HITSUZEN







Volumen 02 - Capítulo 06

La princesa y la raposa








El dormitorio Aki – F5-1 estaba completamente vacío en ese final de tarde. Rika todavía no había vuelto al alojamiento y la otra compañera de ellas, la joven Mitsuteru, fue a ver el entrenamiento de su hermana mayor, que era buscadora del equipo de quidditch de la escuela.

Aprovechando el absoluto silencio del ambiente, Otsu se sentó apoyándose sobre sus propias piernas frente a la mesa de estudio y tomó el delicado estuche de pintura que recibió de regalo de Tomoe-obasan en la última navidad. Los frasquitos de tinta estaban casi todos vacíos. El próximo fin de semana que fueran a Asahikawa tendría que reponer su stock.

Eligió con cuidado el color de tinta que deseaba usar en ese momento. Un color que reflejara su estado de ánimo y sus propósitos. Un rojo oscuro, casi color sangre, le pareció verdaderamente adecuado. Mojó la punta del pincel en la tinta y aplicó trazos precisos y simultáneamente delicados en el extenso pergamino que ocupaba prácticamente toda la mesa.

La puerta del dormitorio se deslizó suavemente y unos pasos pequeños, que la hime conocía desde que comenzó sus estudios en Amaterasu, sonaron por el cuarto. Aún así Otsu no se volteó para saludar a la recién llegada, tanta era la concentración en lo que estaba haciendo. Sólo dijo:

Konnichiwa, Rika-chan.

La pelirrojita depositó su bolso en el suelo y correspondió al saludo:

Konnichiwa, Otsu-chan.

Se acercó a la hime y se puso a observarla por encima del hombro, curiosa por saber exactamente lo que retenía tanto la atención de su amiga. Al ver el pergamino parcialmente escrito, preguntó:

—¿Practicando para las clases de Escritura de la Cosmología?

—En realidad no —respondió Otsu, aún sin levantar la mirada—. Estoy entrenando para el campeonato de kendo...

Rika posó la punta del dedo índice en una de las mejillas, como siempre hacía cuando no comprendía algo, tratando de entender exactamente cuál sería la relación entre la lucha de espadas y la caligrafía. Incluso sin verla, Otsu pudo vislumbrar en su mente la expresión confusa de su compañera. Posó el pincel sobre un pequeño pañuelo al lado del pergamino y se volteó hacia Rika, casi dejando escapar una sonrisa en los labios.

—¿Quieres que te lo explique, Carrot-chan? —preguntó, utilizando el apelativo cariñoso que la joven Minamoto insistió en que la llamara cuando estuvieran a solas. Al principio la hime se sintió ligeramente cohibida de tratar a alguien con tanta intimidad, pero con el tiempo dejó de parecerle extraño. Era imposible negarle nada a la pelirrojita.

Ésta sonrió mientras asentía y se sentó en el enorme puf que había en el dormitorio, con las manos posadas sobre las rodillas y los ojos bien abiertos, esperando atentamente por la explicación de Otsu.

—Bien... —comenzó la hime—. La cuestión es que la caligrafía y la esgrima siguen los mismos principios. El principio de la caligrafía es intuitivo. El de la esgrima también. Ambos buscan volver a un estado de sencillez. Por eso se entrena la caligrafía para aumentar la fuerza y las habilidades del espíritu, la mente y el cuerpo, lo que termina reflejándose en el kendo.

Los ojos de Rika brillaron ante lo que escuchaba.

—¡Ahhh, qué lindo! ¿Dónde aprendiste todo eso?

Otsu se permitió finalmente sonreír ante la reacción de su amiga y respondió:

—En los libros de Shinomori-sama. Kaede-obaasan mantuvo su estudio intacto en nuestra casa de Suzuko. Cuando aprendí a leer, ella me prestó algunos libros de él, aunque en aquella época yo no entendí gran cosa. Ella decía que fue un gran espadachín. Fue por eso que comencé a interesarme por el kendo.

—¿Y en serio funciona?

Otsu asintió. Rika continuó mirando a la hime, todavía curiosa. El campeonato estaba casi llegando a su fin y era la primera vez en semanas que veía a Otsu sumergirse en la caligrafía con tanto empeño, casi con fervor. Fue entonces que, acordándose de los resultados de las luchas, comprendió los motivos de su amiga para esforzarse todavía más en la competencia.

—¿Todo esto es por la Raposita? —preguntó.

Una ligera sombra atravesó los ojos carmín de Otsu al oír mencionar a Yamamoto Kitsune, pero fue demasiado fugaz para que Rika lo notara.

—Si voy a enfrentarme con ella, que sea dando lo mejor de mí.

La pelirrojita volteó los ojos, casi impaciente. Eran positivamente dos cabezas duras, tanto la hime como la Raposa. ¿Cuándo se iban a dar cuenta de lo mucho que se necesitaban mutuamente? ¿Que si abandonaban esa estúpida rivalidad tendrían mucho más que ganar?

—Sólo me gustaría entender por qué tanta hostilidad... pero ninguna de ustedes dos consigue darme una explicación razonable para ello...

Otsu bajó la mirada. ¿Cómo explicarle a Rika-chan los verdaderos motivos de su rivalidad con Kitsune? ¿Cómo explicarle que el fuego que sentía dentro en los embates con la joven Yamamoto era una mezcla de satisfacción y rabia? ¿Que enfrentarse a la Raposa era intentar probarse a sí misma? ¿Cómo expresar con palabras una relación cuya naturaleza ni ella misma entendía por completo?

Su mente fue traída de vuelta a la realidad al sentir el dedo índice de Rika golpearle levemente la punta de la nariz.

—Nunca me voy a dar por vencida con ustedes dos, ¿lo sabes? —Rika la miró con una enorme sonrisa. Después juntó ambas manos sobre su pecho y, mirando soñadoramente hacia el techo, completó con ojos bien brillantes—: El día más feliz de mi vida va a ser cuando mis dos modelos favoritas desfilen por la escuela lado a lado usando mis creaciones... Ah, hablando de eso... tengo un regalo para ti. ¡Para el Tanabata!

Se levantó del puf de un salto y se dirigió hasta su ropero. Al segundo siguiente depositó sobre las manos de Otsu un kimono rosa bebé con decenas de bolas con orejas y ojos de gato estampadas. La hime reconoció vagamente la figura de un manga que la inglesa de sexto año, Rostand-san, le había prestado a Rika.

—Lo vas a usar, ¿verdad?

La hime miró por el rabillo del ojo a su amiga, que esperaba ansiosamente una respuesta. Volvió a mirar el kimono. Tenía que admitir que era precioso, sólo que un tanto peculiar, como la mayoría de las creaciones de Rika. Levantó la mirada y le dirigió a su amiga una sonrisa complaciente y gentil.

Hai, lo voy a usar.

Rika se arrojó sobre el cuello de Otsu, absolutamente feliz con la respuesta. Las dos prácticamente cayeron al suelo del dormitorio. La hime ya estaba acostumbrada a la espontaneidad de su amiga, hasta una parte de ella se alegraba de ello. Quería a la joven Minamoto como si fuera su imōto. Como no estaba acostumbrada a demostrar afecto, Otsu se dejaba servir de modelo para las creaciones de Rika. Le gustaba verla feliz. Definitivamente Otsu-hime no sabía decirle que no a Carrot-chan.

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—No, Rika... No pienso usar este kimono en el festival...

Ésta hizo un puchero y cruzó los brazos.

—¿Estás rechazando mi regalo?

Kitsune suspiró, sabiendo el rumbo que esa conversación terminaría por tomar. Conocía a Rika desde que tenían tres años de edad. Sabía que después de todo no era capaz de negarle nada a su amiga... pero no costaba nada intentarlo.

—Ya te dije que no me gusta el color rosa... mucho menos Hello Kitty*. No puedo aparecer en el festival vestida de esta manera.

—¿Y si lo hago en azul? —preguntó Rika, esperanzada.

Kitsune pasó suavemente los dedos por el tejido ligero del kimono, mientras contemplaba los delicados bordados que su amiga había aplicado en toda su extensión. Cerró los ojos y se masajeó las sienes.

—Por favor, Kitty... —continuó la otra, casi implorando—. Me dio tanto trabajo coser este kimono... y te quedó tan bonito... Otsu aceptó mi regalo.

Kitsune apartó la mirada del espejo, en donde se había estado mirando segundos atrás con el kimono de Rika, y miró a la pelirrojita con más atención.

—¿Le diste un kimono de Hello Kitty también a ella?

Rika agitó la cabeza.

—No. El de ella fue de Luna Pelota**.

—Y conseguiste convencerla de usarlo... —comentó Kitsune con pesar, casi como si sintiera pena por Otsu-hime.

Inflando el pecho, Rika asintió orgullosa.

—¡Por supuesto! ¿Acaso dudas de mi poder de persuasión?

¿Qué podía hacer? Kitsune le sonrió resignada a su imagen en el espejo. Complacer a Rika-chan por una vez no la mataría... y nadie tenía por qué verla vestida con ese kimono, de cualquier forma...

—Está bien. Lo usaré si lo haces en azul... pero no te acostumbres.

Rika sonrió radiantemente.

—¡Te adoro, Kitty-chan!

Kitsune alzó las cejas.

—Y no me llames Kitty-chan.

—Está bien —asintió Rika y se dirigió hasta la puerta del dormitorio de la representante—. ¡Hasta más tarde, Kitty-chan!

Respirando hondo, Kitsune comenzó a deshacer el lazo del kimono. Rika nunca iba a cambiar... Aún así dejó que una suave sonrisa aflorara a sus labios. Aunque de vez en cuando terminaba metiéndose en situaciones como ésa por su amiga, no lograba imaginarse la vida sin la presencia constante y risueña de la pequeña Minamoto.

Y que vieran los kimonos de Hello Kitty y de Luna Pelota...


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Glosario
Obasan - tía
Hime - princesa
Obaasan - abuela
Tanabata - Festival de las Estrellas
Hai - sí
Imōto - hermana menor
*Personaje infantil, ícono de millones de niñas en el mundo. Es una gatita blanca con forma antropomorfa y muy geométrica, con un distintivo lazo u otra decoración en su oreja izquierda. (Fuente: Wikipedia)
**Personaje del manga y anime “Sailor Moon R”, un robot con forma de cabeza de gato.