HITSUZEN







Volumen 06 - Capítulo Extra

Duelistas








Algunos años atrás... mediados de 1992...

El aroma a libros era algo reconfortante, pues le traía a la memoria los días pasados en la biblioteca junto a su padre, escuchando historias, mientras el olor a pescado frito de su madre flotaba por toda la casa. Eran momentos raros, pero siempre marcantes, especialmente cuando la risa de Rika estaba presente, como si ésta viera un chiste que nadie más podía ver.

Desde muy niña ella se acordaba de la sonrisa de su amiga haciéndole compañía. A veces hasta podía irritarse un poco con la personalidad medio histérica de Rika, pero le era imposible no desarmarse frente a la sonrisa sincera que ella le dirigía.

Kitsune suspiró y golpeó la punta del lápiz contra la mesa, mientras se apartaba un mechón de pelo negro de los ojos. Se sentía cansada por los entrenamientos de kendo, que finalizó minutos atrás, pero no se iría de allí mientras no terminase esos ejercicios. Una vez más releyó las preguntas que Mihara-sensei, la profesora de Cultura Nashi Atae, le envió para la clase siguiente.

Normalmente la gente no tenía dificultades con esa asignatura, ya que la sociedad mágica y la de los “sin don” eran mucho más cercanas en el Oriente que en el Occidente. Sin embargo ella casi no sabía nada de tecnología muggle, uno de los efectos colaterales de tener una madre que detestaba todo y cualquier tipo de progresos porque «¡me aleja de casa, de mis adorables hijas y encima contamina el mundo! Si son tan inteligentes, ¿por qué no hacen algo verdaderamente útil?». Siendo así, ahora que entró finalmente a la escuela, estaba teniendo que esforzarse el doble para comprender conceptos como electricidad, tubos de imagen y cosas por el estilo.

Otro suspiro. Las cosas serían más simples si tuviera a alguien que pudiese ayudarla. Notaba que no era difícil el tema, pero necesitaba ejemplos para poder comprenderlo. Se imaginaba que los alumnos nacidos fuera de familias mágicas tendrían todavía más dificultades que ella, pero a nadie parecía preocuparle eso.

Tal vez debería sugerirles un programa de tutores al Consejo de Representantes... pero ¿quién la escucharía?

Estaba tan absorta con sus preocupaciones que ni siquiera se percató cuando una chica de cabello castaño rojizo prácticamente se dejó caer sobre la silla de enfrente y la miró de forma inquisitiva y reprobadora.

—¡Kitty-chan!

Los ojos grises de ésta se posaron en su amiga y esbozó una media sonrisa, que pronto se borró al percatarse del semblante de la otra.

—¿Pasó algo, Rika?

—¡Lo hiciste otra vez!

Kitsune la miró un tanto sorprendida, pero pronto se dio cuenta de qué estaba hablando. Se enderezó en la silla y volvió a juguetear con el lápiz mientras miraba a Rika con gesto un tanto cansado.

—¿Qué pasa? ¿De qué me acusó ella esta vez? —preguntó con ligera ironía.

Rika cruzó los brazos.

—Kitty, no entiendo qué está pasando. Otsu-chan no te acusó de nada, yo misma vi de pura casualidad los hematomas que le hiciste en esa porquería de kendo. Fui a tratar de convencerla de probarse...

Los ojos de la otra se nublaron.

—¿Entonces ahora me vas a dejar en paz y vas a importunar a la hime con tus creaciones?

Kitsune se arrepintió casi inmediatamente de sus palabras al ver un brillo de dolor en los ojos oscuros de Rika... Pero tan rápido como vino se fue y Rika sólo sonrió como si no hubiera dicho nada.

—Ese no es el punto ahora —respondió tranquila—. Lo que estoy tratando de entender es qué tienes contra Otsu-chan.

Por unos segundos pensó en darle la respuesta estándar para esa pregunta. Día tras día Rika le interrogaba el motivo por el que no le gustaba su compañera de cuarto, y día tras día Kitsune respondía lo mismo: «Simplemente no me gusta». Sabía que Rika nunca se daría por satisfecha con esa respuesta, pero no había otra que pudiera darle.

No era porque la chica de ojos escarlatas era la heredera de la Myrai, eso no significaba nada para ella. Mucha gente temía al clan de las videntes, pero Kitsune sabía que no había por qué temer a Otsu. Después de todo, eran sólo niñas... ¿Qué podría hacerle? Todo lo que podía decir es que fue como una antipatía a primera vista. No le gustaba Otsu y punto.

Sin embargo, ante tanta insistencia de parte de Rika, ella misma se preguntaba si no habría una razón inconsciente para ello. Tampoco era capaz de entender por qué se molestaba tanto cuando, hablando con su amiga, ésta comenzaba a elogiar a Otsu o a afirmar que tenían suerte de que les hubiera tocado el mismo dormitorio y otras cosas por el estilo.

—No tengo nada contra ella —confesó Kitsune, mirando a Rika a los ojos—. No es algo que pueda explicar, Rika.

Ésta meneó la cabeza, desalentada.

—Eso ya lo entendí, Kitty —sonrió—. Sólo prométeme que no vas a lastimar más a Otsu-chan si puedes evitarlo.

Kitsune asintió.

—Te lo prometo.