HITSUZEN







Volumen 02 - Capítulo 09

Invitación










La obra del Tanabata ya se encontraba en su segundo acto. En el escenario, los espíritus del cerezo y la tormenta se enfrentaban. La espada de Yamamoto Kitsune chocaba contra la larga cinta empuñada por Myrai Otsu. Las dos parecían flotar en pleno aire, en medio de lluvias de pétalos de sakuras, acompañadas por el sonido de los truenos y el frufrú de los kimonos.

La mayoría de los alumnos miraban la obra concentrados en cada uno de los detalles del transcurso de la actuación. Sin embargo, en un rincón alejado, un grupo de alumnos de séptimo año conversaban entre ellos. En realidad dos de ellos discutían detalles poco técnicos de la obra, mientras el tercero permanecía callado, dividiendo su atención entre la obra y la charla de sus compañeros.

—¿Qué opinas de la hime, Ichigo? Pequeña, delicada, preciosa. Da para mirarla a gusto, ¿no? —dijo uno de ellos, dándole un codazo.

—Sólo si vas con un arma en el bolsillo —respondió el otro con una ligera mueca—. Ella sólo tiene catorce años, demasiado niña. Ni hablar que tiene dos problemas. El primero es la suegra que viene con el paquete. El segundo es eso de la ceremonia de la vidente. Oí decir que tiene que llegar completamente inmaculada a esa cosa. No vale la pena involucrarte con una chica que sólo te va a traer inconvenientes. No sirve siquiera para engorde.

Ryoga sacudió la cabeza. Definitivamente Ichigo tenía razón. Meterse con una chica demasiado complicada no era negocio. Miró por el rabillo del ojo y observó al tercer chaval del trío. Como siempre, Tooru permanecía en silencio, sólo escuchando, pero Ryoga pudo ver aparecer una discreta sonrisa en los labios de su amigo, indicando que, a pesar de abstenerse, Tooru parecía estar divirtiéndose.

—Creo que Yamamoto está casi en su punto, ¿qué opinas? —Ryoga se volvió hacia Ichigo, retomando la discusión—. Sólo hay que esperar un año más y partir al ataque.

—¿Estás loco o qué? —replicó Ichigo, casi exasperado—. ¿Conoces el temperamento difícil que tiene? Bonita, pero voluntariosa, no vale la pena. Se necesita a alguien con mucho coraje para enfrentarse a ella.

—No estarás siendo un poco exigente, ¿verdad? —Ryoga frunció el ceño, comenzando a irritarse con el perfeccionismo de Ichigo. Así no habría chica que pasase el test de calidad de su amigo.

—Exigente no, realista —replicó—. De las chicas más jóvenes del club de danza, creo que sólo dos valdrían la pena. Mizuki y Ahiru-chan. La primera es un bocadillo ultra exótico, mestiza... debe tener sangre caliente... Y Ahiru-chan definitivamente está para engorde.

Ichigo hizo una pausa antes de continuar, su expresión volviéndose más maliciosa.

—Sólo que tú sabes que mi sueño de consumo es Masumi. Ah... Meg-chan está para chuparse los dedos... esa sí que es fogosa. Si la mitad de lo que dicen es verdad, Sakamoto es el tipo más feliz de Amaterasu.

—Tienes razón —apoyó Ryoga antes de completar—: Pero no te estarás olvidando de nadie, ¿no?

—¿Quién? —el otro se rascó la cabeza.

—La apetecible de la escena de las estaciones. La que estaba usando la ropa de primavera. ¿Cómo es su nombre? —preguntó Ryoga, nuevamente mirando a Tooru por el rabillo del ojo, notando su reacción. Él sabía quién era la chica, sólo quería provocar a su amigo.

—Akiba... Akiba Shizu —respondió Ichigo, sin percatarse del juego silencioso que se instauró entre los otros dos—. Sólo que esa ya tiene dueño. Asuya la está rondando hace tiempo.

Tooru continuó mirándolos de reojo, pero ahora su atención estaba completamente vuelta hacia la conversación. Aquello estaba comenzando a adquirir un interés bastante personal para él.

—Pensé que quería a la mayor de las Minamoto —Ryoga continuó con la conversación para ver hasta qué punto Tooru mantendría su aparente neutralidad en el asunto.

—Apuesto a que quiere montar un harén —dijo Ichigo, encogiéndose de hombros—. Siendo las dos amigas resulta más fácil. Pero te digo con toda certeza que él ve a Akiba mucho más que como una primita menor. De buen chico sólo tiene la cara...

Para satisfacción de Ryoga, Tooru finalmente reaccionó. Sacudió la cabeza y sonrió divertido, pero el otro sabía que significaba mucho más de lo que aparentaba.

—Sólo hay una explicación para que yo ande con ustedes dos —finalmente salió de su mutismo—. Pena. Sólo puede ser pena, porque definitivamente ustedes sólo saben hablar de mujeres, pero de actuar nada. Ninguno de ustedes tiene la más mínima idea de lo que hacer.

—Habló el gran Kou-sensei —dijo Ichigo, tomándoselo a broma—. Se queda siempre en el rincón sin participar de nuestras discusiones filosóficas y aún así se cree el maestro de la seducción.

—Tal vez el día que aprendas a no tratar a la mujer como un trozo de carne, sino como un violín, tengas más éxito del que estás teniendo —respondió en un tono que mezclaba educación e ironía.

Sin decir más nada, Tooru comenzó a caminar, dándoles la espalda a sus amigos.

—¿Adónde vas? —preguntó Ichigo, sorprendido por su partida tan repentina.

—A resolver un asunto —respondió Kou sin mirar atrás, con voz completamente neutra—. Y Ryoga, ya hice mi elección con respecto a lo que hablamos la semana pasada.

Éste sonrió mientras observaba a su amigo agitar la mano en despedida, aún sin volverse, e irse después con las manos en los bolsillos en dirección a los bastidores del teatro.

*************


Kou Tooru sabía muy bien qué lo había traído hasta allí. Sus ojos escrutaron la multitud de personas que corría por los bastidores del escenario. Tan inmersos estaban en sus quehaceres que nadie notó su llegada. Después de un rato la encontró, sentada en un cajón. Aun habiendo concluida su actuación en el espectáculo, los ojos negros de la joven parecían estar fijos en lo que sucedía en el escenario.

El muchacho se acercó con pasos seguros, la sonrisa ampliándose en sus labios. Tal vez podría haber un momento más oportuno para acercarse a ella, pero él siempre creyó que las oportunidades son creadas por las propias personas... Y Tooru se había vuelto, en su opinión, un maestro en ese arte.

—¿Akiba Shizu? —la abordó de forma directa, todavía sonriendo.

—¿Sí? —Shizu respondió sin mirar quién era, fascinada como estaba con la actuación de Otsu y Kitsune. Pensó que sería para ayudarle en algo, por lo que no vio quién le dirigió la palabra.

—Mi nombre es Kou Tooru, no nos conocemos. Vine a felicitarte por la actuación y hacerte una invitación —le dijo con voz firme pero dócil, todavía sonriéndole.

El saber que había alguien extraño en el área restringida a la gente de la obra le hizo a Shizu dejar de ver la representación y mirar al joven que estaba de pie a su lado. Quedó ligeramente intrigada sobre el qué llevaría a un representante de la familia Kou hasta allí en ese momento. Sabiendo que podrían estorbar hablando allí tan cerca del escenario, lo llamó con un movimiento de la mano para alejarse un poco.

—¿Qué deseas? Si se trata de la obra, puedo ir a llamar a Megumi-senpai.

Él agitó la cabeza al tiempo que observaba con atención los rasgos delicados de la joven. Los labios bien delineados y rosados, el largo cabello negro, los ojos almendrados. Era como estar frente a un Stradivarius.

—En realidad —continuó él en tono afable— mi asunto es contigo, Akiba-san. Sé que voy a sonar atrevido y entenderé si te niegas, pero me gustaría saber si te gustaría pasear en el festival conmigo, después de la obra.

La invitación era algo que Shizu no esperaba, ya que prácticamente no sabía quién era ese muchacho. Al mismo tiempo no pudo dejar de encontrar interesante la forma como él la abordó. Llevada por la curiosidad, asintió con una leve sonrisa en los labios.

—Me alegro de que hayas aceptado —respondió Tooru, haciendo una ligera reverencia hacia ella—. Te esperaré en la salida de los bastidores apenas termine la obra. Hasta luego, Akiba-san.

Shizu sonrió nuevamente en despedida. Él se marchó entonces de allí, satisfecho con el resultado del abordaje. Era sólo cuestión de saber cómo llevar la cita con la joven y aquella era la primera de muchas noches en que ciertamente estaría con ella.