HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 32 - Parte I

En Tokio










Les era imposible a los transeúntes no prestar atención a ese montón de chicas animadas caminando en grupo por las calles de Akihabara, barrio famoso por ser reducto de otakus* aficionados. Todo lo que quisieran encontrar era sólo buscar ahí.

Exactamente por eso Asuna y Hilde decidieron organizar un paseo por el barrio y terminaron llevándose con ellas a Sayo, quien trajo consigo a su hermana menor Rika, quien por su parte insistió en traer a sus amigas Otsu y Kitsune.

Las dos primeras parecían la felicidad personificada. Era casi como si hubieran ido directo al paraíso... Apenas podían contener las exclamaciones de alegría. Rika, también fanática como ellas, se comportaba de manera muy similar.

Mientras Asuna, Hilde y Sayo iban adelante guiando las más jóvenes, a pesar de que las dos primeras se detenían de cinco en cinco segundos para admirar alguna vitrina, Rika arrastraba a Otsu del brazo y Kitsune cerraba el grupo, caminando un poco más rezagada y con los brazos cruzados.

Myrai Otsu no comprendía tanto entusiasmo proveniente de esas chicas. Para ella todo aquello era un mundo completamente diferente, el cual no conseguía entender, pero la felicidad de Rika era suficiente para sentirse feliz también.

Alzó la mirada y vio la Torre de Tokio desplegarse más adelante y, sin notarlo, contuvo la respiración admirada. Era mucho más bonita de lo que se había imaginado. La verdad era que la ciudad entera era más maravillosa de lo que creyó ser posible. Para alguien que vivió la mayor parte de su vida en la pequeña aldea mágica de Suzuko, la visión de la capital nashi atae era algo que sobrepasaba la admiración.

Kitsune también miraba todo con una admiración discreta. Nunca había venido a Tokio, a pesar de que su madre trabajaba en el Tanteidan de la capital. Akiko detestaba la ciudad por razones de conveniencia y, si hubiese tenido que pedir permiso a su madre para hacer el viaje, seguramente se lo habría negado. Por suerte su madre no estaba en casa cuando llevó el formulario de autorización para que sus padres lo firmaran y sólo tuvo que tratar con Masaru, lo que no era tan difícil.

En realidad con su padre sólo bastaba hacer un poco de maña que ya conseguía doblegarlo. Él adoraba a sus hijas y se sentía constantemente culpable por estar siempre ausente de casa. Cualquier cosa que pudiera hacer para compensarlas lo hacía de buena gana. Suerte suya que tanto Kitsune como Kori nunca se aprovecharon realmente de esa flaqueza.

Bueno, eso no importaba mucho ahora. Estaba en Tokio. La duda era sólo... ¿Debería hacer una visita de cortesía al hotel en donde su madre vivía cuando estaba en la capital o era mejor pasar de incógnito y hacer de cuenta que jamás vino a este paseo?

Sus ojos se demoraron en la torre que se erguía imponente no muy lejos de donde ellas estaban. Quería visitarla pronto, pero gracias a las otras chicas y a la “votación” que habían hecho, aquel día sería dedicado a las compras... lo que significaba que la Torre de Tokio sólo podría ser al día siguiente.

Suspiró levemente al oír a Rika exclamar algo mientras se detenía enfrente a una vitrina en donde estaban expuestas unas muestras de telas. La pelirrojita soñaba despierta con la ropa que le haría a su “raposita” y a su “princesa”. Kitsune puso los ojos en blanco. A veces se preguntaba si no debería tener una charla con su amiga y tratar de hacerla pensar un poco más en sí misma y menos en los demás. La vida de Rika giraba casi exclusivamente alrededor de ella y de Otsu.

La mayor parte del tiempo eso era agradable, a decir verdad. Sentirse amada por alguien, ser importante en la vida de alguien, ser cuidada y mimada era un buen sentimiento. Sin embargo había momentos —bien pocos, a decir verdad— en que se preguntaba si eso realmente le hacía bien a Rika. Un día tal vez ni ella ni tampoco Myrai-hime estarían cerca. ¿Qué sería de Carrot-chan cuando ese momento llegase? ¿En qué se iría a apoyar?

Tan perdida estaba en esos pensamientos que no notó cuando las chicas entraron en la tienda y continuó caminando erráticamente por las calles repletas de gente. Mientras se abstraía en esas reflexiones, terminó por tomar un rumbo: la Torre de Tokio.


********


Otsu se sintió nuevamente arrastrada por Rika. Apenas entraron a la tienda, la pelirrojita soltó a la hime y prácticamente se puso a saltar de un lado a otro en el recinto. Apenas cabía en sí de felicidad. Frenética, se puso a separar algunas muestras de tejidos para luego entregárselos a Otsu.

—Estas son para hacer tu ropa; combinan contigo y van a resaltar tus ojos y tu piel clara. Ahora tengo que separar algunas para mi Raposita. Ahhh, ustedes dos van a quedar tan kawaii, ¿no es verdad, Kitty?

Rika miró por detrás de Otsu, buscando a la joven de ojos plateados, pero todo lo que vio fue a las otras chicas, que también miraban las telas, sólo que de forma un poco menos entusiasta y más discreta que ella.

Puso los ojos como platos y se dirigió a su hermana.

Nee-chan, ¿dónde está Kitsune?

A Sayo le extrañó la pregunta.

—Bueno, ella está detrás de... —volviéndose hacia Shizu, que ahora cerraba la fila, preguntó—: Shizu, ¿Kitsune-chan no está contigo?

—Ella entró con Rika, ¿no? —replicó Shizu.

Hilde, otra de las de sexto año, meneó la cabeza.

—No, no entró. Ella estaba detrás de ti.

Rika agrandó los ojos, asustada. Ninguna de las chicas parecía saber dónde estaba la Raposa.

—¿Otsu-chan? —preguntó, como si la hime fuera su última esperanza de saber el paradero de Kitsune.

—Ella estaba al final de la fila, poco antes de que entráramos. Tal vez todavía esté afuera mirando la vitrina —respondió, tratando de tranquilizar a su amiga.

Sin pensarlo dos veces Rika corrió hasta la puerta de entrada de la tienda. Miró a un lado y a otro pero no había ningún rastro de Kitsune. Era como si se hubiera desvanecido en el aire.

Kami-sama —se tambaleó ligeramente hacia atrás—. Perdimos a Kitty-chan.

Hilde, que estaba más cerca, corrió a sujetar a Rika mientras Otsu dejaba las muestras de tela que sostenía sobre un banco próximo y se unía a las demás chicas alrededor de la pelirrojita.

Sayo cruzó los brazos y se paró frente a su hermana.

—No es para tanto, Rika. Kitsune no es una niña y nadie está verdaderamente perdido si sabe tomar un taxi. Lo mejor que podemos hacer es continuar el paseo... Y cuando lleguemos al hotel ciertamente ella estará allá, esperándonos.

—Pero, Sayo...

Ésta frunció el ceño.

—¿Qué prefieres hacer? ¿Ponerte a caminar hecha una tonta y gritar el nombre de Kitsune en el medio de la calle? ¿O tienes un plan mejor?

—Tu hermana tiene razón, Rika —completó Otsu—. Yamamoto sabe cuidarse sola.

Rika se mordió los labios, ligeramente contrariada, pero tanto Sayo como Otsu-chan tenían razón en sus afirmaciones. Kitsune siempre fue independiente y dueña de sí, no se pondría nerviosa ni perdería la razón simplemente porque se separó de las demás. Sabía que tenía que confiar en el sentido común de su Raposita y eso haría, a pesar de sus preocupaciones.



Glosario
*Es un término japonés para referirse a la gente con intereses particularmente en anime, manga y videojuegos.
Nee-chan - hermana mayor (forma más abreviada)
Kami-sama - Dios
hime - princesa