozó una media sonrisa, como preguntándose qué estaba tramando. Sin tener una respuesta, se dio media vuelta y fue hasta la escalera mecánica para subir a la plaza de comidas. Mientras subía se volteó para ver adónde iba Tooru pero éste ya había desaparecido.

Al pensar en la noche que iba a tener Shizu sintió un frío en el estómago. Conocer a los padres de Tooru era un paso importante en la relación de ambos. Shizu sonrió al pensar que la idea había partido de él y que, a pesar de que algunos creían que él no la quería de verdad, allí estaban los dos juntos desde hacía meses y conociendo a sus respectivas familias.

—Se está volviendo una persona cada vez más importante para mí... —susurró para sus adentros.

Observó el lugar, pensando en dónde podrían sentarse a comer, le estaba entrando hambre: fuera el desayuno no había comido nada más.

De repente el suelo y las paredes comenzaron a temblar y la gente se puso a gritar. Era un terremoto, y claramente uno fuerte. Las luces se apagaron y saltaron chispas de las lámparas y los letreros de las tiendas. Madres sujetaron a sus hijos y se metieron bajo las mesas con la pequeña fe de que eso podría protegerlos. Muchos sólo trataban de mantener el equilibrio, creyendo que podría ser rápido.

Las pocas personas que pudieron mantenerse en pie querían pasar a toda costa y, al ser empujada para atrás, cayó bajo una araña que se estaba soltando. El corazón le golpeó las costillas al sentir las chispas sobre ella y, gateando, se alejó poco antes de que el candelero cayera.


*****


Tooru caminó unos pasos hasta detenerse frente a la vitrina de una joyería. Con las manos en los bolsillos, examinó atentamente las alhajas allí expuestas. Si Shizu no quería aceptar que él le diera el vestido, bien, tendría que conformarse con elegir otra cosa para ella.

Aquella ocasión era demasiado importante para sencillamente dejarla pasar en blanco. Llevar a su novia a conocer a sus padres era un paso primordial en sus intenciones con ella. No podía darse el lujo de que cualquier imprevisto perjudicara el buen cauce que estaba tomando la situación. Le compraría una alhaja a Shizu. Le haría feliz y, sabiendo el buen gusto que ella tenía para la ropa, estaba seguro que con ese accesorio terminaría impresionando a sus padres, especialmente a su madre, que era demasiado apegada a la apariencia personal... tal vez reflejo de su vida de sociedad y organizadora de las grandes fiestas del Consejo de Suzuko

Estaba indeciso entre un collar dorado con una gota de diamante o un par de pendientes con pequeñas flores hechas de perlas, cuando sintió el suelo temblar violentamente bajo sus pies y gritos llenando todo el espacio del shopping.

Miró hacia arriba: la escalera que daba acceso al piso superior estaba parcialmente retorcida y algunas personas se sostenían precariamente en ella, tratando de volver al piso inferior.

Tooru continuó mirando a su alrededor mientras trataba de mantener la calma, pues sabía que en situaciones extremas el pánico sólo perjudicaba el razonamiento y el planeamiento de una estrategia de supervivencia. Siendo así notó que en medio de la multitud histérica los ascensores también estaban parados, quedándoles las escaleras de emergencia. Con pasos rápidos y firmes se abrió camino entre la gente que corría, tratando de salir del lugar o socorrer a los heridos.

Finalmente alcanzó la escalera y subió rápidamente. Tenía que encontrar a Shizu lo más rápidamente posible... Tenía que hacerlo.


*****


La muchacha trató de mantener la calma y alcanzar el abanico, su conductor de magia, que estaba en su bolso. Miró en derredor y lo vio caído cerca de donde fue derribada. Lentamente alcanzó el asa del bolso y lo tironeó levemente, sintiendo todo temblar a su alrededor. Cuando finalmente pudo agarrar su conductor, sintió un fuerte golpe en la espalda y cayó gritando de dolor.

Hizo fuerza para tratar de salir de costado pero se rindió. Era demasiado pesado para salir sola y no estaba pudiendo concentrarse para hacer ningún encantamiento. Shizu sintió un líquido cálido descender por su espalda hasta el suelo y supo inmediatamente que se había cortado al tratar de soltarse.

Encima de ella estaba una máquina expendedora de refrescos que presionaba su cuerpo contra el suelo; el abanico estaba tirado lejos. El dolor que sentía en la espalda era inmenso y, por primera vez desde que el suelo comenzó a temblar, sintió miedo. Pensó en Tooru y rogó a los dioses que estuviera bien.



—Tranquila, ya te vamos a sacar de ahí —le habló una persona—. El terremoto ya está parando.


*****


Tooru alcanzó el último escalón de la escalera de emergencia con gran dificultad, pues tuvo que abrirse camino entre la gran multitud de gente que venía en dirección opuesta. Finalmente llegó a su tan ansiado destino, pero la escena que vio no era mucho mejor que la que presenció en el piso inferior... La confusión y el caos parecían reinar en todas partes.

Continuó tratando de mantener la calma. Como hizo anteriormente en el piso de abajo, recorrió el recinto con la mirada, tratando de obtener un panorama general. No sabía dónde se había sentado Shizu, por lo tanto no tenía la más mínima idea de dónde comenzar su búsqueda. Por más que lo intentaba no lograba distinguir el rostro de su novia en medio del tumulto, hasta que los llamados de una mujer llamaron su atención: ella pedía ayuda para una chica que estaba atrapada bajo una máquina expendedora de refrescos. Tal vez fuera Shizu... Era mejor averiguarlo.


*****


Viendo que iba a tener ayuda para salir, Shizu creyó mejor calmarse y esperar. La mujer que habló con ella antes estaba llamando a algunos hombres para que la ayudasen. Bajó la cabeza e intentó relajar el cuerpo, pues cuanto más fuerza hacía más se lastimaba.

—¿Shizu-chan?

Shizu reconoció la voz de su novio y alzó la cabeza en su dirección. Al sentir las manos de Tooru en su cara se tranquilizó... Ahora sabía que iba a estar bien.

—Vamos a sacarte de aquí —dijo, aún acuclillado junto a ella.

Shizu asintió, pues estaba comenzando a sentir dificultad para respirar bajo todo ese peso. Unos pasos se acercaron rápidamente. El joven Kou alzó la cabeza y vio que llegaron dos hombres y la mujer que antes estaba allí. Mientras los tres levantaban el pesado objeto, él rápidamente arrastró a su novia de la forma más delicada y al mismo tiempo rápida que pudo.

Al verse finalmente libre, Shizu rodeó el cuello de Tooru con los brazos y él la envolvió en un abrazo recíproco, sintiendo sus manos empaparse de un líquido cálido. Ella parecía haberse cortado la espalda, pero por lo que pudo ver no era nada grave.

Después de darles las gracias a las tres personas con una corta reverencia, Kou volvió su atención a la joven, la cual levantó la cabeza y lo miró. Allí estaba segura, eso sentía en su corazón. Aquellos brazos eran todo lo que necesitaba para que estuviera bien. Tooru era todo lo que necesitaba en ese momento.

—Tuve... tuve miedo... —dijo bajito.

—Shhhh... —la abrazó con más fuerza y le acarició el pelo con delicadeza—. Ya terminó, Shizu-chan. Estoy aquí contigo.

Tooru notó que los ojos de ella se nublaban, aún temerosos pero mucho más serenos que cuando él llegó. Había en sus ojos oscuros una muda petición de que él le diera garantías de que las cosas efectivamente iban a salir bien. Él sabía que sólo una cosa podía tranquilizarla por completo. Siendo así inclinó la cabeza y depositó un suave beso en sus labios rosados, murmurando:

—Todo va a estar bien, mi amor.

Shizu sonrió levemente al oír las palabras de Tooru. Repitiéndolas, apoyó la cabeza contra el pecho de su novio y cerró los ojos. No necesitaba preocuparse por nada más en ese momento; estaba bien al lado del hombre que amaba.