HITSUZEN







Volumen 03 - Capítulo 13

Agridulce










Touya observó absorto los jarros de cerámica que contenían las bebidas servidas en la fiesta. No había ninguna identificación en ellos, nada que permitiera descubrir lo que eran. Eso no sería un problema, obviamente... a no ser que se estuviera con la nariz tapada. Como lo estaba él, por añadidura. ¿Por qué decidió comparecer al final a ese evento y no se quedó en casa, haciéndoles compañía a las gemelas y a Kori, de preferencia con una sopa bien caliente y algunas buenas mantas?

Suspiró. En momentos como ése Haruhiro nunca estaba cerca. A juzgar por el hecho de que estaban en la sede de los Mihara, era como mínimo extraño que todavía no hubiera visto a su amigo.

Se encogió de hombros. Tendría que valerse de su propio paladar. Sería como mínimo extraño que volviera con su prima con tazas de sake, pero dado que se había ofrecido a ir a buscar bebidas, tendría que correr el riesgo.

Se sirvió del primer jarro, un líquido rosado y ligeramente transparente. Descendió por su garganta arañándola y sintió la sangre subírsele a la cara mientras terminaba de tragar el generoso trago que había dado. Conocía ese gusto, Haru le había hecho probar el aguardiente de cáscara de manzana una vez. Bueno, decididamente no sería del primer jarro que volvería a servirse.

Probó dos tazas más antes de encontrar finalmente algo que le agradase. No estaba muy seguro, después de lo que ya había probado, pero creía ser algo como vino dulzón, debido al color rojo y el sabor ligero que sintió. A Kitsune ciertamente le gustaría. Siempre le habían gustado los vinos diluidos que Masaru-ojisan acostumbraba a servir antes del almuerzo. El grado de alcohol era mínimo, sólo el suficiente para calentar un poco.

Siendo así se sirvió dos tazas, y ya estaba a medio camino de la ventana en donde dejó a Kitsune cuando notó a dos profesores de la escuela venir en su dirección. Rápidamente se fue hacia las sombras. Aunque dudaba que Minamoto-sensei fuera algún día a delatar a un alumno por estar portando bebidas alcohólicas, Myrai-sensei ciertamente no dejaría pasar la oportunidad —aunque él ya fuera mayor de edad.

Ninguno de los dos, sin embargo, lo notó. Siendo así, tan pronto los vio alejarse, abandonó el nicho en donde se refugió y miró en la dirección de donde los adultos habían venido, encontrándose con la figura de Myrai Otsu-hime.

Ella estaba sentada sola, contemplando el salón. Probablemente pasaría la noche allí hasta que fuera servida la cena y comenzasen las formalidades de siempre. Como bien recordaba de la vez que habían hablado en las vísperas del Tanabata, ninguno de los otros jóvenes se acercaba a la hime, ya fuera por respeto o despecho.

Por algunos segundos Touya permaneció mirando la espalda de ella, firme y erecta. De cierta forma eso le hizo recordar a su madre... y a Kitsune también: altivas, siempre manteniendo el porte y, al mismo tiempo, increíblemente frágiles y solitarias.

No tardó más de medio segundo en decidirse. En el instante siguiente se dirigió resuelto hasta la figura de la joven hime.


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Los ojos escarlatas de Otsu acompañaron a lo lejos el encuentro de su madre con el nuevo ministro del Interior. Setsuna, como siempre, parecía destacar entre la multitud, pero aún así su presencia no llegaba a ofuscar a Sayaka Hiromi. Por primera vez en su vida la joven hime estaba frente a alguien que tal vez pudiera equipararse a su propia madre, y eso realmente la asustaba.

—Setsuna-no-kami está verdaderamente preocupada, ¿no es verdad? —preguntó casi en un susurro a su tía, que estaba a su lado.

Myrai Tomoe abrió ligeramente la boca para reprender nuevamente a su sobrina por no referirse a Setsuna como okaasan, pero desistió a mitad de camino. No adelantaba insistir. Otsu, desde el día del “incidente”, cuando la hime era pequeña, pasó a dirigirse a Setsuna con una formalidad desmedida —no sería ahora que las cosas irían a cambiar— y si eso no parecía incomodarle a su hermana mayor, entonces ¿por qué debería incomodarle a ella misma? Siendo así, decidió preguntarle los motivos de tal afirmación.

—¿Por qué dices eso, Otsu?

La joven continuó mirando el intercambio de reverencias entre la presidenta del Consejo de Suzuko y el ministro nashi atae.

—No habría venido aquí más temprano y no se habría encerrado en la biblioteca casi en conferencia con Yamamoto-sama si no estuviera anteviendo ningún problema...

Tomoe meneó la cabeza discretamente. Otsu era mucho menos inocente de lo que su carácter dulce y gentil llevaba a la gente a creer.

—No te preocupes, Setsuna siempre sabe lo que hace. No hay nada que mi onee-san no sea capaz de prever y enfrentar.

La joven hime asintió en concordancia. Reconocía que su madre era una líder sabia y competente, y aunque muchas veces el peso de las obligaciones de su ascendencia la sofocaba, Otsu esperaba ser un día capaz de poder realizar las funciones a las que estaba destinada de forma tan eficaz como Setsuna. Ser capaz de alcanzar todas las expectativas que depositaban en ella.

Konbanwa, Otsu-chan, Tomoe-chan —sonó una voz muy conocida detrás de ellas.

Otsu sonrió discretamente al notar el brillo que siempre aparecía en los ojos de su tía cuando ésta estaba cerca de Minamoto Shigure. Aunque Tomoe era demasiado discreta con respecto a sus sentimientos, la hime sospechaba que el cariño que su tía le tenía al profesor de Astronomía iba más allá de la amistad.

—Buenas noches, Minamoto-sensei —respondió, saludándolo con una ligera reverencia.

—Buenas noches, Shigure —lo saludó también Tomoe con una sonrisa.

Él también sonrió y asintió con la cabeza, los brazos cruzados escondidos bajo las mangas del sobrio kimono que usaba. Cuando era joven jamás le habían gustado las vestimentas tradicionales que a veces era obligado a usar, pero después que regresó de China y se volvió profesor de Amaterasu, era raro verlo usar otro tipo de ropa.

—Otsu-chan, Rika me pidió que te avisara que no podrá venir a la fiesta por culpa del resfriado de Sayo. Se quedó en casa cuidando a su hermana —la miró divertido—. Te agradecería si después me dieses una descripción detallada de lo que estás usando y cuál es el tejido, porque ella quiere saberlo a toda costa.

La joven meneó la cabeza con una sonrisa divertida jugueteando en sus labios. Definitivamente aquella era una petición que sólo podía provenir de Carrot-chan y de la importancia desmedida que ella daba a la ropa.

—Está bien, sensei. Entiendo lo importante que es eso para Rika —respondió con serenidad.

Él inclinó la cabeza en respuesta y enseguida se giró hacia Tomoe.

—Además, Otsu-chan, te estoy informando también que voy a robarme a tu tía por unos minutos. Estoy seguro de que no te importará, ¿verdad? —sonrió.

La profesora de Oráculos arqueó ligeramente una ceja, curiosa sobre lo que Shigure deseaba de ella; sin embargo, conociendo su humor para las “fiestas latosas y formales del Consejo”, imaginó que él querría tan sólo un poco de compañía para distraerse mientras la cena no era servida.

—¿En serio no te importa, Otsu? —preguntó Tomoe—. Prometo no demorar.

El hombre miró a la joven y le guiñó un ojo.

—Ve tranquila, obasan —asintió la hime, manteniendo la sonrisa calma en su rostro—. Estaré bien sola.

—Estoy seguro de que sabrá cuidarse sola, Tomoe-chan —comentó él antes de extender la mano—. ¿Sabes dónde llegar a los jardines?

La mujer asintió y aceptó la mano de Minamoto. Otsu miró con gozo a la pareja alejarse. Por algunos instantes, viéndose sola, se dispuso a observar a la gente que se encontraba y se desencontraba en el salón, hasta que sintió una mano firme posarse sobre su hombro. Al voltearse, ligeramente sorprendida, se deparó con Yamamoto Touya mirándola con una media sonrisa, mientras equilibraba con una única mano dos pequeñas tazas de cerámica.

—¿Cómo estás, Yamamoto? —lo saludó con voz neutra, sin demostrar lo intrigada que estaba por su repentina aparición. A no ser por la pequeña charla que tuvieron poco antes de la presentación de la obra, nunca más se habían vuelto a hablar.

Konbanwa, Myrai-san —la saludó—. ¿Aceptas una bebida?

La joven asintió y tomó la taza. No había bebido ni comido nada desde que llegó a la fiesta. Además, no deseaba ser cortés con el muchacho, quien estaba siendo muy simpático en ese momento.

Arigatō, Yamamoto-san —respondió, dirigiéndole una sonrisa tímida.

Él también sonrió y se sentó a su lado, mientras se frotaba la nariz y trataba de controlar las ganas de estornudar que le habían venido de repente. Al alzar los ojos, pudo ver más adelante a su madre charlando con Kitsune. Eso era bueno, su prima no se daría cuenta de que él no había vuelto con las bebidas mientras discutía de política con su tía. Sobre todo porque su taza ahora pertenecía a otra persona.

Se volvió hacia Otsu, buscando algún tópico para iniciar la conversación, y notó que ella hacía una ligera mueca mientras probaba la bebida que él le había traído. Sólo entonces se acordó que su compañera todavía era menor y que, técnicamente, no debía estar acostumbrada a las bebidas alcohólicas. Estrechando los ojos, ligeramente preocupado, posó la mano sobre el hombro de ella nuevamente, llamando su atención.

—¿Te encuentras bien, Myrai-san?

Sumimasen. La bebida es un poco fuerte. Pensé que era ponche —se disculpó, algo avergonzada.

—¿Fuerte? —miró el líquido rojizo en el fondo de la taza—. ¿Esto no es ponche?

—Creo que es vino —respondió ella, casi riéndose de la expresión espantada y ligeramente afligida del chaval.

La sorpresa fue suficiente para que él se olvidara de controlar su nariz y terminase estornudando ruidosamente. Tuvo tiempo sólo de voltear la cabeza, antes de que la taza se le resbalara de la mano, manchando el borde del kimono azul claro que vestía la hime. Si no hubiese estado tan ocupado en tratar de respirar en medio de los estornudos, probablemente habría comenzado a cavar un hueco con sus propias manos en mitad del salón de los Mihara para esconderse y nunca más aparecer.

Al fin y al cabo, como si no fuera suficiente el que, para todos los efectos, hubiera estado tratando de emborrachar a una menor de edad, encima había logrado romper como mínimo una docena de reglas de decoro en pocos segundos y arruinado un kimono que, a juzgar por la persona que lo usaba y por la ocasión, debía ser hecho a mano y exclusivo.

Otsu abrió los ojos como platos y miró la mancha roja en el borde de su ropa. El primer pensamiento que le vino a la cabeza fue lo doloroso que iba a ser enfrentarse a la mirada reprobadora de Setsuna cuando la viese. Pero la crisis de estornudos de Touya le hizo olvidar todo pensamiento referente a la Gran Oráculo.

—¿Estás bien, Yamamoto-san? ¿Quieres salir a tomar aire? —se inclinó en su dirección, mirándolo preocupada.

Él asintió con la cabeza mientras retomaba el control, su respiración todavía acelerada.

—Lo... lo siento mucho —comenzó, sin aliento—. Lamento lo de tu kimono.

Su expresión denotaba tanto desconcierto que la hime sintió pena por él. Se esforzó por dirigirle una sonrisa serena y tranquilizadora, a fin de alejar la sensación de aflicción que se había instalado entre ellos.

—No necesitas disculparte, Yamamoto-san. Sé que fue un accidente —se levantó—. Vamos, te llevaré a los jardines.

Arigatō —agradeció, levantándose también—. Y vamos a buscar a alguien que pueda hacer algo con tu kimono. Tal vez uno de los criados pueda limpiarlo.

Otsu asintió y poco después ambos abandonaron el salón. Mientras se acercaban a la salida de acceso a los jardines y la joven notaba el bello cielo estrellado que se desplegaba ante ellos, la hime no pudo contener una pequeña sonrisa. A pesar de las pequeñas metidas de pata y cientos de rupturas de protocolos que Yamamoto Touya había logrado acumular en esos pocos minutos, se sintió contenta de que él la hubiera abordado. Aquella sería una noche menos de soledad en la vida de la heredera de las Myrai... y lo mejor, una noche en la que tal vez podría divertirse.


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Glosario
Hime - princesa
Konbanwa - buenas noches
Okaasan - madre
Sensei - maestro, profesor
Obasan - tía
Arigatō - gracias
Sumimasen - perdón


Nota importante: Recuerden que "Hitsuzen" transcurre muchos años después del actual arco de "Como perros y gatos". El que Shigure y Tomoe sean tan amigos no significa que ella no se haya casado o, quién sabe, hasta haya tenido hijos. Ella puede haberse casado y su marido considere a Shigure sólo como amigo de Tomoe, ella puede haberse casado, haber enviudado y vuelto a Suzuko... Son muchas y muchas posibilidades.