HITSUZEN







Volumen 09 - Capítulo 44

Cuestión de estrategia










Todavía faltaban algunos minutos para que comenzaran a llegar los miembros del club de ajedrez, pero Kenmei Itadaki ya estaba allí hacía más de una hora. Como representante del Consejo Estudiantil tenía varias obligaciones y la organización final del Festival de Cultura había quedado bajo su responsabilidad. Con poco tiempo disponible en su día, aprovechaba los intervalos para organizarse.

La puerta del club se abrió, lo que lo hizo mirar el reloj. Faltaban todavía diez minutos para la hora de la reunión del club. Creyendo que podría ser el senpai, Itadaki comenzó a juntar sus papeles mientras alzaba la cabeza en dirección a quien llegaba.

Konnichiwa, Kenmei. ¿Haciendo horas extras? —Kou Tooru cerró la puerta tras él—. Algunas personas necesitan aprender a trabajar...

Konnichiwa, Kou. ¿Quieres que te enseñe? Quién sabe si así no pasas vergüenza en el futuro.

Los dos se intercambiaron miradas desafiantes antes de que Kou se sentara frente a Itadaki. Como siempre se examinaron, procurando ver a través de las pequeñas acciones lo que el uno quería del otro.

Durante las partidas de ajedrez el club quedaba en profundo silencio y por eso Tooru llegó antes. Tenía algo que preguntarle a Kenmei, y como lo conocía bien sabía que éste llegaría temprano.

Tooru observó a Itadaki guardar sus cosas. Quería su total atención, quería ver su rostro cuando le respondiera.

—Dime lo que quieres —dijo Itadaki apenas cerró su carpeta. Sabía que Tooru no llegaría tan temprano solamente para entablar conversación.

—Dime lo que pretendes dándole clases de shodō a Shizu-san —preguntó Kou directamente.

Una sonrisa maliciosa afloró a los labios de Itadaki. Kou estaba celoso de él con respecto a su novia. No sabía que Akiba tenía ese poder tan grande sobre Tooru. O mejor dicho, no sabía que al joven Kou le podría gustar alguien hasta ese punto.

—Eso casi está pareciendo una emoción tuya. ¿Debo prestarle más atención a Shizu-san? Debe de tener algo diferente para hacerte descender del pedestal sólo para venir a hablar con este simple ser viviente.

Kou observó la amenaza velada en las palabras de Kenmei. Ése era otro de los motivos por los que estaba allí, quería saber si el otro pretendía atacarlo a través de su novia. Si los dos tenían alguna disputa o desentendimiento, debería quedar entre ellos. Shizu no debería formar parte de esto. No podía permitir que Kenmei interfiriera en todo lo que tenía planeado para él y su novia.

Mirándolo con seriedad, Tooru volvió a preguntar gravemente.

—¿Qué quieres de ella?

—Antes dime si estás celoso. ¿Te estás sintiendo amenazado por mí, un simple Kenmei ante el gran Kou-sensei? —preguntó Itadaki.

El silencio entre ellos duró algunos segundos antes de que Kou respirara hondo y, con una pequeña y maliciosa sonrisa, respondiera:

—Si tú lo dices...

La puerta del club se abrió nuevamente, haciéndolos callarse. A pesar de las diferencias mantenían las charlas entre ellos, o a lo sumo entre los futuros Consejeros.

Los estudiantes entraron y ocuparon las sillas para poder tener una hora de calma, adonde iban sólo a ejercitar su cerebro y pensar estrategias para derrotar a quien tuvieran como rival.

El club estaba compuesto básicamente por varones, pocas eran las chicas que formaban parte. Ellos bromeaban diciendo que las mujeres tenían pereza de pensar, lo que hacía a las raras representantes del sexo femenino ser las mejores del club. Ellas normalmente jugaban entre sí, de la misma forma que los varones buscaban a un adversario de su mismo nivel.

Con un brillo en la mirada, Tooru no se movió. No iba a salir de allí sin una respuesta y sabía que Kenmei diría la verdad al final, sólo tenía que derrotarlo.

—Tú sabes que no voy a irme sin una respuesta —fue todo lo que dijo antes de armar el tablero de ajedrez mágico frente a los dos.

—Entiende que si gano, Shizu-san será advertida sobre el tipo de novio que tiene.

Los ojos de Kou se estrecharon, como un aviso a quien acababa de amenazarlo. Mucha gente tendría miedo de ver eso pero Itadaki se sintió satisfecho. Por unos segundos se quedó viendo el rostro de Tooru.

La apuesta entre los dos estaba hecha. En cierta forma, a pesar de la forma en que sus familias escondían mucho de lo que verdaderamente pensaban o hacían, cuando Itadaki y Tooru se daban su palabra mutuamente, la cumplían.

Normalmente era una partida prolongada, pero Kou tenía un objetivo importante y eso hizo que su mente pensara en una estrategia rápida para derrotar a su adversario. Sería una lección para éste, pensó Tooru, para que creciera. Cuando madurara, Itadaki sería alguien todavía más interesante de convivir y el joven Kou estaba decidido a ayudar en la “educación” del “pequeñajo”.

—Ten cuidado con lo que dices, Itadaki-kun. Jaque mate —Tooru se recostó en el respaldo de la silla, sonriendo victoriosamente.

Suspirando pesadamente, Itadaki tuvo que admitir que fue una jugada brillante de Tooru. Nunca lo admitiría pero había quedado impresionado.

Shizu-san debe ser muy importante para ti —Kenmei miró al otro, quien solamente asintió con la cabeza—. Le propuse estudiar shodō por amor al arte. En aquel momento ni sabía que era tu novia... Sobre gustos no se discute, Shizu-san necesita tener un defecto —terminó de hablar con una media sonrisa.

—Lo tomaré como un elogio —Tooru sonrió una vez más ante la actitud del “pequeñajo”. Se levantó e hizo una ligera reverencia a Itadaki. Aún con la sonrisa jugueteando en los labios, dijo—: Tal vez sea mejor repasar nuestro juego antes de irte, Ita-kun. Por muy poco podrías haberme derrotado.