HITSUZEN







Volumen 02 - Capítulo 07

Preparativos








La noche estaba fresca. Una suave brisa soplaba proveniente de las playas que circundaban la isla. Touya respiró hondo y se dejó caer sobre el suelo del escenario de madera, con la intención de observar a los integrantes de la obra correr de un lado a otro sobre el césped, tratando de organizar los detalles de última hora. El tan esperado Tanabata iba a comenzar la mañana siguiente... y mucho quedaba todavía por hacer.

Sin embargo estaba exhausto. Habían repetido el texto de la obra durante toda la tarde, hasta el punto de recitar los diálogos como autómatas. Para completar, le dolía terriblemente la garganta. Sería el colmo de las desgracias que el protagonista enfermara en víspera del gran espectáculo. Tal vez debería volver ahora al dormitorio, conseguir algo caliente para beber y después meterse bajo las cobijas y esperar hasta la mañana.

Por lo menos sabía que tendría algún tiempo de tranquilidad. Tanto Tokunaga como Haruhiro —fuera con el club de artes marciales, del cual el primero era senpai, fuera con la misma organización del festival, en donde muy a contra gusto Haru tenía que ayudar— estaban demasiado ocupados y no aparecerían en el cuarto tan pronto.

—¡Hey, Touya-kun! —sonó una voz muy conocida detrás de él—. ¿Has visto a Kitsune?

El muchacho dejó caer la cabeza hacia atrás, permitiendo que el rostro divertido de Minamoto Rika entrase, invertido, en su campo visual. Le sonrió ligeramente antes de percatarse que la pelirrojita venía acompañada por otra chica. Tardó medio segundo en darse cuenta de quién era y entonces, un tanto a regañadientes, se bajó de la punta del escenario, se puso de pie y adoptó una postura más formal.

—Myrai-hime —saludó con la cabeza antes de dirigirse a Rika—. No vi a mi prima hoy, Rika. Creo que está ayudando en la organización del festival, ¿no? Haru me había comentado que iban a ayudar a preparar el muelle para la llegada del público.

Rika volteó ligeramente los ojos.

—¡Kitty-chan todavía no hizo la última prueba de ropa para la presentación! ¿Y si le queda apretado? ¿U holgado?

—Nos hiciste probarnos la ropa la semana pasada, Rika-chan —comentó Otsu con voz suave, pronunciándose por primera vez—. No creo que hayan cambiado las medidas desde entonces hasta ahora.

—Nunca se sabe —respondió Rika con los brazos en jarras, antes de saltar del escenario al suelo y volverse una vez más al chaval—. Touya-kun, voy a buscar a Kitty-chan. Mientras tanto hazle compañía a Otsu-chan... ¡y nos vemos enseguida!

Los ojos de Touya se agrandaron, pero Rika salió corriendo antes de que él pudiera decir algo. Sin otra opción, se volvió hacia Otsu y trató de alzar la cabeza para mirarla.

—Rika-chan es siempre imprevisible, ¿no? —comentó, un tanto inseguro.

La joven sonrió tímidamente y desvió momentáneamente la mirada antes de mirarlo nuevamente. Era la primera vez que se quedaba a solas con Yamamoto-san y se sentía ligeramente indecisa sobre cómo actuar. Si por un lado él siempre fue educado y formal con ella en todas las ocasiones que se vieron, por otro él era primo de Kitsune, y la hime tenía que admitir que su relación con la Raposa no era de las mejores.

—Es su forma de ser —respondió por fin de forma serena y simpática—. Con el tiempo nos acostumbramos y hasta comienza a gustarnos.

—Lo sé —Touya asintió—. Conozco a Rika-chan desde... hum... creo que desde siempre —en ese momento esbozó una sonrisa ladeada y sacudió la cabeza para sus adentros—. A ti también te conozco desde siempre, Myrai-hime, y esta es la primera vez que hablo contigo más de dos palabras. Perdóname el atrevimiento.

Esta última frase él la dijo con cierto tono divertido antes de volver nuevamente su atención a ella. Otsu parpadeó, sin comprender qué quiso decir él exactamente con esa chanza.

—¿Por qué iba a ser un atrevimiento? —preguntó antes de poderse contener.

Touya sonrió.

—Nosotros, los niños del Consejo, criados a la sombra de los Ocho, crecimos oyendo y aprendiendo a respetar y admirar el nombre de las Myrai —respondió—. Por una cuestión de tradición, o mejor dicho de costumbre, siempre te dejamos a un lado. Myrai-hime nunca participó en los juegos o las conversaciones de los otros pequeños —sonrió nuevamente—. Sería un atrevimiento de nuestra parte dirigirte la palabra; era lo que decían los mayores.

Sin notarlo Otsu se mordió los labios mientras consideraba las palabras de Yamamoto y de cómo eso la hacía sentirse triste. Así era siempre como la veían, la intocable e inaccesible Myrai-hime.

—Entiendo... —murmuró—. Realmente pocas son las personas que osaron ser un poco más “atrevidas”. Rika-chan es una de ellas. Al igual que tu prima. Cada una a su manera, debo resaltar.

Esta vez Touya sonrió disimuladamente mientras pensaba en su prima.

—Bueno, Kitsune tiene una forma interesante de ver las cosas... Ella cree que no tiene ninguna obligación contigo hasta que te vuelvas “digna” de ello. Una posición como mínimo extraña para alguien que va a sustituir a la Jueza en el Consejo algún día.

La hime lo miró ligeramente sorprendida; siempre pensó que porque Yamamoto era hijo de la actual Jueza sería él, naturalmente, el sucesor de Arashi-sama en el Consejo de las Sombras. Y más considerando que, a pesar de no ser oficialmente parte del Consejo Estudiantil, el joven siempre estaba auxiliando a los representantes, especialmente a su prima y a Mihara-san.

—Creía que el próximo Juez serías tú, Yamamoto-san —afirmó en un tono formal que enmascaraba la tristeza que sentía por la afirmación anterior del otro.

—No tengo las cualidades necesarias —respondió él con tranquilidad—. Para comenzar, nunca me interesé por el título y su peso. Además, en menos de cinco minutos contigo rompí por lo menos unos veinte protocolos... Y ya que estamos en ese punto, ¿quieres ayuda para bajar? Me estoy quedando con tortícolis de tanto mirarte desde abajo y no sé hablar con nadie sin mirarlo a los ojos.

Sumando los actos a sus palabras, extendió la mano en dirección a ella y esperó una respuesta. Ella asintió en silencio y se sintió ruborizar. La educación formal parecía no ser suficiente para encubrir completamente la timidez natural que parecía haberse desarrollado en Otsu a través de los años.

Arigatō —murmuró al tomar su mano.

Touya sintió la palma helada de Otsu contra la suya y, antes de que ella pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo, él apoyó la mano en su cintura y la bajó con facilidad. Ahora era ella quien tenía que alzar la cabeza para mirarlo. Sin embargo no lo hizo. Internamente Touya se sintió culpable, dándose cuenta recién en ese momento lo mucho que sus palabras podrían haber herido a la hime.

Después de todo, mientras ellos jugaban corriendo por los jardines de las mansiones de los Consejeros en las fastuosas fiestas a las que estaban obligados a ir, Otsu siempre había permanecido como la pequeña muñeca de porcelana educada e inalcanzable que los demás querían que fuese. Él había tenido una elección. Ella no poseía esa misma suerte.

¡Cielos, qué insensible fue al sacar a colación ese tema! No era en balde que ella no se atrevía ni a mirarlo directamente. Nervioso, se rió sin gracia y sólo en ese momento se percató que todavía sostenía la mano de ella.

—Bueno, mira nomás... acabo de romper otro protocolo... ¿No es verdad? ¿Otsu-chan?

La joven finalmente levantó el rostro y trató de mirarlo con una sonrisa, aunque pálida. Las mejillas continuaban rojas por la vergüenza, pero al mismo tiempo estaba extrañamente feliz por el tratamiento informal que él había hecho al llamarla. De entre sus compañeros sólo Rika se refería a ella como “Otsu-chan”. Ser llamada así le hacía recordar que, aparte de la heredera, existía también una chica, con sueños y deseos que iban más allá de sus obligaciones políticas y familiares.

—Creo que rompiste más de uno, Yamamoto-san —se mordió los labios antes de continuar—. Pero no veo ningún problema en ello... no te preocupes.

—Bueno... ya que Rika-chan me encomendó vigilarte y ya agotamos el asunto del protocolo y todo lo demás, lo que es ciertamente muy aburrido... —cruzó los brazos—, vamos a cambiar de tema. La escena de ustedes en la obra está muy buena... Kitsune está usando una espada de verdad, ¿no?

Otsu sonrió de forma más amplia. Hacía semanas que ella y la Raposa ensayaban aquella danza y estaba particularmente orgullosa del resultado.

—Sí. Comenzamos con la shinai y el bokken, pero en poco tiempo Yamamoto pasó a la katana. A pesar de yo sólo usar una cinta, las dos tenemos que estar en sincronía para que la coreografía salga perfecta...

—Bueno, pienso que va a ser un éxito —respondió sinceramente—. Ustedes realmente incorporaron sus elementos, la lucha de las dos hasta parece real —se rascó el mentón—. Considerando que tu oponente es Kitsune, en realidad no dudo que sea real...

—No sé si real, pero sí tal vez un calentamiento para el torneo de kendo —respondió Otsu, sorprendida del tono ligero que había utilizado, dado que era realmente la primera vez que hablaba a solas con Yamamoto Touya.

—Mi prima puede ser un tanto inflexible a veces... —comentó él—. Ella ya debe haberte traído uno o dos dolores de cabeza por eso... Te pido disculpas por ella.

—No te pedí que te responsabilizaras de mis actos, Touya —la voz de Kitsune sonó detrás de él—. Yo misma me responsabilizo de ellos.

El muchacho se volteó sorprendido y se encontró con su prima y Rika, que acababan de llegar, pero pronto se recuperó y le sonrió a Kitsune.

—Eres menor de edad, Kitsune. En la escuela soy responsable de ti.

Ella arqueó ligeramente una ceja, pero antes de que eso se pudiera transformar en una discusión Rika decidió intervenir.

—Ok, más tarde podrán hablar sobre eso. Ahora, prueba de ropa. Otsu-chan, tú también vienes. Gracias por haberle hecho compañía mientras estuve fuera, Touya.

Él inclinó la cabeza.

—Ha sido un placer.

Otsu se inclinó delicadamente en una reverencia como respuesta.

—El placer fue mío, Yamamoto-san —sonrió nuevamente.

La joven Myrai se dispuso entonces a seguir a Kitsune y a Rika a los bastidores del teatro, pasando por la pequeña lateral de la esquina del escenario que daba acceso a los bastidores. Mientras observaba a la pelirrojita prácticamente arrastrar a la Raposa con ella, Otsu notó que efectivamente la compañía de Yamamoto Touya había sido agradable.

Aparentemente por ser hijo de alguien tan rígido como Arashi-sama y primo de una persona tan irascible como Kitsune, la hime se había hecho una imagen equivocada de Touya. Él era mucho más simpático de lo que había supuesto al principio y Otsu se sorprendió al darse cuenta que, si tuviera otra oportunidad, se sentiría satisfecha de platicar nuevamente con él.


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Finalmente llegó el día del festival. Más temprano habían asistido al partido entre Ryujtsu y las Babosas Carnívoras, que terminó con la victoria del primero, aun cuando el buscador de las Babosas hubiese atrapado la snitch. Fue un juego emocionante, incluso para quien no le gustaba el quidditch, especialmente cuando Taiho Hokuto saltó de la escoba para dentro del aro junto con la quaffle, a fin de eludir una de las bludgers de Tajikara Engi.

Ahora estaban en el dojo en donde se acostumbraban a hacer las reuniones de los clubes de kendo y de artes marciales. La última lucha de las eliminatorias masculinas se estaba desarrollando en ese momento.

Kitsune estaba de pie junto a la línea divisoria que separaba al público del tatami, mirando con sus ojos grises los movimientos graves y precisos de Rylan Rostand y del senpai del club de kendo, Arai Hideki. Justo detrás de ella, sentadas, estaban Sayo y Rika hablando bajito. Hilde había pasado por allí más temprano junto con sus primos ingleses, al inicio del torneo, para desearle buena suerte a su hermano y Sayo terminó quedándose con su hermana y la amiga de ésta.

Hajime! —decretó el juez al comienzo del tercer embate, agitando la mano.

Otsu llegó en ese momento y se detuvo al lado de su colega, ya sin su hakama.

—Felicitaciones por la clasificación —le dijo Kitsune sin mirarla.

La otra asintió en silencio. Mientras tanto Rylan y Hideki se miraron, ambos en posición de defensa. Cada vez que uno de ellos era alcanzado, la lucha era interrumpida y un punto era sumado al otro. Generalmente las luchas terminaban en el segundo embate, pero los dos estaban hora empatados. Aquella sería la lucha decisiva.

—Vas a luchar en la próxima eliminatoria, ¿no? —preguntó Otsu, sus ojos bermejos siguiendo cada paso de los espadachines.

—Estoy en el mismo grupo que Maho-senpai —respondió Kitsune—. Pero haré lo posible para encontrarme contigo en las semifinales, Otsu-hime —agregó con voz dura.

Men! —Hideki fue el primero en atacar, dejando su actitud evaluadora y lanzándose sobre Rylan con un golpe frontal.

Esta vez no hubo respuesta. Otsu sabía que Kitsune se esforzaría al máximo para luchar con ella. La heredera de los Yamamoto parecía sentir un placer especial cuando sus combates terminaban siendo con la hime. A decir verdad Kitsune era una de las pocas personas que Otsu conocía quien nunca fue gentil ni condescendiente con ella, no importándole nunca el que fuera la representante del tradicional y respetado clan de las videntes.

No sabía decir si eso era una carga o un alivio. Después de todo, la joven Yamamoto no la trataba como una princesa frágil, pero siempre hacía hincapié en desafiarla y vencerla siempre que le era posible.

Rylan consiguió desviarse y aplicarle un golpe en el antebrazo a Hideki, pero el senpai consiguió detener la embestida con su propia shinai. Los dos volvieron a apartarse, poco antes que Hideki nuevamente se lanzara al ataque.

Esta vez la shinai salió al encuentro con la garganta de Rylan y el inglés no consiguió eludirla a tiempo, por lo que terminó cayendo de espaldas. El juez subió inmediatamente al tatami y levantó la mano.

—¡Punto para Arai Hideki! Lucha terminada. ¡Gana Arai-san!

Se escuchó una salva de aplausos en el dojo mientras Hideki le extendía la mano a Rylan para ayudarlo a levantarse. Los dos se saludaron cordialmente antes de irse al vestuario, mientras los espectadores abandonaban el lugar y comentaban animadamente las luchas del día. Kitsune le dio la espalda a Otsu.

—Rika-chan, debo ir a organizar algunas cosas con la gente del Consejo. Creo que sólo estaré libre por la noche, antes de la obra.

—¿Entonces vas a usar el kimono que hice para ti? —preguntó ella con ojos brillantes.

Kitsune respiró hondo y se pasó la mano por el chaleco que formaba parte del uniforme del Consejo. Enseguida miró a Otsu, quien usaba el kimono de Luna Pelota hecho por Rika, sin parecer importarle las miradas divertidas que atraía de vez en cuando.

—Sí, lo voy a usar —respondió, inclinando la cabeza—. Diviértanse.

Y dejando a las otras, se mezcló en la pequeña multitud que se dispersaba ahora por el campus de Amaterasu.




Glosario:
Tanabata Matsuri - festival que celebra la leyenda de Orihime y Kengyu (Vega y Altaír), realizada alrededor del día 07 de julio
Hime - princesa
Arigatō - gracias
Shinai - espada de bambú
Bokken - espada de madera
Katana - espada de metal
Tatami - colchoneta usada para practicar karate, judo, etc.
Hakama - pantalón largo con pliegues, cinco por delante y dos por detrás, usado tanto por hombres como por mujeres. (Fuente: Wikipedia)
Senpai - término usado para estudiante avanzado
Hajime! - ¡comiencen!
Men! - (en kendo) golpear la cabeza


Extra
by Lulu-sempai
Otsu & Kitsune by Lulu-sempai