HITSUZEN







Volumen 08 - Capítulo 38

"What comes first"












Apenas habían vuelto de las “vacaciones” y ya tenían trabajo que hacer. Trabajo, trabajo y más trabajo. A veces se preguntaba por qué rayos aceptó ser representante. Peor, ¡¿por qué no salió corriendo cuando lo candidataron para vicepresidente en el Consejo?!

Haru suspiró mientras Misao y Maya abrían otra urna de votación y vaciaban el contenido sobre la mesa. Ahora tenían que volver a hacer el conteo para saber la decisión de los alumnos en el Festival de Cultura de este año. Después tendrían que comenzar a reunirse con los senpais de los clubes de teatro y de danza para —que lo parta un rayo— decidir la decoración, atracciones, presupuesto... Principalmente el presupuesto.

Volteando los ojos, él se acomodó en su asiento mientras Hōji separaba las credenciales en montones, para luego pasárselas a cada uno de los otros representantes y a la secretaria del Consejo, Sakaguchi Arisu, su compañera de clase y representante antes de él.

Séptimo año debería haber reelecto a Arisu en vez de colocarlo a él allí... O sino podrían haber elegido a Touya, completó para sus adentros mientras observaba de reojo a su amigo, que se había ofrecido voluntario para ayudar. Touya era perfecto para el cargo: responsable, cuidadoso, puntual, solidario...

Hizo una mueca al pensar que, por lo menos ese día, su amigo no estaba allí por solidaridad. Su objetivo era completamente diferente y tenía que ver con una apuesta hecha en la estación de esquí y la joven sentada a su derecha.

Touya estaba allí para vigilar su comportamiento con Kitsune. En opinión de Haru, aquel era realmente el fondo del pozo. De dónde había sacado Tooru esa estúpida idea de que Kitsune era su “musa” o algo por el estilo, no tenía idea, pero de ahí a que Touya estuviera de acuerdo... Alguna explicación tenía que haber y ciertamente no era su culpa. Trataba a Kitsune prácticamente como uno de sus amigos. ¡Se conocían desde la primera infancia, por Kami-sama!

Como un autómata, comenzó a contar las credenciales que tenía ante sí. De acuerdo, podía confesarle a su propia consciencia de que le parecía bonita Kitsune y que, alguna que otra vez, había fantaseado algo —especialmente cuando estaba dibujando—, pero eso no significaba que estuviera interesado en ella... al menos no de la manera que Tooru había insinuado.

Fuera que ella lo mandaría directo al infierno si algún día él intentaba algo. Era una suerte que sus amigos no hubieran estipulado que debería tumbarla o algo por el estilo. Entrenaba desde pequeño con ella en el dojo de Tajikara-san y sabía que ella era mejor. Mucho mejor en realidad.

De todas formas no tenía muchas opciones. Había perdido, por lo que tenía que hacer su parte. Siendo así terminó su propia pila de credenciales y se dirigió a Kitsune.

—Kitty, dame una parte. Te ayudo.

Ella parpadeó.

—¿Por qué? —preguntó desconfiada.

Anō... sólo quiero ayudar... —respondió tentativamente—. ¿No quieres ayuda?

—Puedo arreglármelas perfectamente sola, Haruhiro —respondió ella—. Tú, por otro lado, tal vez estés realmente necesitando ayuda. Estás actuando de forma extraña desde que volvimos a la escuela.

—¿Yo? No... no me había dado cuenta... —dicho esto se volteó nuevamente hacia el frente y descubrió que tenía nuevamente un montón de papel ante sí.

Al alzar la mirada, se deparó con la sonrisa divertida de Touya, que lo observaba, y sintió ganas de tirársele a la yugular. ¡Todo era culpa suya, para empezar! ¡Touya había jugado sucio ese día!

—Esta es la última urna, minna-san —el presidente del Consejo batió palmas animadamente—. Vamos a terminar esto y después nos vamos a almorzar. Fue una excelente mañana de trabajo.

—De veras excelente... —masculló Haru bajito, antes de reanudar el escrutinio.


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Una chica estaba parada mirando el panel en donde anunciaban el tema del Festival de Cultura. No sería nada fuera de lo común si no fuera porque estaba allí de pie hacía treinta minutos mirándolo continuamente, a veces sacudiendo la cabeza o dando pequeñas exclamaciones de felicidad, asustando a quien pasaba.

—¿Enloqueciste esta vez, Aiko? —una voz femenina la hizo volver a la realidad—. Estaba esperando a que terminaras tu momento con el tema, pero te estás demorando esta vez.

—Es porque estoy decidida a destronar a los chicos de Maggots. Estoy de acuerdo con que sus canciones son estupendas, pero tienen una gran ayuda de esas fanáticas locas —se volvió hacia su compañera de banda, desanimada—. Pero no hay nada que sirva. Voy a tener que sacudir más la cabeza o cambiar el color de tintura.

Zaimoku miró a su amiga e imaginó que ésta también debería atraer a una buena cantidad de varones que quedarían sólo babeando por su belleza... Pero Meisaku Yuri no se había vuelto vocalista de la banda Nekko-chan por su apariencia. Su voz era algo que iba de la balada más simple hasta el rock más pesado... Sus rizos rebeldes, su cuerpo de guitarra y su rostro, sin embargo, llamaban mucho la atención.

La vocalista, por su parte, se rió al oír hablar a su amiga. Era normal que todas las bandas que se presentaban vieran a los Maggots como enemigos número uno, ya que la tropa de varones liderada por Koji-senpai ganaba todos los años y todo festival que participaba. Curiosa, se acercó al papel para leer el tema.

“What comes first”... Se están volviendo más sofisticados cada año —dijo Yuri.

—Es por eso que estaba meditabunda: quería lo primero que se me viniera a la mente en el momento en que leyera el aviso —respondió Aiko.

—Sabes que no tienes que tomártelo tan al pie de la letra, ¿no?

Tomando a su amiga del brazo, Zaimoku comenzó a caminar hasta el club de música y mencionó los horarios en que necesitaban reservar la sala, comenzando por esa noche. Tenían que avisarle al resto del grupo para reunirse y elegir lo que iban a cantar. Miyu particularmente iba a tener mucho trabajo, ya que su violín iba a ser lo que marcara la diferencia.

Yuri se detuvo y sujetó a su amiga, que continuaba haciendo fuerza para arrastrarla. Pasaron unos segundos hasta que Aiko se dio por vencida y le preguntó por qué se detuvo.

—Porque antes que nada tenemos que buscar a Mihara para hacer nuestra inscripción —respondió con calma.

—¡Qué idiota! —Aiko se dio un palmetazo en la frente—. Sí, vamos a buscar a Haruhiro-san ahora.

Encogiéndose de hombros, Meisaku la siguió. Sabía que cuando se trataba de música y de la banda, Aiko despertaba y quedaba extremadamente agitada. No adelantaba detenerla ni razonar... y así iba a ser hasta el día de la presentación...

Yo, minna-san —una voz femenina sonó detrás de ellas.

El acento típico de Osaka delataba a la dueña de la voz. Las dos se voltearon hacia su compañera de clase y de banda, Goseki Miyu, que les sonrió divertida.

—¿Adónde van tan deprisa? —preguntó mientras se apartaba un mechón de pelo oscuro de la cara.

—A hacer la inscripción de la banda para el festival —respondió Yuri—. ¿Viste a Mihara, Miyu?

La otra amplió más su sonrisa, si eso era posible.

—Sí, lo vi. Estaba con él en este mismo momentito, escuchando del viaje de ustedes a Hokkaido. Es una pena que inventé de engriparme y terminé no pudiendo ir... Tenía tantas cosas planeadas... —alzó los ojos hacia el techo—. Oh, sí... Miyu tenía muchas cosas planeadas...

—Sí, Gollum. Pero antes de que empieces a hablar con tu precioso, ¿dónde está Haru? —la interrumpió Aiko, sabiendo que si dejaba vagar a Miyu se pasarían el día entero allí.

La otra la miró con ojos brillantes y sacudió la cabeza.

—No tienes que ir tras él. Ya hice nuestra inscripción.

—¿Ya? —las otras dos quedaron sorprendidas. No esperaban que Miyu fuera tan rápida.

—Sólo junté lo útil con lo agradable —respondió ella—. Y Haru está tan estresado... tch, tch... —sacó un papel del bolsillo de su falda y se lo extendió a Aiko—. Aquí lo tienes. La pequeña saltamontes está feliz de haberos servido.

—A veces me pregunto qué andas bebiendo por ahí, Miyu... —Yuri meneó la cabeza.

—No importa. Ahora que Miyu-chan ya se encargó de nuestro problema burocrático, vamos a reunir al resto de la gente —Aiko ahora estaba decidida—. ¡Nada de perder el tiempo!

Miyu sólo sonrió etéreamente mientras Yuri suspiraba. Aquel iba a ser un mes agotador...



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