HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 34

Kanpai












El sol se había ocultado hacía un rato, mientras el grupo caminaba por las calles del barrio mágico de Tokio. Shigure iba al frente, guiando a las chicas; sus sobrinas charlaban animadamente con sus amigas. Aquella había sido una excelente idea. Conocía el Kanpai desde que era adolescente, así como al dueño del pub, Tsutumo-san. Era un lugar lo suficientemente tranquilo como para llevar a la familia entera y contaba incluso con una pista de baile y música en vivo en el subsuelo, en un salón que no tenía nada que envidiar a las boîtes mágicas con sus globos de luz.

Finalmente se detuvieron frente al restaurante. Las chicas entraron de a una, rodando el molinillo, hasta que sólo quedaron Shigure y Otsu del lado de afuera. La joven observaba la entrada, sus ojos brillantes trasluciendo un cierto temor. Sonriendo, Shigure se acercó por detrás y colocó una mano sobre su hombro.

—Este es un lugar tranquilo. No tienes de qué preocuparte, yo no sería tan irresponsable al punto de traerlas a un lugar si no lo conociera de antes... Pero si quieres conspirar un poquito, Otsu-chan, puedes quedarte tranquila —le guiñó un ojo a la hime—. Te prometo no contarle nada a Tomoe-chan.

Otsu se ruborizó ligeramente pero respondió con una tímida sonrisa antes de entrar finalmente. En el vestíbulo, las chicas se estaban quitando los abrigos, revelando lo que Rika había elegido para esa noche. Ésta había insistido en elegir el vestuario de todas sus compañeras para aquella escapada. Sayo suspiró mientras depositaba la mano sobre la parte superior del top minúsculo que su hermana le había escogido, como temiendo que se le fuera a caer.

A su lado, Shizu dejó escapar una sonrisa al tiempo que estiraba los brazos, alzándolos hacia arriba. Sayo abrió los ojos de una forma que la otra percibió que no debería hacer eso; la blusa que usaba era bien corta y el pantalón de tiro bajo, dejando todo su vientre al descubierto.

—¿Tu novio sabe que estás saliendo así fuera de su vista? —Sayo todavía se estaba acomodando el top.

—¿El tuyo lo sabe? —preguntó Shizu, riéndose al ver a su amiga arreglarse.

—No fui yo quien eligió la ropa —respondió Sayo, cruzando los brazos—. Y si prestas atención, vas a ver que no soy la única a la que Rika dejó cohibida.

Volviéndose hacia donde Sayo le señalaba con un ligero movimiento de cabeza, Shizu inmediatamente entendió el significado de esas palabras: Kitsune también miraba, parada junto al portón que daba acceso al salón principal del pub, mientras Rika esperaba pacientemente a que Otsu se quitara el sobretodo, revelando finalmente un vestido rojo granate que usaba debajo.

—Ahhhh, mi hime está tan linda, linda —Rika batió palmas, sus ojos castaños brillando, antes de tomar las manos de Otsu entre las suyas y hacerla dar una vuelta en torno a sí misma. Ésta por su parte bajó la mirada, sus mejillas arreboladas.

—No sé, Carrot-chan... Me siento extraña... —murmuró bajito.

Rika la soltó y se paró frente a ella con una mano en la cintura, mientras que la otra la balanceaba despreocupadamente frente a Otsu.

—Déjate de boberías... Eres tan preciosa, tienes que dejar de esconderte siempre debajo de ese montón de ropa pesada...

—Los kimonos tal vez le queden mejor a alguien de sangre tan noble, Rika —comentó Kitsune un tanto fríamente, mientras miraba a las dos—. Todavía estás a tiempo de volver al hotel, Myrai.

Otsu sintió la sangre hervirle con la provocación de la Raposa, pero decidió contenerse para no arruinar la noche de Carrot-chan. Se limitó a dirigirle una mirada gélida y decir:

—¿Y por qué iba a volver al hotel, Yamamoto-san? Yo quiero estar aquí y en ningún otro lugar, pero si eso le incomoda a ciertas personas, paciencia... No puedo agradar a todo el mundo —y dándole la espalda a Kitsune, se volvió hacia Rika con una sonrisa gentil y completó—: Está bien, Carrot-chan. El vestido es lindo... Para el final de la noche estaré sintiéndome cómoda, te lo prometo.

Kitsune casi iba a responder, pero antes de que pudiera hacerlo Rika ya se había acercado a ella también para abrazarla por el cuello y prácticamente arrastrarla adentro consigo.

—¡Sí, sí! ¡Esta será una noche memorable! A girls night!

—Me pregunto qué estoy haciendo entonces aquí... —observó Shigure pensativo, aunque con una sonrisa en los labios.

Ojisan es casi parte del grupo —fue el turno de Sayo de responder, mientras se acercaba a él y enlazaba su brazo con el suyo—. Aunque tengo mis dudas de si no será peor que nosotras.

—Lo tomaré como un cumplido, Sayo-chan —respondió él sonriendo.

Minutos después estaban todos debidamente instalados en una mesa, con refrescos, té y saladitos. Como era responsable de las chicas esa noche, ni siquiera Shigure pidió nada alcohólico, sino que se contentó con mordisquear los bocadillos que les servían de vez en cuando.


********


Las siete jóvenes descendieron la escalera del Kanpai hasta la parte donde quedaba la pista de baile con música en vivo. Cuando llegaron allá vieron que ya había un grupo de gente esperando a que la banda comenzara a tocar y se sentaron en una mesa cerca de la pista para esperar también. Asuna miraba a su alrededor, buscando al grupo de varones que vio en el piso superior, mientras Otsu trataba de todas las formas de no prestar atención a las miradas que eran dirigidas a ella.

No tuvieron que esperar mucho, pues, como Shigure había dicho, ya estaba por comenzar: apenas estuvieron tres minutos sentadas y la música ya comenzó alta y bailante. Asuna y Shizu fueron las primeras en levantarse y ambas salieron prácticamente arrastrando a Hilde con ellas, mientras Sayo trataba desesperadamente de echar raíces en la silla y Rika se volvía de Kitsune a Otsu y de Otsu a Kitsune, esperando a que una de las dos tomara la iniciativa.

La hime miraba fijamente hacia la pista de baile, fingiendo ignorar la presencia de la Raposa a su lado. Todavía tenía atravesada en la garganta la provocación de Kitsune. Quería demostrarle que el que fuera heredera de las Myrai no significaba que se sentía por encima de todos, incapaz de comportarse como una adolescente normal. Se iba a divertir, aun cuando tuviera que, por primera vez en mucho tiempo, tratar de enterrar todas las inhibiciones que se autoimponía cuando estaba en público, excepto en las competencias y presentaciones del grupo de danza.

Finalmente se levantó y se dirigió con pasos firmes hasta la pista. Pronto dejó que la música la envolviera y se moviera al ritmo de ésta. Era diferente a cuando estaba entrenando, a cuando estaba en el escenario. Shizu tenía razón al decir que era un diferente bueno. Volteó la cabeza en dirección a Kitsune. No sonrió pero le dirigió una mirada provocadora.

—Kitty, ¿quieres beber algo? —preguntó Rika al percibir las miradas intercambiadas entre sus dos amigas.

—Más tarde, Rika —respondió la Raposa mientras se levantaba y abandonaba la mesa—. Ahora vamos a bailar.

—¿Por qué no me está gustando ese tono de voz tuyo? —preguntó Rika, sin ser oída por la otra.

En el escenario, la banda contratada para esa noche saltaba mientras cantaba en acordes estrangulados una letra imposible de comprender. A decir verdad, Kitsune no estaba acostumbrada a bailar música como ésa, más ruido que melodía propiamente dicha. En el club bailaban canciones tradicionales, o sino baladas occidentales, en su mayoría sacadas de espectáculos hechos específicamente para la danza... Clásicos, en donde el violín era la principal pareja de las bailarinas.

Allí eran los golpes fuertes de la batería los que coordinaban los pasos, la guitarra la que insinuaba los movimientos; era principalmente en el cuerpo y no en los pies o en las manos que la música se hacía presente.

Era muy diferente a lo estaba acostumbrada a bailar, pero no tardó en encontrarle la vuelta y se dejó llevar por el ritmo, mientras más adelante Shizu y Hilde bailaban juntas, una rodando a la otra, y Asuna saltaba, tratando de gritar tanto como el cantante. Los ojos de la Raposa se cruzaron con los iris carmín de Otsu y dejó aflorar una media sonrisa en las comisuras de los labios, como una respuesta a la provocación de la hime.

No pasó mucho tiempo para que, absortas en esa competencia en la que sólo participaban ellas dos, el resto del pub desapareciera en un borrón de colores y sonidos. Sólo la música continuaba existiendo mientras ambas bailaban, casi como si no hubiera límites para lo que podían hacer con su propio cuerpo.

Otsu sentía la melodía latir dentro de sí; era como si su respiración y los latidos de su corazón hubiesen entrado en sintonía con las notas de la música. No era como la fluidez ligera y maleable del flujo de un río, como lo eran las coreografías a las que estaba acostumbrada. Había algo casi rudo en esa música, algo que le hacía desear perder completamente la razón y entregarse completamente a ese ritmo... Y estaba otra cosa... Kitsune...

La Raposa entró en el juego, aceptando su desafío. Como en el duelo de espadas en el dojo, nada más importaba a no ser la una superar a la otra. Nuevamente la hime se dejó llevar por el impulso de provocar a Yamamoto. A veces se preguntaba por qué eso tenía tanta importancia para ella. Tal vez un día llegase a comprenderlo, pero por ahora sólo le bastaba con entregarse al combate... Porque era eso lo que se veía en la pista de baile: no dos adolescentes disfrutando de un show, sino dos espadachines que continuaban luchando con espadas invisibles. Una lucha que ninguna de ellas estaba segura de cuándo había comenzado exactamente, pero que de la cual no estaban dispuestas a rendirse. Esta vez Myrai Otsu no iba a descansar hasta derrotar la mirada de desprecio de Yamamoto Kitsune.

Tal vez todo comenzó cuando se enfrentaron por primera vez en el dojo... O cuando fueron puestas juntas por primera vez en un dúo en el club de danza... O tal vez sencillamente en el primer momento en que se miraron, cuando Kitsune desembarcó junto a Rika y ésta comentó sobre la figura pequeña y delicada que, al lado de la directora, las recibía en su llegada a Amaterasu.

Otsu-hime, la futura Myrai-no-kami, a quien un día tendría que inclinarse, inclinarse frente a la Gran Oráculo, a la Vidente... Pero, ¿por qué debería inclinarse frente a ella? ¿Qué hizo para merecerle respeto? No se sometería a un mero título. Jamás se inclinaría frente a la hime. Jamás.

La joven de ojos escarlatas sintió el ritmo morir poco a poco dentro de ella, casi frustrada por ello. Su mirada se mantenía fija en la Raposa. Con su orgullo todavía intacto, la otra le seguía dirigiendo una mirada de altivez que casi le hería, como si Otsu fuera, a los ojos de Kitsune, culpable de algo que no sabía. La música estaba terminando y con ella la pelea establecida entre las dos. Una vez más, como en tantas otras, tendrían que conformarse con un empate.

Cuando los últimos acordes de la guitarra se hicieron oír, tanto la hime como la Raposa dejaron de moverse. Antes que cualquier una de las dos, todavía unidas por la mirada, hiciera ademán de continuar el desafío en la siguiente canción, un peso extra se arrojó sobre las dos. Rika estrechaba a sus amigas en un abrazo casi colectivo, ya que Otsu y Kitsune se mantenían con los brazos apartados.

—¡Eso fue perfecto! Era casi como si estuviéramos en una de las presentaciones en la escuela, pero fue más... ¡Estoy tan orgullosa de las dos! ¡Hasta parecía que hubieran estado bailando juntas, todo ensayadito, sin un errorcito de paso, nada! —sus ojos brillaban—. Tenemos que repetirlo más veces.

Kitsune bajó la cabeza y la meneó ligeramente antes de volver su atención a su amiga pelirrojita.

—¿Todavía quieres beber algo, Rika? Creo que necesito un trago de agua ahora.

Hai! —Rika asintió con la cabeza y se soltó—. Quiero un jugo de alguna fruta bien extraña... Y déjamelo a mí, yo voy a buscar las bebidas —se volvió hacia Otsu, sonriendo—. ¿Y tú, Otsu-chan, quieres algo?

Rika siempre parecía traer un soplo de tranquilidad cuando la situación entre Otsu y Kitsune comenzaba a volverse más drástica. En consideración a ella, Otsu decidió que era hora de olvidar momentáneamente la riña entre ella y la Raposa. Siendo así, con esos pensamientos, le devolvió la sonrisa a su amiga y respondió:

—Un agua para mí también está bien, gracias. Creo que voy contigo a ayudarte.


**Parte de este paseo puede ser leída también en el volumen 3B (cap 09 C e 09 D) de "Adicta sin remedio"**


EXTRA
by Lulu-sempai
by Lulu-senpai