HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 32 - Parte II

En Tokio










Una llovizna fina comenzó a caer y sólo en ese momento ella volvió a la realidad. Kitsune parpadeó confusa y giró en torno a sí misma. ¿Adónde habían ido las chicas? ¿No la habían acompañado cuando se les adelantó?

Consideró las posibilidades por unos segundos hasta llegar a una conclusión. Tan distraída estuvo en sus conjeturas que no se percató cuando las demás entraron en alguna de las tiendas y continuó vagando, sin mirar atrás ni por un momento y creyendo que la seguían... Lo que significaba que estaba perdida.

Cerró los ojos por unos instantes. No era de su naturaleza andar distraída por los rincones. Si tratara de concentrarse, seguramente sabría hacer el camino de vuelta y encontrarse con Rika y las demás.

Si es que todavía estaban en el mismo lugar...

Se encogió de hombros. Tampoco era de la naturaleza de Rika permanecer quieta en ningún lugar por mucho tiempo. Considerando la compañía de las de sexto año, especialmente de Rostand y Mizuki, ciertamente ya habrían salido de la tienda y estarían deambulando por ahí hasta que una de las más centradas —Sayo o Shizu-senpai— pusieran coto y buscasen alguna alternativa para la situación.

Fuera como fuese, no adelantaría volver ahora. Por lo menos podría visitar en paz los lugares que quisiera. A pesar de no conocer Tokio, tenía un mapa de la ciudad en el bolso y siempre podía preguntarle a alguien dónde estaba. En última instancia llamaría un taxi y pediría volver al hotel. Alzó la cabeza y elevó la mirada hacia la Torre de Tokio, que se erguía majestuosa frente a ella.

No había dudas... sería allí donde comenzaría su paseo solitario.


********


Rika caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado. De diez en diez minutos miraba por la ventana de la estancia antes de volver a caminar, con los brazos cruzados detrás de la espalda y la cabeza gacha.

—Vas a terminar cavando un hoyo si sigues así, Rika —señaló Sayo, tumbada en su cama, mientras ojeaba perezosamente uno de los mangas que Asuna había comprado ese día.

—¡Pero sigue sin llegar, nee-san! —respondió Rika, su voz denotando toda la preocupación que sentía—. ¡Deberíamos habernos detenido para ir a buscarla cuando nos dimos cuenta de que Kitty-chan había desaparecido!

—Kitsune-chan sabe cuidarse sola —respondió Sayo—. No te preocupes, que nadie está verdaderamente perdido en un lugar si sabe tomar un taxi.

—Pero ¿y si fue secuestrada? ¿O asaltada? O...

—¿Te calmarías un poco si yo usase el tarot para saber si ella está bien?

—¿Harías eso por mí? —preguntó Rika con ojos grandes y suplicantes.

Sayo suspiró, dejó la revista sobre la cama y se puso de pie.

—Vuelvo en cinco minutos.

Dicho esto dejó el cuarto. Sola, Rika volvió a acercarse a la ventana para observar el movimiento de la calle frente al hotel. Poco después Sayo estaba de vuelta, sosteniendo su baraja. En silencio le extendió las cartas a su hermana, dejando que ésta tomase tres. Sayo las depositó sobre la bandeja vacía del frigobar, cerró los ojos y se concentró por unos minutos antes de voltearlas.

—¿Y entonces? —preguntó Rika con ansiedad, mirando los dibujos de las cartas sobre el hombro de su hermana.

Sayo respiró hondo. Para una lectura superficial, la respuesta era satisfactoria, pero había un significado más profundo, el cual se le escapaba por el momento. Aunque poseía videncia suficiente para haber sido admitida en el Departamento de Oráculos de la escuela, todavía era muy diluida como para tener certeza absoluta de lo que decía.

Siendo así se guardó lo que consiguió ver en las cartas y sólo le sonrió a su hermana menor.

—Ella está bien. Ahora sólo tienes que esperar un poco, ya debe de estar llegando.

—¿Estás segura?

—¿No confías en mí?

Rika suspiró y asintió, para entonces volver a su puesto de observación. Quince minutos pasaron desde que Sayo leyó las cartas cuando la pelirrojita avistó finalmente a Kitsune.

A pesar de estar un tanto oscuro ya y de encontrarse en el séptimo piso del hotel, no había cómo no reconocer esa forma de caminar o su cabello suelto al viento. Además la ropa que Kitsune usaba desde la mañana la eligió la propia Rika. Por lo tanto no podía estar equivocada. Por fin Kitsune estaba de regreso. Diez minutos después unos golpes en la puerta dejaron claro que la tan esperada ocupante del cuarto había llegado finalmente. Sayo sonrió mientras se dirigía a la entrada.

—Ve con calma, Carrot-chan —le guiñó un ojo y giró la llave—. Déjala respirar antes de atosigarla.

Rika no llegó a responder: Sayo acabó de abrir la puerta y le sonrió a Kitsune antes de salir del cuarto. Kitsune saludó a la otra con la cabeza y cerró la puerta, antes de soltar el bolso sobre la cama que Sayo había ocupado hasta entonces, para luego sentarse en ella.

—¿Dónde estabas? —preguntó Rika sin controlarse, acercándose rápidamente a su amiga—. ¿Por qué no telefoneaste? ¿Estás bien? ¿Te lastimaste en algún lugar? O...

—Estoy bien, Rika... —respondió Kitsune mientras se quitaba las botas y revelaba los pies llenos de pequeñas curitas, resultado de los ensayos del club de danza—. Sólo un poco cansada. Siento mucho no haberte llamado por teléfono, pero pensé que era innecesario interrumpir sus compras. Así que, mientras dejaba que ustedes tuvieran su maratón de compras en paz, fui a visitar los lugares que me parecieron interesantes.

—¡Pero podrías haber avisado! Me quedé preocupada y...

—Entonces creo que debería darle las garcias a Sayo por haberte controlado el tiempo suficiente como para que yo llegara antes de que fueses a buscar a tu tío para ir a la policía o algo por el estilo —respondió Kitsune, meneando la cabeza un tanto divertida—. No necesitas preocuparte más, Carrot-chan, ya estoy aquí —completó, un poco más tierna—. Ahora, ¿qué tal si me ayudas a elegir la ropa para esta noche? ¿O te olvidaste de la invitación de tu tío?

Rika puso los ojos como platos, sólo entonces acordándose que Shigure invitó a sus sobrinas y a las amigas de éstas a un paseo por la Tokio nocturna. Después de todo, el programa para los de quinto y sexto año era casi que completamente libre. Siempre que estuvieran todos a salvo en el hotel al anochecer, a Minamoto Shigure no parecía importarle mucho lo que hicieran el resto del tiempo.

—¡Grande Amaterasu, ¿cómo fui a olvidarme?! ¡Voy a buscar la ropa para ti! ¡Y después tengo que pasar por el cuarto de Otsu para ayudarla también! ¡Vamos, ándale, ándale, ve a tomar un baño, que estamos atrasadas! —rezongó mientras prácticamente saltaba por el cuarto, recogiendo las cosas fuera de lugar y metiéndolas de cualquier forma en las bolsas que estaban a la vista, antes de dirigirse hasta la maleta que había traído.

Kitsune sonrió y agitó la cabeza mientras se dirigía hasta el baño. Al fin y al cabo el día fue más interesante de lo que había previsto al principio... ¿Qué les tenía reservado esa noche?



EXTRA
by Lulu-sempai
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