HITSUZEN







Volumen 02 - Capítulo Extra

Viaje a través de los recuerdos
Parte II








Aquella era una escena familiar. Se repetía hacía siete años, con pequeñas variantes; primero el embarque en Suzuko, en medio de los cerezos en flor, temprano en la mañana. El reencuentro con sus amigos —aunque muchos de ellos fueran sus vecinos e incluso durante las vacaciones se viesen con frecuencia—. El almuerzo servido a bordo, en medio de las alegres conversaciones; lo que se hizo, lo que se dejó de hacer, lo que se planea para el resto del año.

Haru, sin embargo, no solía participar en esa parte de la conversación. Muchos solían considerar un defecto el que jamás se detuviera a planear el futuro... Pero por más común que pudiera sonar, a él le gustaba imaginar que el futuro era una “cajita de sorpresas”.

Y muchas sorpresas lo aguardaban ese año. Por ejemplo el que fuera electo como representante por segunda vez en su carrera. O la victoria para el cargo de vicepresidente en el Consejo —esa sorpresa en particular lo iría a dejar en estado casi catatónico—. O quién sabe, el redescubrimiento de un sentimiento que albergaba desde su tierna infancia.

Era obvio que, en ese momento, él no podía esperar nada de eso. Eran cosas que iban a suceder, por voluntad propia o no, pero en ese momento él no estaba preocupado por eso, no mientras borraba caprichosamente los contornos del dibujo en el que estuvo trabajando durante toda la semana.

—Son siempre las mismas personas y las mismas conversaciones. A veces se vuelve agotador, ¿no te parece?

Haru levantó la mirada de su obra y sonrió al reconocer la figura del joven Kou situado a su lado.

Piénsalo así, Kou... —comentó, mientras el otro tomaba una silla para sentarse frente a él—. Si fuéramos personajes de una historia, no podríamos ser acusados de falta de cohesión —sonrió—. En las narrativas, por recurso literario o por comodidad del escritor, siempre existirán pequeñas idiosincrasias, coincidencias como encontrar una cuerda colgada bien al borde del precipicio o tener la información necesaria para resolver un importante caso a sólo dos palmos de distancia. Si somos personajes, entonces tenemos historias que contar, porque no se escriben sobre personas de quienes no hay nada de que hablar. Y pensándolo así, la vida no puede ser tan latosa.

Tooru sonrió también, una sonrisa más contenida y más maliciosa que la del joven Mihara.

—Pero yo no soy un personaje, Haru-kun, y no me agrada la idea de que mis acciones puedan ser determinadas por la pluma de un escritor cualquiera. Lo que acabas de definir se llama destino y yo no creo en caminos hechos más allá de nuestras voluntades.

—No —concordó Haru—. Tú crees en estrategias, en el actuar en las sombras y en la traición. Mirándolo desde ese ángulo, tienes el perfil de un escritor.

Tooru sonrió nuevamente pero no respondió. En vez de eso echó un vistazo al dibujo que su amigo tenía en las manos.

—¿Estás haciendo una nueva tira para el periódico? —preguntó, estrechando ligeramente los ojos.

Haru negó con la cabeza y extendió la hoja en dirección al otro adolescente. Era un buen dibujo. El juego de luces y sombras creaba un cuadro en perspectiva para la imagen que se destacaba solitaria en el centro del papel. La figura casi no pasaba de ser una silueta, sofocada por la negrura de los árboles que la rodeaban y por los pétalos soplados por el viento.

—Te quedó muy bueno —comentó Tooru—. ¿Es una escena real? ¿Quién es la chica?

Fue el turno de Haruhiro de estrechar los ojos.

—¿Cómo sabes que es una chica?

Tooru miró el dibujo, pensativo.

—Está medio borrosa, pero se puede percibirlo por su postura —volvió nuevamente a mirar a su amigo—. ¿Quién es?

—Es sólo una imagen —Haru se encogió de hombros—. No tiene nada de especial.

—¿En serio? —preguntó el otro—. Bueno, entonces no te importará que me lo quede, ¿verdad?

—¿Y por qué ibas a quererlo? —preguntó Haru, desconfiado.

—Soy una persona sensible, Haru-kun —respondió Tooru con una sonrisa ambigua—. Me gustan tus dibujos. Creo que voy a mandar encuadrar este de aquí y dárselo de regalo a mi okaasan. ¿Qué te parece?

—Creo que por dentro te estás riendo de mi cara, señor “soy sensible” —respondió Haru, encogiéndose de hombros—. Pero si tanto lo quieres, te lo daré.

Tooru agitó la cabeza.

—Siendo así, prefiero que me lo des cuando esté coloreado —replicó, mientras se ponía de pie y le devolvía el dibujo—. Y sólo una sugerencia, Haru... Las orquídeas tienen pétalos más puntiagudos.

No le dio tiempo a Haru de preguntar qué quiso decir con esa insinuación... y tampoco importaba mucho. Sabía que Tooru sólo estaba tratando de provocarlo.

Haruhiro sostuvo el dibujo, pensativo, mientras Tooru se alejaba, y miró la silueta medio borrosa. En su mente apareció un rostro fugazmente y dejó entonces escapar una media sonrisa antes de sacudir la cabeza y retomar su trabajo.

Haruhiro sostuvo el dibujo, pensativo, mientras Tooru se alejaba, y miró la silueta medio borrosa. En su mente apareció un rostro fugazmente y dejó entonces escapar una media sonrisa antes de sacudir la cabeza y retomar su trabajo...

En la proa, los alumnos que aprovechaban el final de la tarde tenían ahora la primera visión de contornos de tierra. En poco más de una hora estarían desembarcando en la isla que albergaba a la Gakkō Mahō Amaterasu... Y aquel era sólo el comienzo de un nuevo año escolar