HITSUZEN







Volumen 11 - Capítulo 54

Barrera











Touya echó un vistazo a su reloj, un tanto preocupado. No estaba muy seguro de si esa idea daría resultado. Tal vez debería haberle pedido a Rika que acompañase a Otsu después de todo. No recordaba haber visto a la hime deambulando sola por Asahikawa antes. ¿Qué haría si ella se perdiera?

Sin embargo, para poder despistar a Haruhiro tuvo que venir más temprano a Asahikawa. Si su amigo le preguntaba «¿qué vas a hacer este fin de semana?» ciertamente terminaría en apuros.

Para distraerse repasó mentalmente el programa que tenía planeado para ese día: irían de mañana a hacer compras, después tomarían el metro para almorzar en el restaurante en donde habían ido con Rika la primera vez que salieron y finalmente él la llevaría al cine... Todo milimétricamente planeado para que no perdieran el tren del anochecer y pudieran volver a Suzuko sin llamar la atención.

Pero parecía que a cada minuto que pasaba encontraba más fallas en su perfecto plan y se estaba quedando ligeramente paranoico. ¿Cómo lograba Haruhiro mentir con tanta facilidad?

Él odiaba mentir...

*****


Otsu se bajó del tren aún un poco indecisa, ya que era la primera vez que iba completamente sola a Asahikawa, aunque después de tanto tiempo acompañando a Rika en sus paseos podía decir que conocía razonablemente la ciudad. Siendo así, a medida que caminaba por la plataforma llena de gente iba ganando más y más confianza en sí misma. Si había podido lograr lo más difícil —convencer a Tomoe-obasan de dejarla venir sola al centro nashi atae—, el resto iba a ser mucho más fácil.

Por lo tanto fue con un poco más de desenvoltura que se dirigió hasta el corredor próximo a los baños públicos, en donde había quedado de encontrarse con Touya, ya que era un corredor más desierto y por eso correrían menos riesgos de ser vistos por algún estudiante de Amaterasu que por casualidad hubiese decidido pasar el día en la ciudad.

Ella lo vio antes que él la notara y se sintió feliz con tan sólo observar su silueta de lejos. Cuando Touya alzó la vista y sus miradas finalmente se encontraron, la hime sintió como si el corazón le fuera a reventar en el pecho.

El muchacho sonrió, todas las incertidumbres ahora completamente olvidadas. Con pasos seguros se encaminó hasta su novia y se detuvo sólo cuando quedó frente a ella.

—¿Tuviste un buen viaje?

Ella asintió todavía sonriendo, al tiempo que inconscientemente enlazaba su pequeña mano con la de él.

—Estuvo bien pero tardó más de lo que me hubiera gustado —respondió con sinceridad.

Touya esbozó una media sonrisa y comenzó a guiarla para fuera de la estación.

—Bueno, vámonos entonces. Tenemos un largo día por delante, muchos lugares adonde ir... y una promesa que cumplir también.


*****


La mañana transcurrió con una rapidez sorprendente para la joven pareja. Como la excusa que la joven usó para ir a Asahikawa fue comprar el regalo de cumpleaños de Carrot-chan, aquello fue lo primero que se propusieron hacer. Aún así Touya y Otsu pasaron la mayor parte del tiempo mucho más ocupados en charlar y conocerse más el uno al otro y la elección del regalo de Rika se prolongó más de lo que habían imaginado.

Finalmente encontraron una cesta de costura hecha de mimbre, visiblemente artesanal y que ciertamente correspondería a los gustos de la pelirrojita. Siendo así, con inmensa satisfacción Otsu salió de la tienda, con Touya a su lado sosteniendo el paquete.

Touya miró el reloj nuevamente y se dio cuenta de que, a pesar de que las compras habían demorado más de lo previsto, todavía estaban dentro del horario previsto por él para cumplir el cronograma de paseo sin riesgo de atrasarse.

—Es mejor tomar el metro más cercano para nuestro compromiso del almuerzo —dijo sonriendo divertido, a lo que Otsu le correspondió con una sonrisa idéntica.

A los pocos metros había una entrada a los túneles del metro; mientras se dirigían al lugar charlaban animadamente sobre cuál sería la reacción de los niños cuando los vieran llegar al restaurante.

Él compró los boletos de tren, soltando la mano de Otsu tan sólo por unos segundos para sacar la billetera, y entonces se dirigieron hasta la plataforma, esta vez en silencio.

A Touya le extrañó el silencio de la joven y, volviéndose a ella, notó que su rostro había adquirido una tonalidad pálida, contrastando con sus ojos carmín, que estaban oscuros y nublados. Otsu parecía estar sumergida en un completo trance.

—¿Myrai-san? —llamó preocupado—. ¿Myrai-san?

Ella no respondió. Siendo así él la tomó de los hombros y la sacudió levemente.

—¡Otsu!

Ella aspiró una buena bocanada de aire mientras su rostro se contorsionaba de angustia. Sus ojos volvieron a la normalidad y lo miraron aterrorizados.

—Un terremoto. Va a haber un terremoto aquí.

Touya la miró, digiriendo el significado de esas palabras. Pero no tardó mucho en reaccionar. Tomó la mano de Otsu y echó a correr hasta la salida del metro. Si los agarraban allí estaban perdidos. Estar bajo tierra en un terremoto definitivamente no era la mejor chance de supervivencia.

El suelo sin embargo comenzó a temblar antes de que hubieran ido muy lejos, agrietándose entre la gente que llenaba la estación. Un grito femenino los hizo detenerse y, al voltearse, Touya vio un bloque de concreto caerse donde poco antes había estado una vieja señora, salvada por la rapidez de un chico de no más de quince años.

No podía huir y dejar a esa gente a su propia suerte. Después de todo él era un mago. La magia era para ser usada en momentos como ése.

Soltando a Otsu, prácticamente se arrancó del cuello la fina y casi invisible cadena de plata del que colgaba un cristal, su conductor. Cerró los ojos mientras los aros se desprendían y el colgante comenzaba a girar alrededor de un eje propio, emitiendo un ligero halo azulado.

En ese momento el temblor empezó a volverse más fuerte. Parada al lado de Touya, Otsu vio las paredes oscilar mientras se escuchaban ruidos de metal y gritos en el túnel, sumados a los gritos de la gente en la misma estación, que ahora se tiraba al suelo o trataba de correr a la salida... pero era demasiado tarde: los escalones que conducían al exterior fueron los primeros en ser bloqueados. La luz se desvaneció y las alarmas antiincendio comenzaron a sonar. Poco después estaba asustada, empapada y con frío. Había humo alrededor de ellos y los gritos continuaban sonando a su alrededor... Fue cuando notó que la luz azulada que se desprendía del colgante de Touya ahora se estaba expandiendo, poco a poco envolviendo toda la estación con su tenue calidez.

Los nashi atae no podían sentir la magia a su alrededor pero Otsu podía ver los límites de la bola de luz en la que estaban envueltos ahora. Mientras aquella barrera durase estarían a salvo.

Se volteó entonces hacia Touya pero lo que vio terminó asustándola todavía más: el muchacho estaba excesivamente pálido y ella lo sostuvo en el mismo instante en que perdía el control de sus piernas. Una barrera como aquélla era magia avanzada. Touya no podría mantenerla por mucho tiempo sin ponerse en riesgo.

Otsu acomodó el cuerpo de Touya en el suelo antes de rodearlo y arrodillarse junto a él. Sin decir nada posó delicadamente las manos sobre las suyas. El joven sintió un calor recorrer su cuerpo y notó que la barrera aumentó de tamaño. La hime se había unido a él en el sortilegio.

Ella no dijo nada, tan sólo posó sus ojos rubíes en los suyos oscuros. Ella temblaba ligeramente y había miedo en su expresión, pero Touya percibió que había también determinación. Otsu se había dado cuenta, al igual que él antes, que la seguridad mutua y la de todos los que estaban atrapados allí dependía de cuánto tiempo pudieran mantener el escudo intacto, lo que no era mucho...