HITSUZEN







Volumen 06 - Capítulo 28

Revancha











El fin de semana rápidamente dio lugar a un lunes radiante. Pero los días se volvían más fríos con el fin del verano y la proximidad de un nuevo otoño. Un clima festivo se había instalado en la escuela, mientras los representantes se reunían casi diariamente, discutiendo los últimos detalles para el viaje escolar que se realizaría muy pronto. Grupos de alumnos podían ser vistos dando vueltas con guías de turismo, discutiendo lo que verían primero tan pronto llegasen a destino.

La clase que se encontraba en kendo avanzada la tarde de ese día no era la excepción a la regla. Kitsune era consultada sobre los horarios y programas que los de quinto y sexto año tendrían en Tokio. Las shinais estaban casi todas olvidadas e incluso Maho-senpai comentaba divertida sobre lo que estaba tramando hacer en la estación de esquí a la que su clase fue sorteada.

Otsu, por su parte, estaba haciendo estiramientos desde que llegó al club. Sus ojos rojos parecían más oscuros de lo normal mientras seguía cada movimiento de la “raposa”. La otra también parecía un tanto fuera de lugar en medio de tantas expresiones risueñas y, tan pronto consiguió escapar de un nuevo interrogatorio, se situó en un rincón más alejado del dojo y comenzó a hacer su calentamiento.

—¡Muy bien, gente, ya basta! —Maho interrumpió las discusiones, batiendo palmas—. ¡Sepárense en parejas y comencemos a entrenar!

Sonaron algunas protestas ahogadas pero pronto las chicas se separaron y comenzaron a agruparse en duplas. Otsu se incorporó, sacó dos shinais de los soportes que allí había y caminó con pasos decididos hasta Kitsune. La sombra de la hime se proyectó sobre la otra, que se encontraba sentada en el suelo, estirando las piernas como acostumbraba a hacer antes de bailar.

Alzando sus ojos grises, Kitsune miró sin emoción a su rival, quien acababa de extenderle una de las shinais. Con calma se levantó sin apartar sus ojos de los de Otsu, hasta que finalmente una media sonrisa de comprensión afloró a sus labios. Aquello era un desafío.

Aceptó la espada, cerró los dedos con fuerza alrededor del puño de madera y retrocedió un paso

—¿Y bien? —preguntó en voz baja.

—No hay reglas —respondió Otsu en el mismo tono—. No estamos más en el torneo.

La sonrisa de Kitsune se amplió un poco más.

—Como quieras, Myrai-hime —replicó al mismo tiempo que alzaba los puños lentamente y flexionaba las rodillas hasta colocarse en posición de combate.

Otsu apoyó el peso del cuerpo sobre el pie izquierdo y detuvo el primer golpe que Kitsune acababa de darle. En seguida dejó caer el peso sobre la otra pierna y giró el cuerpo hasta verse detrás de la Raposa. Las shinais se encontraron nuevamente pero, aún de espaldas, Kitsune se protegió antes de voltearse rápidamente y deslizar la espada por el filo de la otra, en un golpe muy parecido al que desarmó a Otsu en el torneo.

Sin embargo esta vez la hime estaba preparada. Antes de que Kitsune pudiera esquivarla, giró nuevamente el cuerpo y alcanzó el torso de la Raposa con un codazo. Por unos segundos ésta sintió la falta de aire pero, sin dar muestras de haber sido acertada, se giró también y lanzó una estocada hacia las piernas de Otsu, quien en el último instante consiguió esquivarla saltando hacia atrás.

El salto, sin embargo, hizo que momentáneamente perdiera el equilibrio. Fue la señal para que Kitsune volviera a atacar, forzando a Otsu a retroceder. Las espadas se entrechocaban con violencia, el sonido retumbando en el dojo silencioso. Absortas en su lucha, Otsu y Kitsune no se habían percatado de que, una a una, las parejas que se habían formado para el entrenamiento ahora estaban mirándolas.

—Si no hacemos algo se van a lastimar —comentó una de las chicas, dirigiéndose a Maho.

—No están prestando atención a nada más que a la lucha —respondió la senpai, seria—. No podremos separarlas de ese modo o seremos nosotras quienes terminaremos lastimadas.

Finalmente Otsu recuperó el equilibrio. Aliviando la presión de los dedos, cambió la espada de mano mientras se apoyaba sobre un pie y giraba graciosamente hasta situarse de perfil a Kitsune. La espada descendió, pero esta vez no fue la lámina lo que Otsu miraba, sino la base de la espada. La presión sobre el cabo hizo que la shinai reventara, poco antes de prácticamente saltar de las manos de Kitsune.

Pero no hubo tiempo para que la hime saliera victoriosa: Kitsune inclinó el cuerpo hacia atrás, apoyándose completamente en la pierna izquierda, mientras la derecha iba en dirección al cuerpo de Otsu. Inconscientemente ésta cerró sus ojos rojos y apretó los dientes mientras esperaba el impacto del golpe. Al mismo tiempo que hacía eso, por instinto alzó la espada y la posicionó contra su propio cuerpo.

Fue suficiente para detener el golpe de la Raposa. Volviendo a abrir los ojos, Otsu vio el cuerpo de Kitsune girar sobre su propio eje mientras se preparaba para nuevamente acertarla con la pierna.

Usando la espada y el brazo, consiguió detener el talón de Kitsune... sólo que no esperaba que ésta fuera a usar el apoyo que la hime le dio para lanzar darle una patada con la otra pierna antes de girar el cuerpo en el aire y caer con una rodilla flexionada junto a la shinai que Otsu había logrado quitarle de las manos.

Atontada por el golpe, Otsu se tambaleó hacia atrás, la visión oscureciéndosele por unos segundos, mientras el hombro le latía de dolor. A medida que su vista volvía a la normalidad, pudo ver a Kitsune volviendo a tomar la espada con expresión dura, sus ojos grises casi como una máscara de desprecio.

Casi un reflejo de los ojos de Setsuna-no-kami.

Sintiendo algo inflamarse dentro de ella, volvió a incorporarse sin importarle el mareo ni el dolor. Sostuvo la shinai con ambas manos, lista para recibir el próximo golpe. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, sintió una presión sobre el pecho, como si la estuvieran jalando hacia atrás. Para su sorpresa, efectivamente estaba siendo arrastrada en tal dirección.

—¡Ya basta! —sonó la voz de Maho autoritaria mientras se interponía entre las dos.

Como quien despierta de un trance, Kitsune se deparó con la expresión tranquila de la monja Clarisse, uno de los espíritus egún* de Maho, que la sostenía por los hombros.

—Es suficiente, miladi —susurró sonriendo.

Kitsune se dejó relajar y alzó los ojos grises al otro lado del dojo, en donde Otsu era contenida por el espíritu de Frederic. La otra mantenía los dientes apretados, el rostro enrojecido por la lucha y la respiración completamente irregular.

—Puedes soltarme ahora —respondió, irguiendo el cuerpo mientras la shinai colgaba de su mano.

—A las duchas las dos, ahora —ordenó Maho, acercándose—. Y la próxima vez que quieran matarse, por favor háganlo lejos de nuestras vistas.

Frederic retiró también sus manos heladas de los hombros de la hime, quien rápidamente se enderezó y se dirigió enseguida hasta el vestuario mirando sólo hacia delante. Kitsune le devolvió la espada a la senpai y abandonó enseguida el gimnasio.

—¿Adónde vas? —preguntó Maho, extrañada porque la otra no fuera también a los vestuarios.

—Es mejor volver al dormitorio. Ya que no vas a estar cerca de las duchas, puede que eso nos dé ideas —respondió, sonriendo irónicamente—. Ja ne, Maho-san.



Glosario
Hime - princesa
Shinai - espada de bambú
Senpai - estudiante avanzado
Ja ne - chau
*Espíritu egún - el alma de un muerto