HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 33

Competencia










Con un pequeño salto el joven Kou descendió del teleférico que los llevó hasta la cima de la montaña. Haru lo había invitado a él y a sus compañeros a esquiar esa tarde, pero Ryoga e Ichigo declinaron la oferta, decidiendo, según sus palabras, dedicarse a otro deporte más interesante: el arte del flirteo. Como Tooru era ahora un tipo comprometido y también apreciaba la compañía de Mihara, decidió aceptar la invitación en vez de salir “de caza” con los demás.

Mientras esperaba a que el teleférico de Haruhiro llegase, contempló el paisaje que lo rodeaba. Era una visión de quitar el aliento, aun para aquellos que no eran fanáticos de la vida al aire libre.

—Atrapante, ¿no? —sonó la voz de su amigo, poco antes de que Haru y Touya saltasen de su asiento.

—Completamente —apoyó Tooru mientras observaba, por encima del hombro de Mihara, la expresión poco feliz de Yamamoto, a pesar de la bella vista que los rodeaba.

Sonrió divertido, pues no era ningún secreto para él quién era exactamente la causa del mal humor del otro.

—Sonríe, Yamamoto —bromeó—. Un día como éste no debe ser desperdiciado con ceños fruncidos y bilis derramada.

Touya hizo una ligera mueca, como si fuera a responder, pero permaneció callado. En consideración a Haruhiro, él nunca respondía cuando era deliberadamente provocado por el joven Kou, pero aunque Haru tenía una gran amistad con Tooru, a Touya jamás le cayó bien. No es que el otro lo hubiera ofendido ni nada por el estilo, sólo que no se sentía a gusto con él.

—Muy bien, ahora que estamos todos aquí... —intervino Haru, colocándose en medio de los dos—, vamos a establecer las reglas de nuestro pequeño desafío.

—¿Qué desafío? —preguntó Touya, sorprendido.

Haru amplió más su sonrisa.

—Órale, pues a ver quién desciende la montaña más rápido, por supuesto. Pero tenemos que decidir cuál será el premio.

—¿Premio? —replicó Kou, arqueando ligeramente una ceja—. Las cosas se están poniendo interesantes aquí; más interesantes de lo que suponía. Existen millones de posibilidades de premios, Haru, pero creo que Yamamoto prefiere algo que no vaya en contra de las reglas de la escuela.

—Puedes no creerlo, Tooru, pero Touya no es exactamente el santo que todo el mundo piensa que es... —respondió Haru con una media sonrisa—. Además, no estamos en la escuela...

El otro sonrió y pensó para sus adentros que, para ser amigo de Haruhiro, el joven Yamamoto definitivamente no debía de ser del todo decente.

—Bueno, poniendo las cosas de ese modo, tengo una idea más interesante —dijo Tooru—. ¿Y si en vez de un premio, el perdedor paga una especie de prenda? Creo que todos nosotros tenemos puntos débiles de los cuales los demás pueden aprovecharse.

—Es una idea interesante —afirmó Touya, sonriendo a medias—. Apruebo la idea de Kou-san.

Haru pestañeó.

—¿Estás de acuerdo? Bueno, entonces, independientemente de lo que me parezca, parece que soy minoría —sonrió y se quitó los anteojos de protección que llevaba colgados al cuello para comenzar a ajustárselos en la cara—. ¿Tenemos alguna regla, algún juramento de caballerismo o algo por el estilo?

—¿Se vale todo? —preguntó Touya, mirando a Tooru.

—¿Tú qué opinas? —respondió Tooru, sonriendo, mientras se inclinaba hacia delante, ya comenzando a descender la colina.

Touya arrancó enseguida y comenzó a deslizarse con soltura sobre la nieve, y Haruhiro, completamente desprevenido con la actitud de sus amigos, se demoró medio segundo antes de impulsarse con fuerza para unirse a ellos.

—¡Eso fue golpe bajo! —gritó contra el viento al verse lado a lado con Tooru—. ¡Nadie anunció la largada!

—Hay un dicho antiguo que dice que en el amor y en la guerra todo se vale, Haru-kun —gritó el otro—. No habrás pensado realmente que te esperaríamos, ¿o sí?

Un poco más apartado de ellos, Touya sólo sonrió y balanceó la cabeza al percatarse de que Haruhiro se quedó sin habla. Para sorpresa de los dos, sin embargo, Haru eligió ese momento para, en una curva cerrada, bloquear el camino de Tooru y, aprovechando una ligera inclinación del terreno, saltar espectacularmente varios metros delante de ellos.

—Muy bien, no faltaba más —se escuchó la voz de Haru adelante, ahogada—. ¡Ahora coman nieve, tomodachi-san-tachi!

Aprovechándose de la maniobra de Haruhiro, Touya adelantó a Tooru y, uniendo firmemente las rodillas, se inclinó más hacia delante, sintiendo el viento helado cortarle el rostro y resecarle la nariz y la garganta. Estaba casi equiparándose con Haru cuando comenzó a percatarse de que se habían adentrado en un trecho más accidentado del camino.

Podía aprovechar aquello a su favor. Si daba con el ángulo adecuado, ganaría más velocidad y de paso varios metros de ventaja. Pero antes tenía que quitar a Haruhiro del camino antes que éste se diera cuenta también y sacase ventaja de su plan. Siendo así, inclinándose a la izquierda, forzó un acercamiento con el otro, quien sólo se dio cuenta cuando ya era demasiado tarde.

Sumimasen, Haru —se disculpó cuando notó que tenía distancia suficiente para hacer lo que quería—, pero esta partida se volvió una cuestión de honor.

El joven Mihara no tuvo tiempo de ver lo que le pegó. El pechazo de Touya le hizo perder el equilibrio por unos segundos y enseguida se encontró en la posición incómoda de un pie en el suelo y otro en el aire, pues el esquí derecho quedó clavado en la nieve, haciéndolo rodar alrededor de su propio cuerpo antes de detenerse completamente con la ayuda de los palos.

Después del pechazo que le dio a Haru, Touya no tardó mucho en encontrar un declive perfecto para lo que quería hacer. Una vez más inclinó el cuerpo hacia delante, clavó los bastones contra el suelo con fuerza y adquirió velocidad para, en el segundo siguiente, encontrarse en pleno aire.

Tooru vio el breve vuelo del chaval al mismo tiempo que sobrepasaba a Haru, el cual trataba desesperadamente de librarse de su prisión. El joven Kou se echó a reír y sacudió la cabeza. Así que Yamamoto sabía jugar sucio, ¿eh? Aquella apuesta se estaba volviendo más interesante a medida que avanzaban.

Desde la cima de la colina hasta allí no habían transcurrido más que cinco minutos. Poco después los dos avistaron el final de la misma acercándose, así como el final de la carrera. El terreno volvió a ser uniforme y ahora ambos sólo contaban con sus propias habilidades. Touya llevaba ventaja no sólo porque estaba más adelante, sino también porque era más bajo y ligero.

Apretando los dientes, Tooru trató de imprimir más fuerza a su ritmo. Tenía el pelo revuelto, los músculos de los brazos adoloridos y estaba respirando por la boca debido al esfuerzo que hacía. Pero en ese momento comenzó a soplar el viento en dirección contraria —antes venía de espaldas a ellos, empujándolos, y ahora era más fuerte de frente—. Eso le dificultó las cosas a Touya, que por pocos segundos perdió el equilibrio, al mismo tiempo ayudando a Tooru, quien, siendo más pesado, no fue afectado por el cambio.

Terminaron por llegar al final de la colina casi al mismo tiempo. Touya frenó usando sus bastones y al hacerlo arrojó nieve a algunos turistas que caminaban que caminaban por allí. Mientras pedía disculpas, Tooru se quitó las gafas de protección, respirando pesadamente, y miró hacia lo alto de la colina. El punto negro que Haru se había vuelto crecía a cada segundo y no iba a tardar mucho en reunirse con ellos.

—¿Y entonces, Yamamoto, cuál va a ser la prenda de Haru-kun? —preguntó Tooru, llamando la atención del otro—. Ya que ganaste...

—Haruhiro me comería vivo si le impusiera una obligación después de lo que le hice —respondió Touya con sencillez—. Puedes elegir tú la prenda.

Tooru sonrió y asintió. Después de eso no pasaron más que unos segundos hasta que Mihara se reunió con ellos, sus ojos oscuros brillando furiosamente cuando se quitó los anteojos.

Arigatō, Touya —le dijo con ironía tan pronto frenó—. ¿Qué bicho te picó?

El otro se encogió de hombros mientras Tooru se acercaba.

—No había reglas, Haru —comentó mientras ponía una mano sobre el hombro de su amigo—. Y perdiste. Así que...

—¿Qué será entonces? ¿Van a querer que entre a una casa embrujada o algo por el estilo? —preguntó, cruzando los brazos.

—Estás mirando demasiadas películas nashi atae, Haru —señaló Touya.

—Además ese no es exactamente tu punto débil —replicó Tooru, cruzando los brazos también.

—Muy bien, desembuchen entonces de una buena vez; el suspense me está matando —su tono era irónico pero al mismo tiempo curioso.

—Si fuera absolutamente cruel, mi querido Mihara... —comenzó Tooru, mirando a su amigo con diversión—, podría decirte que le robaras un beso a tu misteriosa musa de las orquídeas o que te le declarases. Sin embargo no sé si Yamamoto aprobaría la idea.

—No estarás hablando de Touya, ¿verdad? —preguntó Haru, haciéndose el desentendido.

Touya le dio un manotazo en la nuca.

—Kitsune, baka.

Esta vez el otro meneó la cabeza, positivamente incómodo.

—¿Y de dónde sacaron que Kitsune-chan es mi musa o algo por el estilo? La conozco desde que éramos niños; ella... ella...

—Si es así, ¿por qué estás tan nervioso? —preguntó Touya, divertido.

—No estoy nervioso —replicó Haru, emburrado.

—Lo estás... y ni siquiera sabes lo que vas a tener que hacer —agregó Tooru con una sonrisa maliciosa—. ¿O te vas a echar atrás ahora?

Haruhiro bufó.

—Nunca doy marcha atrás, Tooru —respondió—. Puedes dictar la sentencia.

—Entonces, Haru... —continuó Kou, su sonrisa ampliándose—, tu prenda va a ser, durante por lo menos una semana, tratar a tu musa con respeto, de una forma casi romántica. Sin chanzas, sin provocaciones ni ningún comportamiento, digamos, inadecuado.

—No me comporto inadecuadamente. Touya, tú sabes que...

El aludido meneó la cabeza.

—Lo siento mucho, Haru, pero tú acostumbras a ser un tanto... “atrevido” cuando mi prima está cerca. Nunca hiciste nada extraordinario, pero...

Pasándose la mano por el pelo, haciendo que se le desordenara más de lo que ya estaba debido a la carrera, Haruhiro finalmente accedió, sabiendo que en el fondo sus amigos tenían cierta razón.

—Está bien, ya entendí. Se confabularon contra mí —sacudió la cabeza—. Pero esto va a tener vuelta, ¿me oyeron?

—Estaré esperando ansiosamente, Haru —respondió Tooru—. Ahora, ¿qué tal si volvemos al hotel a tomar algo para entrar en calor?


Glosario
Sumimasen - perdón
Arigatō - gracias
Nashi atae - sin don, gente sin magia
Baka - tonto
Tomodachi - amigo
Tachi - sufijo para plural (en este caso "amigos")
san - el mismo -san de los títulos honoríficos, como si se estuviera diciendo amigo-san
tomodachi-san-tachi - "tus/mis queridos amigos/colegas"



EXTRA
by Katchiannya