HITSUZEN







Volumen 03 - Capítulo 11

Haciendo planes










La tarde estaba finalizando. A orillas del Senpaku, que murmuraba tranquilo, los dos amigos se encontraban sentados sobre la hierba, no muy lejos del club de kendo, en donde habían estado momentos antes. Ambos todavía vestían las hakamas que utilizaban para entrenar y la espada de Haruhiro, Kushiki-san —como él la llamaba—, se encontraba apoyada en el tronco detrás de ellos.

Touya miró a su amigo en silencio por unos momentos. Haru estaba tendido con las manos detrás de la nuca y los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo. Para quien no lo conociera, pensaría que sólo estaba echándose una inocente cabezadita. Pero para quien —como Touya— convivió con él más tiempo del que se podía acordar, aquel era un momento de peligro; era cuando Haru se perdía en las reflexiones de sus futuros “actos criminales”.

La última vez que eso pasó, el personal del Tsuru casi fue suspendido y el periódico censurado, si no fuera por la providencial intervención de la tía de Haruhiro, Mihara Yuzuhira, que era la profesora de Cultura Nashi Atae de la escuela y la fundadora del club de periodismo. Al final consiguió escapar con tan sólo una advertencia y el resultado final de la historia fue la elección de Haruhiro como representante de la clase de sexto año.

El mundo decididamente daba extrañas vueltas...

—Oye, Haru —lo llamó Touya, alzando la vista al cielo—. ¿Qué tienes planeado para este fin de semana?

El otro entreabrió los ojos lentamente y lo miró con curiosidad.

—¿Desde cuándo te interesas en mis planes? Siempre te enfureces conmigo cuando intento incluirte en ellos —se apartó un mechón de pelo de la cara y continuó hablando sin darle oportunidad de replicar—. Tengo tres citas en Asahikawa.

Touya estrechó ligeramente los ojos.

—¿Tienes tres citas? ¿Al mismo tiempo?

Haru asintió sonriendo mientras se incorporaba hasta quedar sentado.

—Pero como soy generoso, puedo cederte una de ellas, así sólo tendré que estar en dos lugares al mismo tiempo y no en tres.

—¿Por qué marcaste tres citas al mismo tiempo? —replicó Touya, serio.

El otro se encogió de hombros.

—No fui yo quien las marcó. Ellas me invitaron. Dos de ellas. La tercera te invitó a ti y yo acepté la invitación también. Sólo que no pensé todavía en cómo convencerte de ir.

Por algunos instantes el joven Yamamoto sólo miró a su amigo en silencio, incrédulo, antes de sacudir la cabeza y ponerse de pie mientras estiraba los brazos.

—¿Sabes qué es lo peor de todo? Que sé que estás hablando en serio —suspiró—. Sólo que pareces haberte olvidado de algo, Haru. El nuevo ministro del Interior estará llegando este fin de semana a Suzuko y el sábado habrá una recepción en casa de tu abuelo. Era por eso que te estaba preguntando si ya tenías algo planeado.

Haruhiro agrandó ligeramente los ojos.

—Me había olvidado completamente. ¡Rayos! —se levantó y puso una expresión pensativa—. No voy a poder escaparme de ésta... Creo que tendré que postergar las citas para el mes que viene. ¿Por qué sólo tenemos un fin de semana libre al mes?

—Probablemente para impedir que hagas más travesuras de las que ya haces —replicó Touya con seriedad—. Y la próxima vez te agradecería que me consultaras antes de salir aceptando invitaciones por mí.

—¿Sabes cuál es tu problema, Yamamoto? —preguntó, al tiempo que cruzaba los brazos, utilizando el apellido de su amigo, cosa que sólo hacía cuando estaba molesto—. Tienes que tomarte la vida un poco menos en serio.

—Y tú deberías tomártela más en serio —replicó Touya al momento.

—De tal forma que si pudiésemos unirlos y hacerlos uno, tendríamos a un ser humano perfecto —una tercera voz se unió a ellos, segundos antes de que una figura femenina conocida surgiera entre los cipreses.

Konnichiwa, Kitsune —saludó Touya a su prima inclinando la cabeza.

Kitsune le sonrió ligeramente, su pelo negro balanceándose con la brisa suave que soplaba desde el río.

—En realidad ya es casi buenas noches —se volvió hacia Haruhiro—. ¿Y a ti, te comieron la lengua?

Haru se desarmó y suspiró.

Konbanwa, Kitsune-chan.

—¿Estabas en kendo? —preguntó Touya al notar que, como ellos, Kitsune usaba la vestimenta tradicional para luchar.

—Estaba yendo para allá cuando oí las voces de ustedes —respondió ella antes de dirigirse nuevamente a Haruhiro—. ¿Toda esa irritación es debido a la recepción al ministro?

—No estoy irritado —respondió Haru—. Sólo un poco decepcionado. Sin embargo, si prometes sentarte a mi lado durante la cena para impedirme morir de aburrimiento, estoy seguro de que esa situación va a cambiar.

—La disposición de los lugares en la mesa depende de la organización del dueño de casa, no de mí —respondió ella—. ¿O crees que siempre termino al lado de Ohjiro-san por libre y espontánea voluntad?

Haru sonrió de medio lado mientras Touya volteaba los ojos. Desde pequeña Kitsune siempre criticó al representante de la familia Kou. Su único problema era que se aplicaba lo inverso a Kou Ohjiro, a quien siempre le agradaba la presencia de su “pequeña favorita”. Al propio Touya no le gustaba tampoco Ohjiro, pero a Haru, en compensación, le encantaba asistir a los malabarismos lingüísticos a los que la joven se daba el trabajo cuando quería alejarse del hombre y, al mismo tiempo, mantener la diplomacia.

—Bueno, voy a intentar meter mano en la organización de los lugares —respondió Haruhiro—. Tal vez sea lo más excitante de la fiesta: robar las órdenes de los criados para poder rediseñar la composición jerárquica de la mesa.

—Nunca se sabe... Después de todo, siempre se puede contar contigo para animar las cosas —Kitsune cruzó los brazos—. En el último Shōgatsu fuiste tú quien intentó contrabandear sake a la copa de agua de Arashi-obasan.

Touya puso los ojos como platos.

—¿En serio fuiste tú, Haru? ¡Mi madre estaba furiosa! —se acordó de lo sucedido y dejó escapar una pequeña sonrisa—. Nunca la había visto perder la calma de esa manera.

—Puede que sí, puede que no —Haru se encogió de hombros—. Es secreto de Estado.

Kitsune meneó ligeramente la cabeza.

—No voy a discutir contigo lo que vi esa noche —sonrió ligeramente—. Pero espero que no tengas grandes ideas para la recepción. Va a ser un evento realmente importante. De todas formas, tengo que irme o voy a llegar tarde a mi entrenamiento. Y si fuera ustedes volvería al dormitorio ya. Hay una epidemia de resfriados esparciéndose por la escuela y no creo que sea muy saludable pasar la noche al sereno.

Haru sonrió de medio lado y miró a Touya, quien se encogió de hombros, ligeramente culpable. Esperándolo en el dormitorio estaba su fiel manta, el telescopio y el termo de té, listos para acompañarlo en una nueva excursión nocturna.

—No te preocupes por nosotros, vamos a volver ahora mismo a nuestro cuarto y allá permaneceremos toda la noche, resguardados y calentitos. ¿No es verdad, Touya? —Haru se volvió hacia su amigo con un brillo travieso en los ojos.

—Por supuesto —respondió el otro, sonriendo también—. Es más, ya nos estamos yendo. Buena suerte con el entrenamiento, Kitsune. Hasta luego.

Luego de eso los dos se pusieron en camino y dejaron a la joven atrás. Por algunos segundos Kitsune permaneció mirando las sombras de los dos bultos alejarse, antes de sonreír para sus adentros, sacudir la cabeza y seguir su propio camino.




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Glosario
Hakama - Pantalón largo con pliegues, cinco por delante y dos por detrás, usado tanto por hombres como por mujeres. (Fuente: Wikipedia)
Nashi atae - sin don, como los magos orientales llaman a los que no poseen ni hacen magia.
Konnichiwa - buenos días
Konbanwa - buenas noches
Shōgatsu - 1º de enero, día del Año Nuevo