HITSUZEN







Volumen 03 - Capítulo 15

Colección










La galería se extendía casi que infinitamente. Había cuadros y esculturas; armaduras, espadas, lanzas, hachas; pequeños y delicados objetos de cristal; en fin, todo lo que uno pudiese imaginar tratándose de obras de arte. Desde muy lejos ahora provenían los acordes de la pequeña orquesta que animaba la fiesta. Sonrió ligeramente ante ese pensamiento.

“Animar” en sentido figurado, considerando el estado de ánimo de gran parte de los invitados esa noche. Entre arreglos políticos y chismes de salón, dudaba mucho que hubiese alguien escuchando realmente a la banda.

El sonido de sus pasos hacía eco en las paredes y hacía vibrar ligeramente el suelo de madera. Estaba completamente solo allí. No era del todo malo... alejarse de ese ambiente sofocante de apariencias e intrigas...

—Es una bella colección la que Mihara-sama tiene aquí —sonó una voz masculina más adelante.

Itadaki sacudió la cabeza. Se había equivocado, no estaba más solo. Se detuvo y se volteó hacia el final del corredor, en donde estaba Kou Tooru apoyado contra el balcón.

—Casi no te reconozco sin tus sombras —comentó el joven Kenmei.

El otro dejó que una sonrisa burlona juguetease en las comisuras de los labios. Él y Kenmei Itadaki eran muy parecidos en sus trayectorias. Ambos provenían de familias tradicionales, ambos eran señalados como sucesores de sus respectivos tíos en el Consejo de las Sombras, ambos se dedicaban con ahínco a juegos de estrategias... Y principalmente, ambos sabían que sus familias, como la mayoría de los clanes de Suzuko, vivían envueltas en “espejismos y espejos” para mantener las apariencias.

Sin embargo, para Kou era notable la enorme diferencia de personalidad de los dos y lo mucho que le irritaban al “mocoso” de Kenmei las constantes comparaciones entre ellos. Después de todo, tantas similitudes no les pasaban desapercibidas a la mayoría de las personas.

—Desafortunadamente Ryoga e Ichigo no forman parte del círculo más tradicional de Suzuko. Las cosas serían más interesantes con los dos aquí, pero tendré que conformarme contigo, Kenmei —lo aguijoneó—. Si bien que, conociéndote, creo que preferirás continuar escondido a tener una plática interesante con alguien.

La repuesta de Kou era lo que Itadaki esperaba. Las “pláticas” entre los dos estaban llenas de púas, principalmente cuando estaban a solas. No era ningún secreto que no se toleraban. De cierta forma Ita lo veía como un aprendizaje para el futuro, el día que consiguiera hacer salir a Tooru de esa flema tan respetable sería una prueba de que estaba preparado.

—¿Plática interesante contigo? —caminó lentamente hasta el otro adolescente—. Difícil es saber si lo que sale de tu boca es inventado o creado para conseguir algo.

—Creo que estás hablando de ti mismo —respondió Tooru.

Konbanwa, futari-tomo —la figura de Haruhiro apareció detrás de ellos—. ¿Admirando la colección de ojiisan?

Tooru desvió la mirada en dirección al recién llegado y le dirigió su habitual sonrisa de bienvenida.

—Buenas noches, Haru —saludó—. Sabes bien que nunca me canso de admirar la colección de Mihara-sama, no importa cuántas y cuántas veces venga aquí.

Konbanwa, Haruhiro —respondió Ita—. ¿También tú decidiste escaparte un poco de la fiesta?

Haru se acordó por unos segundos de la pareja que había dejado atrás, preguntándose si habría sido una buena idea haberlo hecho. Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos mientras ostentaba la misma sonrisa franca de siempre, cruzaba los brazos y se apoyaba contra la pared.

—No quiero desmerecer a las madres de ustedes, que son las organizadoras de estas fiestas, pero sinceramente... Son siempre las mismas personas, las mismas conversaciones... —meneó la cabeza—. Traté de darle un poco más de vida a la cosa, pero parece que ni siquiera mi pequeña intervención dio resultado.

—¿Estás hablando de las bebidas? —preguntó el joven Kenmei—. Oí a alguien quejarse.

Tooru sonrió también.

—¿Qué hiciste, Haruhiro? Como acabo de llegar, todavía no me he enterado.

—Sólo quité las opciones no alcohólicas del menú —afirmó—. Nada muy drástico.

Tooru soltó una carcajada fuerte y divertida.

—Sabes, Haru, es por eso y otras cosas que nos hicimos amigos. Definitivamente sabes cómo desmoronar las estructuras sociales de Suzuko. ¿No te contentas con emborrachar a Arashi-sama, ahora quieres repetir el episodio con el Consejo entero?

—No me acuerdo de esa ocasión, Tooru... —contestó Haru con una sonrisa maliciosa—. La gente insiste en imputarme esa pequeña travesura... pero sabes, la verdad sobre esa historia es y siempre será secreto de Estado...

—Puedes negarlo cuanto quieras, hazte fama y échate a dormir... Y no creo que Arashi-sama vaya a hacer algo contra ti ahora, a pesar de que la escena fue única —Ita sonrió al recordarlo—. Quién sabe si esta vez consigues algo parecido con Myrai-no-kami?

Haru meneó la cabeza.

—Poco probable. Creo que está acostumbrada a cosas más fuertes de las que coloqué para servir —volvió a sonreír para sus adentros—. Nada aquí es más fuerte que el veneno de Myrai-no-kami.

Tooru cruzó los brazos y miró a los dos chavales, apreciando esa escena. A decir verdad, a pesar de parecerle el joven Kenmei un poco irritante en algunas ocasiones, le gustaba el tenerlo como adversario moral e intelectual. Itadaki era un desafío y al joven Kou le gustaban los buenos desafíos. Haruhiro era uno de los pocos amigos que Tooru veía como un igual. Era siempre divertido estar con el joven Mihara.

—Definitivamente yo también creo que por las venas de esa mujer corre veneno —completó en concordancia—. Sin embargo, acabo de notar que Haru consiguió otra hazaña histórica esta noche, aparte de la tentativa de emborrachar al Consejo. Creo que es la primera vez en años que Kenmei y yo estamos de acuerdo en algo.

Al oír eso una media sonrisa afloró a los labios de Itadaki. No pensaba llevarle la contraria a Kou. Haruhiro era una de las pocas personas que conocía que conseguía conquistar el afecto de los que lo rodeaban y, por algún motivo que no comprendía, al joven Mihara le agradaba Tooru. Siendo así, sólo agitó la cabeza, concordando.

Los tres se callaron al ver a otra persona acercarse.

—Vengo a avisarles que la cena será servida —anunció el criado y se fue.

—Creo que tenemos que volver a la civilización ahora —comentó Haru.

Los otros dos asintieron, no tenían alternativa en ese momento. Formaba parte de las funciones de ellos estar presentes en esas ocasiones y mantener la pose de sus familias integrantes del Consejo. En silencio los tres caminaron al comedor, cada uno con sus propios pensamientos.


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Glosario
Konbanwa - buenas noches
Ojiisan - abuelo
Futari-tomo - ustedes dos