HITSUZEN







Volumen 07 - Capítulo 31

Preparativos










El gran salón de la Casa Sede estaba todo iluminado con globos y linternas de papel —en su mayoría rojos, como el gran estandarte de la escuela—. De vez en cuando las imágenes impresas en ellos se destacaban y recorrían los espacios entre las mesas, estallando en llamas azules y rojas. Pequeños dragones dorados, réplicas de los especimenes de bola de fuego chinos* guardados en los laboratorios de la escuela, volaban encima de sus cabezas, a veces haciendo vuelos rasantes que terminaban en espirales de humo. Al sonido de las voces de los alumnos se sumaban los de los tambores y las flautas.

Era el gran banquete de aniversario de Amaterasu.

Zigzagueó, un poco atontada, entre sus compañeros hasta detenerse en la mesa donde sus amigas almorzaban... O supuestamente deberían estar almorzando, porque Asuna y Hilde estaban demasiado ocupadas haciendo origamis e insuflándoles magia para que se uniesen a las otras criaturas que se dispersaban sobre ellas y Shizu tenía los ojos oscuros puestos en ella, sonriendo un tanto maliciosamente, como si ya supiera exactamente lo que había pasado.

Sayo soltó un suspiro resignado, sabiendo que sus mejillas debían estar lo bastante ruborizadas como para delatarla. Aún así se sentó y en silencio le devolvió a su amiga la mirada. Ésta se inclinó hasta quedar bien cerca, como si esperase oír algo... algo que no era para ser dicho a los cuatro vientos, pero que era la confirmación de lo que ya esperaba.

Shizu esperó un poco hasta que Sayo se calmase para hacer la pregunta que estaba estampada en su rostro.

—¿Y? Cuenta qué pasó.

Sayo sintió las mejillas arderle nuevamente. La otra sabía lo que había sucedido, sólo eso podía ser, pero aún así quería oírlo de sus labios...

—Tu primo me llamó para hablar —respondió sencillamente—. Hilde-chan, ¿puedes pasarme el arroz?

La inglesa se lo entregó y al hacerlo le extrañó su proximidad con Shizu. Al ver que era algún secreto le dio un codazo a Asuna y se acercó a ellas.

—¿De qué estamos cuchicheando? —susurró Hilde.

Sayo cerró los ojos y escondió la cara entre las manos. Definitivamente estaba pasando y, por la sonrisa en los labios de Shizu, se los iba a contar.

—Asuya habló con Sayo ahora hace poco —respondió Shizu, manteniendo la voz baja.

—¡Eso! —Hilde batió palmas, animada—. ¿Cuándo va a ser la boda?

Los ojos de Sayo se abrieron como platos.

—¿Podrían ir con una cosa a la vez?

Las sonrisas en los rostros de las tres eran parecidas. En ese tipo de asunto Sayo era fácilmente previsible y, para felicidad de ellas, de fácil coacción.

—¿Qué te dijo? —preguntó Shizu.

—¿Qué hizo? —se precipitó Hilde, ya riendo.

Pero fue Asuna quien hizo la pregunta crucial:

—¿Besa bien?

Sayo probablemente nunca había estado roja en toda su vida como ahora. ¿Qué había hecho para merecer a esas tres como amigas? ¿Por qué no podía tener un poco de paz en un momento tan íntimo como ése?

Por el rabillo del ojo percibió a Akiba Asuya al otro lado del salón, sentándose con sus colegas. Shizu, Asuna y Hilde, para su gran desesperación, siguieron su mirada y, si es que eso era posible, sus sonrisas se ampliaron todavía más.

—Escuchen, vamos a comer ya porque dentro de un rato tenemos que embarcar, ¿sí? Y somos novios. Punto. Ahora, ¿podemos comenzar a comer?

—¿Comer? ¡Ahora queremos detalles! —dijo Asuna con una sonrisa maliciosa.

—Como si fuera a hablar... —comentó Shizu—. ¡Bienvenida a la familia!

Hilde se levantó para decir algo, pues era la que estaba más alejada en la mesa, pero sintió las manos de las otras dos sujetándola. Sayo suspiró aliviada al imaginar a la inglesa diciéndole a todo el comedor lo del comienzo de su noviazgo.

—No voy a contarles eso —confirmó lo que Shizu había dicho—. Por lo menos no hoy, y definitivamente no aquí. Ahora por favor cierren el pico y vamos a comer.

Shizu y Asuna se rieron bajito; le harían contarles los detalles más tarde, no tenía escapatoria. Pero Hilde hizo un puchero: su curiosidad y ganas de saber detalles del comienzo de un romance, de ser posible bien al estilo shōjo, no querían esperar hasta el barco ni el tren.

Instintivamente los ojos de Sayo recorrieron nuevamente el salón y se detuvieron en Asuya, quien la miraba con una leve sonrisa en el rostro. Se sintió ruborizar nuevamente, pero en vez de esconder el rostro le devolvió la sonrisa.

Para su felicidad las otras tres dejaron de hacer preguntas a pesar de saber que tendría que eventualmente entrar en más detalles de lo que hizo hasta el momento.

********


El barco avanzaba silenciosamente sobre las aguas que separaban el puerto de Suzuko de la isla donde se localizaba Amaterasu. Inclinado sobre la barandilla, el joven contemplaba el cielo teñido en tonos rojizos y amarillentos, un tanto cansado por el día largo que tuvo. Para comenzar pasó la noche en vela acompañando la evolución de un pequeño cometa que en las dos últimas noches había pasado rozando la órbita terrestre. Después despertó con Haru saltando en su cama y deseándole un feliz cumpleaños mientras le estampaba en la cara un paquete envuelto en ruidoso papel crepé, que contenía un planetario portátil.

Después de ello recibió felicitaciones de prácticamente toda su clase, le regalaron un pastel en el club de teatro y recibió tantas palmadas en el hombro que esa zona se le quedó casi insensible... Fuera que todavía tuvo que huir de los constantes ataques de Haru, el cual parecía dispuesto a incordiarlo hasta el final del día, arrojándosele sobre la espalda para asustarlo mientras gritaba a pleno pulmón a cualquiera que pasaba cerca que hoy era el cumpleaños de Yamamoto Touya.

El único momento de tranquilidad que tuvo fue cuando Kitsune despachó a Haruhiro con una mirada helada y lo llevó a almorzar en el parque que rodeaba la Torre de Astronomía, haciéndolo así escaparse del banquete de aniversario de la escuela y en consecuencia de todas las palmaditas de felicitaciones que recibiría. Para completar incluso le dio un nuevo estuche de lentes para su telescopio.

Sonrió ligeramente antes de bostezar y estirar los brazos, desperezándose. Cielos, qué cansado que estaba... Todo lo que quería era llegar pronto a Suzuko, tomar el tren y así poder pasar todo el resto del viaje durmiendo.

—¡Hey, Touya-kun!

El chaval se volteó y reconoció de inmediato la voz divertida de Rika. Ésta sonrió mientras lo saludaba con la mano y poco después otra figura se unió a ella: Myrai Otsu.

Konnichiwa, Yamamoto-san —saludó la joven de ojos carmín con una amplia sonrisa—. Rika-chan me dijo que hoy es tu cumpleaños. ¡Felicidades!

La hime le extendió un paquete rectangular y esperó a que él lo tomase. Rika miró con interés a Touya extender la mano para recibir el obsequio y, ligeramente ansioso, deshacer el lazo para encontrarse con un grueso libro: la historia de Takahashi Yousaka, el samurai de la armadura que habían visto en la exposición de Asahikawa, hacía casi un mes.

Arigatō, Myrai-san —sonrió e hizo una ligera reverencia en agradecimiento.

—Bueno, en cuanto a mí... —Rika llamó su atención ya que, para gran alegría suya, los dos jóvenes parecían haberse olvidado de su presencia—. Todavía no terminé tu regalo, Touya-kun, pero estará pronto para el próximo festival.

—¿Un kimono? —preguntó él, volviéndose hacia su amiga.

—Todo bordado con estrellas —sus ojos brillaron—. Perfecto para que lo uses en tus observaciones.

—Rika-chan, para pasar la noche al sereno necesito ropa caliente, no kimonos bordados —se rió y meneó la cabeza—. Hablando de eso, Myrai-san, no vi lo que Rika-chan te compró. Espero que te haya gustado.

—Todavía no está pronto. Rika prefirió hacer el kimono ella misma —respondió la joven.

—¡¡¡Claro!!! —completó la pelirrojita, con las manos juntas y los ojos brillando de alegría—. ¿Creíste que me perdería la oportunidad de coser para Otsu-chan? ¡¡¡Compré una seda roja muy linda para combinar con los ojos de mi hime!!!

Otsu le sonrió fugazmente a su amiga y después, volviéndose a Touya, completó un tanto curiosa.

—¿Rika-chan mencionó que haces observaciones?

Touya sonrió un tanto azorado y asintió con la cabeza.

—Técnicamente debería ser un secreto... Acostumbro a pasar algunas noches en vela fuera del dormitorio y bueno, eso va en contra del reglamento de la escuela... Pero no puedo contenerme... Y como nunca fui pillado in fraganti... —se acordó en ese momento que estaba hablando con la hija de la directora de la escuela—. Anō, Myrai-san, no me vas a delatar, ne?

La sonrisa de la hime se hizo más amplia y casi divertida ante la ansiedad que notó en sus palabras.

—Tu secreto está a salvo conmigo, Yamamoto-san —respondió serena y simpáticamente.

Él volvió a sonreír e inclinó la cabeza mientras Rika se acercaba a la barandilla, en donde Touya había estado apoyado.

—¡Estamos llegando! —exclamó, señalando los contornos de tierra que se veían a lo lejos—. ¡Llegamos a Suzuko!

—Tengo que ir a juntar mis cosas —dijo Touya—. Espero que tengan un buen viaje a Tokio, chicas.

—Tú también, Yamamoto-san —respondió Otsu por las dos.

Con una última reverencia él se alejó y la hime se acercó a su amiga para observar la aldea hacerse más y más cercana.

—Yamamoto-san es de veras simpático, ¿no? —dijo Otsu, sin mirar a Rika.

La pelirrojita sonrió para sus adentros y asintió.

—Mucho...



Glosario
Konnichiwa - buenas tardes
Arigatō - gracias
hime - princesa