HITSUZEN







Volumen 08 - Capítulo 41

Espadachín












El gimnasio estaba bastante lleno, ya que eran las finales del torneo de kendo y, contra todas las expectativas iniciales, las finalistas no eran Masaka Maho, la senpai del club, y Fujimiya Ruri. Pocos apostarían a que la joven Myrai Otsu llegase tan lejos. La verdad es que, en las bolsas de apuesta que circulaban clandestinamente entre los estudiantes, la hime era considerada posible tercer lugar al lado de Yamamoto Kitsune y otras compañeras del club, mientras las dudas sobre el primer lugar iban entre Maho y Ruri. Todos esperaban una revancha tan emocionante como la lucha de las dos el año pasado, especialmente considerando que Ruri estaba a punto de graduarse en Amaterasu.

Sin embargo, por una serie de razones, algunas hasta incomprensibles para los espectadores, Maho fue eliminada de manera justa en la lucha contra Kitsune y ahora era la joven Myrai quien se iba a enfrentar con Fujimiya.

A pesar de no depararse con su antigua rival en el tatami, Fujimiya entró al gimnasio decidida a ganar el campeonato. Era su último año en la escuela, pensaba llevarse ese trofeo a casa. Otsu por su parte tampoco estaba menos decidida. A pesar de no creerse completamente digna de la posición que ocupaba en la disputa —pues, desde la perspectiva de la hime, ella había sido derrotada por Kitsune—, no iba a hacérselo fácil. Después de todo aquella era la primera vez que llegaba a las finales y tenía posibilidades reales de ganar el torneo.

... No es que fueran las competencias en sí que la llevaron a interesarse en el kendo. A veces sentía una necesidad creciente de que no la vieran sólo como la heredera de las Myrai o incluso como la hija de la directora. Sabía que muchos estaban allí sólo por la curiosidad de ver a la hime en acción... Y ella no quería que la vieran allí como la “princesa” del colegio. Quería mostrarles a la espadachín.

El espíritu de Otsu estaba ligero como hacía mucho no se sentía. Tal vez fuera el que, por primera vez en su vida, había actuado meramente por el impulso, sin preocuparse por las consecuencias: al desafiar a Kitsune en el dojo de la escuela y en la boîte durante el viaje... la cita y las pláticas que tuvo con Touya... entre otras cosas que comenzaba a pensar y sentir por la realidad que la rodeaba... Aunque una parte de ella todavía estaba reticente en abandonar completamente la máscara de hime, no por miedo sino tal vez por hábito, todo lo que Otsu sabía era que algo estaba cambiando en su vida, aun cuando no conseguía comprender exactamente lo que era. Todavía se sentía encadenada pero había algo nuevo formándose, algo difícil de definir.

Fue con esa sensación de casi serenidad que la hime tomó firmemente la katana con las manos y avanzó en dirección a Fujimiya cuando el juez dio la señal. Con un giro suave en el cuerpo acertó a Ruri en el cuello... el mismo golpe que Kitsune usó contra ella. Tal vez debería agradecerle a la Raposa por la lección aprendida, aunque sospechaba que la otra no estaría muy contenta de verse tan explícitamente “plagiada”. La hime casi imaginó la expresión de desagrado de la otra en las gradas.

Pero la estudiante de octavo año no se dejó avasallar por perder un punto tan al comienzo de la disputa. No entró allí para perder y no iba a perder. Avanzó con pasos firmes hacia la hime y, aunque Otsu logró esquivar varios de los golpes, Ruri no tardó en acertarla no una, sino dos veces seguidas, revirtiendo la ventaja de los puntos hacia ella.

La joven hime sintió el sudor correrle por debajo de la máscara de protección. Reconocía la superioridad de Fujimiya como espadachín. Ésta, que también era cazadora en el equipo de quidditch, tenía un golpe firme y pesado, tal vez como consecuencia de las continuas lanzadas de quaffle. Así como Otsu traía la fluidez de la danza a sus movimientos de lucha, Ruri imprimía en el duelo experiencias provenientes del otro deporte que practicaba. Podía no ser tan buena como la senpai —y tal vez habría sido derrotada por Maho en caso de que el combate hubiese sido entre ellas—, pero la hime sabía que todavía tenía mucho por aprender antes de llegar al nivel de su oponente.

La lucha se prolongó más de lo que Fujimiya o inclusive Otsu esperaban, pero al final la primera terminó subyugando a la hime y ganando el tan anhelado título. El resultado fue anunciado bajo los aplausos entusiasmados de los estudiantes del colegio. Aun habiendo sido derrotada, sin embargo, la hime estaba satisfecha de sí misma. Lo único que lamentaba era saber que tanto ella como Fujimiya tuvieron que contenerse debido a las reglas del campeonato. Sería verdaderamente interesante enfrentarse a las habilidades de la otra en su totalidad, sin restricciones, como lo había hecho con la Raposa. Casi que por un momento Otsu llegó a tener envidia de Kitsune por haberse enfrentado a la senpai. Aun bajo las restricciones Maho era alguien que impresionaba. Si luchar contra Ruri, siempre considerada la segunda mejor, era un desafío, cruzar espadas con la médium debía de ser una experiencia muy provechosa.

La hime se quitó la máscara y saludó al público y a la vencedora antes de retirarse a los vestuarios, donde se prepararían para recibir los trofeos del campeonato. Mientras caminaba hasta la salida, la misma tristeza que sentía con cada fin de la lucha y cada fin de la presentación de danza trataba de esparcirse por su mente... Una sensación de pérdida, de que saliendo de allí no podría ser más tan libre y que tendría que volver a ser la siempre tan contenida hime. Pero esta vez intentó no dejarse dominar por esos pensamientos. Quería apreciar el resultado que había alcanzado. Ya pensaría en ello al día siguiente, ahora dejaría que la espadachín ocupase su lugar de derecho.

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—Vamos, Kitty, apresúrate, que quiero ver a Otsu-chan antes de que salga del vestuario.

Ésta miró a su amiga un tanto de mala gana. No tenía el menor deseo de ir al vestuario ahora, mucho menos de toparse con Otsu-hime. Para ser bien sincera, la lucha había sido particularmente buena, pero no le gustó ni un poco verse copiada en uno de los golpes que le rindió un punto a Myrai.

Sin embargo era bien poco lo que podía hacer contra los deseos de Rika, especialmente cuando la pelirrojita parecía tan inflexible acerca de la necesidad de saludar a la hime.

Finalmente lograron abrirse camino entre la gente que abandonaba el gimnasio y alcanzaron pronto el vestuario. Rika sonrió al ver a la hime, todavía con la vestimenta del combate, sentada en uno de los bancos con aspecto de cansada. Prácticamente saltando se acercó a ella y la envolvió en un cálido abrazo.

—¡Muy bien, Otsu-chan! Estuviste muy, muy bien. ¡Estoy orgullosa de ti!

Otsu se dejó estar en el abrazo. Después de la lucha era justamente lo que necesitaba, cariño y reconocimiento. Estaba feliz con el resultado y estaba feliz de tener a Rika allí para compartirlo.

—Gracias, Rika. En serio gracias —dijo bajito.

Rika sonrió, sintiéndose también contenta por la recepción de su amiga. En ese aspecto Otsu siempre fue mucho más abierta que Kitsune. Su Raposita no se dejaba envolver de verdad por un abrazo o por un gesto de cariño, siempre parecía mantenerse a la defensiva. A veces se sentía un poco dolida por ello, pero entendía que era la forma de ser de Kitsune y no maldad.

Fuera como fuese, las quería a las dos. Lo que pudiera hacer por cualquiera de ellas la hacía feliz, aun cuando ni siquiera fuese reconocida.

Apartando esos pensamientos se giró hacia Kitsune, la cual de brazos cruzados sólo las miraba en silencio.

—Kitty-chan también tiene unas palabras para decirte, ¿no es verdad, Kitty-chan?

Los ojos grises de la Raposa brillaron hostiles, pero se controló y sonrió forzadamente.

—Felicidades, Myrai-san. Fue una lucha justa.

Otsu parpadeó sorprendida con las palabras de Kitsune. Aquella era posiblemente la primera vez que la otra le dirigía palabras tan gentiles. Se sintió desarmada, pero eso duró pocos segundos. Se recompuso en un parpadeo, no quería que su adversaria notara cuánto le había afectado esa felicitación.

—Gracias, Yamamoto-san —respondió educada mientras miraba de reojo a Rika, que las miraba con una amplia sonrisa.

En ese momento la hime sospechó que parte de esa gentileza probablemente se debía a la presencia de Rika. La Raposa nunca daría el brazo a torcer en lo que a ella se refería.

Kitsune sólo asintió con la cabeza antes de volverse a Rika.

—Tenemos que irnos ahora. Myrai-san tiene que arreglarse para salir y estamos estorbando.

La pelirrojita casi hizo un puchero, decepcionada.

—¿En serio tenemos que irnos?

Otsu le sonrió nuevamente.

—Es mejor así, Rika, sino vamos a terminar atrasando la ceremonia de premiación... Pero te prometo encontrarnos más tarde, ¿está bien?

La otra asintió.

—Está bien... Pero en compensación tendrás que usar una de mis ropas.

Otsu asintió en silencio mientras miraba a las dos alejarse hacia la multitud. Mantuvo la sonrisa en los labios. Hacía tanto tiempo que no afloraba una sonrisa tan genuina... tal vez todavía había esperanzas para Otsu, tal vez podría encontrar la felicidad en esos pequeños momentos: en la danza... en la música... con Rika...

Lo que se preguntaba era por cuánto tiempo podría contentarse con tan sólo esos breves respiros de alegría. Pero no pensaría en ello ese día, no dejaría que la hiel que se acumulaba dentro suyo arruinase toda la satisfacción que sentía.