HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 36

De regreso a casa










La joven miraba a través de la ventanilla del tren, distraída. Sabía que en un rato estaría de regreso a Suzuko y luego a Amaterasu —y a su vida de siempre—, pero sus pensamientos todavía estaban en Tokio. Se había divertido inmensamente en la capital como pocas veces en su vida. A pesar del desafío irritante de la Raposa, tenía que confesar que le había gustado bailar en aquella boîte. Fue diferente pero bueno. Estaba feliz, se sentía ligera como raras veces...

—¿Estás dormida, Otsu? —la llamó Rika con suavidad.

Se volvió a su amiga y la miró serena.

—No. Sólo estaba pensando en el viaje... Si pudiera creo que viviría en Tokio. Sería divertido.

—¿Y por qué no lo haces después de graduarte? —preguntó la pelirrojita.

Otsu meneó la cabeza. A veces Rika parecía olvidarse completamente de quién era Otsu y de todas las obligaciones que conllevaba su posición como heredera de las Myrai. Era como si para Rika todo lo que la hime deseara fuera posible... y le estaba agradecida a su amiga por eso. Hacía las cosas más fáciles muchas y muchas veces.

—No puedo, Rika —respondió—. Pero en todo caso pretendo volver un día para pasear.

—Vamos a volver todas —afirmó Rika sonriendo, antes de volverse en dirección a la puerta, pensativa—. Sólo es una pena que Kitty-chan no haya venido en nuestra cabina.

Otsu se mordió los labios discretamente. La verdad es que estaba feliz porque la Raposa no compartiera la cabina con ellas. Quería un poco de tranquilidad y sabía que el desprecio de la otra acabaría con el buen humor que adquirió en el paseo... Pero no podía decirle eso a Rika. Sabía que su mayor deseo era que un día Otsu y Kitsune se hicieran amigas; vivía repitiendo lo parecidas que eran las dos y que sería estupendo charlar y resolver los problemas de ambas y del resto del mundo.

—Bueno... —dijo con la intención de cambiar de tema—. Cuando lleguemos a Suzuko podrás verla nuevamente —suspirando, completó—: Cuando lleguemos a Suzuko todo volverá a la normalidad... Cosas que hacer, tareas que cumplir.

—Y está el comienzo de los preparativos para el Festival de Cultura —Rika sonrió animada—. ¿Quién crees que vaya a ganar el Encore este año?

—No sé cuál de las bandas tiene más chances de ganar el concurso este año... —respondió Otsu serenamente—. La verdad es que tengo que preocuparme por las finales de kendo primero.

Rika asintió.

—Es verdad, casi me había olvidado... —se llevó una mano al mentón, pensativa—. ¡Eso será estupendo, Otsu-chan! Definitivamente vamos a estar apoyándote.

—Gracias, Carrot-chan. Te prometo que voy a dar lo mejor de mí —respondió la hime, permitiéndose sonreír.

Sin notarlo, sus ojos volvieron nuevamente a admirar el paisaje. Estaban volviendo a casa, a Suzuko y a Amaterasu. Como le había dicho a Rika, las cosas volverían a la normalidad. Volvería a sus deberes y obligaciones... Con todo había algo en ella que parecía susurrarle bajito que algo estaba a punto de cambiar.


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La hora de servir el almuerzo ya había comenzado cuando Asuya entró llevando consigo a una chica que más parecía un zombie. Sus ojos estaban prácticamente cerrados y sólo no hubo ningún desastre porque él la guió hasta una mesa de más al fondo.

Al sentarse Aiko protestó sobre haber hecho esa injusticia: golpeado la puerta de la cabina tan temprano y haberla sacado de la cama. La muchacha no se dio cuenta de que estaba hablando para sí misma, pues Akiba se había levantado para buscar algo de comer. Los pequeños ojos de ella se abrieron al percatarse de que no había recibido ninguna respuesta y vio que era mejor callarse; si conocía bien a Asuya, él le iba a traer café. Al sentir aquel aroma tan familiar, alzó el rostro casi sonriendo... no sin antes dirigirle una mirada seria a su amigo.

—Vuelve a explicarme por qué estoy despierta en un día hecho para estar en la cama durmiendo y aprovechando el traqueteo del tren —bebió un poco de café luego de terminar de hablar.

—Porque me quedé despierto hasta el amanecer escuchándote hablar y... —comenzó Asuya.

—Charlando, nos quedamos charlando y, principalmente, quien más habló fuiste tú. Quien está con novia nueva, y destaco la palabra “FINALMENTE”, eres tú. Yo sólo me quedé escuchando... —lo interrumpió.

Él sonrió en respuesta; sabía que no servía de nada hablar con Aiko poco después de haber sido despertada... Se pondría a dar patadas hasta que el efecto del café comenzase a hacer efecto.

Anoche estuvo ansioso por volver a la escuela y eso lo hizo quedarse insomne, por eso acudió a la persona que sabía que más le gustaba conversar hasta la madrugada para hacerle compañía: la rubia rezongona que estaba sentada a su lado y terminando de tomarse su segundo café.

—Ya está... estoy casi despertándome y comenzando a tener hambre —se acomodó el pelo corto—. Siendo un chico eficiente, me trajiste directo a comer. Muy bien, voy a pedir mi platito.

Poco después ella se sentó al lado de Asuya, quien se echó a reír.

—¿Platito? Es el doble que el mío.

—Mi humor todavía no está bueno, no me provoques —respondió sin apartar los ojos de su plato.

Fue en ese momento que Yamamoto Touya irrumpió en la entrada del vagón-restaurante. Observó las mesas llenas por unos segundos, como considerando las alternativas. Sólo había dos lugares disponibles: uno en compañía de ellos y otra en la de Kou Tooru.

No le llevó mucho decidirse y atravesó entonces el corredor hasta ellos, sonriéndoles a guisa de saludo.

—Buenas tardes, Asuya-kun, Zaimoku. ¿Puedo sentarme con ustedes?

Hai, Touya-kun. Estábamos charlando y ni siquiera vimos que no hay lugar para sentarse. Disculpa.

La mirada de Aiko se paseó por el vagón-restaurante y percibió que el único lugar que también estaba libre era en la mesa de Kou.

—Veo que tenías una única opción indeseable —comentó mientras Touya se sentaba.

—Sería posible si Haru estuviera aquí, pero él todavía sigue durmiendo... —Touya volteó los ojos, como si se impacientara por los hábitos de su amigo; aunque bien que los suyos no eran muy diferentes—. Pero no hay mucho de que hablar cuando Kou está solo.

Con una mirada ácida, Asuya vio a Tooru mirándolos. No queriendo perder el buen humor que estaba teniendo desde temprano, cambió de tema aprovechando lo que Touya había dicho.

—Yo también querría estar durmiendo hasta ahora... A cierta persona le gusta quedarse despierta toda la noche charlando y obliga a otros a hacer lo mismo...

Con un guiño y una sonrisa traviesa, la joven apenas acusó la indirecta de su amigo.

—No recuerdo haber pueso un arma en tu cabeza... —Aiko fingió apuntar a su amigo con los dedos—. ¿Qué puedo hacer si la noche me llama más que el día?

—La noche es una niña —señaló Touya, bromeando, mientras volvía su atención al menú que estaba sobre la mesa—. Yo no puedo decir mucho...

—Definitivamente no. Vuelta y media algún profesor te pilla durmiendo en clase, Touya... —señaló Asuya con una media sonrisa—. ¿Al fin y al cabo qué haces de noche?

Touya se habría atragantado si hubiera estado comiendo.

—Hago... eh... —Touya pensó por unos segundos, buscando una respuesta satisfactoria— cosas...

La carcajada de la muchacha salió espontáneamente, por más que hubiera tratado de contenerla. No llegó a llamar la atención de todos, pues Aiko se tapó la boca con las manos, tratando de amortiguar el sonido.

—Deja de ser indiscreto, Asuya —dijo con voz entrecortada, riendo al mismo tiempo—. El chico tiene una vida.

Yamamoto se percató de que acababa de decir algo totalmente ambiguo y, principalmente, enfrente de una chica con quien no tenía ninguna cercanía. Siendo así, totalmente avergonzado, bajó los ojos y se calló.

Aiko miró a Touya y sonrió, él se estaba poniendo un poco rojo. Había hablado de forma tan espontánea que no se había percatado de lo que mentes como la suya podrían imaginar.

—No te avergüences, yo también salgo de noche para... cosas... —se rió de nuevo—. ¿Cómo es que nunca te vi?

Asuya se tapó la cara con las manos; ¿cómo su amiga podía ser tan... indiscreta?

—Probablemente tomamos caminos diferentes —respondió Touya finalmente, en tono ligeramente más leve—. Guarda mi secreto, que yo guardo el tuyo.

—¿Lo ves? No se murió respondiéndome —miró a Asuya—. ¿Qué mal tiene caminar por la escuela o sentarse en un banco para leer? Tienes una mente muy retorcida, jovencito... Voy a hablar con la nueva señora Akiba para advertirle sobre esto...

Asuya entreabrió los labios, sorprendido por el “chantaje”, mientras Touya alzaba la mirada hacia su compañero, dejando escapar un brillo de curiosidad en los ojos.

—¿Nueva señora Akiba?

—Con una amiga como tú no necesito enemigos... —se dirigió al otro—. No me casé, estoy saliendo con Minamoto Sayo.

—Ella es la nueva señora Akiba. No podemos confundirnos con la señorita Akiba, sino sería una gran confusión y tu fama se iría al garete... —Aiko echó más leña al fuego.

Touya se echó a reír al ver que quien se estaba quedando avergonzado en ese momento era Asuya y que ella era quien estaba haciendo eso; normalmente eran las chicas quienes quedaban avergonzadas. Él nunca había tenido intimidad con Zaimoku Aiko, pero pudo ver que para ella eso no era un problema y que ahora no tendría más elección.