HITSUZEN







Volumen 04 - Capítulo 19

Hermanos












Las clases ya habían terminado y la mayoría de los alumnos se dirigía a sus dormitorios para estudiar o charlar con sus amigos. El sol comenzó a dirigirse en dirección al poniente y la luz disminuía a cada segundo, haciendo las luces de la escuela encenderse con la llegada de la noche.

Sentada en una roca en la orilla de la playa estaba Shizu, perdida en sus pensamientos. Admiraba la belleza del cielo, que cambiaba de color rápidamente, yendo del azul al rojo, ya oscureciéndose en el este, anunciando la noche. El mar calmo hacía el paisaje más bonito, lo que hizo a la joven sonreír sin darse cuenta.

Era uno de los lugares que más le gustaba de la isla. Sentarse en la orilla del mar le hacía bien a su alma, como si la belleza de la naturaleza la alimentase de esperanza. No pensaba en problemas ni en nada desagradable, sólo se perdía en el sonido de las olas golpeando las piedras y en el movimiento del agua.

—Es mejor que tengas cuidado o te puede pasar algo y caerte. Si te lastimas no será nada bueno —se escuchó una voz que conocía muy bien detrás de ella, apartándola de sus pensamientos y al mismo tiempo borrando la sonrisa de su rostro. La serenidad que allí había rápidamente se fue y dio lugar al autocontrol.

—¿Qué quieres, Hoitiro? No hay nada aquí para ti ni nadie a quien tratar de impresionar —Shizu no se levantó ni miró atrás.

—¡Es HOITIRO-SAN para ti! Vine a recordarte que no hiciste lo que te mandé —el chaval estaba apoyado contra un árbol, un poco más arriba de la roca en donde su hermana estaba sentada.

—Todos los alumnos limpian y ordenan sus pertenencias, incluso los más haraganes, Hoitiro-KUN. Si no te gusta ve a quejarte con la directora o con nuestro padre.

—Las mujeres deben aprender a obedecer a los hombres. Por lo visto nuestro padre no te enseñó correctamente. Siempre tuvo un corazón blando contigo.

Shizu sabía lo que quería su hermano al acudir a ella. Eso demostraba que conseguía, sólo con su presencia y unas pocas palabras, quitarle la paz.

Con un suspiro tomó los zapatos que tenía al lado y se levantó, todavía sintiendo la roca bajo sus pies. Había momentos en los que le gustaría ser tan dura como la misma, pero no lo era. Sufría en silencio las provocaciones de Hoitiro.

Al acercarse a su hermano menor, ella lo miró profundamente a los ojos, que eran superficialmente parecidos a los suyos. No dijo nada, pues sabía que no haría efecto. Sólo se calzó y caminó en dirección a su dormitorio. No lo vio, pero sintió que él sonreía por detrás.

Sin dejar que eso dominara su mente, Shizu creyó que lo mejor era ir a su cuarto. La presencia de Hoitiro siempre la hacía ir a estudiar. Era como un recordatorio constante de lo mucho que necesitaba ser buena alumna.

—Veo que te encontraste con tu hermano.

Sayo entró al cuarto y al ver a su amiga arreglando sus cosas ya supo lo que había sucedido.

—Sí, pero sólo estoy ordenando. Ya estudié lo necesario —y sonrió traviesamente a su amiga—. No te encontré y fui a ver la puesta del sol.

—Fui a enviar una carta. ¿Vamos a cenar?

—Me encanta que puedas leer mi mente, me muero de hambre —Shizu soltó todo y se arregló para bajar.

—Me alegro de que tu apetito no haya desaparecido a pesar de que ese petimetre haya ido a hablar contigo —Sayo estaba en la puerta, esperándola.

—Cada día que pasa me importa menos —se reunió con ella.

Las dos descendieron al comedor, en donde platicaron y permanecieron bastante rato. Shizu no tocó más el asunto de su hermano. Un día iría a descubrir lo que pasaba por la mente de Hoitiro o sencillamente se alejaría. La segunda opción era la más difícil, pues amaba mucho a su pequeña hermana y no iba a renunciar a su presencia.