HITSUZEN







Volumen 03 - Capítulo 16

Paz y cooperación










Eran más de las once cuando la cena fue servida. Fue cuando ocurrió lo más resaltante de la fiesta: una pequeña conmoción entre el anfitrión, el ministro y Myrai-no-kami en la cabecera de la mesa. Diplomáticamente habría sido mejor que aquella fuera una mesa redonda.

Pero la situación no tardó en ser resuelta por la balanza de poder. Mihara Yoshiuki podía ser el dueño de casa, pero entre ellos era Setsuna quien ostentaba el mayor poder. Sayaka Hiromi terminó por ser instalado junto a ella como “invitado de honor”; pronto el incidente quedó olvidado.

Yamamoto Arashi observó la disposición de los lugares y encontró a su hijo por primera vez en esa noche, al lado del menor de los Mihara. Haruhiro sonreía divertido mientras Touya, con la nariz ligeramente roja, parecía quejarse de algo. No muy lejos de ellos estaba Kitsune al lado de Kou Ohjiro, que sonreía mientras charlaba con la joven.

Kitsune puso los ojos en blanco al darse cuenta de que era observada por su tía y ésta sólo le sonrió resignada. A Arashi le caía tan bien Kou-san como a su sobrina, pero no se podía hacer nada y ellas no podían darse el lujo de causar un incidente diplomático por culpa de la disposición de los lugares. Si hasta Yoshiuki y el ministro habían dado el brazo a torcer, ¿qué podían ellas hacer?

Durante la primera media hora de la cena, Kitsune trató de soportar estoicamente la presencia del consejero sentado a su lado. Sólo no se sentía más miserable en ese momento porque no parecía haber mucha gente satisfecha con la situación. A no ser tal vez por Hiroaki Minoru. Suspiró. ¿Por qué no la habrían colocado junto al otro consejero? ¿O mejor aún, al lado de su primo? Las cosas serían tan tranquilas...

Ya estaba terminando de comer lo que fuera que le habían servido la última vez que pasaron cuando sintió la paciencia agotársele. Apartó la servilleta de su regazo y se levantó excusándose.

—Estoy un algo mareada... creo que voy a salir un poco. Con permiso.

—Tal vez tu kimono esté muy apretado, Kitsune-chan —comentó Ohjiro—. Podría ayudarte a aflojarlo.

—No, gracias —sonrió, tratando de controlar el sarcasmo—. Creo que sólo necesito respirar un poco de aire puro. El aire está muy cargado aquí dentro.

Arashi meneó levemente la cabeza mientras Kitsune se ponía de pie altivamente, abandonaba rápidamente la sala y desaparecía por una de las puertas que conducían a los jardines. En seguida la mujer se volvió hacia la punta de la mesa y percibió un brillo de curiosidad en los ojos de Setsuna-no-kami.

Setsuna y Arashi se conocían desde niñas. Vivieron la infancia y la adolescencia juntas, fueron confidentes, amigas y hasta rivales. No había nadie que pudiera jactarse de conocer al Oráculo como Arashi o a la Jueza como Setsuna. Ellas habían compartido más cosas de lo que les hubiera gustado y hasta pasado por las mismas situaciones.

Siendo así, no era necesario seguir la mirada de Myrai-no-kami para saber lo que ella estaba mirando o incluso lo que estaba pensando. Arashi sonrió tristemente. Setsuna no encontraría lo que procuraba en la persona que estaba mirando, lo sabía por experiencia propia.

Se escucharon aplausos animados, lo que la trajeron de vuelta a la realidad. Hiroaki Minoru acababa de levantarse y pedía la atención de los presentes. Tan entretenida estaba en observar todo y a todos a su alrededor que ni siquiera se percató del paso del tiempo o que la cena había finalizado.

También Setsuna se sorprendió al oír la voz del más joven de los consejeros, inmersa como estaba en sus propios pensamientos. Apartó la mirada y se encontró con los ojos oscuros de Arashi mirándola. Ninguna de ellas necesitaba hablar para saber lo que la otra estaba sintiendo.

—Muy bien, ahora que ya todos estamos satisfechos, en nombre del Consejo y de nuestro anfitrión... —en ese punto el Orador hizo una leve reverencia a Mihara, que respondió con una media sonrisa—... me gustaría invitarlos a dar un paseo por los jardines, en donde nos espera una sorpresa para conmemorar un período más de paz y cooperación entre nuestras comunidades.

Al mismo tiempo que se ponía de pie, sintió a alguien apartar ligeramente la silla, ayudándola. Volteándose, Setsuna se deparó con los ojos negros del nuevo ministro y una sonrisa pacífica. Sin decir nada él extendió el brazo en dirección a ella, que aceptó también en silencio. Los dos se dirigieron hasta los jardines, en donde Minoru subió a una pequeña plataforma y tomó una batuta de director.

Los ojos escarlatas de la vidente acompañaron al joven mientras él dirigía una orquesta invisible. Millares de fuegos artificiales comenzaron a estallar de la nada, iluminando mágicamente los jardines de la Villa Mihara. Al mismo tiempo que dragones, sirenas y otras figuras mitológicas volaban por los aires, ella estaba consciente del brazo de Sayaka alrededor del suyo.

Las palabras de Minoru se repetían en sus oídos, pero con un tono mucho más irónico del que usó el consejero. Paz y cooperación. Sí... Tal vez, por un tiempo ellos pudieran continuar en esa utopía. Pero pronto tendrían que abrir los ojos a la realidad.

La misma realidad que la asaltaba en sus visiones.