HITSUZEN







Volumen 08 - Capítulo 37

Destino












Ya habían pasado dos días desde que hubo llegado a la escuela después del viaje a Tokio y, aun sin querer admitirlo, Itadaki pensaba en Meisaku Yuri. Por un impulso del momento él le había dado un beso en el hall del hotel. En aquel momento pensó que había sido un capricho suyo por estar tan cerca de una chica tan linda, pero después se dio cuenta de que había algo más.

Al día siguiente Ita esperó a que Yuri fuera a hablar con él, pero ella casi no lo miró. Solamente lo hizo una vez cuando volvían; desde entonces era como si nada hubiera pasado y hubieran vuelto a ser como lo eran en la escuela.

Kenmei salió de la clase de Murasaki-sensei y se quedó parado en la puerta, esperando a que Yuri saliera también. Tenía que preguntarle algunas cosas.

Sumimasen, Meisaku-san. ¿Puedo hablar un momento contigo antes del almuerzo? —dijo Itadaki, haciendo que Yuri se volviera hacia él.

Ésta solamente asintió con la cabeza y caminó a su lado para salir del lugar. Yuri tenía una idea de lo que él le iba a decir pero quería oír lo que estaba pensado, ya que podría estar equivocada.

Cuando le contó a Aiko lo sucedido, a su amiga sólo le faltó darle un coscorrón por haberse dejado llevar por un par de ojos bonitos. En realidad Yuri había quedado impresionada con la sensación cómoda que sintió con él. Eran raros los chavales con quienes se sentía a gusto. Normalmente tenía la sensación de que la estaban mirando y examinando su cuerpo y, a diferencia de los demás, Kenmei sólo la miró a los ojos.

Caminaron un poco hasta que, sin contener su curiosidad, Itadaki dijo.

—Pensé que vendrías a hablar conmigo después de regresar aquí.

—Yo creí que vendrías a hablar conmigo al día siguiente —respondió ella.

—¿Por qué? —la miró algo confuso. Si ella no lo había apartado aquel día, era obvio que le gustaba y debería haber ido tras él, como lo hicieron todas las demás.

Ella lo miró y sonrió internamente al ver esos ojos que parecían sufrir con preguntas tan simples. ¿Cómo podía no saber el porqué? Ella era una chica y esa era una respuesta más que suficiente. Aún así Yuri veía duda en su rostro.

—Kenmei-san, ¿qué es lo que quieres de mí? —preguntó.

—Quería saber... —comenzó pero se detuvo enseguida para tratar de expresar con palabras lo que tenía en la mente—. Me respetaste cuando yo estaba sin ganas de hablar, aceptaste cuando te abordé y aún así esperas que responda algo. Me sentí bien contigo y estoy aquí nuevamente.

—Fue una simple pregunta...

Yuri quería oír claramente lo que él tenía en mente. Parecía que él quería que ella dijese primero lo que esperaba oír de él.

—Me gustó estar contigo —dijo Ita.

Yuri sonrió medio victoriosa.

Él no entendió; si ella quería lo mismo, ¿por qué no se lo dijo? Todas las chicas con quienes salió siempre le decían lo lindo que era y que lo querían. Él no necesitaba decir lo que quería, solamente hacía lo que tenía en mente y ellas aceptaban.

Yuri sintió la mano de él tomar la suya y llevársela a los labios para darle un ligero beso. Su piel suave y cálida contra la suya hizo que el corazón le latiera más fuerte y miró hacia abajo por reflejo.

Cuando ella decidió no ir tras él, fue porque quería que Ita le demostrara que aquel beso en el hall del hotel no había sido uno más en su lista. Estaba cansada de los varones de la escuela que, o la veían por su cuerpo, o les gustaba sacar ventaja para sentirse superiores a ella, ya que a los varones no les gustaban tener novias más famosas que ellos.

Al ver el ligero rubor en las mejillas de Yuri y el desvío de la mirada, Itadaki sonrió. Era una señal de que ella estaba sintiendo algo diferente, al igual que él. Nunca creyó que podría sentir tal emoción por una persona a la que prácticamente no conocía, pero se dio cuenta de que podría quedarse observando a la muchacha durante horas. Qué tenía ella de diferente, no lo sabía, pero no podía dejarla ir sin descubrirlo.

Con la mano que tenía libre le levantó el mentón para poder mirarla a los ojos. Allí vería lo que debería hacer: irse o quedarse con ella.

El frío en el estómago de Yuri aumentó al verse reflejada en los ojos de Itadaki y la ligera sonrisa en sus labios. Él acercó su rostro y todo lo que ella pudo hacer fue cerrar los ojos mientras se acercaba también.

Levemente él posó sus labios en los de Yuri, como hizo anteriormente. Sintió un calor recorrer su cuerpo y, sin darse cuenta, sus manos se deslizaron hasta su cintura. Profundizó el beso al tiempo que ella llevaba la mano hasta su pelo y disminuía el espacio que había entre los dos.

Ninguno de ellos supo explicar cómo exactamente comenzó aquello, pero no les importó.

Estaban siguiendo algo que parecía ser el destino...