HITSUZEN







Volumen 05 - Capítulo 23 A

Una cita en Asahikawa - Parte I










Otsu sentía a Rika prácticamente arrastrarla en medio de la multitud presente en la estación ferroviaria. La pelirrojita estaba agitada desde que se despertaron. Bueno, la hime asumía que inquieta era un estado natural de Rika, pero ese día en especial Carrot-chan estaba excepcionalmente frenética.

No sólo se había encargado de ayudar a Otsu a arreglarse para el paseo, separando la ropa de ésta, sino también de maquillarla, cosa que ya había hecho en otras ocasiones, cuando porfiaba en darle a su amiga un “día de belleza” con el servicio completo: ropa, peinado y maquillaje. A veces la joven Myrai se preguntaba si algún día Rika dejaría de ser esa niña crecida y alegre. Rogaba para que el destino fuera gentil con su amiga y así pudiera mantener esa pureza con el transcurso de los años. La vida era más feliz cuando se era compartida con alguien como Carrot-chan.

—Rika... —la llamó—. ¿Podríamos ir un poco más despacio?

Ésta la miró rápidamente por encima del hombro.

—No queremos llegar tarde, ¿verdad? —respondió, mientras continuaba tironeándola de la mano.

Otsu meneó la cabeza y se dejó llevar.

No demoraron mucho en llegar al lugar acordado. Touya ya estaba allá, de brazos cruzados, exactamente bajo el reloj digital de la pequeña y florecida plaza que los rodeaba, ocupado como estaba en contemplar a un grupo de niños frente a un carrito de algodón dulce, el vendedor explicándoles que no podía darles dulce si no tenían dinero.

—Touya-kun! —gritó Rika, agitando la mano y llamando la atención de prácticamente todo el mundo alrededor.

Éste alzó ligeramente la mirada, descruzó los brazos y recorrió la pequeña distancia que los separaba.

Ohayō, Myrai-san —inclinó ligeramente la cabeza—. Escuchen, ¿quieren algodón dulce’?

—¿Algodón dulce? —preguntó Otsu, sorprendida—. Hace años que no como algodón dulce... Creo que la última vez fue Kaede-obaasan quien me lo compró.

—Hum... creo que sí, Touya-kun —respondió Rika, sonriendo.

Él asintió y se adelantó a ellas. Habló animadamente con el vendedor antes de agacharse para quedar a la misma altura que los niños. Eran dos niños y una niña menor que ellos, y era ella quien ahora respondía al joven Yamamoto, ruborizándose ligeramente.

Okaasan fue hasta el parque a buscar el bolso que Yuki-kun olvidó y nos ordenó esperarla aquí. No nos perdimos.

—¿Y están seguros de que ella les dijo que se quedaran aquí? —preguntó él con seriedad.

La niña asintió mientras Touya volteaba la mirada hacia sus dos acompañantes, que acababan de reunirse con ellos.

—¿Qué pasó? —preguntó Rika con curiosidad.

—Hace media hora que yo llegué y ellos ya estaban aquí —respondió Touya mientras se incorporaba.

Otsu observó a los niños. No parecían asustados ni temerosos; no era el semblante de niños perdidos, sino de alguien que parecía estar viviendo una gran aventura. Aún así sería una irresponsabilidad dejarlos allí solos. Media hora le parecía demasiado tiempo.

—No podemos sencillamente irnos —dijo en voz baja, de modo que sólo Touya y Rika la escuchasen.

Se agachó entonces, de la misma forma que lo hizo Yamamoto anteriormente, y miró a la niña, que parecía ser la más desinhibida de los tres.

—Mi nombre es Otsu, ¿y el tuyo? —preguntó simpática.

—Mika —respondió ella—. Tus ojos son diferentes. Nunca había visto ojos rojos. Parecen mágicos...

Otsu sonrió, sabía que ojos como los suyos no eran comunes ni siquiera entre los magos, ni que decir entre los nashi atae.

—Tal vez sean mágicos, o tal vez sean lentes de contacto —respondió, sonriendo nuevamente—. Entonces, ¿quieren que esperemos a su madre con ustedes? ¿O tal vez podamos encontrar a un policía que nos ayude a encontrarla? ¿Qué opinan?

—Pueden esperar con nosotros —respondió la chiquilla, mientras miraba por el rabillo del ojo la figura de Touya.

Rika tuvo deseos de reírse. Aparentemente el muchacho estaba teniendo éxito. Así que lo mejor sería entonces buscar una forma para que él y Otsu estuvieran juntos lo más rápido posible, antes de que alguna graciosita se metiera con el primo de Kitsune. Es más, era una pena que Kitsune no estuviera allí también, pero algunos sacrificios tenían que hacerse... Después iría a buscar un pretendiente para su Raposita también...

—Aquí está el algodón dulce —Touya les entregó un palito a cada uno de los tres, antes de ofrecerle uno a Rika y otro a Otsu.

—No deberíamos aceptar cosas de extraños, Mika —uno de los varones se pronunció finalmente cuando la niña aceptó al instante el dulce de las manos de Touya.

—¿Y por qué aceptaste entonces, Yuki? —replicó ella, malcriada—. Tampoco podíamos irnos del portón, pero tú dijiste...

—¿Entonces deberían estar en el portón? —comentó Touya mientras terminaba de pagar al vendedor.

Mika se ruborizó hasta la raíz de los cabellos mientras Yuki y su hermano del medio —Ryo— miraban al joven con cierta desconfianza.

—Él es grande pero no muerde —intervino Rika, guiñándoles uno ojo a los niños, que todavía miraban a Touya con reticencia.

Los tres hermanos se intercambiaron una mirada significativa, como si estuvieran en una conferencia silenciosa para decidir qué decirles a los tres adolescentes.

—Bueno... —Yuki tomó la palabra, al parecer decidido a confiar en Touya, Otsu y Rika. Los tres mayores habían sido simpáticos con ellos desde que se conocieron. Hasta les compraron algodón dulce—. Okaasan nos pidió que la esperásemos en el portón del parque, pero vimos al vendedor de algodón dulce y...

—Creo que ya sabemos el resto —asintió Touya, sonriendo a medias—. Entonces, ¿qué tal si regresamos al portón? Hay un guardia allí, tal vez haya visto a su madre.

Hai! —Mika fue la primera en responder, ya extendiendo su manita para tomar la de él.

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Glosario
Hime - princesa
Ohayō - hola
Okaasan - mamá
Nashi atae - sin don
Hai - sí