HITSUZEN







Volumen 10 - Capítulo 50

Contradicción








Touya bufó malhumorado mientras terminaba de hacer las maletas. Tumbado boca abajo en la cama de su amigo, Haruhiro dibujaba tranquilamente, ya habiendo terminado hace mucho la tarea de empacar sus pertenencias para volver a casa. Del otro lado del cuarto, Tokunaga Suoh también trataba de hacer caber en un único bolso todas sus pertenencias, ya a punto de usar un golpe de judo para cerrar la bendita cremallera de la misma.

Iban a embarcar en menos de tres horas para unas largas y merecidas vacaciones. Tres meses lejos de las preocupaciones escolares y la interminable faena de los clubes a los que pertenecían. Tres meses de bendita tranquilidad.

Para el joven Yamamoto, sin embargo, la perspectiva no le parecía en ese momento tan agradable. Desde el día de las estrellas fugaces, cuando terminó por besar a Otsu, intentó buscar una oportunidad de hablar con ella. Pero el tiempo parecía conspirar contra ellos. Los últimos días fueron un infierno entre exámenes, confraternizaciones y cierre de cuentas de los clubes; y cuando no era él quien estaba corriendo para un lado, era ella quien estaba ocupada en el otro.

Ahora que todo se había tranquilizado, las cosas podrían ser más simples. Pero él no tenía cómo encontrar a Otsu en estos últimos momentos, ni podría hablar con ella en el barco una vez que no había privacidad ninguna para lo que tenía que decirle. Siendo así sólo le quedaba esperar encontrarla en Suzuko... Pero ¿cómo exactamente podría hablar con ella en Suzuko? ¿Debería esperar una oportunidad durante las fiestas de fin de año? ¿Invadir la Villa Myrai por la noche?

El caso es que, cuanto más reflexionaba sobre aquella situación, más impaciente se ponía. Realmente necesitaba ver a Otsu y poner todos los puntos sobre las íes, especialmente después de llegar a la convicción de que el beso no había ocurrido tan súbitamente... La verdad es que hacía un largo tiempo que estaba deseando besar a la joven vidente.

Perdido en esas cavilaciones, Touya ni siquiera se percató cuando Suoh abandonó el dormitorio diciendo que había olvidado algo en el predio del club de kendo. Haruhiro se volteó en la cama y observó el techo por unos segundos antes de volverse hacia su mejor amigo.

—No llegué a decirte que quedé muy aliviado cuando Kitsune y tú hicieron las paces, ¿no? —comentó—. Aunque hasta el día de hoy no estoy muy seguro de por qué se pelearon... ni siquiera si pelearon realmente...

Touya soltó la camisa que estaba a medio camino de guardar en su maleta y miró a su amigo. Por un segundo pensó en compartir con Haru lo que tenía en la mente. Sin embargo optó por contenerse. Aquello no le concernía sólo a él... Era mucho más complicado de lo que podía imaginar al principio. Sabía que podía confiar en Haruhiro, pero quería proteger a Otsu. Su amigo sabía ser sumamente impertinente cuando quería.

—No nos peleamos —respondió por fin—. Tan sólo tuvimos una pequeña diferencia de opiniones —se detuvo por un momento y cruzó los brazos—. Sabes, Haru, tal vez deberías hablar con Kitsune cualquier día de éstos.

Los ojos castaños del otro se estrecharon curiosos.

—¿Hablar de qué?

—De que ella te gusta —respondió Touya con sencillez mientras volvía a su maleta.

Haru se sentó en la cama, las piernas cruzadas en forma de mariposa, mientras cruzaba los brazos.

—Touya, ya hemos hablado de esto antes.

Con la cabeza gacha, el otro sonrió de medio lado antes de sentarse sobre las rodillas en el borde de la cama y mirar a su amigo con atención.

—Mira, Haru... ¿Te has dado cuenta ya que, desde pequeño, cada vez que te acercas a Kitsune comienzas a actuar contrariamente a lo que dices? Ya juraste a pies juntillas que ella es sólo una amiga de la infancia, casi una hermana. En realidad casi un hermano, ya que ustedes hasta luchan juntos y “ella obviamente nació con el sexo equivocado”.

Haruhiro bufó, sabiendo qué rumbos iba a tomar esa conversación.

—Pero ella es exactamente eso, Touya. Quiero decir, ya no creo más que ella nació con el sexo equivocado, pero...

—Tú no la ves como una hermana —lo cortó Touya, volviéndose a levantar—. Cualquiera que preste atención a tus ojos sabe que definitivamente tú no la vez como una hermana. Yo la veo como una hermana, tú no. ¿Te has detenido ya a prestar atención a tus dibujos? ¿Ya te percataste de cómo las siluetas que dibujas cuando no estás pensando en nada recuerdan a mi prima?

—No tengo la culpa si Kitsune es una modelo tan buena —respondió él, solamente dándose cuenta de lo que dijo después que las palabras se le escaparon—. En el buen sentido, obviamente. Ella es delicada, una figura ideal para cualquier dibujante.

Encogiéndose de hombros, el otro reanudó su tarea.

—Si tú lo dices... quién soy yo para contradecirte...