HITSUZEN







Volumen 01 - Capítulo 02

Cuestión de supervivencia








Junio, 1997.

Los párpados le pesaban de sueño acumulado debido a un fin de semana entero en vela. El cuello y los hombros ya los tenía doloridos de tratar de mantener el cuerpo en posición, mientras las palabras de Fujiwara-sensei parecían flotar a su alrededor, sin tener mucho sentido. Le gustaba esa clase. En realidad Ética Aplicada era su favorita. Pero le estaba siendo realmente difícil comprender nada a través de la niebla de cansancio que cubría sus sentidos.

Que no se equivoquen los incautos. Yamamoto Touya es un buen alumno, inteligente y aplicado. A decir verdad, si procurase esforzarse sólo un poco más sería el primero de la clase. Sin embargo prefería gastar su energía en cosas más interesantes que sólo libros. Y era justamente por eso que en esos momentos estaba casi perdiendo la conciencia de tanto sueño.

Dio un discreto bostezo cuando la profesora se puso de espaldas a la clase para anotar algo en la pizarra. En ese momento sintió un doloroso golpeteo en la nuca y pudo controlarse por muy poco para no arrojarse a la yugular del que lo hizo. Masajeándose la cabeza, se volteó hacia atrás y miró con ojos oscuros y amenazadores, por encima de sus gafas graduadas, a su amigo de infancia y causante del dolor agudo que sentía en esos momentos: Mihara Haruhiro.

—¿Qué quieres ahora? —preguntó entre dientes.

Desde el comienzo de clase Haruhiro estuvo dándole golpecitos para tratar de llamar su atención. Hasta entonces Touya pudo controlarse. Después de todo cualquier movimiento sospechoso llamaría la atención de Fujiwara Kaho. ¡La mujer parecía tener ojos en la nuca! Sin embargo en ese momento su paciencia ya había llegado al límite. Por su parte Haru no dijo nada, sólo sonrió cándidamente y lo saludó con la mano, sin percatarse (o ignorándolo adrede) de la mirada asesina de Touya.

Éste volteó los ojos. Bueno, aquello no era una sorpresa. Haru era la única persona que conseguía sacarlo de sus casillas y, en opinión de su amigo, las cosas se volvían más divertidas cuando eso sucedía. Si estuvieran en el dojo ahora, Haru podría prepararse para un memorable combate. Sin embargo...

—Me gustaría mucho saber qué tienen tanto que cuchichear las señoritas durante mis explicaciones —sonó la voz grave de Fujiwara-sensei mientras se acercaba, proyectando su sombra sobre los dos—. Debe ser algo muy importante realmente. Tan importante que, creo yo, debería ser compartida con el resto de la clase.

Pero estaban en mitad de la clase... Touya suspiró y trató de encontrar una disculpa plausible en su mente nebulosa, pero antes de poder hacerlo se le adelantó Haru.

—Yamamoto no se está sintiendo muy bien, sensei, aunque es muy obstinado para admitirlo. Yo sólo estaba tratando de convencerlo para que se dé una vuelta por la enfermería después de su brillante clase para revisarse —el chaval sonrió tristemente, demostrando toda su preocupación por la condición de su amigo—. En realidad, como representante de la clase, debo preocuparme por el bienestar de todos mis compañeros y velar para que estén en su mejor forma, ¿no es verdad? Siendo así, le pido humildemente su permiso para llevar a mi querido colega a que Hitachii-sensei le eche un vistazo.

Touya contuvo la respiración, atónito con la escena. Pero le era difícil apartar la vista. Después de esto dudaba que Fujiwara-sensei fuera condescendiente.

Pero la profesora sonrió.

—Entiendo, Mihara-san. Y me emociona mucho ver su preocupación por sus amigos y la responsabilidad con la cual desempeña su cargo —se volvió hacia Touya—. Efectivamente creo que Yamamoto no se encuentra bien. En realidad a estas alturas yo le recomendaría hacerse un examen de conciencia, a fin de poder partir en paz con su alma. Y tal vez sería interesante también proveerle los papeles legales para sus despojos.

Los ojos de la mujer brillaron. Touya por su parte no pudo responder. ¿La profesora acababa de mandarle hacer un testamento? El resto de la clase estaba en silencio, esperando el desenlace de la discusión.

—No se preocupe, sensei —volvió a intervenir Haru, ya levantándose—. Con su permiso y bendición, llevaré a mi compañero a la enfermería en este momento y usted podrá continuar con su clase. Estoy seguro de que todavía hay tiempo para salvarle la vida a Yamamoto.

—Esperemos que sí —respondió Kaho, retrocediendo un paso—. Pueden irse los dos. Pero antes me gustaría solicitarles a ambos un ensayo completo sobre las diferentes formas de sacrificio que la magia puede imponer. Como mínimo quince páginas —sonrió nuevamente y sus ojos brillaron ahora un tanto maliciosamente—. Eso, obviamente, si el señor Yamamoto sobrevive para entonces.

—Estoy seguro que sí —respondió Touya, ya levantándose y quitándose los anteojos, mientras agarraba su mochila—. Hitachii-sensei hace milagros.

—Una buena noche de sueño también —respondió Kaho, sin dejar de sonreír.

Haruhiro ya estaba en la puerta cuando Touya se despidió con la cabeza y salió. Los dos caminaron en silencio por unos momentos en el corredor hasta que, al verse a una distancia segura, Touya le arrojó la mochila en la cabeza.

—¿Acaso quieres enterrarme más pronto?

—¡Hey, que lo hice por tu bien! —trató de defenderse Haru, sujetando el “proyectil”—. Estabas a punto de comenzar a babear en clase. Por lo menos ahora puedes ir a dormir un poco sin que haya ningún profesor respirándote en la nuca. No tengo la culpa de que te pases toda la noche despierto contando estrellitas. Hay usos mucho mejores para tu falta de sueño, pero...

—No me pongo a contar estrellitas —respondió Touya, un tanto emburrado—. Este fin de semana hubo una cantidad absurda de estrellas fugaces. No podía perderme un espectáculo de esos. De cualquier forma, ¿cómo vamos a hacer quince páginas cada uno para dentro de dos días? Tenemos las otras clases, los clubes, el Tanabata, que se está acercando y yo tengo que ensayar...

Haru sonrió.

—Podemos usar el mercado negro de la escuela... comprar trabajos prontos, ¿qué te parece?

Touya volteó los ojos.

—¿Y crees realmente que podremos engañar a Fujiwara-sensei? ¿Has perdido el juicio, Haru? Me parece que deberías ir a buscarlo.

El otro se encogió de hombros.

—De acuerdo, entonces... Vete al dormitorio, que de veras creo que no te estás sintiendo bien. Yo voy a pasar por la biblioteca para recoger algunos libros —sonrió—. Sólo no te olvides de ponerme en tu testamento. Podrías legarme a tu prima.

La respuesta fue un último mochilazo en la cabeza antes de que Touya se alejara refunfuñando. Haru lo observó perderse de vista en dirección a los dormitorios antes de seguir su camino. Iba a ser una tarde muy agotadora...


Glosario
Sensei - profesor, maestro