HITSUZEN







Volumen 04 - Capítulo 20

Día de los Muertos










El cabello recogido en un moño no evitaba el calor que mover muebles y levantar todo lo que había en el cuarto le hacía sentir. Al mirar a un lado, Shizu casi sintió celos del pelo corto de Sayo y Hilde. Ellas se echaban agua y se refrescaban, mientras que sus largos mechones luchaban para permanecer recogidos. Al verse observadas las dos se echaron a reír. Sabían lo que su amiga pensaba: la pequeña gota de sudor que le corría por la cara la delataba.

—Deja de ser perezosa y ven aquí. Nosotras levantamos las camas y tú limpias —dijo Hilde.

Iie, no vas a aguantar y la vas a dejar caer sobre mi cabeza. Yo sujeto y tú limpias.

Shizu caminó hasta el borde de la cama de Sayo, la cual levanto por el otro lado y dejó a Hilde con la tarea de agacharse para limpiar.

Aquel día comenzó como lo hacían los años anteriores. Shizu, Hilde y Sayo se levantaban y, mientras escuchaban música, limpiaban todo el cuarto. Todos los rincones del lugar que llamaban de casa durante meses eran limpiados y ordenados. Hilde aprendió desde temprano la importancia de ese día para los japoneses y participaba con todo su corazón en la ceremonia.

Sayo y Shizu, desde el primer año, hacían un pequeño altar especial y Hilde solamente observaba. Cuando la tercera “moradora” decidió participar, llegaron al común acuerdo de que deberían limpiar bien el cuarto antes, ya que antes no pasaban por todo ese ritual en respeto a la “comodidad” perezosa de la inglesa.

La hora del almuerzo se estaba acercando y las tres amigas todavía no habían terminado. Shizu y Sayo llegaron a la conclusión de que Hilde se estaba volviendo cada día más desordenada y por eso estaban demorando más. Ellas recibieron medio palmo de lengua como respuesta y después una sonrisa con una señal de victoria.

Poco después llamaron a la puerta y el rostro de Asuna al asomarse combinó perfectamente con la última ropa guardada.

—Qué bueno que terminaron, me muero de hambre —dijo.

—Yo también tengo mucha hambre, pero estoy más desesperada por un baño —respondió Shizu, ya separando lo que se iría a poner.

Sin darles oportunidad a sus compañeras de cuarto, Hilde se les adelantó y entró rápidamente al baño, para luego abrir la ducha. Asuna avisó que iba a estar en el comedor, no iba a aguantar esperando tanto tiempo para comer.

—Ciertas cosas nunca cambian —comentó Sayo mientras se sentaba en el suelo junto a Shizu, quien no tuvo otra opción más que esperar. El silencio le hizo preguntar—: ¿Cómo estás?

—Siempre viene esa pequeña nostalgia, pero todo va bien —respondió, apoyando la cabeza sobre el hombro de su amiga—. ¿Sabías que tenerlas a ustedes conmigo en el Obon todos estos años ayuda mucho?

—Sí. Lo vienes diciendo hace cuatro años —Sayo sonrió.

—No cuesta nada repetirlo...

—No es justo hacer declaraciones sin mi presencia —dijo Hilde al salir del baño.

—Entonces abrázanos toda limpia y olorosa, que me declaro a ti también —respondió Shizu.

In your dreams, sunshine.

Veinte minutos después las tres amigas bajaron a almorzar y vieron que buena parte de los alumnos ya se había ido. No todos, en ese día libre, seguían el Obon como ellas. Cada uno tenía su propia forma de rendir culto a sus antepasados y de estar en paz consigo mismo.

La seña que Asuna les hizo con la mano las hizo acercarse a ella, quien protestó por la tardanza de las otras tres.

—Si nos hubieras esperado arriba... —dijo Hilde.

—Habría muerto de inanición —la interrumpió Asuna—. Objetivo acercándose, ¿a cuál S viene a ver? —bromeó.

La respuesta de Sayo fue mirar para otro lado y no responder, pues el primo de Shizu —que se acercaba— podría oírla.

Konnichiwa. ¿Todas cansadas? —Asuya sabía de la pequeña faena matinal que ellas hacían—. Vine rápidamente a avisarte que voy a estar en el muelle esperándote —le dijo a Shizu.

Hai... ¿Wataru-ojisan vendrá? —preguntó.

Iie, no pudo salir de Tokio —se inclinó para darle un beso en la frente a su prima—. Hasta luego. Chau, chicas.

El tiempo que permanecieron en el comedor conversando les hizo perder un poco la hora en que pretendían volver al cuarto y terminar la pequeña ceremonia “casera”. Cada una era responsable de algo cada año y esta vez Hilde llevaría las flores, Sayo el incienso y Shizu sal y agua.

Las tres hicieron el pequeño altar en el cuarto y después Hilde se fue al chalet de sus padres. Sayo y Shizu se dejaron caer sobre las camas para descansar de la mañana que tuvieron. Sabían que necesitaban estar descansadas para cuando las familias llegasen de Suzuko.


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Con pasos ligeros Sayo y Shizu se acercaron al muelle de Amaterasu, que a esa hora ya estaba llena de alumnos. Sayo le mostró a su amiga que el barco todavía no había atracado, pero que ya podían ver sus luces desde lejos.

Parado fuera de la multitud estaba Asuya, esperando a su prima. Sonrió al verlas acercarse, algo jadeantes de caminar rápido.

—¿Perdieron la noción del tiempo? —preguntó riendo.

—Nos retrasamos un poco —respondió Shizu.

—¿Nos? —Sayo miró torcido a su amiga—. Voy a buscar a mi hermana. Mata, Asuya.

—Me retrasé arreglándome y la hice esperar —admitió Shizu—. Hablando de Sayo y como estamos solos...

—No empieces —la interrumpió él—. Vamos, que tu hermana debe ser la primera en salir corriendo del barco.

Con una sonrisa en los labios, ella lo siguió. Siempre era la misma reacción y no hablaban más del tema...

Poco después Shizu vio a su hermana pequeña soltarse de la mano de su madrastra y correr hasta ella. Kiyo iba a saltar, pero al ver el traje de su hermana se detuvo.

—¿Qué pasa? ¿No voy a recibir un abrazo? —Shizu se agachó frente a su imōto.

—Es que estás taaan linda que no puedo arrugarte la ropa o ensuciártela... —la pequeña seguía parada aún. Después preguntó con ojos brillantes—: Nee-chan, ¿voy a ser como tú cuando crezca?

—No, vas a ser mucho más bonita. Ahora abrázame, que te extrañé mucho —Shizu tomó a su hermana en brazos y la abrazó fuertemente.

La llegada de los padres de Shizu hizo que Hoitiro apareciera también. En ese momento toda la familia Akiba quedó reunida, como le gustaba al patriarca. El chaval permaneció todo el tiempo al lado de su madre mientras miraba a su hermana, que estaba junto a su padre. En ese día en especial Kissaburo mimaba a su hija, pues siempre se acordaba del pequeño tesoro que le fue dejado.

Todos se sentaron en un banco para oír a Yassu y Kissaburo contarles cómo les fue en la limpieza de las tumbas, en donde depositaron arreglos florales y acomodaron todo alrededor. Kiyo contó animada lo que hizo para ayudar a su padre y que le habría gustado mucho haber conocido a sus hermanos.

Hoitiro abrió la boca para hablar pero la mirada de Shizu lo hizo callarse. Ella lo conocía lo suficientemente bien como para saber que iría a decir que si los hijos de Kissaburo estuviesen vivos, ella probablemente no estaría allí.

—Este año la escuela se engalanó bastante para el Obon —comentó Yassu, mirando las linternas colgadas.

No sólo las grandes linternas rojas rodeaban la escuela, sino también grandes adornos y cintas. Todo en colores vivos y animados, con el objetivo de dejar una sonrisa en el rostro de cada uno que pasase.

Hai, creo que comenzaron a decorar hace tres días para que todo quedase listo para recibir a todos —respondió Asuya—. Miren, va a comenzar la presentación del taiko. ¿Vamos?

Shizu sintió la mano de su padre tomarla del hombro y supo que él todavía sentía los dolores de años atrás. Luego de besarlo ligeramente en la mejilla, ella lo llevó a escuchar la perfección de los golpes del taiko. De una forma que ella no sabía explicar, parecía que ese sonido latía dentro de ella, haciéndola relajarse.

Al finalizar la presentación la gente caminó hasta la playa, en donde Myrai-no-kami haría el discurso de cierre de las festividades y colocaría también la primera linterna en el mar. Era tradición de la escuela que la directora hiciera eso, finalizando así el Obon Matsuri.

Cuando llegaron a la playa, Kiyo arrastró a su hermana a un lado. Con una sonrisa dulce le mostró la pequeña linterna lila que había hecho para ese día especial. En el papel había varias figuras, dibujos que la niña había hecho.

—¿Puedo ir contigo a ponerla en el mar? Por favor —dijo bajito—. Sabes que a papá no le gusta que yo entre al agua todavía, pero si tú me sujetas...

Shizu sintió los ojos llenársele de lágrimas, su hermana era más especial de lo que se imaginaba. Sin palabras, ella solamente asintió y ayudó a su imōto a quitarse los zapatos.

Las dos esperaron tomadas de la mano a que la directora terminara de hablar y la vieron colocar la primera linterna en el mar. Todos comenzaron a entrar al agua para colocar las suyas. El contraste entre la oscuridad de la noche y las luces de los pequeños barcos encendidos con velas hacía a la imagen algo lindo de mirar.

—Nuestro turno. ¿Vamos?

Con ayuda de Asuya ellas armaron las dos linternas que serían colocadas en el mar. Shizu caminó con Kiyo hasta la orilla del agua y entonces la tomó en brazos. Cada una fue con su pequeño barco en la mano. La joven le pidió a la pequeña que tuviera cuidado mientras colocaba su linterna en el mar.

Nee-chan, ¿qué pienso mientras coloco la vela en el mar?

—¿Sabes lo que sientes cuando se va la luz y tu única iluminación es la vela? —al ver a la otra asentir, Shizu continuó—: Imagínate que todos los que ya se fueron de este mundo están siguiendo ahora la luz de tu vela.

Concentrada, la pequeña depositó su pequeña linterna en el agua y la empujó ligeramente. Permaneció abrazada a Shizu, viendo su barco alejarse en dirección al mar. En medio de las otras linternas, la de Kiyo se destacaba y era fácil seguirla con la mirada.

Las dos fueron despertadas cuando Kissaburo caminó hasta ellas y las llamó, ya era ora de irse. Caminaron hasta el puerto oyendo a Kiyo hablar sobre lo que sintió la primera vez que participó en el día del Obon y lo linda que era su linterna en medio de todas las otras “normales”.

La niña recibió un abrazo estrecho y un beso sonoro de su hermana. Shizu se despidió igualmente de su padre y su madrastra y los vio partir en el barco. Con la mirada lejana, oyó a su primo llamarla.

—Vamos, Shizu. Te acompaño hasta tu dormitorio.

—No es necesario... Voy a caminar un poco antes de ir para allá —le dio un beso en la mejilla y se fue lentamente del muelle. Era temprano aún y no tenía sueño. Iría a aprovechar la belleza de los adornos de la escuela y caminar.

Shizu estaba tan perdida en sus pensamientos que no oyó que la llamaban. Solamente vio quién era cuando sintió una mano en su hombro. Al ver quien la sujetaba sonrió. Había sido un muy buen día y, no sabía por qué, contárselo a Tooru parecía ser lo que le hacía falta.

—¿Todo bien, Shizu-san? Te llamé y no me respondiste —dijo Kou.

—Perdona, estaba algo desconectada. ¿Todo bien? —le sonrió.

—Sí —asintió él, ampliando más su sonrisa—. Estás muy bonita esta noche. Tan o más bonita que la noche del Tanabata.

Arigatō, Tooru-san, yo...

Dejó de hablar al acordarse de que estaba mojada de la cintura para abajo. Para que Kiyo pudiera depositar su linterna, había tenido que adentrarse mucho al mar. Algo azorada, sintió las mejillas arderle.

—¿Algún problema, Shizu-san? —preguntó él al notar su rubor

—Entré demasiado al mar... —trató de arreglarse el kimono.

Tooru se acercó a ella y alzó delicadamente el mentón de Shizu con la punta de los dedos.

—No es necesario que te preocupes por eso. Para mí estás linda exactamente como estás ahora.

Sintiendo el corazón acelerársele con esa proximidad, Shizu sólo pudo sonreír. Dejó que él tomase su mano y entrelazase sus dedos, como ya habían hecho otras veces.

Parado justo detrás de ellos, Asuya miraba esa escena sin saber lo que estaba sucediendo. No quería arruinarle el día a su prima, pero tendría que preguntar más sobre eso... después.


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Glosario
Iie - no
In your dreams, sunshine - en tus sueños, rayo de sol
Konnichiwa - buenas tardes
Hai - sí
Mata - hasta luego
Imōto - hermana menor
Nee-chan - hermana mayor (forma abreviada)
Taiko - tambor japonés de un diámetro de 1,3m, tocado con palillos de madera.
Obon Matsuri - Día de los Muertos
Arigatō - gracias