HITSUZEN







Volumen 08 - Capítulo 39

Aliento










—Entonces vamos a dividir la clase en dos grupos —continuó Megumi, inclinada sobre la mesa, mientras escribía en un cuaderno de dibujo ya maltratado por el tiempo—. En un grupo quiero ver a gente de movimientos más delicados, que son para las danzas lentas. En el otro a quienes tienen mayor preparación física para las acrobacias.

Shizu asintió mientras escribía rápidamente en un bloc lo que la otra le dictaba. Mentalmente anotaba más de lo que lo hacía, intentaba ver lo que Megumi visualizaba para la presentación.

—Voy a llevarme la carpeta con los perfiles de la gente esta noche —comentó—. Mañana ya tendré la lista. ¿Vas a querer a alguna solista también?

Meg sonrió de medio lado.

—Tú eres la solista —respondió, incorporándose—. Suite el Cascanueces, Danza Árabe, señorita café. Había pensado en una coreografía más sinuosa porque combina bien con la música. No te va a ser muy difícil.

Shizu sonrió orgullosa.

Arigatō, Meg-senpai. Te prometo esforzarme mucho.

—Lo sé —asintió Meg—. Ahora saca uno de los abanicos del armario. Necesito tener una idea de cuánta flexibilidad deben tener los kimonos para el número de danza tradicional.

Shizu obedeció y enseguida volvió con el abanico cerrado. Megumi se apartó de la mesa y lo soltó en el suelo mientras se ponía erecta, cerraba los ojos y respiraba profundamente. Con las piernas bien juntas, se inclinó casi sin flexionar las rodillas para tomar nuevamente el abanico entre las manos y alzarlo elegantemente, antes de abrirlo bruscamente y revelar el delicado dibujo del papel.

—Anota al lado del dibujo que la falda del kimono debe ser más ajustada, a fin de inhibir movimientos bruscos —dijo Megumi mientras levantaba el brazo del abanico y continuaba con los movimientos leves y casi diáfanos que aquella danza exigía.

Fue el turno de Shizu de inclinarse sobre la mesa, para luego descifrar finalmente los dibujos de la otra. Sonrió ante lo que vio y no resistió el comentario:

—Con el perdón de la palabra, senpai, eres mucho mejor bailando que dibujando.

Megumi rió divertida.

—Es verdad, pero no necesito preocuparme, ya que tengo a Rika-chan que dibuja para mí —le guiñó un ojo mientras soltaba más el cuerpo, lanzaba el abanico hacia arriba y lo recogía nuevamente con movimientos gráciles, al mismo tiempo que giraba el cuerpo—. Cuando eres importante, Shizu-chan, los demás esperan por ti. De cualquier forma, sólo necesito dar una idea general de lo que necesitamos; de los volados y las lentejuelas se encarga el equipo de confección de teatro.

Los ojos de Shizu recorrieron los otros dibujos.

—Me gustaron los vestidos que van a ser utilizados en el vals... Va a ser el Vals de las Flores, ¿verdad? ¿De la Suite el Cascanueces también?

La otra asintió.

—Ésos tienen que ser más ligeros. Estoy verdaderamente preocupada por el maquillaje del número de la danza de los abanicos. El escenario va a estar en penumbra... Creo que tendremos que recargar la base blanca y labial bien rojo.

—Podemos hacer una prueba mañana mismo. Traeré el maquillaje para probarlo. ¿Esos corpiños del cancán no van a quedar muy apretados? —Shizu continuó hojeando los dibujos.

—Es tarea tuya encontrar al que tenga aliento para bailar con ellos —respondió Megumi, dejando de bailar para luego acercarse a ella por detrás—. Puedes irte ahora, Shizu-chan, ya te retuve aquí demasiado por el día de hoy.

—No me retuviste, es siempre un placer poder ayudarte, senpai —la otra sonrió—. Bueno, de cualquier forma mañana estaré aquí con todo preparado.

Shizu recogió sus pertenencias y su bloc de notas. Permanecería el resto del día organizando lo que Megumi había pedido y viendo si tenía alguna otra idea útil para la presentación. Se despidió de la senpai del club de danza con una reverencia y salió del aula.

Aún en el recinto, Megumi continuó sus movimientos. Tenía mucho que revisar y, aun con la ayuda de Shizu, había cosas que sólo ella podía hacer y decidir. Se iría un poco más tarde de allí, pero sabía que valdría la pena ver el resultado final.


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Haru bufó cuando terminó por sexta vez con la cara contra el suelo mientras su brazo era retorcido sobre la espalda. Poco después sintió una respiración sobre su oreja, seguida de una voz cristalina y casi divertida.

—¿Te rindes? —preguntó ella.

—De acuerdo, me rindo —murmuró.

Kitsune se levantó y se acomodó el cinto de su judogi, mientras él se sentaba en el tatami, respirando jadeante al mirarla. Estaba agotado pero ella ni siquiera parecía cansada. A decir verdad él no entró al club de artes marciales cuando comenzó a estudiar en Amaterasu... A diferencia del kendo, allí los entrenamientos eran mixtos y él no soportaba perder todos los días con Kitsune.

—Estás fuera de forma, Haruhiro —comentó ésta mientras se sentaba en el suelo y se abrazaba las rodillas.

—Al contrario que tú, yo no practico aquí en la escuela... A no ser por el kendo —agregó pensativo—. Si continúas de ese modo nunca voy a conseguir ganar la apuesta.

Ella se echó a reír y meneó la cabeza.

—¿Todavía te acuerdas de eso? —preguntó Kitsune, mientras apoyaba el mentón sobre las manos cruzadas—. Es fue hace unos seis o siete años...

—Dijiste que el día que yo te derrotara podría pedirte que hicieras cualquier cosa que yo quisiera —respondió él en el mismo tono—. No es una promesa que se pueda olvidar, Kitsune.

—No tienes el aliento suficiente como para derrotarme, Haruhiro —respondió ella—. Mírate... estás jadeando como un viejo.

Él estrechó los ojos, enfurruñado.

—De acuerdo. La próxima vez entonces invita a alguien más joven a entrenar contigo. Estoy fundido.

Ella sonrió en respuesta y se levantó. Por lo menos él había vuelto a ser el mismo. En el transcurso de la última semana le había ocurrido algo extraño, porque siempre se estaba ofreciendo a ayudar o a hacer cualquier otra cosa, como si ser servicial fuera el objetivo de su vida. No es que Haru fuera un inservible, pero la forma como lo estaba haciendo era sencillamente demasiado forzada.

—Vamos, voy contigo a beber algo fresco en la cocina —le extendió la mano—. Pero por favor, ya deja de protestar.

—A las órdenes, Kitsune-sama —aceptó la mano extendida—. Pero estaba bromeando sobre invitar a otra persona. Todavía quiero mi revancha.

Ella no llegó a responder, sólo sacudió la cabeza, como si se estuviera preguntando si Haruhiro llegaría a cambiar algún día, si maduraría un poco. Si bien que, hablando sinceramente, ella prefería que su amigo continuara igual que siempre...



Glosario
Judogi - ropa de entrenamiento usada en el judo.