HITSUZEN







Volumen 06 - Capítulo 26

Hajime!










Otsu fue la primera en entrar al tatami. El gimnasio estaba repleto, ya que eran las semifinales del torneo de kendo. Hacía unos segundos el senpai del club había clasificado para la final en una lucha extremadamente equilibrada con uno de los senpais del club de música, Akio Kazuhiko. Touya también luchó contra Arai Hideki en la primera vuelta y terminó perdiendo por cinco a dos.

Ahora era el turno de ella y Kitsune.

Tan pronto pensó en su compañera ésta apareció en la entrada de los vestuarios, sosteniendo su katana. Las eliminatorias generalmente eran hechas con las shinais; en las semifinales y finales, sin embargo, los alumnos luchaban con sus katanas y el combate sólo terminaba cuando alguien conseguía dar cinco golpes, y no sólo tres. Las dos saludaron al juez antes de saludarse entre ellas.

Los ojos grises de Kitsune se cruzaron con los escarlatas de Otsu antes de que ésta se colocara el capacete en la cabeza. Enseguida la Raposa desenvainó la espada y lanzó la funda a un lado. La luz del gimnasio incidió directamente sobre la lámina, cegando a la hime por breves instantes, hasta que ésta desenvainó también la suya.

El juez alzó la mano para dar la señal.

Hajime!

Al segundo siguiente las dos láminas se encontraron, el sonido del metal retumbando por el amplio tatami, antes de que ellas se separaran. Ninguna de las dos forzó el primer golpe, sólo habían probado sus energías.

Kitsune se posicionó con la espada frente al cuerpo, un pie delante del otro, lista para tomar impulso tan pronto fuera necesario. Otsu por su parte giró la katana entre las manos y tomó la delantera en el segundo ataque. Saltaron chispas de las láminas, mientras Kitsune rompía el ataque de la hime y giraba el cuerpo, sin que las espadas se dejaran de tocar, hasta situarse detrás de Otsu y acertarla en la protección del cuello.

—¡Punto para Yamamoto! ¡Sepárense!

Otsu, que había caído de rodillas con el ataque de Kitsune, se levantó tranquilamente y encaró a su adversaria. Si no estuvieran utilizando ninguna protección, su cabeza habría sido cercenada. A pesar de ser una lucha amistosa, no podía no reconocer la habilidad de la otra. No en vano Rika se vanagloriaba de que no tardaría mucho para que “su Raposita” entrase en el Segundo Departamento del Tanteidan.

Siendo así fue Kitsune quien tomó la iniciativa del primer golpe. Sólo que Otsu estaba más preparada. Con movimientos fluidos, exactamente como los que utilizaba en la danza, esquivó a la otra al mismo tiempo que aprovechaba una brecha en la guardia de Kitsune para acertarla por debajo del brazo.

—¡Punto para Myrai! ¡Sepárense!

Kitsune jadeó por debajo del capacete. Sus ojos estaban nublados. En ese momento no veía a nadie más aparte de su oponente. A diferencia de la mayoría de los alumnos que participaban en el club, ella no practicaba el kendo por deporte o diversión. Aquella era una cuestión de supervivencia.

En un momento como ése, la espada era más que un objeto en sus manos. Era una prolongación de su propio cuerpo.

Men!

Las dos atacaron al mismo tiempo y las espadas chocaron en el aire, antes de esquivarse y terminar cada una en el sitio opuesto al que estaban al comienzo del combate. Kitsune giró el talón y atacó nuevamente. Otsu estaba preparada y no tardó en defenderse. Sin embargo, para su sorpresa, la otra dejó que las láminas de las dos katanas se escurrieran una sobre la otra, el ruido tronando siniestramente en sus oídos al mismo tiempo que Kitsune inclinaba el cuerpo hacia atrás.

En el momento siguiente Otsu se vio desarmada, sus ojos fijos en los de Kitsune.

Aprovechando que el puño de la katana de la hime era de plata con filigranas en bajorrelieve, Kitsune usó la punta de su espada y la forzó entre los arabescos, con el fin de hacerla saltar de las manos de Otsu.

—¡Ese no fue un golpe válido! —gritó el juez, trayéndolas de vuelta a la realidad—. ¡Yamamoto está descalificada!

Kitsune se levantó y se quitó el casco. El cabello, que había sido recogido en una trenza en lo alto de la cabeza, se derramó sobre sus hombros y varios mechones se adhirieron a su cara ligeramente sudorosa. Tenía una sonrisa irónica en los labios cuando hizo una reverencia, saludando a la hime.

Sí, según las reglas del kendo, aquello era falta. Sin embargo Otsu sabía que si estuvieran en una lucha de verdad, habría perdido la vida con el primer golpe que Kitsune le había acertado.

Mientras el gimnasio estallaba en aplausos y gritos, Kitsune se incorporó y abandonó el tatami. El juez se acercó a la otra joven.

—¡Terminó! ¡La victoria es de Myrai Otsu!

Otsu se quitó también el capacete después de que Yamamoto hubiera abandonado el tatami. Después de saludar al juez con una reverencia, la hime se inclinó para recoger su propia espada, que yacía un poco más apartada de ella. Apenas inclinó la cabeza, su cara escondida detrás de la catarata de rizos, su semblante sereno se contorsionó de furia. Aun habiendo ganado oficialmente la lucha, sabía que la verdadera campeona había sido Kitsune... y no podía admitir haber sido derrotada por Yamamoto. Más que eso, Kitsune la humilló a propósito frente a toda la escuela, aunque por los aplausos efusivos que se escuchaban desde las gradas, tal vez sólo Otsu habría percibido las verdaderas intenciones de su compañera. Aún así se iría a esforzar cada vez más y la próxima vez la Raposa saldría con el rabo entre las patas.


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Kitsune cerró los ojos mientras sentía el agua fría entrar en contacto con su piel, ocasionando un pequeño choque térmico. Deshizo la trenza bajo el agua y dejó que el cabello cayera libremente sobre sus hombros.

Aunque hubiese perdido, se sentía extrañamente satisfecha. Sabía que el golpe que usó iba contra las reglas. Sabía que sería descalificada, pero no le importó. Las reglas podrían estar a favor de la hime, pero la realidad era lo que contaba para la Raposa... Y en el mundo real ella había vencido desde el primer golpe.

Terminó de enjabonarse y se masajeó ligeramente los hombros y los brazos antes de meterse nuevamente bajo la ducha, el agua ahora brindándole una sensación de tranquilidad. Terminó de bañarse no mucho después. Cuando salió el vestuario estaba vacío; la lucha entre ella y Otsu había terminado y dudaba que la hime fuera a aparecerse allí después de lo sucedido en el gimnasio.

Se vistió rápidamente y terminó de arreglar su mochila, guardó el equipo que usó y la espada, ató la vaina en la faja de la cintura y, luego de echar un último vistazo al lugar, se fue de allí.

Apenas abrió la puerta sintió un peso extra sobre ella al mismo tiempo que prácticamente era atrapada entre unos brazos que eran por lo menos el doble de tamaño que los suyos. No necesitó ni siquiera voltearse para saber quién era, pero aún así volteó la cabeza y se encontró con Haruhiro con el mentón apoyado sobre su hombro, sonriendo cándidamente.

—¿Qué haces aquí? —preguntó secamente, soltándose de él con la desenvoltura de años de práctica.

—Así me ofendes, Kitty-chan —sonrió apenas—. Sólo vine a felicitarte por la lucha. A pesar de los pesares, lo hiciste muy bien.

—Yo no diría eso —sonó otra voz más adelante y en ese momento la figura de Touya, que hasta el momento había estado apoyado contra la pared detrás de ellos, se destacó de las sombras—. ¿Por qué lo hiciste, Kitsune?

—¿El qué? —preguntó ella sin emoción.

Touya puso los ojos en blanco.

—Podrías haber ganado, Kitsune. ¿Por qué preferiste hacerle eso a Myrai-san? Sabías que no era un golpe válido, sabías que serías descalificada —meneó la cabeza—. Si lo viéramos desde el honor de un espadachín, tú humillaste a tu adversaria.

La joven apretó los puños ligeramente, sus ojos grises brillando un tanto rabiosos.

—¿Por qué estás defendiendo a la hime, Touya?

—No estoy defendiendo a nadie —respondió él, serio—. Sólo estoy diciendo que lo que hiciste está mal. ¿No es ya hora de superar esa rivalidad sin sentido que tienes contra Myrai-san?

—Hablas demasiado con Rika —replicó ella—. ¿Qué vas a querer ahora? ¿Que invite a Myrai a pasear? ¿Tal vez una caminata tomadas del brazo por las calles de Suzuko, comentando sobre las flores y el tiempo?

Haru miró a un primo y a otro, sorprendido. Desde que entró a la escuela Kitsune siempre se ensañó con la hime, pero Touya nunca había comentado nada al respecto. ¿Por qué eligió precisamente ese momento para posicionarse? ¿Y qué debería hacer él? ¿Continuar sólo mirando o intervenir?

Touya era el conciliador, no él, pero si no hacía algo rápido uno de los dos terminaría por perder la paciencia. Kitsune era más fría y Touya más blando —ambos tardaban en perder la calma—, pero —y él sabía por experiencia propia— cuando eso pasaba no era algo lindo de ver.

—Escuchen, dejemos este tema, ¿sí? —puso una mano sobre el hombro de Kitsune, que era quien estaba más cerca de él—. Fue una buena lucha a pesar de todo y deberíamos estar celebrando con un poco de sake el que mis dos amigos favoritos hayan perdido en las semifinales. Entonces, ¿qué tal si vamos...

—Me voy a mi cuarto —lo cortó Kitsune, dándoles la espalda a los dos—. Mata ashita.

Sin esperar a que ellos se manifestaran, reanudó su camino y se fue, dejándolos solos. Haru la observó perderse de vista antes de volverse hacia su amigo, que mantenía los brazos cruzados y tenía un semblante poco amistoso.

—¿Qué bicho te picó? —preguntó, aún sorprendido.

—Sólo creo que es más que el momento de que Kitsune termine con esa niñería que tiene con Myrai-san —respondió—. Ella nunca le hizo nada, pero desde que se conocieron mi prima no hace otra cosa que provocarla.

—¿Nunca pensaste que tal vez Kitsune-chan tenga un motivo? —replicó Haru—. Sólo porque ella no te lo cuenta no significa que no tenga sus razones.

Fue el turno de Touya de demostrar sorpresa.

—Kitsune nunca dejó de contarme nada —respondió, un tanto inseguro.

—Eso cuando ustedes eran niños —respondió Haru—. Ella creció, Touya, y probablemente tenga sus secretos... como, apuesto, tú tienes los tuyos.

El otro inclinó la cabeza, pensativo. Sí, él tenía sus secretos también, cosas que no le contó a Kitsune, aunque ambos habían crecido casi como hermanos y muchas veces sido confidentes el uno del otro. No le contó, por ejemplo, que había salido con Otsu-hime, ni que la joven le pareció mucho más agradable de lo que había imaginado al principio.

Suspiró.

—Vámonos, Haru —descruzó los brazos finalmente y pasó delante de su amigo—. Pero nada de sake. Mañana tenemos clase.

—Como si eso te importara cuando te pasas la noche en vela... —replicó Haru en voz baja, travieso.

Nani?

El otro amplió un poco más su sonrisa.

—No, nada... nada de lo que tengas que preocuparte...



Glosario
Hajime! - ¡Comiencen!
katana - espada de metal
hime - princesa
Mata ashita - hasta mañana
Nani? - ¿qué?


EXTRA
by Lulu-sempai
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