HITSUZEN







Volumen 10 - Capítulo 52

Calma...










Touya y Kitsune apartaron el puzzle que estaban ayudando a Kori y a sus primas a armar cuando oyeron unos pasos suaves acercarse, poco antes de que la figura de Yamamoto Arashi apareciera en la entrada.

La mujer los miró por unos instantes antes de inclinar ligeramente la cabeza y retirarse enseguida al despacho. Los dos primos mayores se miraron sospechosos.

Arashi estaba llegando de la última reunión del Consejo de ese año. Por su semblante agobiado, ellos no tenían que ser adivinos para saber que algo estaba ocurriendo.

Fue ella quien se levantó primero y se dirigió hasta el corredor por donde su tía se había ido. Touya suspiró y se levantó también.

—Niñas, ¿podemos continuar más tarde?

Kori asintió pero las gemelas hicieron ligeros pucheros.

—Ya se pasan el año entero fuera sin prestarnos atención... —Yōko cruzó los bracitos.

—Y cuando llegan finalmente, se quedan ahí llenos de secretitos y no juegan con nosotras —completó Yasuko, agitando la cabeza—. Eso no se les hace a los niños.

—Nos están quitando el dulce de la boca, eso sí —continuó Yōko.

Kori meneó la cabeza.

—Déjenlos en paz —se volvió hacia su hermana, sonriendo a medias—. Kitsune-neechan, ¿después me ayudas a bañar a Kanoe?

La aludida también sonrió ligeramente y asintió con la cabeza. Después de ello Kori prácticamente arrastró a las dos primas para fuera de la sala, llevando con ellas la caja del rompecabezas.

Kitsune se paró en la puerta del despacho y volvió a mirar a Touya, quien sólo asintió. Siendo así la joven golpeó la puerta y giró el picaporte poco después de que oyera la invitación para entrar.

Obasan? —llamó, adentrándose en la salita.

Ohayō, Kitsune —saludó con una sonrisa cansada—. Touya.

Okaasan —él también inclinó la cabeza—. ¿Qué sucedió?

—Tenemos una escisión en el Consejo —respondió sin rodeos, acomodándose mejor en su asiento.

—¿El ministro Sayaka? —fue Kitsune quien preguntó—. Esto tiene que ver con él, ¿verdad?

—¿Qué hacen en la escuela? —replicó Arashi, su sonrisa aumentando ligeramente—. ¿No deberían prestarle atención a algo propio de su edad?

Touya se encogió de hombros mientras Kitsune miraba seria a su tía.

—Es nuestro mundo —respondió por fin—. El ministro ha hablado de nosotros en periódicos y revistas. Indirectamente, pero aún así lo suficientemente claro como para que podamos comprender sus intenciones.

—No todos, sin embargo, parecen entenderlo de la misma forma que ustedes —señaló Arashi.

Touya también avanzó y se paró junto a su madre. Cuando era pequeño, siempre que veía a su madre de esa manera acostumbraba a subirse a sus rodillas y se acurrucaba contra ella. Arashi entonces sonreía, volviéndose ligeramente más dulce, y le acariciaba el pelo a su hijo con sus largos dedos antes de decirle que volviera a jugar.

Los tiempos ahora eran otros y él ya no podía sentarse en el regazo de su madre sin —probablemente— lastimarla. Siendo así se resignó a posar una mano sobre el hombro de ella y estrechárselo ligeramente.

—¿Qué pasó exactamente?

Ella posó la mano sobre la de su hijo y esbozó la misma sonrisa que él recordaba de su infancia.

—Sayaka Hiromi quiere que nos revelemos al mundo —respondió—. Que trabajemos y nos subordinemos directamente al gobierno japonés.

Kitsune abrió la boca para replicar pero la voz no le salió. Fue Touya quien, en medio de su sorpresa, dijo las palabras que su prima también estaba pensando.

—¿Está loco? No podemos revelarnos. Aparte de ir contra todas las leyes de Cooperación Internacional, eso encima terminaría en...

—Guerra —completó Kitsune—. Terminaría en guerra... Y es exactamente eso lo que él quiere. ¿Sayaka luchó en el 45?

—Su padre fue un gran general... que cometió suicidio poco antes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki —respondió Arashi—. Setsuna fue a Tokio a hablar con el primer ministro. La verdad es que Sayaka no se quedó sólo en la invitación para que nos uniéramos oficialmente al gobierno.

—¿Qué más puede haber hecho? —preguntó Touya.

Éste sintió la mano de su madre presionar la suya, que todavía estaba sobre su hombro, antes de que la Jueza respondiera:

—Kou Ohjiro y Tsujitani Umi se posicionaron a favor del ministro hoy. Dijeron que rompiésemos el Estatuto del Secreto de la Magia y pusiéramos solución a la crisis económica... y encima sugirieron que ayudásemos a la familia imperial con la cuestión del heredero.

—Si la familia imperial entra en esta historia, las cosas se volverán más complicadas —señaló Kitsune—. ¿Qué pretenden hacer ustedes?

—Aún no lo sabemos —confesó Arashi—. Pero por lo que pude ver en la reunión de hoy, Umi y Ohjiro pretenden llevar la cuestión al pueblo. Los otros consejeros en su mayoría se mantienen neutrales. Eso puede llevar a la población a ponerse de su lado.

Kitsune cruzó los brazos detrás de la espalda, pensativa, mientras su primo miraba a Arashi con cuidado. Ésta se veía cansada... La gente no parecía notarlo, no parecía percibir su creciente fragilidad, pero él se daba cuenta —siempre se había dado cuenta— y eso hizo que sus pensamientos se volvieran hacia otra persona.

Myrai Otsu.

********


Otsu se encontraba con la cabeza apoyada de costado sobre la mesa. A pesar del libro abierto a su lado, los ojos carmines contemplaban brillantes la estrella de ocho puntas que había recibido de regalo de Touya. No pudo contener una sonrisa al pensar en él. Su kareshi... Era extraño y reconfortante saber que tenía un novio.

La hime permaneció así más tiempo del que se dio cuenta, tan sólo con el silencio y los libros de la biblioteca de Itto-sama haciéndole compañía. Sólo alzó la cabeza al sentir la puerta deslizarse y aparecer el rostro de una de las criadas.

—Yamamoto-san desea verla, Myrai-hime.

Otsu se incorporó en la silla, ligeramente sorprendida, aunque parcialmente metida en sus propios pensamientos al punto de preguntarse por qué Kitsune se tomaría el trabajo de venir a visitarla... A no ser que fuera a darle un espadazo en la cabeza, lo que era poco probable, ya que había momentos y lugares más adecuados para enfrentarse que en la biblioteca del fallecido esposo de Myrai Kaede.

El corazón de Otsu se puso a latir más rápido al comprender a cuál Yamamoto se refería la criada. ¡Touya!

—Hazlo pasar —dijo—. Y por favor tráenos un té.

La criada asintió y cerró la puerta al mismo tiempo que Otsu se levantaba y se pasaba la mano por el vestido de terciopelo color granate con mangas de encaje blancas que Rika le regaló hace tiempo, tratando de quedar más presentable. Aquella era la primera vez que iban a verse a solas desde la noche de Navidad... desde que se hicieron novios.

Touya fue introducido en la biblioteca y le hizo a Otsu una inclinación de cabeza antes de que la criada se excusara y desapareciera en silencio. Sólo entonces él avanzó hacia la joven e inclinó la cabeza para besarla suavemente en los labios mientras sus manos buscaban las suyas.

Ohayō, Myrai-san —la saludó en un murmullo al apartarse—. ¿Cómo estás?

—Estoy bien. Mejor ahora que estás aquí —dijo, ampliando un poco más la sonrisa.

Él sonrió antes de soltarla y retroceder un paso.

—No puedo demorarme mucho y no creo que sea muy inteligente dejarnos pillar por una de las criadas... Creo que voy a tener que rechazar el té pero tengo una invitación que hacerte.

—¿Una invitación? —preguntó ella curiosa, tratando de imaginar qué estaría planeando él.

—Tu madre viajó a Tokio, ¿no? —preguntó—. Mi madre me lo comentó ayer, después de la reunión del Consejo.

—Tomoe-obasan me mencionó más temprano que Setsuna se ausentó pero no entró en detalles, tal vez ella ni sepa las razones. No sería la primera vez que Setsuna viajara sin dar explicaciones —respondió Otsu.

—Sí, bueno, ella fue a Tokio para reunirse con el primer ministro o algo por el estilo —Touya se encogió de hombros—. Están pasando algunas cosas en el Consejo por culpa del Ministerio del Interior... Pero no he venido a discutir de política... —suspiró—. Después puedo contarte lo que sé pero antes, ¿crees que habría algún problema de pasar el día de mañana en Asahikawa? Le hice una promesa a una niña y tengo que volver allá a comer yakisoba, ¿sabes? —completó, sonriendo divertido.

—Las promesas son muy serias para ser olvidadas... —respondió ella con una sonrisa casi traviesa—. Ya que es para ayudarte a cumplirla, será un placer acompañarte.

Él asintió.

—Ahora... ¿Crees que tengamos tiempo para otro beso antes de que la criada llegue con el té?

Ella asintió, luego se puso de puntillas y alzó el rostro para que Touya pudiera nuevamente sellar sus labios con el suave toque de los suyos propios. Fue un contacto rápido... pero eso no importaba. Al día siguiente estarían en Asahikawa y tendrían todo el tiempo que deseasen.