HITSUZEN







Volumen 05 - Capítulo 23 B

Una cita en Asahikawa - Parte II












Tal y como Touya había pensado, el guardia no sólo vio a la madre de los pequeños, sino que también la estaba ayudando a buscarlos. Diez minutos después los niños corrieron a los brazos de una mujer casi llorosa, que los abrazó con evidente alivio.

—Debería castigarlos, ¿sabían? —dijo la mujer, todavía abrazada a sus hijos. Pasada la conmoción se levantó y miró a los adolescentes por unos instantes—. Arigatō gozaimasu —dijo, inclinándose en una corta reverencia—. Les agradezco inmensamente por haber ayudado a mis hijos.

—No hay de qué —respondió Touya por todos.

—Claro que sí —replicó la mujer, todavía inclinada—. Tengo un restaurante de yakisoba aquí cerca y quiero que almuercen allá por mi cuenta. Por favor.

—Será un placer —respondió Rika por el grupo—. Nos morimos de hambre y no sabíamos dónde comer por aquí cerca.

Touya miró a Otsu de reojo, inseguro si reírse o frenar a Rika. Pero la hime no pareció hacer ademán de contradecir a Rika... y después de todo, ésta no había dicho ninguna mentira. Él ciertamente no tenía idea de cómo comenzar el paseo. Siendo así, sin más discusión siguieron a la familia, con Mika pegada a Touya, preguntándole si siempre venía a esa parte de la ciudad, dónde vivía, cómo era su familia y muchas otras cosas más.

Rika casi tenía celos de la chiquilla, que había absorbido por completo la atención de Touya. A pesar de parecerle el yakisoba una buena idea, ya que era algo que —pensaba— Otsu nunca habría hecho, si la pequeña Mika quedaba toda alborozada de esa forma, Rika nunca podría hacer que Touya notara a su amiga.

La hime, por su parte, se dejó llevar por las circunstancias. A pesar de la impulsividad de Rika, estaba de acuerdo con su amiga. Sería una falta de cortesía no aceptar la invitación de la señora. Otsu volvió su atención a Yamamoto-san y lo observó caminar gentilmente con la chiquilla a su lado. Esa escena le generó un sentimiento reconfortante, casi como si estuviera inmersa en un recuerdo perdido hace mucho. Sonrió nuevamente y notó que había algo en esa situación que la hacía sentirse más ligera, más feliz.

—A propósito... —la voz de la señora la rescató de sus pensamientos—. Soy Miwako Kaori y mis hijos, que ya los conocen, son Yuki, Ryo y Mika.

Hajimemashite —respondió Yamamoto y aprovechó para hacer las debidas presentaciones—. Yamamoto Touya, Myrai Otsu y Minamoto Rika —dijo, señalando a las chicas.

La mujer sonrió y se detuvo entonces frente al restaurante que había mencionado.

—Bueno, sean bienvenidos, Touya-kun, Otsu-chan y Rika-chan —se dirigió a los niños—. Corran adentro y díganle a su padre que haga un delicioso yakisoba para tres... Y después vamos a tener una plática seria sobre obedecer a okaasan.

Hai! —dijeron los tres casi al unísono y entraron como una bala.

Kaori sonrió y les hizo un gesto a los jóvenes para que entrasen. Touya esperó a que Otsu y Rika pasasen primero y después hizo lo mismo.

Era un lugar acogedor y el aroma realmente delicioso. Poco después estaban debidamente instalados y solos. Recién entonces pudieron charlar entre sí.

—Entonces, ¿tuvieron un buen viaje? —preguntó Touya.

—Sí —respondió Otsu educadamente—. Me gusta viajar en tren, aun en viajes cortos como el que hicimos... y Rika-chan es siempre una buena compañía.

—También Otsu-chan es una excelente compañía —respondió Rika—. Pero ¿y tú, Touya-kun? Pensé que estarías con Haru-kun también...

En la semana que precedió al paseo, Rika muchas veces estuvo preocupada por la posibilidad de que el joven Mihara fuera también a Asahikawa, ya que él y Touya siempre fueron como uña y carne desde niños y, para todos los efectos, aquella no era una cita oficial. Hasta había llegado a pensar en la posibilidad de dejar a Haruhiro con dolor de estómago o algo parecido... Investigó tanto para nada...

Sin embargo para suerte suya —y también para su conciencia— no necesitó llegar a tales extremos. Touya tuvo la sensatez de no traer a su amigo. No es que no le cayera bien Haru. Siempre era muy divertido. Podría decir que quizás demasiado divertido, especialmente cuando comenzaba a hacerse el gracioso con Kitty-chan. Si por lo menos hablara en serio...

—Haru se quedó en Suzuko, tenía algo que resolver —respondió—. Vine a Asahikawa anoche, me quedé en la pensión. Mi madre estaba aquí y Kitsune quería verla, así que tomamos el tren justo después de desembarcar en Suzuko. Después okaasan se fue a Tokio y Kitsune volvió a casa. Como yo tenía que estar aquí hoy de todos modos, me quedé.

Otsu arqueó ligeramente una ceja. Sabía que, debido a las obligaciones como Jueza del Consejo de las Sombras, rara vez Yamamoto Arashi salía de Suzuko a no ser por asuntos oficiales, cuando no urgentes.

—Espero que Yamamoto-sama no haya tenido ningún problema, especialmente después de la presentación del nuevo ministro nashi atae —comentó la hime, sin siquiera darse cuenta. Inmediatamente sintió que se ruborizaba y completó—: Perdón... creo que dije más de lo que debía.

Touya agitó la cabeza y sonrió.

—No hay problema. Kitsune pensó lo mismo.

Otsu estrechó los ojos de forma casi imperceptible. Era casi irónico que ella y la Raposa, que parecían vivir en un constante enfrentamiento, pensaran igual. Miró a Touya nuevamente.

—Eso no me sorprende, después de todo tú mismo dijiste que Kitsune-san está destinada a ser la próxima Jueza —respondió con seriedad, más de lo que deseó al principio.

—Escuchen, dejen eso para discutirlo en otro momento —intervino Rika—. La hora de la comida es sagrada; no se discute religión, ni política, ni fútbol... Es lo que dice la sabiduría popular.

Touya se echó a reír.

—Rika tiene razón —volvió a mirar a la hime—. Entonces, ¿qué quieres hacer por la tarde?

—Confiaré en tu buen gusto para elegir nuestro programa —respondió Otsu, recuperando la ligereza en su voz.

Rika volvió a sonreír mientras imaginaba todo lo que podría suceder al final del día. Aquella cita se estaba volviendo más prometedora de lo que imaginó al principio, visto que tanto Otsu como Touya parecían estar completamente a gusto el uno con el otro; aunque vuelta y media comenzaban con las formalidades de siempre.

Bueno, no podía culparlos exactamente. Habían pasado toda su vida siendo educados de esa manera, no podía pedirles que de la noche a la mañana actuaran como una pareja de adolescentes normales... y de preferencia una pareja de adolescentes normales y enamorados.

Si compartiera sus planes con alguien, probablemente sería tachada de loca. Myrai-hime no podía, para todos los efectos, tener una relación antes de la ceremonia. Por otro lado, Touya descendía de una de las familias más tradicionales de Suzuko y ciertamente no podía ser no considerado un excelente partido —aun cuando la identidad de su padre fuera desconocida.

Parpadeó ligeramente, abstrayéndose completamente de la plática que se había instaurado entre sus compañeros. Era curioso cómo nunca lo había pensado dos veces... El paradero del padre de Touya, su nombre, qué hacía... Nadie sabía nada. Jamás hablaban del tema. Todo lo que oyó fue que un día Yamamoto Arashi partió a China y cuando volvió fue trayendo al pequeño.

Aquello era un misterio. Ni siquiera Kitsune ni el propio Touya hablaban de ello. Era casi como un tabú. ¿Qué habría pasado?

Rika era curiosa por naturaleza. Sin embargo no podía sacar a colación ese asunto. Dudaba que alguien pudiera darle información detallada. Sólo podía tejer conjeturas... Y eso fue exactamente lo que hizo.

En su imaginación fértil vio a la madre de Touya locamente enamorada, completamente diferente a la persona seria y distante que era realmente. Su familia, por otro lado, habría estado en contra. Entonces huyó a China con su amante y allá se casaron en secreto y tuvieron un hijo... Pero enseguida, por una terrible ironía del destino, el hombre habría muerto y dejado solos en el mundo a la mujer y al recién nacido...

Los Yamamoto, sabiendo lo sucedido y ahora más flexibles con el niño y el sufrimiento de su madre, los trajeron de vuelta... con la condición de que toda esa historia fuera olvidada y no comentada jamás.

Era una buena historia. Había algunos agujeros en su teoría, pero nada que no pudiera ser remediado. De cierta forma explicaba satisfactoriamente la tristeza que siempre flotaba en los ojos oscuros de Yamamoto Arashi. Para Rika, desde que conoció a la tía de Kitsune, esa siempre fue la característica más destacada de la mujer... la tristeza latente que la hacía aún más hermosa...

Su explicación tenía otra ventaja más. Marcada por su propio sufrimiento, la Jueza ciertamente estaría de parte de su hijo y su nuera si algo saliera mal. El mayor obstáculo, obviamente, serían Myrai-no-kami y el propio Consejo, pero con Arashi a favor de ellos, no pasaría mucho tiempo hasta que ambos fueran vencidos. Después de todo ella no sólo tenía un cargo importante, sino que también era la persona más cercana a la madre de Otsu.

En fin, todo el mundo terminaría contento... y todos serían felices.


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Glosario
Arigatō gozaimasu - muchísimas gracias
Yakisoba - Tallarines fritos. Son originarios de China pero hoy en día están integrados completamente en la cocina japonesa, tal como ocurre con el ramen. (Fuente: Wikipedia)
Hime - princesa
Hajimemashite - Mucho gusto
Hai - sí