HITSUZEN







Volumen 06 - Capítulo 27

Reprimida










La hime se ciñó un poco más la venda de los ojos, la cual comenzaba a aflojarse, después de repetir la secuencia de golpes por milésima vez en las últimas dos horas. Sostenía firmemente el bokuto entre las manos. La espada de madera no era tan pesada como la katana, pero aún así era mejor que la shinai para darle una sensación aproximada de lo que ocurrió en la lucha de las semifinales. Sólo optó por el bokuto por una cuestión de seguridad. Aun con los sentidos completamente en alerta, no quería arriesgarse a herir a alguien seriamente en caso de que interrumpiesen su entrenamiento sin aviso.

Respiró hondo de nuevo y repasó mentalmente paso a paso cada momento del combate entre ella y Yamamoto Kitsune. Estaba tratando de descubrir en qué se había equivocado para que la Raposa la hubiera derrotado de ese modo... Porque, desde el punto de vista de la hime, había sido derrotada no una, sino dos veces... Primero cuando la otra le dio el golpe que le habría ciertamente cercenado la cabeza si no hubiera estado usando protección, y segundo cuando Yamamoto hizo que la espada de Otsu volara de sus manos.

Después de las horas de entrenamiento, Otsu ya había vislumbrado algunas posibles salidas para el primer golpe de Yamamoto, pero el golpe que la derrotó definitivamente y que llevó simultáneamente a la otra a la descalificación todavía le parecía imposible de anular.

¡Era tan frustrante!

Otsu se quitó la venda y se sentó en el suelo para masajearse las plantas de los pies.

Poco le importaba haber llegado a las finales. Ese torneo no reflejaba la verdad... Si fuera por cuestión de méritos y habilidades, la senpai del club debería haber sido la finalista, pero Otsu había notado que Maho estaba lesionada, de otra forma no habría sido derrotada por Kitsune, aunque también había notado que su compañera había desistido momentáneamente del combate a favor de la senpai, al percatarse también de que ésta cojeaba ligeramente. Kitsune podía ser irritantemente arrogante, pero Otsu admitía que era una persona honrada e íntegra... y habilidosa...

Por todas esas razones no admitía perder frente a la Raposa... cualquier persona menos la Raposa. Kitsune era como un fuego que le quemaba las entrañas. Era una de las pocas personas a las que no le impresionaba el título, ni el nombre, ni el legado que Otsu cargaba. Desde que se conocieron se convirtieron en un desafío mutuo...

Sin embargo, había algo que irritaba a Otsu en lo que respectaba a Kitsune... tal vez fuese el carácter aparentemente frío de su colega... O más específicamente, el que por más que Otsu se esforzase, nunca, nunca era suficiente para equipararse a Yamamoto. Siempre había un aire de ligero desprecio en la mirada de la otra...

Era casi como una réplica de su relación con su propia madre... Por más que se esforzase, por más que lo intentase, Setsuna nunca le dirigía una palabra de aprobación siquiera. La miraban siempre esos mismos ojos fríos, como si la hime fuera una terrible equivocación en su vida.

Otsu se sentía patética por dejarse afectar tanto, ya fuera por Kitsune, ya fuera por Setsuna. Tal vez en el fondo envidiaba la frialdad y determinación que veía emanar de ambas.

Se levantó y depositó el bokuto en un soporte del dojo mientras se preparaba para salir. Los reflejos rosáceos que brillaban en el piso y las paredes indicaban que el día estaba casi llegando a su fin. Otsu se había demorado demasiado en su entrenamiento y, por lo que recordaba, era casi la hora de encontrarse con su tía para celebrar su cumpleaños. Siendo así, con pasos largos se dirigió hasta la salida del dojo y caminó en dirección a los vestuarios, en donde podría lavarse antes de volver a los dormitorios y cambiarse.


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La profesora de Oráculos, sentada en sus aposentos, ojeaba distraída el periódico del día mientras, a su lado, una taza de té permanecía completamente sin tocar. A pesar de tener la mirada puesta allí, Myrai Tomoe no prestaba atención a lo que estaba escrito. Sus pensamientos estaban en una tarde cálida de fines de verano, quince años atrás... El día que vio a su sobrina por primera vez.

Recordaba a Kaede extendiéndole el bebé con una sonrisa en los labios. Tomoe sostuvo insegura el pequeño bulto rodeado de tela. Todavía estaban vívidos en su memoria los pequeños ojos rojos mirándola con curiosidad. En ese momento Tomoe quedó completamente prendada y se enamoró completamente de su sobrina, como si la niña fuera suya. Desde ese día nunca más se separó de la pequeña hime, por lo menos no en pensamiento.

Setsuna siempre estaba demasiado ocupada con su trabajo como Myrai-no-kami o como directora de Amaterasu, por eso la crianza de la heredera quedó a cargo de Kaede y de Tomoe. A pesar de ser tan joven, Tomoe se entregó en cuerpo y alma a esa tarea. Otsu se convirtió en una de las cosas más preciadas de su vida.

A veces se preguntaba si habría hecho un buen trabajo, si su chibi era feliz. Esperaba que sí, a pesar de todas las exigencias que sabía recaían sobre la heredera.

Se escucharon unos golpes suaves en la puerta y Tomoe se vio rescatada de sus devaneos.

—Entra —dijo con voz cordial.

La puerta se abrió suavemente y vio a su sobrina entrar. La joven estaba arreglada, kimono completo y arreglo en el pelo, conforme habían combinado esa noche. Tomoe la encontró ligeramente pálida, pero debía ser algún efecto de la luz del ambiente.

—Buenas noches, tía —dijo Otsu con voz amena. Se había prometido a sí misma que se iría a divertir esa noche, con Tomoe. Dejaría a un lado todas sus inseguridades, después de todo era su cumpleaños y sabía que su tía se había esmerado en planear todo, como hacía siempre—. Perdón por el retraso, me dejé llevar demasiado por los entrenamientos de kendo.

—No necesitas disculparte, Otsu. Llegaste dentro de la hora. Ven aquí —pidió Tomoe con cariño.

La joven se acercó y se sentó junto a su tía, dejando que la vidente le besara cariñosamente la frente.

—Feliz cumpleaños, Otsu —dijo, para después volverse, tomar dos paquetes y depositarlos sobre el regazo de su sobrina.

La hime ya sabía lo que iba a recibir de regalo, pero aún así lo abrió ligeramente ansiosa. En la caja más grande había un kimono finamente acabado, como todos los otros de los años anteriores, y en la caja menor una muñeca de porcelana vestida con una réplica de la ropa que acababa de recibir. Sonrió al ver la belleza de la ropa y admiró el buen gusto de su tía.

—Gracias, obasan. Son maravillosos.

—Me alegro de que te hayan gustado. Es una pena que el año próximo vayas a alcanzar la madurez mágica y no pueda darte más muñecas.

—Puedes continuar dándome muñecas si quieres, tía. Nunca van a dejar de gustarme. Pueden ser nuestro secreto —Otsu se rió.

Tomoe se dejó contagiar por el ánimo de su sobrina.

—De acuerdo, será nuestro secreto. ¿Tu madre te llamó a su despacho para hablarte? —preguntó.

—No —respondió la hime más secamente de lo que había planeado. Sintió formarse un sentimiento de rencor en su interior.

Tomoe notó la incomodidad de su sobrina, pero creía que en el fondo ella comprendía que las obligaciones de Setsuna estaban en primer lugar.

—No fue su culpa, sucedieron algunas cosas inquietantes hoy —trató de argumentar.

Otsu no dijo nada, ya estaba acostumbrada a la ausencia y la indiferencia de su madre. No conseguía recordar cuál fue el último cumpleaños en el que Setsuna la saludó. Lo que más le dolía era que siempre Tomoe-obasan encontraba una excusa para el comportamiento de su hermana mayor. Siempre había una excusa, siempre había un compromiso.

Los ojos carmín de la joven se posaron en el periódico que estaba encima de la mesa y en él pudo ver el nombre de Sayaka, el ministro nashi atae que conoció en la fiesta del Consejo semanas atrás. Sin pensarlo lo tomó y leyó la noticia.

—¿Fue eso lo que pasó? —preguntó, dirigiéndose a su tía—. ¿El asunto serio que mencionaste?

—¿Por qué lo dices, chibi? —Tomoe miró con sorpresa a su sobrina.

Setsuna no había entrado en detalles sobre lo que la estaba perturbando, sólo mencionó que más tarde debería encontrarse con Arashi-san, poco después que Tomoe le recordara que era el cumpleaños de Otsu.

—¿No lo leíste, tía? El ministro menciona a los magos japoneses, aun siendo éste un periódico nashi atae. No directamente, pero dice “es hora de que las fuerzas divinas y místicas miren más allá del divino Japón y ayuden efectivamente al mundo real”. Está fuera de contexto, pero sería mucha coincidencia que no estuviera refiriéndose a nosotros, sabiendo lo que él sabe.

Tomoe abrió los ojos como platos, sorprendida por el discernimiento de Otsu. Creía que su sobrina, con su carácter gentil y comedido, terminaría sorprendiendo a todos cuando ascendiese como Myrai-no-kami.

—Setsuna ya debe estar haciéndose cargo de eso, chibi. No tienes de qué preocuparte. Especialmente hoy. Hoy es un día festivo para ti. Minamoto-san y Rika-chan nos van a acompañar a cenar en Suzuko; ya nos deben estar esperando en el puerto.

La hime asintió y depositó nuevamente el periódico sobre la mesa. Tal vez Tomoe estuviera en lo cierto: Setsuna era Myrai-no-kami, la jefa del Consejo de los Ocho... ese era asunto suyo. Todavía tardaría algunos años hasta que asumiera el puesto de su madre, aunque tenía la sensación de que ese asunto le atañía a ella.

Se levantó entonces, dispuesta a divertirse esa noche.



Glosario
Hime - princesa
Bokuto - espada de madera
Chibi - pequeña
Obasan - tía
Nashi atae - sin don (los que nacieron sin magia)