HITSUZEN







Volumen 03 - Capítulo 14

Un par de ojos de niebla










—¿No tienes que volver con ellos? —preguntó Kitsune, después de un rato en que su tía se había quedado con ella.

Arashi suspiró.

—Es mi deber, aunque sepa que sólo vaya a oír las mismas conversaciones vacías de siempre —sonrió de medio lado, ligeramente irónica—. La fiesta de verdad va a comenzar después de cenar, cuando el Consejo se reúna de puertas cerradas con el ministro.

—¿Sobre qué será la reunión? —preguntó Kitsune, ligeramente curiosa.

Su tía la miró con una sonrisa, esta vez más ligera.

—Ese tipo de cosas no debería preocuparle a una chica de tu edad, Kitsune-chan. Te sugiero que camines un poco por la casa —bajó la voz, como contándole un secreto—. Oí decir que la colección de espadas de Yoshiuki-san es espléndida. ¿Por qué no empleas un poco de tu encanto de zorro para hacer que te la enseñe? ¿O tal vez uno de sus nietos? Estoy segura de haber visto a Renji más temprano y Haruhiro debe de estar por aquí también.

—Gracias por el consejo, obasan —Kitsune sonrió también con sarcasmo.

La mujer inclinó la cabeza y dejó a su sobrina nuevamente sola, a fin de unirse a los demás invitados. Kitsune suspiró y bajó la mirada. Si fuera un poco mayor, Arashi le habría confiado lo que se hablaría en la reunión del Consejo. Las dos siempre habían sido íntimas desde que Kitty era pequeña y, de la misma forma que Kitsune admiraba a Arashi, la mujer admiraba a su sobrina.

Cerró los ojos por breves momentos y volvió nuevamente su atención a la ventana en donde estaba apoyada. Desde donde estaba, tenía una vista privilegiada de los jardines de la propiedad. Sin embargo lo que vio no le agradó mucho. Para todos los efectos el jardín de la casa de los Mihara estaba muy bien cuidado, pero había detalles que no le pasaron desapercibidos a la joven, como que las flores deberían estar guardadas en viveros y no exponer a la intemperie y la iluminación demasiado fuerte a las plantas frágiles y delicadas.

El que desde pequeña hubiera aprendido a cuidar de las orquídeas que su abuelo mantenía en casa había despertado en Kitsune una sensibilidad aguda para las plantas. Pocas sensaciones le eran tan estimadas como la textura de un pétalo rozando la punta de sus dedos o el perfume embriagador con el que era recibida cada vez que entraba al invernadero.

—¿Molesto? —sonó una voz a su lado.

Kitsune parpadeó sorprendida antes de depararse con la figura de Haruhiro junto a ella. Vistiendo un kimono formal, el muchacho parecía más maduro, incluso su expresión usualmente bromista había adquirido cierta austeridad. Ella sonrió de un lado. No era sólo cuestión de vestimenta. Si había algo que todos los niños del Consejo habían aprendido desde temprano era a enmascarar sus verdaderas naturalezas en ocasiones como aquélla.

—Pensé que te habrías olvidado de mí —respondió en tono jocoso—. ¿Conseguiste librarme de Ohjiro-san?

Haru se acercó y apoyó los brazos en el alféizar de la ventana, casi rozando el hombro de ella con el suyo.

—Creo que mi plan para robar las órdenes que mi abuelo le dio a Ai-san ha fallado calamitosamente.

La joven lanzó un leve suspiro de resignación. De cualquier forma no había albergado muchas esperanzas de que Haru consiguiera alcanzar su propósito. Había una rígida jerarquía incluso en esa cuestión de los lugares en los que se sentaba para cenar. Todo lo que se refería al Consejo tenía una enorme importancia, ya fuera en cuestiones de tradición o en la marcación de los poderes a los que cada hombre y mujer tenía acceso.

—¿Dónde está Touya? —preguntó Haru, sacándola de sus pensamientos—. Pensé que estaría contigo. En estas fiestas difícilmente se aleja de su querida primita.

Kitsune lo miró de reojo y eligió ignorar la última parte de lo que dijo. Sin embargo, a decir verdad, era extraño que Touya no hubiese regresado todavía. Para quien sólo fue a buscar una bebida, estaba tardándose demasiado. Siendo así se volteó hacia el salón y buscó rápidamente a su primo con la mirada, pero aparentemente no estaba a la vista.

—Debería estar cerca de la mesa —comentó.

Haru sonrió divertido.

—¿Fue a buscar algo de beber? —sacudió la cabeza—. Bueno, a no ser que esté buscando algo que caliente, no va a encontrar lo que quiere en esa mesa.

Ella estrechó los ojos.

—¿Qué hiciste esta vez, Haruhiro?

Él la miró con inocencia.

—Sólo cambié un poco el orden de las bebidas —sonrió—. Quien quiera beber algo más ligero, como agua o jugo, tendrá que caminar un poco más. Pero aparentemente nadie se está quejando mucho.

Kitsune estaba abriendo la boca para responder cuando notó a otra persona acercarse a ellos y por un breve instante un brillo diferente apareció en sus ojos plateados. Fue algo rápido, casi mínimo, pero Haruhiro lo notó y adivinó, incluso antes de voltearse, que su hermano estaba allí.

Mihara Renji era mucho mayor que ellos, ya era un adolescente cuando Kitsune daba sus primeros golpes en el dojo de su abuelo materno. A diferencia de su hermano, siempre fue tranquilo y de buen comportamiento y, en varios aspectos, muy precoz. Desde muy pequeña ella lo admiraba, admiración que creció cuando él entró al Tanteidan y pasó a trabajar en el Tercer Departamento bajo las órdenes directas de Arashi.

Haruhiro también admiraba a su hermano y en general la relación de los dos era cordial. De niño Renji acostumbraba a ayudarlo con los movimientos del kendo y muchas veces lo protegió de sus padres cuando el menor tramaba algo. Pero había momentos en los que sentía una rabia silenciosa por su hermano mayor fermentar profundamente en su pecho.

No era un sentimiento de cual Haruhiro estuviera orgulloso. Siempre que se encontraba en ese estado de ánimo solía aislarse hasta recuperar el control completamente. Se acordaba muy bien de la primera vez que sintió eso, fue en el dojo años atrás. Él y otro compañero habían soltado las espadas de bambú con las que acostumbraban a entrenar y comenzado a jugar con espadas de verdad, sacadas de la colección particular de Tajikara-sensei.

Renji estaba entrenando también en el dojo y apareció no mucho después de haber comenzado con el juego. Les quitó las armas, las guardó de vuelta en el lugar y dijo algo sobre el significado de sostener una espada. Kitsune estaba allí también y fue la primera vez que Haru la vio salir de su habitual impasibilidad; fue la primera vez que él la vio sonreír y la primera vez que apareció ese extraño brillo en sus ojos plateados.

Tal vez hubiese sido eso, más que la reprimenda frente a sus compañeros, que lo hizo perder la cabeza. Literalmente hablando. Desde que conoció a la joven Yamamoto, él siempre estuvo tratando de bromear con ella, siempre tratando de llamar su atención, pero ella nunca pasó de la cortesía... y de primera Renji había conseguido lo que él se había esforzado por obtener durante meses. Siendo así, sin pensar ni por un momento en lo que estaba haciendo, simplemente le dio a su hermano un cabezazo a la altura del estómago, haciéndolo caer violentamente en el suelo.

El recuerdo todavía lo dejaba avergonzado, pero en ese preciso instante Haruhiro se vio tentado de hacer algo parecido cuando su hermano sonrió con sus dientes impecablemente blancos e inclinó la cabeza en dirección a Kitsune.

Konbanwa, Kitsune-chan. Espero que Haru no esté haciendo de las suyas.

El otro no pudo impedir voltear los ojos.

—Interesante cómo todo el mundo presume que no tengo nada más que hacer que “arterear” —comentó, omitiendo la parte en que efectivamente había “artereado”.

Kitsune meneó la cabeza.

—No es que no tengas nada más que hacer, Haruhiro —respondió—. Es sólo que prefieres hacer eso —y con eso le dirigió una media sonrisa que casi inconscientemente lo desarmó. En lugar de rabia, él sintió ahora una ligera tristeza invadirle... Pero ¿qué le estaba pasando?

Sacudiendo la cabeza, se percató de que Kou Ohjiro había llegado a la fiesta, acompañado por su sobrino. Genial. Tal vez la compañía de Tooru fuera más saludable en ese momento que permanecer allí bajo la influencia de su hermano y de la “raposa”. Rápidamente se excusó y se alejó.

Renji observó a su hermano por unos segundos, reflexionando sobre lo que podría haberle sucedido a Haru. Antes él había sido sólo risas y distensión. ¿Cómo su humor podía haber cambiado tan radicalmente? Fue al volverse hacia su acompañante, que también miraba a Haruhiro alejarse, que se dio cuenta.

Indirectamente la culpa la tenía un par de ojos de niebla...


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Glosario
Konbanwa - buenas noches
Obasan – tía
Dojo - (Se pronuncia dōjō) Salón de entrenamiento de artes marciales o de meditación, tradicionalmente dirigido por un sensei (Fuente: Wikipedia).